Libia

Guerra de sábado por la noche.


Siglo XXI, Clausewitz y la lucha de clases

La política como continuación de la guerra

La propaganda es la herramienta fundamental de la guerra psicológica que las clases dominantes de los países capitalistas en bancarrota y las oligarquías dependientes del tercer mundo, libran diariamente en su intento de conservar los privilegios que les brinda la administración político – económica de los aparatos burocráticos de los estados, el control de sus ejércitos, de su sistema jurídico administrativo por una parte y por otra parte, su asociación histórica con las potencias militares mundiales, en pos de conservar un orden mundial ” estable” para los negocios.
Lo que en otros términos significa contribuir con el sacrificio de la perdida de cientos de miles o quizás millones de vidas humanas, como en Afganistán o en Iraq, para preservar un sistema económico global que irremediablemente, mas tarde o mas temprano destruirá toda la vida en el planeta.
Es la lucha de clases, llevada al terreno humano fundamental. La conciencia del individuo aislado por la maquinaria del sistema, siendo permanentemente sugestionado, inducido a construirse una realidad, Un universo cultural posible, en el que conseguir dinero sea la única solución a sus problemas. De tal forma que “un buen sobreviviente de un tsunami “, es un anciano de 70 años que hace fila durante 2 horas para comprar papel higiénico, antes de que el reactor numero X vuele por el aire.
Aún en medio de una guerra, o a punto de una explosión nuclear, la propaganda psicológica no se detiene.
¿Que dice la Tv ?
Que los banqueros intentan salvar ” la democracia mundial “, textual.
Ellos no son mercenarios de regímenes criminales que también explotan, oprimen y reprimen a sus propios pueblos. NO.
Ellos son soldados de la paz mundial.

 

” Obama; Primer premio Nobel de la paz en declarar una guerra.
Hablara mañana al pueblo de Brasil
 

Carl Von Clausewitz “… A menudo suele citarse el concepto más provocador de su obra: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Sin embargo, esta idea no tenía el menor matiz de cinismo en el contexto del libro. Clausewitz pensaba que la guerra moderna es un “acto político”, y esta manifestación ponía en juego lo que él consideraba el único elemento racional de la guerra. En su concepción, los otros dos elementos de la guerra son: a) el odio, la enemistad y la violencia primitiva, y b) el juego del azar y las probabilidades. “El primero de estos tres aspectos -escribió- interesa especialmente al pueblo; el segundo, al comandante en jefe y a su ejército, y el tercero, solamente al gobierno. Las pasiones que deben prender en la guerra tienen que existir ya en los pueblos afectados por ella; el alcance que lograrán el juego del talento y del valor en el dominio de las probabilidades del azar dependerá del carácter del comandante en jefe y del ejército; los objetivos políticos, sin embargo, incumbirán solamente al gobierno.”


En la teoría de Clausewitz, los elementos del odio, el cálculo y la inteligencia (dicho de otro modo, la pasión, el juego y la política) forman una “trinidad” inseparable. Así pues, Alemania se basó en Clausewitz para unificar la conducción militar y la política durante las dos guerras mundiales del siglo XX. Observada con rigor, su filosofía indica que el cálculo de los militares (la estrategia) y la conducción política tratan de dirigir e instrumentar una tendencia a la violencia y la hostilidad preexistente. Sostenía que, aun cuando un conflicto se iniciara sin esa base emocional, su desarrollo necesariamente influiría en este plano.


Clausewitz concebía la guerra como una empresa política de alto vuelo, sin desconocer la sangre y la brutalidad que implica. Por eso, consideraba que todos los recursos de una nación deben ponerse al servicio de la guerra cuando se decide su ejecución. Y pensaba que la guerra, una vez iniciada, no debe detenerse hasta desarmar y abatir al enemigo. Su definición de la guerra es: “Constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”Seguir leyendo.

en Wikipedia

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