Malvinas: victimas y verdugos

Eres mi héroe le susurro el verdugo…

Había una vez

La represión clasista y el genocidio dentro del discurso oficial, fueron concebidos y relatados a lo largo de todo el siglo XX, como parte central de una “gesta patriótica”.

“Gestas”, y “cruzadas” patrióticas, civilizadoras, dentro de la cuales la “guerra” de Malvinas fue propagandizada sistemáticamente, como nuevas etapas. Como una demostración de unidad y fortaleza del pueblo Argentino siempre amenazado, según los propios criterios psicópatas de los apropiadores del poder del Estado. Se constituyó de este modo una criterio militarizado de nacionalidad, siempre en tensión con la libertad de ejercer el propio criterio. La nacionalidad siempre ha estado en camino de disolución. Nación es, en esta comprensión, sinónimo de Estado. En tanto esta comprensión totalitaria y represiva de la sociedad se viese cuestionada por algún sector social, el propio orden institucional estaría siendo puesto en cuestionamiento.

La dinámica ideológica era muy sencilla y aún funciona en algunas mentalidades retrogradas operando del siguiente modo: si usted se atrevía a llevar el pelo largo, escuchar música extranjera, o leer libros “raros”, usted era considerado indeseable por atentar contra la cultura y los valores de la nacionalidad. Usted era considerado un agente extraño, un extranjero, un inadaptado, revoltoso, un indeseable y por tanto un enemigo de la sociedad y del estado. El Estado era entonces el custodio de esa sociedad uniforme e inmóvil.

Sin embargo “la patria”, o el consenso alrededor de lo que este concepto intentó definir, desde la ley de residencia en adelante, comenzó a ser puesto en crisis, desde el plan CONINTES y mas aún, luego con la masacre de Trelew en 1972 y los acontecimientos de carácter político generacional que siguieron.

Aún así, con mas o menos éxito, con menor o mayor dimensión criminal y asesina cada vez. Las dictaduras militares, permanentes desde la propia organización del estado constitucional argentino, siempre consiguieron en nombre de un supuesto deber ser, un modelo nacional civilizado, o un “ser” nacional construido por antagonismo; movilizar a importantes sectores de la sociedad en sus cruzadas patrióticas contra el enemigo,”indio”, “anarquista”, “vago”, “comunista”, o contra “los hippies”, o las feministas “inmorales”.

A finales de los cincuentas del siglo XX, con la proscripción política del reformismo populista nacionalizante y militarista. La guerra fría y el Mc Arthismo como telón de fondo. La irrupción de la tv en la dinámica de la vida familiar inalterada durante mas de un siglo de capitalismo, y su utilización como arma de control y adoctrinamiento masivo, se transformaron en aspectos centrales de la cultura.

Las políticas represivas diseñadas para ser aplicadas continentalmente, por el pentágono y sus agencias de inteligencia, desde comienzos de los años sesentas, fueron parte integral de la cultura establecida. Se instrumentaron de este modo con gobiernos de facto, y totalitarismos “moralizantes”, modelos de conducta para las mayorías populares, que en muchos casos, los hijos del poder no necesitaban seguir.

Esos hijos, como establecía la costumbre, eran enviados a Europa, a Francia o Inglaterra, a disfrutar de los placeres del renacer de la cultura de post guerra.

No es casual entonces, que muchos de los primeros hippies, y activistas revolucionarios fueran hijos o familiares de empresarios extranjeros o de funcionarios del estado. Hijos de profesionales liberales o inclusive de miembros de las fuerzas armadas.

A comienzos de los sesentas, todo lo que escapara del molde, quedaba de hecho sujeto a la condena y la represión social y por supuesto estatal. Nunca antes había sido tan, interesante y a la vez tan difícil ser joven.

Ayer nomas

Los pibes de Malvinas nacieron entre 1962 y 1963. Eran niños en el Cordobazo y adolescentes en el 76

Cuando ellos nacieron, la juventud no existía. La juventud tal como es considerada actualmente fue un resultado de los sesentas y la industria cultural. Hasta los Beatles y los Rolling Stones, hasta la minifalda y las pastillas anticonceptivas, la niñez terminaba a los 18 años. A los 18, la mujer y el hombre ya eran considerados adultos.

Esas practicas represivas tendientes a incorporar y neutralizar la disidencia y reprimir aquellas manifestaciones que el orden social consideraba desviaciones inmorales y peligrosas, fueron luego afianzadas y reajustadas permanentemente, de manera abiertamente asesina. Claro que hablamos de un orden social que prohibía el divorcio, y la pornografía pero alentaba la prostitución, la infidelidad y la cultura de la “amante oficial”.

La guerra por el control de la opinión pública, iba de la mano con la masificación de los hábitos de vida y de consumo diseñadas desde Estados Unidos, sus oficinas de propaganda bélica y su industria cultural. Las operaciones ideológicas fueron instrumentadas a partir de entonces, desde las agencias de noticias con alcance global.

Desde entonces las lecturas de los acontecimientos mundiales, fueron reproducidas hasta el infinito, en tiras o miniseries como Get Smart, Los invasores, etc, durante todos los años setentas y ochentas, y aún hasta nuestros días. En que la ofensiva policíaca de guerra global “antiterrorista”, no deja de evidenciar los mismos aspectos propagandísticos de esa sangrienta guerra del capital contra la condición humana.

Desde 1955 en adelante, las dictaduras intentaban religar con la propaganda fascista y la educación totalitaria, el vinculo entre las FF. AA. y los sectores populares de la etapa Peronista-desarrollista.

Ese vinculo que no lograba ser restaurado por la clase dominante, desde arriba hacia abajo, con medidas como el estado de sitio permanente, la censura previa, la represión y las torturas y el crimen generalizado. Solo consiguió construir un consenso circunstancial, transitorio, gracias a la “plata dulce” y el dólar barato de la bicicleta financiera, durante los primeros años de la ultima dictadura

El historiador argentino Pablo Pozzi revisa en su libro Combatiendo al Capital, algunas de las condiciones fundamentales de este acuerdo represivo, totalitario, entre los sectores obreros burocráticos de derecha y los regímenes militares que siguieron al primer gobierno Peronista y luego durante la última dictadura.

Ese consenso había comenzado a desaparecer con la crisis económica, la devaluación permanente del salario real y el aumento generalizado de los precios. La Multipartidaria y la CGT protagonizaron entonces la primera huelga general contra la tercera junta, de la dictadura genocida.

Es en esta coyuntura es que el régimen decide en 26 de marzo del 82 el desembarco en Malvinas.

La clase dominante, el episcopado y la propia junta militar, requerían nuevamente de un enemigo exterior.

Luego de la muerte de Perón. Los “enemigos apatridas” ya no podían ser el argumento de la guerra santa de la oligarquía terrorista, terrateniente.

Un otro antagónico. Un diferente. Un responsable de todos los males era urgentemente requerido.

Muy oportuno entonces, fue utilizar al antagonista de los días gloriosos de la independencia, el imperio Británico, (el de las invasiones Inglesas, la vuelta de obligado, el imperio aliado del despreciable Mariano Moreno, etc) . Un oponente mucho mas oportuno y lejano, mucho mas que Pinochet y la dictadura chilena.

La mentira, la derrota y la presión social e internacional por los crímenes de toda la etapa, terminaron con las posibilidades de maniobra de la dictadura.

El moderno Estado-nación Argentino tuvo una génesis autoritaria y militarista, y una muerte similar.

También por eso, cuando los tecnócratas lograron ocupar el lugar de garantes de los intereses transnacionales, desplazando a los generales terratenientes, en el mismo momento comenzaron a desvanecerse las fronteras nacionales. Precisamente por eso no es posible separar el plan económico neo-liberal de la dictadura, del plan Cóndor de represión coordinada en todo el cono sur.

El proceso comenzó mucho antes del 76, mucho antes del 82, mucho antes del Menemismo. Al menos desde las primeras medidas económicas de Alzogaray en el gobierno de Frondizi),

Luego de la derrota militar, el discurso patriótico autoritario, el cuento de los gloriosos y abnegados militares profesionales argentinos, quedó completamente desfasado; sus categorías y sus posibles análisis se hicieron impracticables.

Así fue como los colimbas de Malvinas, sufrieron la misma suerte de los querandies, los anarquistas, los luchadores, los militantes revolucionarios internacionalistas o el resto de las victimas del orden establecido. Aquí también podríamos incluir a Tanguito por ejemplo.

Ellos eran, según la propia historiografía militarista oficial; pero también de la patriótica épica “revisionista”; el resultado indeseado de un “heroico” equivoco histórico, producto de un error de calculo político, de planificación, de logística, etc. Esa conclusión-explicación, que intenta atribuirle a determinados personajes todas las responsabilidades, y nunca o un orden económico, político y social profundamente injusto y represivo, olvida a las victimas, no su condición de tales, sino las razones que los convirtieron en objetos de esos abusos.

En mi familia la “patria“ se había acabado mucho antes de Malvinas. La patria era un individuo desagradable recién afeitado borracho y duro de cocaína en la tv, “la patria” eran los desfiles militares en los que la bandera, el escudo y, en fin ,toda esa parafernalia de símbolos, eran sinónimo de crimen y perversión.

Recuerdo conversaciones de esos días, recuerdo el primer grado de la escuela primaria. Yo empecé la escuela ese año, recuerdo haber comprado una oblea con chocolate, muy conocidas en esa época llamadas Rhodesia y haber encontrado dentro una carta de un alumno de séptimo grado dirigida a un soldado en Malvinas.

Así fue como descubrí a los 6 años, que hasta la empleada del kiosco de la escuela participaba de esa gran farsa asesina que fue la ultima dictadura militar. Recuerdo perfectamente aquel hecho, porque después de haberlo comentado con mi maestra, la señora concluyo con que yo me había robado la golosina.

Hacia menos de dos meses que había comenzado la escuela, y cuando la directora me puso en penitencia frente a la imagen de Domingo Sarmiento, “el primer educador Argentino”, me repitió dos veces, “esto es para que aprendas a ser como él…
Sarmiento fue el único autodidacta que nunca falto a clases y el primer embajador estadounidense en Sudamérica.

De tal modo, se apropiaron de las instituciones del estado los que siempre se enriquecieron con la miseria y el sufrimiento de la mayoría, que desde los canales de tv, – todos ellos – y a través de – todos – los periódicos, se aseguraron sus fortunas imponiendo una lógica asesina que luego serviría para garantizarles su propia impunidad.

Esos relatos. Construyeron este presente.

La democracia condicionada y delegatoria, es la continuidad de ese orden criminal no es su superación. La reforma constitucional de Ménen, las privatizaciones, la impunidad, no solo fueron producto y resultado de la dictadura, son la dictadura, son la guerra de Malvinas. El terrorismo es residual, no solo habita en las victimas, sino que es el germen de la sociedad de control. Se inocula permanente, con guerra de control de baja intensidad, propaganda ideológica masiva, idiotismo y terror organizado.

Ahora es hoy

Hoy he visto en el canal del ministerio de educación nacional, a un individuo quejarse, reiterando que el Estado, es decir el Kirchnerismo, no ha logrado aún construir un relato oficial de la guerra de Malvinas. Atribuyendole esta imposibilidad al hecho histórico de que la gran mayoría de las victimas hayan sobrevivido.

He visto a ese individuo comparar impunemente esa situación con la de los activistas políticos desaparecidos, asesinados por razones ideológicas, de los cuales; siempre según este burócrata; el estado clasista y la clase dominante, si han podido, “apropiarse”; siempre gracias al hecho de que los muertos no logran desmentirse. Cada día es mas sorprendente que los burócratas oficialistas se crean sus propios cuentos.

Sin embargo

El problema del Estado capitalista con los colimbas sobrevivientes de Malvinas es similar en muchos aspectos, con el de los sobrevivientes de los centros clandestinos de detención. La dinámica de clases, las diferencias generacionales y la propia historia de las organizaciones sociales, han hecho que estos colectivos se negaran mutuamente.

Esto también es producto de la propia condición de victimas y de las secuelas del terrorismo y la manipulación estatal. A esto se suma ademas que los procesos de politización de estos colectivos, y de los sujetos comprendidos en estas circunstancias, se dieron mediante procedimientos opuestos.

Los represaliados políticos fueron victimizados por su condición de activistas y militantes, mientras que los ex soldados conscriptos, que habían sido educados en la escuela totalitaria de la dictadura genocida, sufrieron la violencia militar, el desprecio y abandono por su condición de jóvenes pobres sin capacidad de evitar el reclutamiento obligatorio, es decir fue su condición de sobrevivientes lo que los “politizó”.

Es bien conocido el componente clasista de los batallones de soldados enviados a Malvinas. Así como también está bien documentada la actitud de los “heroicos” oficiales de las familias patricias, tradicionales en la fuerza armadas.

En síntesis: hasta ahora el principal problema, no ha sido teórico o discursivo, el problema sigue siendo de carácter político. La clase dominante no ha logrado apropiarse, con su versión epopeyica, o reivindicatoria, de la potencia legitimadora, que por condición histórica portan las victimas del terrorismo de estado, en su acción política. Legitimidad que suponen alcanzarán digiriendo y neutralizando a los colectivos de ex combatientes.

Ni tampoco han conseguido apropiársela, asimilándola o disolviéndola dentro de los reconocimientos a los mandos y demás oficiales militares, incorporados por derecha al orden democrático burgués.

De muchos modos los propios sujetos de Malvinas, se han negado a reconocerse así mismos como victimas del terrorismo de estado. Esto fue en parte resultado de la identificación personal, con los mandos terroristas. Y también gracias a la propaganda militar, el adoctrinamiento y la política de acción permanente de sectores carapintadas, hacia el interior de estos colectivos.

Esos ámbitos sociales fueron el refugio de los criminales de la dictadura, en la vida publica. Esa es la causa fundamental de las simpatías nacional fascistas de muchos de los colectivos.

Determinadas concesiones como subsidios económicos han acercado a estos grupos humanos y en especial a individuos aislados, al aparato estatal y la política oficial de reconciliación impune y verdad sin justicia, al servicio de las trasnacionales y el imperialismo estadounidense.

El estado nación ha muerto y no regresará. La mundialización financiera de la plutocracia global, solo es viable, en tanto el status quo consiga reproducir las condiciones de la dominación, apropiándose de una legitimidad y una potencia simbólica que el capital no puede construirse por si y para si mismo, sin implicar a los diversos grupos humanos que son objeto de esa explotación material y esa dominación política, ideológica y cultural.

Las victimas de Malvinas no pueden ser héroes de un orden social que desprecia a los pobres, a los analfabetas, a los locos, a los diferentes.

También en esa imposibilidad de reconocerse como victimas de todo un orden social; y no solo de un régimen político, quedan expresadas todas las secuelas del terrorismo de estado. Secuelas que tienen un origen y un carácter político y económico, y que obviamente se expresan en términos ideológicos.

El orden establecido resignifica el pasado desde el presente. Allí es donde confluyen en un solo relato, Aldo Rico y Abal Medina.

Cuando los ex reclutas (COLIMBAS-COrrer-LImpiar-BArrer-Saltar) comprendan la responsabilidad de los civiles que saquearon el país durante el periodo 76-83, en la instauración del terrorismo de estado y en la decisión de llevar adelante un ejercicio bélico asesino, y actúen políticamente en consecuencia, quizás comenzaremos a reconocernos como fragmentos, de partes, de la misma historia. No es heroico pelear una guerra ridícula. Es cruel y terrible.

Heroico es luchar toda la vida por la justicia y la libertad. Sobrevivir siendo consecuente y digno en esa lucha, eso es heroico.

 

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