Debates, Peronismo, Teoría Política

El Bonapartismo neoperonista como populismo reformista “nacional” burgués

El marxismo no es un dogma de fé. Sin embargo no es posible identificarse políticamente con las ideas de Marx y defender el orden capitalista. No es posible suponer que las ideas de Carlos Marx puedan servir para sostener políticas populistas.

Se ha dado un interesante debate respecto al uso, o interpretación del termino o categoría política “Bonapartismo”, utilizada por Carlos Marx en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, se citan a continuación una serie de autores que abordan esta problemática.

Al respecto; el Bonapartismo se refiere a un tipo de orden político institucional burgués, que por sus actos se ubica en apariencia, por encima de todas las clases, dice actuar en nombre de todas ellas,

“… Bonaparte, como poder ejecutivo convertido en fuerza independiente, se cree llamado a garantizar el “orden burgués”. Pero la fuerza de este orden burgués está en la clase media. Se cree, por tanto, representante de la clase media y promulga decretos en este sentido. Pero si algo es, es gracias a haber roto y romper de nuevo y diariamente la fuerza política de esta clase media (…)

“… Esta misión contradictoria del hombre explica las contradicciones de su gobierno, el confuso tantear aquí y allá, que procura tan pronto atraerse como humillar, unas veces a esta y otras veces a aquella clase, poniéndolas a todas por igual en contra suya, y cuya inseguridad práctica forma un contraste altamente cómico con el estilo imperioso y categórico de sus actos de gobierno, estilo imitado sumisamente del tío (napoleón)…”.

“… Es bajo el segundo Bonaparte cuando el Estado parece haber adquirido una completa autonomía…”.

El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Karl Marx, 1852

____________

Dice Trotsky:

El término bonapartismo confunde a los pensadores ingenuos (a lo Chernov) porque evoca la imagen del modelo histórico de Napoleón, así como el término cesarismo evoca la imagen de Julio César. De hecho, ambos términos se desprendieron hace mucho de las figuras históricas que les dieron origen. Cuando hablamos de bonapartismo, sin aditamentos, no pensamos en analogías históricas sino en una definición sociológica”.

Otra vez sobre la cuestión del bonapartismo[1][1]El bonapartismo burgués y el bonapartismo soviético, marzo de 1935

Dice Jorge Veraza Urtuzuástegui en Karl Marx y la política

“…El 18 brumario de Luis Bonaparte (1852) observa a una figura peculiar de Estado capitalista, el bonapartismo. En este caso, la burguesía nacional no presenta suficiente fuerza como para gobernar a las demás clases, pero el proletariado tampoco como para sustituirla. De este modo, la burguesía cede el poder político a un tercero (a un Bonaparte) a cambio de que éste le entregue el dominio económico sin problemas.

El bonapartismo se presenta como el exponente de una debilidad relativa de las fuerzas productivas capitalistas internacionales, en tanto es vivida nacionalmente como resultado de las tensiones y relaciones con otros países.

En el fondo, esta forma de Estado presenta la característica de que sólo el entramado de relaciones internacionales permite entender sus características internas jugadas en el ámbito nacional (algo que ninguno de los autores que han tratado esta forma de Estado se han preguntado).

En efecto, no podemos explicar el bonapartismo únicamente por las características del espacio territorial nacional sino que debe tomarse en consideración la geopolítica: el Estado y sus relaciones internacionales. Se trata de un espacio más concreto que reúne al nacional y a su relación con otros espacios.”

Tenemos entonces la posición que sostiene que por ser un termino “difuso” o confuso, “no tiene actualidad”. Veamos a Claudio Katz:

“… Por el contrario el término bonapartismo ha sido muy rescatado, para retratar cómo Cristina intenta colocarse por encima de las clases, manejando arbitrajes desde la cúspide del estado (26). En cierta medida esa mirada se asemeja a la caracterización de un régimen populista. Pero el primer concepto resalta más el estilo de gestión centrado en el protagonismo del líder y el segundo la gravitación de elementos para-institucionales, dentro de un sistema constitucional.

El bonapartismo era un concepto muy utilizado en el pasado para describir cierto manejo militar del estado, en situaciones de continuada catástrofe económica, empate social o disgregación política. Estos contextos –que desbordaban el marco clásico de gestión de la democracia burguesa- están ausentes de la actualidad argentina, luego de la marginación del ejército de la vida política. Una noción que permitía entender los contextos extra-parlamentarios perdió gravitación en el escenario constitucional…”

(para Claudio Katz, los movimientos sociales y cualquier forma de participación política extra partidaria, producto de la catástrofe neoliberal perdieron gravitación o están “ausentes”… La narcopolitica, como forma dominante de las relaciones de poder en los territorios,  no tiene espacio  en la lectura de Claudio Katz.)

“…Pero el principal problema radica en el sentido asignado al bonapartismo kirchnerista. Para la derecha implica caudillismo, manipulación asistencial de los votantes y otorgamiento de dádivas a las multitudes incultas (26). ¿Para la izquierda partidaria tiene otro significado?

Tradicionalmente se establecía una categórica distinción entre variantes progresistas y regresivas del arbitraje bonapartista. Los líderes que introducían reformas sociales en choque en el imperialismo (Perón, Cárdenas, Vargas) eran ubicados en el polo opuesto de los dictadores que emulaban a Luis Bonaparte. ¿En cuál de los campos se ubicaría al kirchnerismo?

Al hablar de bonapartismo a secas, los utilizadores del concepto no aclaran si esa modalidad es actualmente utilizada para promover políticas nacionalistas, reformistas, contrarrevolucionarias o conservadoras. Esta indefinición le quita utilidad al término.

Silvio Frondizi llamaba Bonapartismo al Peronismo (a Claudio Katz le parece indefinido e inútil))

Dice Silvio Frondizi en La realidad Argentina tomo 1. Editorial Praxis. 1959:

“… cierto bonapartismo internacional -correlativo al que se practicó en el orden nacional-, y engendró en casi todas las corrientes políticas del país grandes ilusiones sobre las posibilidades de independencia económica y de revolución nacional.”

El resultado de tal balance es la entrega del capitalismo nacional al imperialismo, a través de su personero gubernamental, el peronismo. […]

su aspecto político, el rasgo fundamental del peronismo estuvo dado por su aspiración de desarrollar y canalizar simultáneamente la creciente presión del proletariado, en beneficio del grupo dirigente primero y de las clases explotadoras luego. De aquí que nosotros hayamos calificado al peronismo como bonapartismo esto es, una forma intermedia, especialísima de ordenamiento político, aplicable a un momento en que la tensión social no hace necesario aún el empleo de la violencia, que mediante el control del aparato estatal tiende a conciliar las clases antagónicas a través de un gobierno de aparente equidistancia, pero siempre en beneficio de una de ellas, en nuestro caso la burguesía.[…]

Se pretendió solucionar el problema de la energía en general y del petróleo en particular, pero sin atacar las cuestiones de fondo. Se tomaron una serie de medidas favorables a la industria y se apoyaron los rudimentos de una industria pesada estatizada, heredados del gobierno precedente, aumentando la participación estatal en la industria. La intervención directa en del Estado en la industria tuvo una doble finalidad : tomar a su cargo tareas económicas que la endeble burguesía nacional no era capaz de realizar por sí sola y proporcionar a la burocracia bonapartista un nuevo resorte de poder y una importante fuente adicional de beneficios. La generosidad del crédito estatal fue otra de las formas de favorecer al capitalismo nativo-extranjero.

“…El mantenimiento de un grado apreciable de paz social ha sido una de las contribuciones más importantes del Estado Peronista a la prosperidad de la burguesía agro industrial Argentina durante el primer período de expansión. La propia prosperidad general fue factor fundamental en la atenuación transitoria de las luchas clasistas Argentinas. A ello se agregó la acción del Estado, que por un lado promovía una política de altos salarios, a la vez que subsidiaba a las grandes empresas para evitar que éstas elevaran exageradamente sus precios, y por otra parte encerraba a los trabajadores en un flexible pero sólido y eficiente mecanismo de estatización sindical.[…]

“…El proceso demagógico presenta algunos resultados beneficiosos, particularmente en el orden social y político al apoyarse en el pueblo, desarrolla la conciencia de clase política del obrero. Creemos que el aspecto positivo fundamental del peronismo está dado por la incorporación de la masa a la vida política activa.”

“…no fueron los rasgos negativos del peronismo los que verdaderamente separaban a la “oposición democrática”, como se ha visto después: el aventurerismo y la corrupción política, administrativa, etc., la “pornocracia”; la legislación represiva hoy en vigor con más fuerza que nunca, etc. Así mismo con la caída de Perón no se trató de corregir sus defectos, sino terminar con los “excesos” de sus demagogismos, demasiado peligroso ya en un período de contracción económica. El Golpe de Estado de 1955 cumple ese objetivo del gran capital nativo-extranjero.”

“…porque creyó en la posibilidad de la independencia económica y política dentro de un mundo capitalista, sin ver el problema de la integración imperialista de éste en manos de los EE.UU., que conduce al fracaso de la revoluciones nacional-burguesa. Además, el radicalismo, huérfano de apoyo popular, siempre lo ha buscado en los elementos de fuerza de la sociedad Argentina: el imperialismo, la burguesía nacional, las Fuerzas Armadas y La Iglesia.[…]

En cuanto al aspecto político del problema, no tenemos más que repetir lo que decíamos en 1953: “La posición pequeño burguesa comprende una extensa gama que abarca desde el auténtico liberal al racista declarado. Podemos agregar aquí que, en lo que se refiere al político profesional tiene de todo ello; por regla general va perdiendo su liberalismo a medida que se aproxima a la función pública que le impone una posición concreta frente a la realidad capitalista. Entonces el centrista, que es un derechista vergonzante, debe mostrar la cara”.

El problema […] referente a las diferencias entre el imperialismo inglés y el norteamericano y a la posibilidad de que éste último pueda ayudar al desarrollo industrial y económico general del país, se resuelve claramente aplicando la teoría de la integración mundial capitalista formulada por nosotros en 1946.

Sobre Silvio Frondizi dice Néstor Kohan en ¿Foquismo?. 2006

“…El balance de Frondizi no era ingenuo ni improvisado. Se asentaba en un extenso estudio previo sobre las condiciones del capitalismo latinoamericano, en tiempos de integración mundial imperialista, bajo la hegemonía del imperialismo norteamericano. Esa investigación previa la había publicado pocos años antes en La realidad argentina. Ensayo de interpretación sociológica (en dos tomos, Tomo I: 1955 y Tomo II: 1956). Allí formulaba la hipótesis del agotamiento histórico del intento de las burguesías nacionales latinoamericanas por desarrollar un “capitalismo autónomo”. Como ejemplo puntual, en este texto Frondizi analiza el fenómeno peronista, ensayo frustrado de realizar –bajo una forma política bonapartista- la revolución democrático-burguesa en Argentina. De allí, Silvio Frondizi infería que el carácter de la revolución argentina y latinoamericana no podía ser otro que el de una revolución antimperialista y socialista (como fases de un mismo proceso ininterrumpido). Es por ello que, cuando viaja a Cuba, se encuentra con la confirmación del diagnóstico que él mismo había vaticinado y propuesto pocos años antes. Probablemente, ésa sea una de las razones principales por las que Frondizi defiende con tanto ahínco la revolución cubana en su libro de 1960…”

Katz se refiere a la lectura de M. R. Santucho en Poder Burgués y Poder Revolucionario. 1974, aunque no la termina de entender al criticarla. Santucho replantea el concepto diciendo “Bonapartismo Militar“, cuando se refería a la forma política del capitalismo Argentino de post guerra, al “partido militar” y su papel de guardián del orden político oligárquico-burgués semicolonial, y decía:

“…Después del periodo de estabilidad capitalista posibilitado por la situación económica internacional vigente durante la segunda guerra mundial, periodo que finalizo aproximadamente en 1952, las clases dominantes Argentinas, acosadas por la persistente y enérgica lucha popular, han utilizado reiteradamente, por turno, dos formas fundamentales de dominación burguesa: la república parlamentaria y el bonaparismo militar […]

¿como hacen los burgueses para mantener el control político, es decir la dictadura de la burguesía? ¿como se las ingenian para impedir que las clases trabajadoras, que son mayoritarias, lleguen al gobierno? Se sirven de dos sistemas principales, el parlamentarismo y el bonapartismo militar […]

En los países capitalistas relativamente estables como EE.UU. Inglaterra, Alemania, etc., la burguesía mantiene su dominación por la vía parlamentaria. En cambio en países capitalistas de gran inestabilidad económico-social, como la Argentina actual, la burguesía debe recurrir constantemente a recambios. El bonapartismo militar, la otra forma de dictadura burguesa, muy utilizada por los explotadores argentinos, consiste en asentar abiertamente el gobierno sobre las fuerzas armadas, a quienes se presenta como salvadoras de la nación, encargadas de poner orden, de mediar entre las diferentes clases que han llegado a un enfrentamiento agudo; encargadas de imponer la conciliación entre la clases enfrentadas sin beneficiar particularmente a ninguna de ellas, de imponer el “justo medio” en los intereses contrapuestos.[…]

El exitoso golpe militar del 4 de junio de 1943, coincidente con la coyuntura económica internacional extremadamente favorable, producto de la guerra mundial, abrió un periodo de estabilidad y prosperidad capitalista que permitió importante concesiones a las masas y sirvió magníficamente a la burguesía para infundir falsas esperanzas en los militares […]

La realidad es que el bonapartismo militar ha sido el sistema más beneficioso para la burguesía y el imperialismo, y mas perjudicial a los intereses populares y de la nación. Naturalmente que entre estos dos sistemas no hay una muralla infranqueable, que ambas formas de dictadura capitalista se entrecruzan y se combinan y que a veces el paso de una a otra se ha dado en forma gradual […]

La primera experiencia peronista nacida de un golpe de estado típicamente bonapartista, con la importante característica especial de apoyarse no solo en las FF. AA. Sino también en amplias masas obreras en proceso de sindicalización, pasó gradualmente a tomar formas parlamentarias en el curso de la primera presidencia de Perón. A partir de 1952, la crisis económico-social comenzó a manifestarse en forma aguda llevando al agotamiento al intento justicialista. La burguesía exigió mayores sacrificios de las masas, exigió al gobierno que ampliara los margenes de explotación capitalista eliminando las concesiones de las épocas de bonanza, y aunque el gobierno intentó satisfacer esas demandas, un fuerte sector militar se impacientó, consideró débil e ineficiente al gobierno peronista y protagonizó el golpe de estado de 1955. […]

Ante exigencias de los militares Illía terminó lanzando la represión, sin conformarlos y sin lograr evitar un nuevo golpe bonapartista. Esta vez los militares habían realizado previamente una profunda reorganización política de las FF.AA. Que las consolidó como el principal partido político de la burguesía. Bajo el liderazgo de Onganía apoyado unánimemente por la burguesía, incluido el peronismo y la burocracia sindical, las FF.AA. contrarrevolucionarias presentaron un ambicioso plan “revolucionario” destinado a restituir el orden, aplastar las luchas obreras, garantizar grandes ganancias a las empresas monopolistas y avanzar así a una trascendente modernización de la estructura capitalista que lograra estabilidad y desarrollo. […]

Abrumado por la opresión y la explotación y en proceso de despertar político e ideológico, el pueblo argentino acumuló odio a la Dictadura, decisión de luchar con nuevos métodos más contundentes. Todas estas energías contenidas estallaron a lo largo y a lo ancho del país, en una inmensa movilización de masas sin precedentes en nuestra patria, iniciada en Corrientes en mayo del ’69 como respuesta al asesinato del estudiante Cabral. Córdoba, Tucumán, Salta, Rosario, las principales ciudades del país, fueron conmovidas entre mayo y setiembre de 1969 por formidables movilizaciones antidictatoriales de las masas.[…]

La vacilación de las masas pequeño-burguesas y de su vanguardia en el período pre y post-electoral fue muy grande, impresionadas por la masiva propaganda de la burguesía, se inclinaron en general a aceptar el “progresismo y antiimperialismo” del gobierno y a considerar que sus esfuerzos de pacificación y “reconstrucción nacional” es decir de contención de la lucha de masas, serían coronados por el éxito. En esta situación nuestro Partido adoptó frente al nuevo gobierno una firme línea principista, resistiendo con éxito las presiones burguesas y pequeño-burguesa. Gracias a esa categórica y clara posición, nuestra organización quedó a los ojos de las masas como consecuentemente revolucionaria, fiel defensora de los intereses proletarios y populares, libre de todo rasgo oportunista.

Gracias a esa clara posición, que denunciaba sin ambages las intenciones contrarrevolucionarias del peronismo gobernante y anticipaba con acierto los rumbos antipopulares que seguiría el nuevo gobierno, nuestro Partido conquistó la confianza de amplios sectores de masas, aquellos a los que llegó nuestro pronunciamiento resumido en la declaración “RESPUESTA AL PRESIDENTE CÁMPORA” distribuida profusamente en las principales concentraciones obreras y populares. […] En oposición al crecimiento de las fuerzas populares, el ala fascista del peronismo encabezada por López Rega comenzó a desarrollar intensa actividad con el Ministerio de Bienestar Social como centro operativo.

Organizando rápidamente bandas parapoliciales, los fascistas prepararon un furibundo ataque a las fuerzas de izquierda que se concretó el 20 de junio en Ezeiza. El día del regreso de Perón las bandas fascistas, bajo la jefatura inmediata de Osinde, tendieron una impresionante emboscada a las columnas de la izquierda peronista que concurrían desprevenidas al recibimiento de su líder. Decenas de muertos y heridos fue el saldo de este criminal ataque, punto de partida de una ofensiva general del peronismo burocrático para desalojar a la izquierda de las posiciones conquistadas en el gobierno, en lo inmediato, e intentar la destrucción total de las organizaciones armadas peronistas FAR y Montoneros y corrientes afines. El paso siguiente fue el desplazamiento de Cámpora, Righi, Puig, Vázquez, de todos los funcionarios sensibles a la presión de las masas, mediante el autogolpe contrarrevolucionario del 13 de julio. Si bien desde su asunción con Cámpora el gobierno peronista había mostrado una clara orientación burguesa y proimperialista, materializada en el pacto social y otras medidas antipopulares, a partir del 13 de julio, con el interinato de Lastiri, tomó un franco cauce derechista.[…]

Otro factor que contribuye poderosamente a mantener oculta la necesidad de arrebatar el poder estatal de manos de la burguesía, es el rol de las corrientes reformistas y populistas como el Partido Comunista y Montoneros, por ejemplo, que desde el campo del pueblo y por tanto escuchados con interés por las masas, difunden también falsas esperanzas apoyando sin rubores a uno u otro dirigente de la burguesía pretendidamente “progresista”, perdiéndose en el laberinto de la lucha interburguesa y desviando tras de sí a sectores de las masas, lejos del verdadero camino revolucionario, el camino de la lucha consecuente y constante por la toma del poder.

Debido a estos factores, a la debilidad de las fuerzas revolucionarias, al hábil trabajo contrarrevolucionario de la burguesía, y a las erróneas ideas sostenidas y practicadas por ciertas corrientes del campo popular, la burguesía ha podido maniobrar con tranquilidad en el campo político, durante los últimos 22 años de crisis económico-social, pasar sin mayores dificultades del parlamentarismo al bonapartismo y de vuelta del bonapartismo al parlamentarismo, confundir con estos movimientos al pueblo y mantener sólidamente el control de todos los resortes del Estado.

Comprender claramente esta cuestión, saber identificar las maniobras y trampas que la burguesía emplea para conservar el gobierno, grabarnos en nuestras mentes y grabar en la mente del pueblo que no hay solución a los problemas de las masas sin despojar del poder a los capitalistas […]

Reformismo y Populismo

La lucha por el poder obrero y popular, por el socialismo y la liberación nacional, es inseparable de la lucha contra el populismo y el reformismo, graves enfermedades políticas e ideológicas existentes en el seno del campo popular. El populismo es una concepción de origen burgués que desconoce en los hechos la diversidad de clases sociales; unifica la clase obrera, el campesinado pobre y mediano, la pequeña burguesía y la burguesía nacional media y grande bajo la denominación común de pueblo. Al no diferenciar con exactitud el rol y posibilidades de estas diversas clases, tiende constantemente a relacionarse, con prioridad, con la burguesía nacional y a alentar ilusorias esperanzas en sus líderes económicos, políticos y militares, incluso en aquellos como Gelbard, Carcagno o Anaya, íntimamente ligados a los imperialistas norteamericanos. La corriente popular más importante gravemente infectada con la enfermedad populista, es Montoneros. Su heroica trayectoria de lucha antidictatorial se ha visto empañada por la confianza en el peronismo burgués y burocrático, que ha causado grave daño al desarrollo de las fuerzas progresistas y revolucionarias en nuestra patria.

Con el profundo y sincero aprecio que sentimos por esa organización cimentado por la sangre de nuestros héroes comunes que se entremezclara en Trelew, pensamos que es obligación de todo revolucionario dar con franqueza la lucha ideológica, reflexionar en conjunto sobre la experiencia de su apoyo a Perón y al peronismo burgués y combatir las latentes expectativas en Carcagno, Gelbard u otros líderes de las clases enemigas.”

Ya en 1971 El Peronismo Julio Parra, M. R. Santucho. se decía:

“…Nosotros creemos que el peronismo fue un movimiento histórico que intentó un proyecto de desarrollo capitalista independiente, a través de un gobierno bonapartista que controlara a la clase obrera para apoyarse en ella. […]

“… El fenómeno conocido como “neoperonismo” refleja fundamentalmente a los sectores burgueses y mediano burgueses del interior que desarrollaron una serie de organizaciones propias, a veces con un nombre distinto, aprovechando la diversidad de sellos que jugaban en las elecciones; a veces como corrientes internas del “peronismo oficial”. Las muy variadas situaciones económicas en que se encuentran estas burguesías y medianas burguesías locales, sumadas al carácter vacilante y contradictorio que es común a todas ellas, determinan la variada gama de matices que pueden encontrarse en estas corrientes del peronismo: desde algunas situadas a la derecha del peronismo oficial hasta otras que se cuentan entre las más radicalizadas.[…]

Enrique Dussel contribuye al debate, con argumentos, y aunque es muy probable que Dussel tenga razón en términos académicos al mencionar la supuesta “confusión dogmática”, no la tiene en cuanto a la significación -política- local del fenómeno populista burgués, su papel contrarrevolucionario y su marcado carácter anticomunista. Los populismos, como los diversos “desarrollismos”, fueron estrategias imperialistas frente al avance ideológico de las clases populares  y la inestable situación mundial de la post guerra.

Cinco tesis sobre el Populismo Enrique Dussel. 2007

“…El llamado “populismo latinoamericano” cuya época clásica debe situarse desde la Revolución mexicana de 1910 o desde el movimiento de elecciones populares con H. Irigoyen en 1918 en Argentina hasta el golpe de Estado contra J. Arbenz en 1954, algo más de cuarenta años, y que un teoricismo dogmático confundió unívocamente con el “bonapartismo” europeo es el fruto de esta situación geopolítica concreta. Desde el comienzo de la llamada primera guerra mundial (ya que en realidad no fue mundial, porque gran parte del Asia, del África y de América Latina no intervinieron) la dominación del centro sobre la periferia colonial o postcolonial (América Latina) debió disminuir su explotación, por encontrarse abocado (el centro) a su brutal lucha por la hegemonía. Esto dio oportunidad al lento y débil origen y crecimiento de una cierta burguesía industrial [“burguesía terrateniente e industrial trustificada entre sí, con el capital financiero internacional”- según Mílcíades Peña] y de una clase obrera producto de esa naciente y siempre dependiente revolución industrial muy tardía. En ciertos países más urbanizados de América Latina (en torno a Buenos Aires o Córdoba, Sao Paulo o Río, México o Guadalajara, etc.) nacieron empresas industriales que produjeron bienes de difícil importación por el hecho de la guerra entre los países del Norte. G. Vargas, L. Cárdenas, J. D. Perón y tantos otros fueron los líderes de estos procesos de “pacto social”, donde una débil burguesía nacional crecía simultáneamente a una clase obrera y a la organización (por ejemplo en México) de los campesinos. Confederaciones General de empresarios, de obreros o campesinos manifestaron la irrupción organizada de una nueva constelación política, económica, social, cultural que se denominó “populismo”.

Esta categorización no era negativa, sino que intentaba mostrar el hecho de un proyecto político hegemónico (en tanto cumplía con los requerimientos de la mayoría de la población, incluyendo la élite burguesa industrial) que afirmaba un cierto nacionalismo que protegía, gracias al Estado que tenía una relativa autonomía de los sectores de las clases dominantes, el mercado nacional. El débil capitalismo naciente tenía entonces unas fronteras protegidas en cuanto al uso de su energía (de allí la nacionalización del petróleo, del gas, de las minas, de la electricidad, etc.) y de ventajas aduaneras dentro del mercado nacional. Fue la etapa de mayor crecimiento económico sostenido de América Latina en el siglo XX, y el tiempo de los gobiernos elegidos efectivamente por la presencia masiva del pueblo en elecciones no fraudulentas. El bloque social de los oprimidos se hizo presente aún desde un punto de vista democrático, fenómeno que no tendrán comparación con ningún otro en todo ese siglo (exceptuando los procesos revolucionarios a los que haremos referencia posteriormente). Por ello, nombres como los de L. Cárdenas o J. D. Perón, aunque ambiguos, son difíciles de borrar de la memoria popular. Este fenómeno se daba igualmente en otros momentos de la periferia mundial. Kemal Ata-Turk, el movimiento nacionalista de Abdel Nasser en Egipto, del Partido del Congreso en la India o de Sucarno en Indonesia, manifestaban análogas circunstancias.

El “pseudo-populismo” de hoy. Epíteto peyorativo como crítica política conservadora sin validez epistémica Aquel “populismo” histórico del siglo XX no puede comparase de ninguna manera con lo que hoy ciertos grupos conservadores y dominante usan como “populismo”, con lo cual se intenta peyorativamente negar ciertos fenómenos político-sociales en la actual coyuntura del comienzo del siglo XX.

En efecto, Estados Unidos necesitó algo menos de diez años para organizar su hegemonía en el mundo llamado “libre”, ante la presencia de la Unión Soviética (un efecto inesperado de las guerras intra-burguesas), desde el inicio de la llamada “Guerra fría”. Por el Oeste, su antiguo enemigo en Europa, Alemania, fue fortalecido con el “Plan Marshall” ante su nuevo enemigo: la Unión Soviética. Por el Este, su antiguo enemigo, Japón, fue reorganizado ante su nuevo enemigo: la China. Terminada esta tarea de estructurar la hegemonía en el Norte, Estados Unidos observó que en el Sur “pululaban” regímenes con aspiraciones nacionalistas, aunque casi todos capitalistas, que se le enfrentaban en la competencia dentro del mercado mundial capitalista en el que luchan las burguesías del Norte contra las del Sur. Sin “compasión” –como es de esperar- despedazó el Norte violentamente esas “burguesías” periféricas que intentaban tener un lugar en el mercado mundial. La burguesía norteamericana, a través del Pentágono, lanzó entonces un guerra de competencia (la “competencia” dentro del mercado donde una burguesía domina y extrae plusvalor de la otra), que se manifestó en primer lugar en Guatemala, en 1954, contra el proyecto capitalista de emancipación nacional de Jacobo Arbenz, que intentaba imponer mayores salarios a los obreros de la United Fruit Company para fortalecer el mercado interno guatemalteco, para permitir una naciente revolución industrial –nada socialista el proyecto. Pero en la guerra de la competencia de la burguesía del Norte contra la del Sur latinoamericana no había ninguna proporción en la potencia de los contendientes. Uno tras otros fueron destruidos los proyectos del “populismo” histórico latinoamericano. Así cayeron los gobiernos de J. Arbenz, de G. Vargas, de J. D. Perón, de Rojas Pinilla, de Pérez Jiménez, etc., instaurándose regímenes categorizados como “desarrollistas” (desde 1954, entonces).

La “teoría de la dependencia” formuló estos acontecimientos mostrando que la transferencia de plusvalor del capital global del capitalismo periférico hacia el capital global del centro (siendo desde la década del 1980 el mecanismo principal de la dicha transferencia el pago de una deuda externa inflada y en gran parte contraída antidemocráticamente a espaldas del pueblo latinoamericano) debía ocultarse ideológicamente gracias a una teoría económica construida ad hoc por Estados Unidos y Europa por la que se sugería, desde finales de la década del 1950 (denominada por la CEPAL “doctrina desarrollista”) “abrir las fronteras” a la tecnología más avanzada y al capital del centro para sustituir importaciones. Esto produjo el fenómeno de las que se llamarán después: las corporaciones trasnacionales. Lo cierto es que el “desarrollismo” fracasó, porque era sólo la “máscara” de la expansión del capital del centro, de la dominación de la burguesía del Norte sobre la de la periferia; del centro que destruyó y absorbió el capital nacional y debilitó a la burguesía periférica, tarea que realizarán por último las dictaduras de seguridad nacional (desde el golpe dirigido por Golbery en Brasil en 1964, hasta las primeras elecciones formalmente democráticas de un presidente de un presidente en Brasil o Argentina, en 1984), cuando los masas, que habían de alguna manera gustado el fruto del desarrollo económico-político del “populismo”, fueron nuevamente reprimidas desde una disciplina exigida por la lógica del “desarrollo” del capital. Las dictaduras hicieron posible por una nueva etapa, la existencia de un capitalismo periférico que aumentaba la transferencia de plusvalor al centro.

La instalación de las democracias formales posteriores a las dictaduras (1983-2000) significaron una “apertura” política de la vida pública, no aterrorizada ya por la represión militar, lo que dio un ambiente de aparente libertad que permitió consolidar la conciencia de la legitimidad del deber de pagar una cuantiosa deuda externa contraída. Esa deuda, que los militares iniciaron, debieron heredarla los gobiernos “democráticos” que siendo “democráticos” justificaban ante la conciencia popular el indicado deber de pagarla –cuando ya los militares habían perdido totalmente la credibilidad-.

Es decir, la deuda se había legitimado. Esos gobiernos formalmente “democráticos” fueron lentamente volviéndose ortodoxamente neoliberales (cuyos ejemplos prototípicos fueron los gobiernos privatizadores de los bienes públicos como los de Carlos Menem y Carlos Salinas de Gortari). Así se llevó a cabo a la práctica el “gran relato” (ignorado por la filosofía postmoderna) de la teoría neoliberal (llamada aún por George Soros: “fundamentalismo de mercado”) que se expresa en el “consenso de Washington”, que presiona a una total apertura de los mercados desarrollistas ante una predicada inevitable globalización económica, cultural y política –cuya expresión en la izquierda es formulada por A. Negri y M. Hardt. Ahora el calificativo de “populismo” había cambiado absolutamente de significado. Se había producido un deslizamiento semántico, una redefinición político estratégica del término. Ahora “populismo” significa toda medida o movimiento social o político que se oponga a la tendencia de globalización tal como la describe la teoría de base del “consenso de Washington”, que justifica la privatización de los bienes públicos de los Estados periféricos, la apertura de sus mercados a los productos del capital del centro, y que niega la priorización de los requerimientos, de las necesidades de la grandes mayoría de la población, empobrecida por las políticas adoptadas por las dictaduras militares (hasta aproximadamente el 1984) y aumentadas posteriormente por las decisiones de reformas estructurales dictadas desde los criterios de una economía neoliberal –que en México seguirán siendo los vigentes hasta 2008, constituyendo un anacronismo lamentable, si no suicida-. En medio de esa “noche de la historia” latinoamericana el levantamiento en Chiapas en enero de 1994 significó un rayo auroral en medio de las tinieblas

La Revolución socialista cubana significó igualmente un proceso que surge posteriormente al populismo histórico de “segundo tipo” (véase E. Dussel, “El populismo latinoamericano” (1910-1959)”, en Ideas y Valores (UN-Bogotá), (1977), 50, pp. 35-69; nuevamente en Política de la Liberación, 2007, Trotta, Madrid, pp.435-463).

Katz se equivoca y niega el termino, negando la actualidad del pensamiento político de Marx. Dussel lo reforma y divide mas o menos arbitrariamente los populismos “buenos” de los “malos”. El caso de Noriega en Panamá, y muchos otros, como el actual gobierno de El salvador, no acompañan la tesis de Dussel.

Hay una sola manera de eliminar; de negar una realidad; y es dejar de nombrarla. Nombrar con los nombres burgueses, con las categorías de la tecnocrácia financiera las necesidades del pueblo. El Bonapartismo es populismo reformista “nacional” burgués dependiente, semicolonial y parasitario del mercado mundial. Eso es el “Bonapartismo”. Es un fenómeno semicolonial, en América Latina no podría ser de otra manera. La situación de la burguesía Francesa en relación con las burguesías Inglesa y Alemana, es el nudo de la teoría política Marxista. El Bonapartismo es precisamente producto de este escenario de tensión económica, “interburguesas” de “occidente capitalista” políticamente liderado por la independencia de la mayor colonia del mundo. Los Estados Unidos.

Sucede también de manera dialéctica, que para utilizar las categorías de Carlos Marx es necesario aceptar el carácter “político” socialista y anticapitalista de su pensamiento.

Ernesto Guevara escribió “… convendría decir que la teoría revolucionaria como expresión de una verdad social, está por encima de cualquier enunciado”

Dice Néstor Kohan en “Nuestro Marx” , pag. 31

“…Al reflexionar sobre la hegemonía, Gramsci advierte que la homogeneidad de la CONCIENCIA PROPIA de un COLECTIVO SOCIAL y la DISGREGACIÓN DE SU ENEMIGO se realizan precisamente en el terreno de la batalla cultural. ¡He allí su tremenda actualidad para pensar y actuar en las condiciones abiertas por la globalización capitalista, su GUERRA IDEOLÓGICA CONTRA TODA DISIDENCIA RADICAL, SU DOMINACIÓN CULTURAL MUNDIALIZADA Y SU FABRICACIÓN INDUSTRIAL DEL CONSENSO!. Gramsci no se adentra en los problemas de la cultura para intentar legitimar la gobernabilidad consensuada y “pluralista” del capitalismo tardío —periférico y dependiente, en el caso de la Argentina— sino PARA DERROCARLO. Sus miles de páginas tienen un objetivo preciso: estudiar la dominación cultural del sistema capitalista para intentar resistir, generar contrahegemonía y poder vencer a los poderosos.

¿En qué consiste, pues, la hegemonía? […] Comencemos a explicarla por lo que no es. La hegemonía no constituye un sistema formal, completo y cerrado, de ideas puras, absolutamente homogéneo y articulado (estos esquemas nunca se encuentran en la realidad práctica, sólo en el papel, por eso son tan cómodos, fáciles, abstractos y disecados, pero nunca explican qué sucede en una formación social determinada).

La hegemonía, por el contrario, constituye un proceso de articulación y unificación orgánica de diversas luchas fragmentarias, heterogéneas y dispersas, dentro de las cuales determinados colectivos logran conformar una perspectiva de confrontación unitaria sobre la base de una ESTRATEGIA POLÍTICA y una DIRECCIÓN CULTURAL. A través de la hegemonía un grupo social colectivo (nacional o internacional) logra generalizar la confrontación enhebrando múltiples rebeldías particulares. Ese proceso de generalización expresa la conciencia y los valores de determinadas clases sociales, ORGANIZADAS PRÁCTICAMENTE A TRAVÉS DE SIGNIFICADOS Y PRÁCTICAS SOCIALES. La hegemonía constituye un proceso social —colectivo pero que también impregna la subjetividad— vivido de manera contradictoria, incompleta y hasta muchas veces difusa. Para ser eficaz y suficientemente “elástica”, la DOMINACIÓN CULTURAL DE LAS CLASES DOMINANTES Y DIRIGENTES necesita INCORPORAR SIEMPRE ELEMENTOS DE LA CULTURA DE LOS SECTORES DOMINADOS —por ejemplo, el “pluralismo”, el culto a la diferencia o el respeto al “Otro”— para RESIGNIFICARLOS y SUBORDINARLOS dentro de las jerarquías de poder existente. En cambio, cuando la hegemonía la ejercen las clases subalternas y explotadas, el proceso de articulación no tiene porqué manipular las demandas singulares de los grupos que integran la alianza estratégica contrahegemónica. La hegemonía es entonces idéntica a la cultura pero es algo más que la cultura PORQUE INCLUYE NECESARIAMENTE UNA DISTRIBUCIÓN ESPECÍFICA DE PODER E INFLUENCIA ENTRE LOS GRUPOS SOCIALES…”

Hegemonía no significa sólo consenso (como algunas veces se piensa en una trivialización socialdemócrata del pensamiento de Gramsci), también presupone violencia y coerción sobre los enemigos. Para Gramsci, inspirado en Marx, no existe ni el consenso puro ni la violencia pura. Las principales instituciones encargadas de ejercer la violencia en la sociedad capitalista son los Estados (policías, fuerzas armadas, servicios de inteligencia, cárceles, etc.), instituciones permanentes del orden social que no se someten a votación cada cuatro años… Las instituciones donde se ejerce el consenso forman parte de la sociedad civil (partidos políticos, sindicatos, iglesias, instituciones educativas, asociaciones vecinales, medios de comunicación, etc.).

Siempre se articulan y complementan entre sí, predominando uno u otro según la coyuntura histórica. Por último, la hegemonía nunca se acepta de forma pasiva. Está sujeta a la lucha, a la confrontación, a toda una serie de “tironeos”. Por eso quien la ejerce debe todo el tiempo renovarla, recrearla, defenderla y modificarla, intentando neutralizar a sus adversarios incorporando sus reclamos —por ejemplo el respeto de las diferencias y el reconocimiento de los particularismos fetichizados— pero desgajados de toda su peligrosidad antisistémica. Como la hegemonía no constituye entonces un sistema formal cerrado, sus articulaciones internas son elásticas y dejan la posibilidad de operar sobre ellas desde otro lado: desde la crítica al sistema, desde la contrahegemonía (a la que permanentemente la hegemonía del capital debe contrarrestrar, disgregar y fragmentar).

Frente al fenómeno de resistencia popular global al capitalismo y la actitud de la pequeño burguesía urbana en Argentina decía José Carlos Mariátegui en Punto de vista antiimperialista. 1929


“¿Hasta qué punto puede asimilarse la situación de las repúblicas latinoamericanas a la de los países semicoloniales? La condición económica de estas repúblicas, es, sin duda, semicolonial, y, a medida que crezca su capitalismo y, en consecuencia, la penetración imperialista, tiene que acentuarse este carácter de su economía. Pero las burguesías nacionales, que ven en la cooperación con el imperialismo la mejor fuente de provechos, se sienten lo bastante dueñas del poder político para no preocuparse seriamente de la soberanía nacional. Estas burguesías, en Sud América, que no conoce todavía, salvo Panamá, la ocupación militar yanqui, no tienen ninguna predisposición a admitir la necesidad de luchar por la segunda independencia, como suponía ingenuamente la propaganda aprista. El Estado, o mejor, la clase dominante no echa de menos un grado más amplio y cierto de autonomía nacional. La revolución de la Independencia está relativamente demasiado próxima, sus mitos y símbolos demasiado vivos, en la conciencia de la burguesía y la pequeña burguesía. La ilusión de la soberanía nacional se conserva en sus principales efectos. Pretender que en esta capa social prenda un sentimiento de nacionalismo revolucionario, parecido al que en condiciones distintas representa un factor de la lucha antiimperialista en los países semicoloniales avasallados por el imperialismo en los últimos decenios en Asia, sería un grave error. […]

¿Y la pequeña burguesía, cuyo rol en la lucha contra el imperialismo se superestima tanto, es como se dice, por razones de explotación económica, necesariamente opuesta a la penetración imperialista? La pequeña burguesía es, sin duda, la clase social más sensible al prestigio de los mitos nacionalistas. Pero el hecho económico que domina la cuestión, es el siguiente: en países de pauperismo español, donde la pequeña burguesía, por sus arraigados prejuicios de decencia, se resiste a la proletarización; donde ésta misma, por la miseria de los salarios no tiene fuerza económica para transformarla en parte en clase obrera; donde imperan la empleomanía, el recurso al pequeño puesto del Estado, la caza del sueldo y del puesto “decente”; el establecimiento de grandes empresas que, aunque explotan enormemente a sus empleados nacionales, representan siempre para esta clase un trabajo mejor remunerado, es recibido y considerado favorablemente por la gente de clase media. La empresa yanqui representa mejor sueldo, posibilidad de ascención, emancipación de la empleomanía del Estado, donde no hay porvenir sino para los especuladores. Este hecho actúa, con una fuerza decisiva, sobre la conciencia del pequeño burgués, en busca o en goce de un puesto. En estos países, de pauperismo español, repetimos, la situación de las clases medias no es la constatada en los países donde estas clases han pasado un período de libre concurrencia, de crecimiento capitalista propicio a la iniciativa y al éxito individuales, a la opresión de los grandes monopolios.”

Entonces, si la manera más eficaz de recordarle a la vanguardia intelectual del pueblo, que este es un gobierno de multimillonarios, es describirlo con categorías “MARXISTAS”, es porque todas las demás categorías han sido reelaboradas por la propaganda ideológica burguesa, que no construye pensamiento, sino que lo captura y lo pervierte en contra de los intereses de las mayorías.

Para terminar algunos detalles de criterio general

El pueblo no es el partido.
El partido no es la clase.
El partido leninista, no es, ni representa necesariamente, a la vanguardia del pueblo. La tragedia soviética es la prueba histórica irrefutable.
La “clase” según el criterio Stalinista no existe desde los años cincuentas
El sistema mundo, integra a todos “los mundos” y subordina todas las alternativas a la volátil voluntad del capital financiero. 
La capital del sistema no es un lugar geográfico, el núcleo y el vehículo, es el aparato de propaganda capitalista transnacional y sus practicas de autoridad, legitimación y consenso a través (en especial por su masividad y unilateralidad), de la  Tv , y la prensa. 
Internet, es también la expresión de esta relación de dominación hegemonía.
Para la propaganda psicológica permanente no existe otro modo de vida posible. Las masacres en lugares públicos y la falta de alternativas son la expresión clara y dramática de la propaganda ideológica permanente. Y de la capacidad de adaptación “comercial” del sistema para imponer sus esquemas mentales, sus prejuicios y categorías determinantes en cada ámbito de relación humana.
El uso intensivo, sistemático e indiscriminado de drogas neurológicas de diseño en medicina corporativa, o por los gobiernos en planes generales a través de vacunas o en los alimentos, por ejemplo; también forman parte importante de la guerra permanente contra la especie humana en su conjunto, en especial contra los sectores con menores capacidades de disponer de recursos económicos. Algunos de estos aspectos, del mismo modo que otra enorme cantidad de elementos fundamentales del capitalismo contemporáneo, no son considerados en ninguno de los análisis “tradicionales”. Se trata, sin más, de prejuicios de ortodoxia alentados por los enemigos del pueblo y de los trabajadores.
Desde que el centro de la preocupaciones corporativas giró de la prolongación biológica de la vida, a la búsqueda de IA. (inteligencia Artificial) y por ese medio, a la búsqueda de la prolongación indefinida de la vida mediante tecnología informática; junto a la perspectiva de colonización y conquista de otros planetas y sus recursos, cualquier esperanza ridícula de un capitalismo amistoso y amable no es más que otra simple apelación infantilista a la confusión y la estupidez masiva, y masificada.

Desde la mitad de los años setentas, la plutocracia mundial tiene un plan B. Uno  con el cual siempre  habían soñado: inmortalidad y conquista espacial. No tiene nada de futurismo ni de ciencia ficción comprender la verdadera dimensión estratégica del plan enemigo.

Democracia Extorsiva – La revolución democrático burguesa y la “reforma política” en la Argentina

Democracia Popular Revolucionaria. Cultura socialista y problemas de la revolución social

Comentarios

Trackbacks/Pingbacks

  1. Pingback: ¿Víboras vegetarianas? Otra respuesta a Claudio Katz | El Sudaméricano - marzo 30, 2013

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Archivos

Reciba las publicaciones por Email

Follow EL SUDAMERICANO on WordPress.com
El Fanzine de la Comisión Semilla
El Blog de Silvio Rodríguez
El sitio Web de Silvio Rodríguez http://zurrondelaprendiz.com/

Enlace Zapatista

Radio de Nicaragua

MAPUEXPRESS

Tortilla con Sal

A %d blogueros les gusta esto: