EL CHÉ SOBRE COREA DEL NORTE

José Luís Forneo

Los progres e izquierdistas, pacifistas y democratas ante todo (que incluyen en su concepción amplia de democracia incluso la mierda electoral que sufrimos en los regímenes capitalistas), y que han aplaudido con ilusión borreguil desde la caida del muro de Berlin, pasando por las sucesivas matanzas e invasiones ejecutadas por la ONU o la OTAN contra pueblos díscolos como Libia o Siria, o que asienten complices a las mentiras que se vierten sobre los paises enemigos de Occidente, suelen llevar orgullosos camisetas y otros productos de merchandising con la imagen del Ché.

Sin embargo, Ernesto Guevara era todo lo contrario a ellos, alguien dispuesto a darlo todo y a luchar con todas las formas posibles para acabar con la injusticia social, y que sabía, como todos los verdaderos socialistas y comunistas saben, que es imposible que exista democracia o libertad si los trabajadores no tienen garantizadas sus necesidades básicas, y que la igualdad económica es requesito esencial para la existencia de una sociedad justa.

Las opiniones y escritos del Ché siempre son interesante y reveladoras, siempre que habló sobre la barbarie capitalista, sobre el recurso a la violencia de los pueblos o sobre la falsa democracia, entre otras cosas, desvelaba con la sinceridad que le caracteriza, el único camino posible para que los pueblos y los trabajadores se zafen de la esclavitud, pues solo derrotando y eliminando a la clase capitalista es posible acabar con sus crímenes.

En esta ocasión, queremos compartir las palabras escritas por el Ché sobre sus gratas impresiones de Corea del Norte y su admiración por el mariscal Kim II-Sung, en su Informe de un viaje a los paises socialistas, de 31 de diciembre de 1960 (pag.57 y 58) Ernesto Guevara, Obras Completas, que ha compartido nuestro camarada del blog El Intersocial.

Evidentemente son todo lo contrario a lo que se suele escuchar en las televisiones de los regímenes capitalistas, y por eso, posiblemente, ni siquiera las conocen aquellos que con tanto orgullo portan (quizás principalmente para ligar) las camisetas de este revolucionario que dedico su vida a la revolución armada contra las tiranias disfrazadas de democracias:

De los países socialistas que visitamos personalmente, Corea es uno de los más extraordinarios. Quizás es el que nos impresionara más de todos ellos. Tiene solamente diez millones de habitantes y tiene el tamaño de Cuba, poquito menos, unos ciento diez mil kilómetros cuadrados. La misma extensión territorial que la parte sur de Corea, pero la mitad de habitantes, fue asolado por una guerra tan fantásticamente destructiva que de sus ciudades no quedó nada, y cuando uno dice nada, es nada. Es como los pequeños poblados de guano que MerobSosa y Sánchez Mosquera y esa gente quemaba aquí, y de los cuales no quedaban nada más que cenizas. Así quedó, por ejemplo, Pyonyang, que es una ciudad de un millón de habitantes. Hoy no se ve un solo resto de toda aquella destrucción, todo es nuevo. El único recuerdo que queda es, en todos los caminos, en todas las carreteras, y en todas las vías férreas, los huecos de las bombas que caían unas al lado de otras.

Ellos me mostraron muchas de las fábricas, todas ellas reconstruidas y otras hechas nuevas, y cada fábrica de esas había soportado entre 30 y 50 mil bombas. Si nosotros nos hacemos una idea de lo que eran 10 ó 12 bombas tiradas alrededor nuestro en la Sierra, que significaba un bombardeo terrible, y había que tener su dosis de valor para aguantar esas bombas, ¡lo que significaban 30 mil bombas tiradas en un espacio de tierra, a veces menor que una caballería!

Corea del Norte salió de la guerra sin una industria en pie, sin una casa en pie, hasta sin animales. En una época en que la superioridad aérea de los norteamericanos era tan grande, y ya no tenía qué cosa destruir, los aviadores se divertían matando bueyes, matando lo que encontraban. Era, pues, una verdadera orgía de muerte lo que se cernió sobre Corea del Norte durante dos años solamente. En el tercer año aparecieron los Mig-15 y ya la cosa cambió. Pero esos dos años de guerra significaron, quizás, la destrucción sistemática más bárbara que se ha hecho.

Todo lo que se pueda contar de Corea parece mentira. Por ejemplo, en las fotografías se ven gentes con el odio, ese odio de los pueblos cuando llega a la parte mas profunda del ser, que se ve en las fotos de cuevas donde se meten 200, 300 y 400 niños, de una edad de 3 ó 4 años, se asesinan allí con fuego y otras veces con gas. Los descuartizamientos de las gentes, matar a mujeres embarazadas a bayonetazos para hacerle salir el hijo de las entrañas, quemar heridos con lanzallamas… Las cosas más inhumanas que pueda imaginar la mente fueron realizadas por el ejército norteamericano de ocupación. Y llegó casi hasta el confín de Corea con China, y ocupó, en un momento dado, casi todo el país. Sumado a eso que en la retirada lo destruían todo, podemos decir que Corea del Norte es un país que se hizo de muertes. Naturalmente, recibió la ayuda de los países socialistas, sobre todo la ayuda de la Unión Soviética, en una forma generosa y amplísima.

Pero lo que más impresiona es el espíritu de ese pueblo. Es un pueblo que salió de todo esto tras una dominación japonesa de treinta años, de una lucha violenta contra la dominación japonesa, sin tener siquiera un alfabeto. Es decir, que era de los pueblos más atrasados del mundo en ese sentido. Hoy tiene una literatura y una cultura nacionales, y un orden nacional y un desarrollo ilimitado, prácticamente, de la cultura. Tienen enseñanza secundaria, que allá es hasta el noveno grado, obligatoria para todo el mundo.

Tiene en toda la industria el problema que ojalá nosotros tuviéramos hoy -que tendremos dentro de 2 o 3 años-, que es el problema de la falta de mano de obra. Corea está mecanizando aceleradamente toda la agricultura para lograr mano de obra y poder realizar sus planes, y también está preparándose para llevar a los hermanos de Corea del Sur el producto de fábricas de tejidos y otras, para ayudarlos a sobrellevar el peso de la dominación colonial norteamericana.

Es, realmente, el ejemplo de un país que gracias a un sistema y a dirigentes extraordinarios, como es el mariscal Kim II-Sung, ha podido salir de las desgracias más grandes para ser hoy un país industrializado. Corea del Norte podría ser para cualquiera aquí en Cuba, el símbolo de uno de los tantos países atrasados del Asia. Sin embargo, nosotros le vendemos un azúcar semielaborado como es el azúcar crudo, y otros productos aún sin elaborar, como es el henequén, y ellos nos venden tornos fresadores, toda clase de maquinaria, maquinaria de minas, es decir, productos que necesitan una alta capacidad técnica para producirlos. Por eso es uno de los países que nos entusiasma más“.

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