El terrible sonido de vuestro silencio bajo el ardiente sol del verano ucraniano. Por Rafaél, miliciano español combatiente en la Brigada Vostok.

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Rafa, miliciano español combatiente en la Brigada Vostok.
Donetsk 2014-08-18

#donbass #donestk #maidan #savedonbasspeople #Poroshenko

Fotografía: Rafa y Angel, activistas españoles que combaten en la Brigada Vostok defendiendo al pueblo del Donbass. La foto fue tomada en algún lugar cercano a Donetsk. El perrito que aparece junto a ellos es su mascota y se llama “republicano”. Los jóvenes milicianos españoles le pusieron un nombre muy apropiado a sus convicciones republicanas y de izquierda.

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International Observatory of Ukranian Conflict

por Rafa, miliciano español combatiente en la Brigada Vostok

Podría volver a describiros cómo un ejército de mercenarios nazis y un gobierno legitimado por más de medio mundo están asesinando y torturando a miles de personas por simples motivos de odio e intereses económicos, pero seguramente los que lleguéis a leer esto lo sabéis perfectamente. Y ya duele tanto escribirlo como verlo a diario. Así que me niego a hacerlo nuevamente. También podría volver a reflexionar sobre el socialismo, la lucha de los pueblos, la libertad… Y seguiría siendo de igual manera infructuoso.

Este escrito, cumpla finalmente su función o no, va dirigido a la totalidad de la población, que como en anteriores ocasiones publiqué, sería incapaz de mantener los ojos abiertos más de un segundo al presenciar tan injustificable masacre. Lo escribo en un momento delicado, bastante delicado, de gran incertidumbre, cuando en la base apenas sale un hilo de agua de los grifos, y ni puedo imaginar cómo estarán en otras poblaciones más asediadas. Se perciben caras de preocupación entre los milicianos más experimentados. El idioma es una dificultad, pero poco a poco vas entendiendo parte de las conversaciones, y sobre todo, interpretas gestos, caras, miradas. Me da la sensación de que la Junta golpista de Kiev quiere echar el resto antes de posibles toques de atención, vengan de donde vengan. Esa es al menos mi opinión. Están intentando tomar la región por todas partes, y eso evidentemente se traduce en más muerte y destrucción.

Pero insisto, la motivación que me lleva a detenerme un instante a escribir no es volver a transmitiros un parte de guerra. No se trata de eso. Solo pretendo que intentéis hacer el esfuerzo de sentir lo que he sentido al mirar tantos ojos inundados del más absoluto dolor. Te desgarra el corazón. Dormir cada noche al lado de un gran hombre, que se preocupó por nuestro bienestar desde que llegamos (en la medida que la actual precariedad lo permite), que no descansaba hasta asegurarse de que la labor que desempeñaba por su pueblo estaba concluida. Y al día siguiente portar su féretro rodeado de su familia e innumerables amigos rotos de dolor. Eso destroza a cualquiera.

Hace un par de días me encontraba al otro lado de un río controlando un pequeño bosque y unos caminos y senderos que daban acceso a una pequeña población de la región de Donetsk, con el horrible sonido de las bombas de fondo. Vigilábamos la retaguardia de la primera línea que intentaba asegurar la zona de Yasunovata, castigada a diario durante el pasado fin de semana por la artillería del ejercito ukronazi. Trancurridas unas horas, mi superior situado al otro lado del río para guardar la entrada del camino principal del pueblo, me hizo señas para que me dirigiera hacia él. Los vecinos nos habían sacado leche fresca muy fría y una especie de carne rebozada que no supe indentificar, pero que agradecías enormemente después de tanto rato bajo un insufrible sol, con botas, pantalón largo, chaqueta, un pesado chaleco y demás accesorios indispensables. Más aún cuando la botella de agua que teníamos en el vehículo casi se evaporaba de la alta temperatura.

Mientras tomábamos dicho refrigerio varios vecinos se acercaron, agradecieron mi labor, nuestra labor, y me dieron muestras de profundo y sincero respeto por haber venido desde tan lejos para apoyar su defensa. Mi “khomandir” ya les había estado contando nuestro periplo. Al rato, una preciosa niña de unos 10-12 años se acercó junto con su perro, ya que su padre se encontraba charlando con nosotros. De pronto reconoció mi cara y el lazo republicano de mi muñeca al haberlo visto días atrás en la televisión en una de las entrevistas que nos realizaron. Unas entrevistas que por cierto desesperan, no porque considere que no puedan ser de utilidad, sino porque se te ocurren mil cosas mejores que hacer en esta tierra dada la situación actual. Al verme sonrió, una de esas sonrisillas semi avergonzadas al encontrarse allí junto a alguien que había visto en televisión. Una linda sonrisa.

Dos horas después, encontrándonos de nuevo en nuestras posiciones, un compañero me alertó de que tenía que regresar rápidamente al vehículo. Corres como nunca lo has hecho al escuchar cada vez más cerca los estruendos de tu columna en retirada y los bombazos de la artillería enemiga. Monté en el coche que me esperaba con la puerta abierta y ya en movimiento. Había que marcharse con total celeridad, ya que habían llegado significativos refuerzos del ejército fascista y no se podía mantener la posición sin comprometer la seguridad de la población. Había que llevárselos de allí. Vigilante desde la ventanilla del coche, mientras abandonábamos el pueblo, observaba como sus habitantes nos despedían con gritos de ánimo, aplausos y puños en alto desde las puertas de sus casas. Entonces volví a ver a esa niña, ella no aplaudía ni gritaba. Esa preciosa niña tenía dibujado en sus ojos la imagen del más absoluto terror. Esa niña, que seguramente meses atras vivía feliz, iba al colegio y jugaba con sus familiares y amigos, ahora solo podía pensar en cómo de cerca caerían las bombas y los misiles. No sé como estará. No sé si su pueblo ha sido bombardeado en estos días. Es posible, ya que el conflicto en la zona sigue siendo duro y constante. Historias miles, diarias, dramáticas. Las que llegas a conocer y las que no. Como para escribir uno y cien libros cargados de sufrimiento y horror. A los pocos días de llegar aquí, discutía por wassap con un familiar directo acerca de por qué había tomado la decision de llevar a cabo esta “locura”. Comprometía mi seguridad y la de mi familia. Por desgracia, como poco después ocurrió, también comprometía su seguridad y su intimidad. Les dejaba sumidos en la más absoluta preocupación, con los riesgos que esto también conllevaba.¿Por qué lo he hecho? Porque si algún día mi pueblo, mi gente, mi familia y amigos, se encuentran sufriendo una atrocidad semejante a la que padece esta población, solo podré soñar y desear que mucha gente tome esta misma decisión que yo he tomado. Y porque creo que a todos y cada uno de vosotros os ocurriría lo mismo. Y cerca de cumplir un mes en el Donbass os diré que aunque a nadie le desearía tener que presenciar y vivir esto, no me arrepiento en absoluto de estar aquí. Aunque solo fuese para tratar de transmitiros, como ahora intento hacer, de mi puño y letra, cuánto sufrimiento producen los macabros intereses de unos pocos.

Les culpo a ellos, son los máximos responsables de esta terrible página de la historia. Al presidente Petro Poroshenko y su gobierno golpista de ideología nazi-fascista. Culpo también a los Estados Unidos y los estados títeres de la Unión Europea. Pero, y perdonadme por el atrevimiento, también os culpo a todos los que con total indiferencia miráis hacia otro lado, ponéis excusas vacías, y no hacéis absolutamente nada por estos niños, estos ancianos, estas personas que de manera independiente, y ajenas a ideologías, lo único que quieren es recuperar la paz y libertad que les ha sido arrebatada hace demasiado tiempo. Supongo que la comodidad de vuestras vidas no os deja tiempo y/o ganas para más. Os acuso de ser cómplices silenciosos del asesinato, tortura y masacre de miles de personas. Porque si queréis podéis conocer la verdad de lo que aquí ocurre. Yo lo hice previamente a mi viaje. Porque si queréis, entre todos, podemos acabar con ello. Me dan igual vuestras ideologías y tendencias políticas. Aquí hay un gobierno que está masacrando a la población civil. Utiliza para ello grupos armados de ideología fascista. Y fuerza a otros muchos ciudadanos a ir a morir y matar en contra de su voluntad. Muchos de ellos se han negado a colaborar en la masacre y han pasado a formar parte de las milicias o han huido por temor a represalias. Frente a ellos hay una milicia formada en su inmensa mayoría por trabajadores como vosotros, que con múltiples tendencias, puntos de vista y sensibilidades, cierto es, dedican sus mejores esfuerzos a defender la población civil. A defender a la gente. A los ancianos, a las mujeres, a los niños. Me enorgullece ver cómo mis compañeros en España están luchando para detener el genocidio en Gaza. Tenéis todo mi apoyo. Pero al mismo tiempo me entristece profundamente observar cómo muchos miran hacia otro lado en lo que al conflicto ucraniano se refiere. No puedo entenderlo. ¿A que tenéis miedo? ¿Es quizás porque nos toca lo suficientemente cerca que nuestra implicación debería ser mayor? ¿Es porque está en nuestras manos exigir a nuestros respectivos gobiernos que dejen de legitimar y financiar a otro gobierno que está persiguiendo y aniquilando a gran parte de su población? ¿Acaso no luchamos por la justicia y la libertad de los pueblos? Son personas las que aquí mueren a diario. Personas como tú y como yo. Que hasta hace muy poco disfrutaban de la tranquilidad y comodidad que ahora estaréis disfrutando en vuestros hogares. Y que les fue robada para siempre tras el golpe de maidan. Se llama empatía, ponerse en el lugar del otro. Se llama solidaridad, no permitir esta injusticia.

Nota: Disculpad la carencia de acentuación del escrito, el lenguaje sexista que a veces he empleado, así como si se encuentra alguna falta de ortografia. No tengo acceso frecuente a ordenadores portátiles. Y los que tengo tienen un teclado en cirílico. Y no tengo tiempo para revisar y adaptar el escrito. Os agradecería que fuera corregido en lo posible para su difusión. Gracias.

¡No pasarán! 

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