Lenine coronado

Lenin 3Julio Antonio Mella

Juventud. La Habana, Cuba. Febrero de 1924.

Con motivo de su muerte y de los artículos periodísticos.

El cable mensajero genial de mentiras, nos habló una vez más; pero con verdad esta última: ¡Lenine ha muerto!

En primeros momentos la noticia fue el chiste de la ciudad entera; estúpidos seres, grandes pensadores con el cerebro ajeno, daban con sonrisa burlona el pésame a los que habíamos siempre pensado con nuestra cabeza.

A los que en ciertos acontecimientos vimos signos innegables de progreso y de civilización, la muerte del grande hombre nos ocasionó una oportunidad de juzgar el pobre nivel intelectual de la juventud cubana.

Para la inmensa mayoría este acontecimiento fue tan cómico como la muerte de Pancho Villa, el bandolero universal.

Al día siguiente los editoriales sensibleros de los periódicos, siguiendo la moda cristiana-burguesa de “adorar muerto a lo que hubieran quemado vivo”, para demostrar que conocían el movimiento revolucionario ruso lanzaron enormes masacotes de letras e ideas glorificando, coronando, el Hombre de Hierro y Luz de la Rusia Roja.

La opinión cambió, aparecieron por todas partes antiguos apóstoles del bolchevismo; pero como el triunfo de una idea o de un hecho, la consagración de un individuo, todo, nos ha de venir del Norte, como los fríos, el jamón y los turistas, tuvo Arthur Brisbane, el periodista yanqui que podría ser genial si no hubiera claudicado ante el medio, que lanzar por el cable a todo el orbe su célebre editorial coronando a Lenine para que en Cuba todos se convirtiesen al credo rojo, muchos sabios olvidaron que habían reído leyendo en los periódicos las “ridiculeces” de Lenine y Trotsky, los niños crudos que se comían y la vida principesca que decían se daban los amos de Rusia; esos sabios de salón olvidaron el pensamiento de Víctor Hugo:

“Un sabio que se ríe de lo posible está en el camino de ser un idiota.”

Olvidaron que ellos habían reído, no de lo posible, sino de lo real, de lo existente, y como buenos mediocres, ahora que otros aceptaban ese valor muerto, ellos también lo reconocían.

“Fue un hombre extraordinario y grande. Grande en su energía, grande en su poder…”

“La fuerza del carácter de Lenine, estriba en su absoluta honradez, en su sinceridad y en la inquebrantable firmeza de sus convicciones”.

“Por años fue un teorizante y soñador, luego puso en práctica sus teorías…”

Esto último es lo que más asombra a Brisbane, dice que es único en la historia, miente, es la característica de todo genio, ¡qué claro! el mediocre no puede comprender. Lenine tuvo la primera fase: idea, y luego la segunda: acción, que caracteriza a todo hombre grande.

Un primer período de sueños románticos, y otro de realización de esos sueños algo modificados por el contacto de la realidad.

Fue, como dice Ingenieros1 —en El hombre mediocre— que es todo genio, en su juventud un idealista romántico, y en la edad madura, un idealista experimental.

No decimos, como los periodistas insinceros, que lloramos ante su tumba, que ponemos flores, etc.

En su tiempo y en su medio, fue un avanzado, y un superhombre que supo con el poder de su genio dar un impulso poderoso a la transformación de una civilización.

No pretendemos implantar en nuestro medio, copias serviles de revoluciones hechas por otros hombres en otros climas, en algunos puntos no comprendemos ciertas transformaciones, en otros nuestro pensamiento es más avanzado pero seríamos ciegos si negásemos el paso de avance dado por el hombre en el camino de su liberación.

No queremos que todos sean de esta o aquella doctrina, esto no es primordial en estos momentos, que como en todos, lo principal son Hombres, es decir, seres que actúen con su propio pensamiento y en virtud de su propio raciocinio, no por el raciocinio del pensamiento ajeno.

Seres pensantes, no seres conducidos.

Personas, no bestias.

1 José Ingenieros: Escritor, sociólogo y psiquiatra argentino (1877-1925). Se le considera el introductor del positivismo en su patria. Autor de: Las fuerzas morales, El hombre mediocre, Tiempos nuevos, entre otros. Estuvo en Cuba en 1923 e influyó notablemente en la juventud de entonces.

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