Sartre aventurero y militante

che, sartre y simon

“Una noche durante la ocupación, estaba reunido con algunos amigos, en una habitación de hotel. De repente, una voz desconocida ha pedido socorro en la calle. El sonido de esa voz era tal que, sin ponernos de acuerdo, bajamos corriendo: encontramos la calle desierta, dimos la vuelta a la manzana y no hallamos a nadie. Volvimos a nuestro trabajo, pero durante toda la noche, esa voz no dejó de sonar en nuestros oídos. Una voz sin rostro, sin nombre, que clamaba por todos: en esas épocas de temor todos esperábamos una ayuda lejana, un socorro que tardaba, y cada cual se preguntaba si no había oído su propia voz…”

Jean Paul Sartre. Prefacio a  El fin de la esperanza de Jean Hermanos. 1946-1950

Situations VI. 1964

“ los militantes han de recoger la herencia de las virtudes aventureras. Yo sé que son todo a la vez: ese Yo dado que han recibido de los otros y para la lucha, lo superan en la lucha y su verdadero Yo está más allá del Yo: no piensan más que por medio de la razón combatiente que el partido les ha proporcionado, pero como su pensamiento rechaza toda traba, llevan al extremo esta razón constituida y la metamorfosean en razón constituyente, enteramente entregados a la obediencia, no se reservan nada de sí mismos, absolutamente nada, excepto esa libertad que les dan sin reservas; metidos hasta la médula en el combate cotidiano que constituye el único objeto de su preocupación, están al mismo tiempo enteramente fuera, porque saben que los fines inmediatos son secundarios, aunque estén determinados a dar su vida para alcanzarlos, y porque han decidido que lo que se discutía no era la felicidad del hombre, sino el hombre sencillamente. Aventurero o militante; yo no creo en ese dilema. Demasiado sé que un acto tiene dos caras: la negación que es aventurera, y la construcción que es disciplina. Hay que restablecer la negación, la inquietud y la autocrítica en la disciplina. Solo ganaremos cuando saquemos todas las consecuencias de ese circulo vicioso; el hombre está por hacerse, y el único que puede hacerlo es el hombre.

Jean Paul Sartre. Introducción a Retrato del aventurero de Roger Stephane, París, 1950

Situations VI. 1964

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