El chueco Maciel

por Luciano Álvarez

Dice el gran historiador Ernst Bloch. “La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado”, Pero esta afirmación incluye otra de igual peso: resulta vano “esforzarse por comprender el pasado si no se sabe nada del presente.”

Al narrar la brevísima historia y la larga posteridad de Julio Nelson Maciel Rodríguez, pretendo obedecer a estos principios.

Su madre, Santa Rodríguez, recaló con sus cuatro hijos, en los años 60 en el Pasaje “A” 4054, del Barrio Marconi, de Montevideo. Venían de Tacuarembó; había perdido a su marido en 1959; también a una hija pequeña. Puso un pequeño despacho de bebidas, cuidó a sus hijos y se vinculó a una iglesia evangélica. Dentro de la pobreza de su rancho de lata y piso de tierra, la familia se las arregla, los niños van a la escuela y cumplen razonablemente, salvo Nelson, al que apodan “el Chueco”. “Era buenísimo y querido” recuerda su madre, entrevistada en 1988 por la periodista Graciela Salsamendi. Aparentemente, no le daba la cabeza, y sus estudios fueron tan mínimos que ni siquiera aprendió a leer.

Cuando despuntaba la adolescencia comenzó a hacer changas con un amigo, en un carro. Un día, Santa recibió una advertencia. “Señora, estos botijas andan haciendo del diablo”.

La historia que sigue es evidente y en nada se diferencia de miles de otras: “entradas”, como menor infractor en comisarías y en el Instituto Álvarez Cortés del entonces “Consejo del Niño”; luego las fugas y nuevas internaciones.

Un día le dijo a su madre: “Si precisás plata, entonces asalto un banco y después me entrego”. Sabía que un albergue de menores no lo podría retener. Santa Rodríguez le respondió: “Precisar preciso, pero el día que derrames sudor sobre tu frente, trabajando, entonces, sí, vos me alcanzás las cosas. Pero mientras usted ande en su vida equivocada, no”.

Sin embargo, los dados estaban echados. Era famoso en el Cantegril, que lo protegía a cambio de su generosidad para dejar una parte de sus botines entre los amigos. Eso le garantizaba refugio seguro. Pronto sus hechos y la prensa crearon el personaje: “El chueco Maciel, enemigo público”. Fiel a los tópicos de cien historias similares, detrás de cada asalto a un banco, de cada rapiña violenta, los testigos creen reconocer al Chueco, omnipresente. Antes de llegar a la mayoría de edad había herido gravemente a un comisario.

Su vida breve terminó un día invernal de junio de 1971. El Chueco y dos cómplices asaltaron un ómnibus; una patrulla los vio y los persiguió. El Chueco se refugió detrás de un árbol, le cubrió la huida a sus compañeros, pero el fuego policial fue implacable y el Chueco Maciel cayó malherido. Murió al poco rato en el hospital.

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Un comentario en “El chueco Maciel

  1. Buenas tardes, podrian subir fotos del chueco maciel, de su madre y del lugar donde vivia, estoy desarrollando una tesis sobre èl soy de Mèxico y me ha costado mucho encontrar informaciòn,solicito su apoyo

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