Puños y sueños sin fronteras: La 1ª Internacional en Argentina 1870 – 1881

Che Palestino

en pdf Aquí La 1ª Internacional en la Argentina

 

La clase oprimida y luchadora es, en sí misma, el sujeto del conocimiento histórico…

Walter Benjamin. Tesis sobre el concepto de Historia

“Y en la obra El Ingenio de Moreno Fraginals, puso la siguiente dedicatoria: “No sé qué dejarte de recuerdo. Te obligo pues a internarte en la caña de azúcar. Mi casa rodante tendrá dos patas otra vez y mis sueños no tendrán fronteras..

Alberto Granado.”Con el Che por Sudamérica

entrevista con Aldo Isidron del Valle

…En un estudio premiado Julio Avila analizó la situación de la clase obrera tucumana a principios de siglo. Existía entonces la ley del conchabo. Dice Avila que el “obrero trabaja con exceso; no es bien pagado; come muy mal; vive en ranchos miserables como el indio de la pampas o los negros del centro de África, es decir, en casuchas construidas con totora, tierra cruda, paja o despunte de caña de azúcar; durante la mitad del año no le es permitido descansar, ni aún en día festivo”; en cuanto a la jornada, es “de sol a sol”, según el texto de la ley, pero llega a trece horas. En cuanto a las proveedurías, Bialet Massé (1904), dice que “el obrero del ingenio, el peón, se deja llevar por la proveeduría el 40 por ciento de sus escasos jornales”. Eso en el norte. Del Litoral, las aguas del Alto Paraná, “bajan turbias”. Juan B. Justo denunció en el Parlamento, el 29 de junio de 1914, las condiciones bestiales de los obreros del Alto Paraná; dijo que podían verse en el río cadáveres de obreros, con lesiones corporales de violencias. Añadió que “Posadas es el gran mercado de esclavos blancos en el Alto Paraná… Se los embarca como a bestias, a cintarazos”.

Más de medio siglo después, el sistema del conchabo para la contratación de los obreros dedicados a la zafra azucarera tiene vigencia en las relaciones económicas jujeñas. Se aplica preferentemente a los veinte o treinta mil obreros bolivianos que incluyendo la familia ingresan anualmente en nuestro país, para fines de abril y mayo de cada año. En San Martín del Tabacal (Salta), se emplea indios matacos, tobas, chorotes, chulupíes.

La contratación o conchabo no es una forma exclusiva pero sí bastante extendida. En la práctica, los ingenios ya tienen sus contratistas, que en la mayoría de los casos son comerciantes establecidos en las localidades de la zona y también empleados de los ingenios. El pueblo los bautizó; les llaman negreros. “

La Explotación de los Obreros Rurales.

Semanario de la CGT de los Argentinos, 1969

Con mi china y mis gurises

sin maleta y desarmau

yo vine aquí porque quise

a mi naide me mandau.

Vine con otros setenta

y el gobierno se asustó.

Vaya sacando la cuenta

no pregunte quién soy yo…”

Alfredo Zitarrosa

La Asociación Internacional de Trabajadores en la Argentina

por Faustino Jorge

(1938)

(revista Argumentos dirigida por Rodolfo Puiggrós, nº 2, diciembre 1938)

En el año 1886 se publicaba en la ciudad de Buenos Aires un libro, en pequeño pero abultado tomo, en el cual se hacía la historia de las industrias en la Capital de la República: en el año 1896 aparecía un segundo tomo, precedido de un artículo de Sarmiento. El autor del libro, que no es más que una crónica biográfica de los iniciadores de nuestras actividades industriales, es un señor [de nombre] Manuel C. Chueco y el título del mismo es “Los Pioneers de la Industria Nacional“.

Aparecen allí los esfuerzos nacionales por formar en el país las primeras empresas industriales. Son inmigrantes, en su mayoría que, desde 1850 en adelante, tientan de sustituir el consumo de las mercaderías manufacturadas en Europa por productos fabricados en el país. Son capitales argentinos que dan estos primeros pasos; mostrando una vez más cómo existían en el país las posibilidades de crear una industria independiente; industria que si cayó en manos extrañas o fue frenada en su desarrollo, se debió a la preponderante influencia de los intereses económicos ajenos.

Y al mismo tiempo que se dan estos primeros pasos en el terreno del desarrollo industrial, aparecen las primeras manifestaciones de la clase obrera como fuerza independiente. Son esas primeras plantas industriales, junto con el aporte de una inmigración creciente, los que dan la base para que surjan en nuestro país las organizaciones políticas y sindicales de la clase obrera.

Son los cientos de obreros que emplea Adrián Prat en la fabricación de tejidos de lana y en su tintorería; es Berisso en sus saladeros, Bieckert en la cervecería, Zamboni en talleres mecánicos y fundición, Durán con la fábrica de cigarrillos, Cerrano en la fábrica de cal, que abren paso al proceso industrial dando las condiciones para el surgimiento del proletariado.

La inmigración, el otro factor a que nos hemos referido, influye de doble manera en el nacimiento de las primeras organizaciones obreras. Por un lado la afluencia de brazos suscita los primeros problemas alrededor de las condiciones de trabajo; por otro, muchos de los recién llegados traían de sus países de origen ideas sobre organización; habían participado en las luchas desatadas en Europa; algunos de ellos habían debido abandonar su patria exiliados como consecuencia de las persecuciones políticas. La vida en común de lo inmigrantes de una misma nacionalidad, la existencia de sociedades idiomáticas facilitaban la formación de grupos y es indudable que en las reuniones y conversaciones a que los obligaba como único pasatiempo una sociedad que se movía a un ritmo mucho más lento que aquella de que procedían, debían ocupar un lugar preferente, las preocupaciones políticas y sociales que habían conmovido sus vidas.

El crecimiento de la inmigración en el período de 1860 a 1880 había seguido el siguiente ritmo:

1880 – 6.656

1865 – 11.767

1870 – 39.967

1875 – 42.036

1880 – 42.651

1881 – 47.484

1885 – 108.722

1887 – 120.842

1889 – 260.909

En menos de 30 años el avance era inmenso, cierto que parte de esa población inmigratoria regresaba a sus países de origen, púes venía solamente en las épocas de cosecha, pero de cualquier manera la ciudad medio-aldea se transformó de una manera total. A la ojos asombrados de los viejos porteños que vivían de las luchas entre mitristas y alsinistas, que sólo comprendían las tareas del campo, los conmovía la aparición de un nuevo espíritu y un nuevo ritmo; con este nuevo espíritu y con este nuevo ritmo, tratando de acomodarse a la sociedad de nuevo tipo que nacía, es que un grupo de hombres funda, por el año 1870, la Sección Argentina de la Asociación Internacional de Trabajadores.

La primer referencia sobre la existencia de la Asociación Internacional de Trabajadores en Buenos Aires, nos la suministra un articulo publicado en el nº 12, año III, del 31 de julio de 1875, de la Revista Masónica Americana, que dirigía un semianarquista, Bartolomé Victory y Suárez; se trata de un documento sumamente interesante.

El artículo del propio Victory y Suárez tiene su origen en la detención por la policía de la Capital de un grupo de once personas, a quienes se acusaba de haber participado en el incendio del colegio Salvador, suceso ocurrido el día 28 de febrero de 1875. Esas once personas formaban la dirección de la Asociación Internacional de Trabajadores y sus nombres eran: Pablo Cug, Enrique Brouvers, Desiderio Job, José Loumel, Julio Auberne, José Dufour, Francisco Roca, Mateo Millot, Francisco Dufour, Ernesto Deschamps y Julio Duboin. De este artículo resulta que la Asociación había sido fundada hacia el año 1872, titulándose Sección de lengua francesa, aún cuando sus miembros eran de distinta nacionalidad, que había mantenido un periódico durante un corto tiempo con el nombre de “El Trabajador”, haciendo una vida perfectamente legal, pues “Sus reuniones se anunciaban en los diarios, indicando los asuntos de que se iba a ocupar, y el local, calle y número donde tenían lugar”.

A continuación del artículo se transcriben la documentos oficiales del proceso y la sentencia absolutoria dictada por el Juez Hudson, “para tenerlos a mano -dice Victory- el día en que por cualquier otro motivo infundado, se viera amenazado el derecho de asociación en la Masonería, y fuera necesario recordar principios de jurisprudencia aceptados por los tribunales del país, en salvaguardia de aquel derecho, porque cuando las pasiones políticas se exaltan y arrastran a los agentes de la autoridad a cometer desafueros, lo mismo están expuestas a ser víctimas y a implorar justicia las asociaciones filosóficas y filantrópicas que las socialistas y revolucionarias, de las cuales no las separa sino una cuestión de forma; la cuestión de si deben realizar el bien social, pacífica o revolucionariamente…” Pocas esperanzas podemos abrigar hoy que la jurisprudencia sabia y democrática del juez Hudson sea aceptada por los tribunales actuales, pero los documentos nos sirven en cambio para reconstruir las ideas que dirigían y orientaban a estos iniciadores del movimiento obrero en el país.

El dictamen del fiscal de gobierno resume de la siguiente manera las ideas de los fundadores de la Internacional en Buenos Aires, y el carácter de la misma:

“Que se trata de una sociedad llamada Internacional, ramificación de la que existe en Europa con ese mismo nombre “(fe. 2 y 3).”

“Que los principios socialistas de ese organización se descubren en la siguiente declaración: “Que es necesario combatir le funesta asociación internacional de parásitos, es decir, la clase que vive y goza del fruto de la tierna y de la industria, a expensas de aquellos que trabajan y sudan (fs. 11) Que es deber de los socios rechazar toda clase de gobierno que no sea emanación de los trabajadores; que siendo el trabajador, el productor de todo lo que es útil y necesario para la existencia y el bienestar de la humanidad, debe tener el derecho de dictar las leyes que rijan a la sociedad universal (fs. 4, 5 y 6 vuelta).”

“Que esta asociación tiene también propósitos políticos, como se comprueba por las citas antecedentes, a las que se puede agregar que es un deber de los miembros de la Internacional, estar prontos a sacrificarse por la emancipación social de un pueblo o de una fracción de pueblo que quiere sacudir el yugo de una tiranía cualquiera, sea mercantil, o religiosa, real.”

La sentencia del Señor juez completa esta enumeración de propósitos y este programa diciendo:

“Que según el reglamento aprobado por los iniciadores de dicha asociación, se requería para ser asociado, la calidad de obrero o presentar pruebas de sus virtudes cívicas y sociales, excluyendo a los que viven del agiotage, a los que pertenecen a una orden religiosa y a los que explotan casas de juego o prostitución (fa. 1 y 7)”

He buscado cuidadosamente el expediente criminal que contiene las piezas a que se refiere el juez y el fiscal en sus resoluciones y desgraciadamente no me ha sido posible hallarlo. Es seguro que de él pudieran extraerse muchos más antecedentes y determinar, seguramente con precisión, cuales eran las ideas completas de estos hombres, la fecha de fundación de la Internacional, el lugar de sus reuniones, los temas de discusión, la obra concreta que realizaban, etc., etc.

Para fijar la fecha de su fundación, aparte del mencionado, contamos con los siguientes antecedentes: en el congreso de La Haya en 1872 de la 1ª Internacional ya se menciona la existencia de una sección en Buenos Aires; José Ingenieros sostiene en “El Almanaque Socialista para el año 1889” que la fundación data del año 1871; según una carta reproducida en “Certamen Internacional de “La Protesta” por el mejicano José C. Valades (pág. 85) y dirigida al secretario de la sección mejicana por el secretario de la sección uruguaya de la A. I. de los T. con fecha 1º de Enero de 1873, hacia 1872 se habría formado en Buenos Aires, por un grupo de ciudadanos franceses “una titulada sección argentina de la Asociación Internacional dé Trabajadores, y que representa el espíritu antidemocrático del Consejo General de Londres”. Según F. A. Sorge, en su Historia de la 1ª Internacional en Buenos Aires, entre la años 1871 y 1872 la Internacional contaba con 250 miembros.

Nacida la sección argentina al impulso de las nuevas condiciones sociales que se imponían, pero también por la influencia personal de los inmigrantes que reproducían en América las organizaciones de sus países de origen, era lógico que también aquí se manifestara de entrada, la lucha entre los dos sectores en que se encontraba dividido el primer movimiento internacional organizado de los trabajadores.

Fundada la 1ª Internacional en el año 1864, con la participación, el consejo y el apoyo decidido de Carlos Marx, se había adherido a ella en 1868 el anarquista Bakunin y con él los miembros de la Alianza Democrática Socialista. Los choques entre la corriente marxista y la anarquista no tardaron en producirse y expulsados en el “Congreso de La Haya“ (1872), terminó la 1ª Internacional por desaparecer en 1876. Las luchas de estas dos tendencias tuvieron una influencia decisiva en el proceso del desarrollo del movimiento obrero argentino. Todo un largo periodo, se caracteriza por la división permanente del movimiento sindical y por los mutuos ataques de anarquistas y socialistas; a una primera época de polémicas despiadada, siguió un período en que se llegó hasta la violencia física para imponer las propias directivas. En sucesivos capítulos podrá establecerse el daño que esas luchas hicieron y las consecuencias que aún hoy sufrimos.

Los primeros documentos relativos al movimiento obrero en la República nos presentan ya el cuadro casi completo de la división existente.

Al comunicar el secretario de la sección uruguaya de la A.I.T. a la sección mejicana la fundación de otra, en Buenos Aires en carta a que me he referido más amiba dice en el párrafo transcrito, que la sección argentina representa el espíritu anti-democrático del conejo de Londres (así denominaban los anarquistas al grupo que seguía a Marx) y agrega “como fieles juramentadores de los principios de la Alianza Democrática Socialista, os ponemos el tanto y esperemos que por la vuestra parte haréis igual con otras secciones del continente americano…” Por otra parte en otra carta que también transcribe Valades en el Certamen Internacional de “La Protesta”, pág, 84, dirigida a Méjico por un propagandista de la sección uruguaya de nombre A. Juanes, y que tiene fecha del 7 de Abril de 1872 dice, agresivamente: “Desde E. me ha escrito G. (que usted conoce bien) y que hace poco estuvo en Suiza y París, haciéndome conocer algunos detalles sobre el maquiavelismo del Consejo General de Londres contra Bakounin. Y ¿sabe usted de qué proviene ese disgusto del Consejo de Londres? De que las naciones latinas jamás aceptaran la sumisión al genio de Marx y de su patán (se refiere seguramente a Engels). En esta República democrática hay quienes se inclinan a los agentes de Londres; casi todos los que han llegado de Europa en esta últimos meses, huyendo. Temor tengo de que no podamos más en este enrarecido ambiente si contamos con tener batalla con los autoritarios… De Buenos Aires, regreso desconsolado: sólo entre los artesanos panaderos he encontrado una atmósfera favorable a la sociedad de socorros y resistencia, ¡Ah, los asnos necesitan una paliza…!”

En 1872, carta de P. Galcerán, secretario de la Sección uruguaya a F. Zalacosta, secretario electo de la sección Mejicana, también publicada por Valades en “Certamen Internacional de la Protesta” pág. 84, se anuncia la aparición de “un periódico que se denominará “El Obrero Federalista”, para combatir a los autoritarios que han sentado reales en Buenos Aires.”

Al período de la lucha personal por imponer las propias directivas en el terreno de la organización, sucedía así el de la lucha por medio del papel impreso.

Y esa lucha por medio del papel impreso había de dar lugar, uno tras otro, a la aparición de folletos, volantes, manifiestos y periódicos de vida efímera. El primer periódico de que tengo noticia es el que [fue] dirigido por Victory y Suárez, que había publicado en Buenos Aires El Comunismo de Cabet, con anotaciones, se llamaba “El Artesano” y apareció antes de que se fundara la sección argentina de la A.I.T. Ignoro que se conserven en alguna parte ejemplares de este periódico, pero conociendo las ideas de Victory y Suárez no es difícil imaginar que él reflejaba los pensamientos del socialismo utópico. Victory y Suárez venido al país antes de la fundación de la Internacional en Europa, habría recogido sus ideas sociales, -según sostiene Diego Abad de Santillán en su libro “El Movimiento Anarquista en la Argentina”-, en la obra de Francisco Garrido, influidos por el socialismo humanitario. Puede señalarse a Victory y Suárez como el eslabón que une a las corrientes de los saint-simonianos que estudiara Ingenieros en sus artículos de la “Revista de Filosofía”, con las modernas corrientes del socialismo científico.

La primera publicación de un organismo obrero parece ser “El Trabajador”, a cuya aparición se refiere el propio Victory y Suárez en el artículo me hemos citado de la Revista Masónica Americana y del cual sólo “aparecieran cinco o seis números en mes y medio”. De la exposición de ideas de la miembros de la sección argentina de la A.I.T. resumidas por el fiscal Pondal y el juez Hudson a que nos hemos referido, así como de las opiniones vertidas por los anarquistas uruguayos en las cartas hechas conocer por Valades, resulta evidente que la sección argentina de la A.I.T. respondía a las ideas marxistas. Esto lo reconoce Abad de Santillán en el libro citado y Max Nettlau en su “Contribución a la bibliografía anarquista de la América Latina hasta 1914” publicado en el “Certamen Internacional de “La Protesta”, pág. 5.

El primer órgano anarquista, destinado a luchar contra los “autoritarios” partidarios del Consejo de Londres, habría sido de acuerdo a la carta citada “El Obrero Federalista”, de suya real aparición no he visto noticia en ninguna parte y que bien pudo quedarse en simple aspiración de sus redactores.

Las actividades de estos primeros militantes del movimiento de la clase obrera eran indudablemente limitadas, ni las condiciones económicas la República, en su primera fase de desarrollo industrial, ni el clima de una clase obrera compuesta en su mayor parte de inmigrantes que venían con el propósito y la esperanza de hacer fortuna, eran propicios para desarrollar una seria actividad política o sindical. Esta circunstancia está reconocida por Victory y Suárez en el articulo de la Revista Masónica Americana, que nos ha servido ya de referencia; en él, al disculpar a los miembros de la sección argentina por no haber pedido autorización para reunirse, lo que dio pretexto a la policía para su detención, dice:

“Los miembros de aquella asociación se reunieron sin pedir ese permiso, ya sea porque ignorasen que debían hacerlo, ya sea que no creyesen necesario hacerlo, puesto que no se ocupaban de la política militante, motivo del estado de sitio” (subrayado par mí).

La prensa de esa época debe, sin duda, haber reflejado más que otra cosa, las preocupaciones doctrinarias y polémicas. Ese es el carácter también de los manifiestos, de los folletos y de los libros que se editan. De los primeros, he leído alguno publicado en Montevideo, lleno de lugares comunes a la literatura anarquista de la época, pero que no contienen ninguna demanda concreta y por el contrario dedican elogios al gobierno y a las instituciones republicanas que regían el país; el folleto más característico es el publicado con el nombre de “Una Idea” por un centro de bakuninistas que se habría formado en 1875 para combatir a los “marxistas” de la sección argentina de la A.I.T.

Pueden citarse todavía de esta época “El Descamisado” (1879), anarquista “pero bastante primitivo en sus ideas según Nettlau; el primer periódico obrero editado en lengua extranjera: “Le Revolutionaire” (1875), y “La Vanguardia“, dirigida por el año (1870), estos dos últimos partidarios de Marx y el Consejo de Londres.

La primera internacional en Buenos Aires, subsiste con una vida intermitente hasta el año 1881 en que es disuelta. Fue el período de los pioneros, el período de los tanteos en un medio poco apto y desconocido. El interior del país permanecía impenetrable a pesar de algún esfuerzo hecho en Córdoba por el año 1874 o 1875 (ref. de José Ingenieros en “El Almanaque Socialista para 1899“). La Capital despertaba; pero todavía debían transcurrir una cuantos años antes de que surgieran las primeras organizaciones sindicales y se fundara el Partido Socialista, primer partido político de la clase trabajadora argentina. Es una historia obscura, de sacrificios y luchas individuales más que otra cosa. Movimiento que nacía influenciado, en gran parte, por causas externas, reflejaba a veces arbitrariamente problemas ajenos a nuestro desarrollo económico; eso retardaba su consolidación como movimiento de masas en las cuales no encontraba eco una propaganda predominantemente artificial, que no se ceñía a las verdaderas condiciones de la clase obrera y de la población laboriosa de la nación.

A partir de 1885, débilmente, comienza a modificarse esta situación. Los elementos de la situación local son tenidos más en cuenta a la par que se pasa a nuevas formas, mas avanzadas, del estado industrial. A ese periodo de polémicas, de aislamiento de las masas que tendía a hacer del movimiento un refugio de elegidos, ha de suceder uno nuevo que le permite afirmar a un escritor burgués, Juan Balestra, en su historia de la revolución del 90 que el hecho más característico y más importante de ese acontecimiento fue el haber marcado la entrada del proletariado en las luchas políticas argentinas.

Extraído de la revista Argumentos dirigida por Rodolfo Puiggrós, nº 2, diciembre 1938, pag. 170 -174.

Revista Pasado y Presente nº 5-6, Abril- Sept. 1964. Córdoba, Arg.

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