SANTUCHO. GUEVARA. ¡LA PATRIA LIBERADA!

Rosario

ACTUALIDAD DE UN GUERRILLERO

Ernesto Guevara fue un humanista, valiente y romántico, pero esta verdad oculta al revolucionario consecuente, al científico metódico, al estadista destacado. El imperialismo lo presentó como un organizador de derrotas y su fuerza dominante logró que, aunque suavizada, esa opinión persista. En el caso de su proyecto de revolución continental con inicio en Bolivia, se enumeran dos o tres dificultades que allí se le presentaron y se da por descontado que ellas fueron suficientes para invalidar toda posibilidad de lucha. Para refutar este pensamiento no revolucionario, ya que cualquiera sea el lugar y el momento la revolución se enfrentará con enormes dificultades, haremos un breve recorrido por su trayectoria para encontrar razones poderosas que justifican su decisión.

En la Guatemala de Árbenz (1954), sin ser un militante organizado, su perspicacia lo llevó a diferenciarse de todo lo conocido dentro de la izquierda al no confiar en los supuestos militares progresistas, e intentar organizar grupos de combatientes para resistir la invasión financiada por la CIA. En México, durante los preparativos del futuro Ejército Rebelde cubano, se destacó como organizador e instructor político.

En los algo más de dos años que duró la lucha en Cuba, su entrega militante y su capacidad lo llevaron a ser un inigualable Comandante entre los rebeldes. En el balance de ese período escribió que fueron proletarizando su conciencia en contacto con los campesinos pobres de Sierra Maestra, lo que muestra un Guevara que aprendía de la realidad y de la experiencia.

Finalizada la guerra, sin ser economista, asumió las más complejas tareas económicas. Como ministro de Industrias desarrolló un sistema de administración, tomado de la General Motors, en oposición al vetusto que provenía de la Unión Soviética. El Sistema Presupuestario de Financiamiento, por él ideado en acuerdo con Carlos Marx, revolucionó la concepción marxista en el período de transición al socialismo. En su trabajo El socialismo y el hombre en Cuba, advirtió que el socialismo no podía ser construido atendiendo sólo a la edificación de la base material (la socialización de los medios de producción y de cambio): “La teoría que resulte dará indefectiblemente preeminencia a los dos pilares de la construcción: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica”. Y que si no se abordaba la transformación de la conciencia individualista en la que se asienta el capitalismo y no se luchaba conscientemente por el desarrollo de una nueva conciencia solidaria y socialista, “se corre el peligro de que persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca impulsora, etc.), se puede llegar a un callejón sin salida”.

En sus viajes a la Unión Soviética y demás países del este europeo, descubrió que allí habían abandonado la lucha por la transformación de la conciencia a lo que calificó como el gran crimen de Stalin. En varios escritos y conferencias explicó por qué la Unión Soviética estaba perdiendo la carrera del desarrollo con los Estados Unidos, viendo mucho más allá de las estadísticas que presentaban a los soviéticos ganando la carrera en la industria pesada y la producción de acero. En una carta a Fidel Castro de abril de 1965 fue a fondo en todos estos análisis y predijo, 26 años antes de que ocurriera, su retorno al capitalismo.

Ante la claridad con que vio el futuro, hizo un vehemente llamado a la urgente acción revolucionaria en escala mundial. Hablando del papel de los revolucionarios, y en forma inocultable de él mismo, dijo que “si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber pero también una necesidad revolucionaria”. Como para el Che, y los verdaderos revolucionarios, las cosas no terminan en el mero análisis –sino que allí recién comienzan–, le puso el cuerpo a sus ideas. Primero luchó en el Congo. Mientras tanto una avanzada de su proyecto estratégico se instaló, a fines de 1963, en la provincia de Salta, en una zona cercana a la frontera con Bolivia.

Bolivia, 1967. En la teoría marxista está aceptado que para el desarrollo de una revolución hacen falta condiciones objetivas: crisis económica del capitalismo, la existencia de una clase revolucionaria, etc. Y condiciones subjetivas: conciencia de la necesidad del cambio revolucionario, conciencia de la posibilidad del cambio, una organización revolucionaria, etc.

Uno de los tres aportes de la revolución cubana, según sus escritos militares, era que no había que esperar que estuvieran dadas todas las condiciones para el inicio de la lucha ya que el foco guerrillero podía crearlas. El Che fue el fundador de la teoría del foco como catalizador de voluntades, situaciones y organizaciones dispersas, postulando que la acción decidida de una vanguardia podía unificarlas en una acción y una organización superior. Pero el Che no dijo que no hacía falta ninguna condición como parece surgir de sus críticos.

Che no cayó en Bolivia como un rayo en un día sereno, allí había un programa revolucionario instalado en la vanguardia obrera desde el año 1946. En 1952 había triunfando una revolución nacionalista que, presa de sus limitaciones, había sido derrocada por un golpe militar en 1964. Además, el proletariado minero estaba organizado y parcialmente armado, existía la Central Obrera Boliviana con posiciones revolucionarias y los obreros habían quedado armados después de la Revolución. Había dos partidos marxistas leninistas. Completaba la situación la creencia de los Estados Unidos que en Bolivia no habría otra revolución en tan breve tiempo, lo que lo llevó a no preparar al Ejército boliviano para la lucha contrainsurgente y que la Alianza para el Progreso no destinara recursos para este país.

¿Qué condiciones faltaban en Bolivia? Sólo dos: la unidad obrero campesina y el ejército revolucionario, los que se proponía desarrollar instalando el foco en la zona rural. El lugar elegido respondía a la más estricta y tradicional doctrina militar: montó su cuartel general en el punto más alejado del centro del poder del capitalismo o, dicho de otra manera, en el eslabón más débil de la dominación imperialista: Bolivia. Y, dentro de ella, en la región de más difícil acceso para la contrarrevolución: Ñancahuazú.

Se dijo que el Che quedó completamente aislado lo cual es una verdad a medias. Estuvo aislado de los partidos marxistas leninistas, tanto de filiación maoísta como estalinista, pero no estuvo aislado socialmente porque el proletariado minero estaba a la espera de su Comandante.
En las asambleas preparatorias del Congreso de la Federación Minera, que debía reunirse el 24 de junio, los mineros incluyeron dentro de su programa el apoyo moral y material a la guerrilla del Che. Ese día, se sumarían los obreros fabriles de la Central Obrera Boliviana y los estudiantes de la Federación Universitaria. En la víspera, noche de San Juan, las tropas del Ejército entraron a sangre y fuego en el campamento de la mina siglo XX provocando decenas de muertos y heridos.

En su diario, el 14 de julio, ante la crisis en el gobierno causada por los éxitos de la guerrilla, escribió: “El gobierno se desintegra rápidamente, lástima no tener 100 hombres más”. Ese refuerzo hubiera existido de no haber sido por el aislamiento al que lo sometió la mayoría de la dirección del Partido Comunista de Bolivia al incumplir los acuerdos realizados. De no mediar esa traición la historia de la lucha de clases en el cono sur de América latina, seguramente, hubiese sacudido con mucha más fuerza al sistema capitalista. Es justo señalar que el grueso de los combatientes que lucharon junto al Che provenían de este partido.

Ernesto Guevara fue y es el máximo ejemplo en que se pueden inspirar nuestros pueblos en la lucha contra el imperialismo, por medio de una revolución social que inicie las transformaciones de estas sociedades capitalistas dependientes, basadas en la explotación, en otras en las que además de la socialización de los medios de producción construyamos una nueva conciencia socialista. Es en este sentido que, Ernesto Guevara, perdió una batalla en Bolivia pero conquistó la victoria estratégica para la Revolución Social.

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