Mika Etchebéhère: “Mi guerra de España” Memorias de una capitana del POUM

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MI GUERRA DE ESPAÑA.

Mika_portada_peqMika_mi_guerra_de_Espa_aMika Etchebéhère buscaba desde hacía mucho tiempo, quizá desde siempre, un lugar donde hacer realidad sus ansias de lucha y cambio social, y lo encontró en las trincheras de un país en guerra. Se unió a las miles de personas que recorrían el territorio de la esperanza atravesado por la muerte y el miedo. Vivió el día a día de los asedios, el hambre y la miseria de la contienda; pero también la solidaridad y la alegría de saber que su esfuerzo podía transformar el mundo.

[…] vinimos a buscar en España lo que creímos hallar en Berlín en el mes de octubre de 1932: la voluntad de la clase obrera de luchar contra las fuerzas de la reacción que se volcaban en el fascismo.

Mi guerra de España es el relato de una mujer que asume, con dudas y contradicciones, un papel que no le estaba reservado a ninguna: convertirse en capitana de una columna de milicianos del POUM. Su narración –directa, sincera y humilde– nos transporta a un pasado en el que no podemos dejar de mirarnos

Elogios para los combatientes del POUM

A fines de 1936, el de Madrid no es precisamente un frente de reposo. Los hombres que manda la capitana Etchebéhère resisten, con tenacidad y valor admirables, bombardeos y ataques repetidos. Llega un momento en que es forzoso relevarlos. Tras un breve descanso van a relevar, a su vez, a las fuerzas que ocupan las trincheras de la Pineda de Húmera. Más tarde, nombrada adjunto al comandante del batallón, la compañía que hasta entonces había mandado Mika es escogida, con otras unidades, para realizar una operación difícil: desalojar al enemigo del cerro del Águila. En este ataque sucumben muchos de los hombres del POUM.

Los militares profesionales que mandan las grandes unidades aprecian la disciplina, la resistencia, el valor, de los hombres del POUM que combaten a las órdenes de Mika Etchebéhère y la valía de ésta. Cuando, con dos delegados del POUM, va a pedir que se releve a sus hombres. tras no pocos días de resistencia en la trinchera de la Moncloa, es recibida por el teniente coronel Ortega. “La acogida es calurosa -escribe Mika-. Se le habla hablado muy bien de la columna del POUM, pero nuestro comportamiento supera sus esperanzas. Me encarga que felicitemos a los milicianos en su nombre, y espera poder hacerlo personalmente cuando dejemos nuestros puestos…”. “Que vuestros milicianos se detengan un momento aquí antes de entrar en la ciudad: quiero decirles cuánto he apreciado su valor”.

Este teniente coronel Ortega fue, pocos meses después, el director general de Seguridad que presidió en unos casos y encubrió en otros la represión contra el POUM. Él fue quien ordenó la detención del comité ejecutivo de este partido, el asalto al local del POUM de Valencia, el encarcelamiento de cuantos en él se hallaban y la detención del comandante de la XXIX División, José Rovira, a quien hubo de poner en libertad ante la tajante orden de Prieto.

Luis Portela (1977)
FUNDACIÓN ANDREU NIN

Micaela Feldman, capitana en la guerra civil española

Por Elsa Osorio

MIKA Etchebehere 01

Micaela Feldman de Etchebéhère, argentina nacida en Moisés Ville en 1902 comandó una columna del POUM en la Guerra Civil Española. Amiga de Cortázar, de Alfonsina Storni, de André Breton, de Copi, su extraordinaria trayectoria es poco conocida entre nosotros. Fue Juan José Hernández, en 1985, quien me inició en la historia de esta mujer que no sólo combatió en la guerra, sino que –como habría de descubrir en años de investigación– vivió a tope la aventura ideológica del siglo XX.

Hija de judíos rusos, Mika crece con los relatos de los revolucionarios evadidos de los pogroms y las cárceles de la Rusia zarista. A los 15 años, en Rosario, ligada a las anarquistas, pronuncia su primer discurso. En 1920 estudia odontología en la UBA y conoce a Hipólito Etchebéhère, su compañero. Juntos emprenderán una vida consagrada a la militancia. Sus primeros pasos: el grupo Insurrexit, la línea más izquierdista de la Reforma, donde confluyen marxismo, anarquismo y socialismo; su paso por el PC, 1924, de donde son expulsados en 1926 por su desacuerdo con la dirección y su apoyo a Trotsky (aunque no forman parte orgánica de un grupo trotskista). El viaje por la Patagonia, donde recogen testimonios sobre la masacre de los peones rurales en manos del Ejército, mientras arreglan dientes. En 1931 viajan a Europa en busca de la revolución. España, primera decepción: la República reprime duramente a los manifestantes que reclaman el cumplimiento de las promesas.

Luego París, estudios y vínculos con revolucionarios. Octubre del ’32, Berlín, son testigos de la derrota del proletariado alemán y el ascenso al poder de Hitler. Francia en el ’33, el grupo clandestino Que Faire, de oposición al stalinismo. Y al fin España, 1936. (Cuarenta años después, Mika publica un libro con sus recuerdos.) Mika e Hipólito se unen al POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), cercano a sus ideas. Parten con una columna motorizada que comanda Hipólito. Un mes después, él muere en el combate de Atienza. Mika quiere matarse, pero le parece oír a su compañero: “¿Qué haces con nuestros principios? Ya resolverás tu pequeño destino individual después de la revolución. No es el momento de morir por sí mismo”.

Decide hacer suya esta guerra. Pero no será fácil para Mika convivir e imponer su autoridad a esos hombres, revolucionarios pero machistas. “En otras compañías son las muchachas las que lavan y hasta remiendan los calcetines”, protesta el miliciano. “Las muchachas que están con nosotros son milicianas –le contesta– no criadas. Estamos luchando todos juntos, hombres y mujeres, de igual a igual, nadie debe olvidarlo. Y ahora dos voluntarios.” Siempre habrá voluntarios porque Mika explica lo que ella misma va aprendiendo, y se preocupa de que no les falte comida o abrigo, de escucharlos y comprenderlos, de que ceda la tos con ese jarabe que ella misma les lleva a las trincheras, entre el silbido de las balas. Poco a poco, y pese a su ignorancia en estrategia militar, va asumiendo el lugar de jefa: en Sigüenza exige al emisario fascista que le lleven las condiciones de rendición por escrito y firmadas para ganar tiempo, ordena resistir, atacar, distribuye las funciones.

Ella elige una palabra oportuna para hacerse obedecer, elige alentarlos cuando las injurias del PC contra el POUM desmoralizan a sus milicianos, andar en cuatro patas por las trincheras, acostarse en el barro, empuñar las armas, mantener vivo el ideal revolucionario luchando codo a codo con sus milicianos… Ellos mismos la nombran capitana y la columna del POUM, combatiendo con pocas armas contra un enemigo mucho mejor equipado, realiza proezas en distintos frentes. Sigüenza, Moncloa, Pineda de Húmera, cada vez más alto el riesgo. Su fama temeraria hace que los altos mandos la designen para tomar el cerro de Avila. Los han mandado al asalto sin protección y Mika ve morir a sus milicianos. Se refugia en el Liceo Francés hasta el fin de la guerra, cuando regresa a París. De una guerra en la que combate a otra de la que debe huir por su origen judío. La familia Botana la asila en la Argentina. Desde 1946 hasta su muerte vive en París. No hay acontecimiento político en el que no se involucre, que no provoque sus lúcidas reflexiones. En el ’68 francés, con unos guantes blancos, recoge adoquines y explica a los estudiantes cómo evitar que el negro en sus manos los delate si son sorprendidos por la policía. No puede imaginar el guardia que acompaña a su casa a esa señora de 66 años, elegantemente vestida, que en su cartera están aquellos guantes tiznados.

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