“Harry Poster contra los fantasmas peludos” (1997)

El-libro-rojo-de-Perónen pdf Aquí: Harry Poster contra los fantasmas peludos

Crónicas de la lucha Anticapitalista Capiítulo I

[1997] [1]

 

1)  ETAPAS DEL SISTEMA CAPITALISTA

2)  LA CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL

3)  CRISIS ESTRUCTURAL DEL CAPITALISMO DEPENDIENTE

4)  CRISIS DE LA RECONVERSIÓN CAPITALISTA

5)  SITUACIÓN DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO

6)  QUE TIPO DE ORGANIZACIÓN NECESITAMOS

 a) CONSIDERACIONES ESTRUCTURALES

b) SURGIMIENTO DEL FRENTE GRANDE

c) ALGUNOS CONDICIONAMIENTOS HISTÓRICOS

1) ETAPAS DEL SISTEMA CAPITALISTA

Simplificando podríamos decir que el sistema capitalista ha pasado, hasta hoy, por cuatro períodos perfectamente diferenciados.

“El primero de dichos períodos (hasta finales del siglo XIX), estudiado por Marx,… es el de la competencia nacional. Se caracteriza, desde un punto de vista general, por un desarrollo primario del sistema capitalista, basado en la libre competencia. De aquí que actúe moderadamente su contradicción fundamental: el carácter social de su producción y el carácter individual de su apropiación.”

“Esta es su contradicción básica e inevitable; precisamente la antítesis férrea, la que lleva al sistema al desastre.

“…el capitalismo necesita para sobrevivir una expansión ilimitada de su producción, pero por naturaleza dicha producción está limitada, no por las fuerzas productivas, posibilidades técnicas, etc., sino por la propia forma capitalista. Tal es el sentido de la afirmación marxista de que “el verdadero límite de la producción capitalista es el capital mismo.”

“Esta conclusión es decisiva para comprender todo el proceso evolutivo del sistema capitalista, y su desesperada tendencia a atenuar sus contradicciones. La primera manifestación en el orden nacional está dada por los monopolios; mas tarde en el orden internacional por la actual tentativa de integración mundial.”

“Esta primera etapa se presenta, en lo internacional, con una característica perfectamente definida: acentuación de las nacionalidades.”

“El segundo período (hasta la segunda post guerra), estudiado por Lenin como desarrollo lógico del anterior, es el de la formación de los sistemas imperialistas nacionales. Se caracteriza, en el orden interno, es decir nacional, por la acentuación de la contradicción fundamental del sistema capitalista, que lo lleva a sustituir la libre competencia por la formación de monopolios, esto es a establecer lo que se designa como capitalismo monopolista.”

“…, el capitalismo monopolista tiende a exportar capitales hacia los países menos avanzados.”

Lenin resumía de esta manera la diferencia esencial entre las dos primeras etapas del capitalismo:

“lo que caracterizaba al viejo capitalismo, en el cual dominaba plenamente la libre concurrencia, era la exportación de mercancías.  Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de capitales.”

“Por otra parte, el resultado natural en el orden internacional es la pugna entre las grandes potencias capitalistas para la obtención  de materias primas y mercados.”

Esta etapa

“…amplió, de acuerdo con la contradicción intrínseca que caracteriza la dinámica del sistema, sus contradicciones. Estas pueden ser sintetizadas en la siguiente forma: 1) acentuación de la lucha de clases, dentro de los respectivos países capitalistas; 2) lucha de las potencias capitalistas entre si; 3) lucha entre las potencias capitalistas y las naciones de tipo semicolonial y colonial.”

La tercera etapa (abarca las décadas del 50, 60, y 70)… que puede ser denominada de la integración mundial capitalista.

“Las nuevas condiciones que explican la transformación de la política mundial del capitalismo son fundamentalmente las siguientes. Ante todo, el enorme desarrollo de las fuerzas productivas mundiales y la consiguiente interdependencia económica. Debemos agregar la enorme intensidad alcanzada por las contradicciones internas en los países capitalistas, especialmente en los Estados Unidos.”

“Por último, otra condición está dada por la franca ruptura del equilibrio entre las principales potencias capitalistas, equilibrio que era uno de los fundamentos del período anterior, y cuya ruptura es consecuencia de la aludida ley del sistema, referente al desarrollo desigual de las potencias que lo integran. Esta desigualdad en el desarrollo, permite al capitalismo realizar su postrer avance por medio de la potencia directora, Estados Unidos, y en su propio beneficio.”

“…Lo único nuevo está dado por las condiciones históricas, actuales, favorables para llevar a una potencia al dominio del mundo capitalista.”

“Por su parte, la realidad de la política internacional de Estados Unidos…, tiende a estimular cierto desarrollo industrial de las potencias menores.”

“Por supuesto que este desarrollo tiene límites perfectamente claros, fijados por el país director. De aquí que la industrialización de los países coloniales y semicoloniales, se produzca de acuerdo con un plan de división del trabajo impuesto, y se refiera a productos que no significan una competencia seria con la del país imperialista.”

“Esta nueva situación,…, exige la modificación del actual sistema colonial, es decir la substitución de un sistema colonial por otro sistema colonial, en el que el país dominante cede aparentemente en un aspecto -el político- para ganar en otro -el económico-.”  

“Lo que caracterizaba al viejo imperialismo era la exportación de capitales en la forma de empréstitos y para la explotación primaria; lo que caracteriza al imperialismo actual es la exportación de capitales, para la industrialización o mejor dicho pseudoindustrialización de los países atrasados. Esto, claro está, sin que desaparezcan las otras formas de exportación”

La cuarta etapa, que los intelectuales del sistema dominante han llamado de la globalización de la economía, y que nosotros nos apresuramos a aclarar que se trata de una nueva fase del capitalismo, y/o del imperialismo, ya que se mantiene y se profundiza la contradicción fundamental del sistema capitalista: la producción social y la apropiación individual de los bienes, se caracteriza por los siguientes factores:

 1.- La concentración de la economía mundial en solo 500 transnacionales, 435 de las cuales pertenecen al grupo de los siete, G-7. De ellas 151 son norteamericanas, 149 japonesas, 44 alemanas, 40 francesas, 33 inglesas, 11 italianas y 5 canadienses. Entre el resto hay 5 latinoamericanas y ninguna Argentina. Estas empresas han creado una infraestructura mundial de producción y distribución dominado por ellas.

2.- La explosión del capital financiero con la decisiva modificación apuntada por Noam Chomsky “Antes de que el sistema fuera desmantelado por Richard Nixon, alrededor del 90% del capital de intercambios internacionales era para inversión y comercio, el 10% para especulación. Alrededor de 1990, esos números se habían invertido…, el 95% se usa actualmente para la especulación”.   

3.- “,… el factor trascendental del proceso lo constituye indudablemente la revolución de las fuerzas productivas. El desarrollo de las tecnologías de comunicación y transportes proporcionó a los procesos de producción una movilidad y flexibilidad geográfica, nunca antes visto en la historia. Fue esa movilidad geográfica la que hizo posible la conceptualización y utilización real del planeta como un sólo lugar de producción transnacional.

Este último factor entra en contradicción con el capital financiero especulativo que ha generado una economía mundial de bajo rendimiento, siendo una nueva manifestación de la traba que oponen las relaciones de producción capitalista al desarrollo de las fuerzas productivas. Una de cuyas consecuencias inmediatas es haber originado una población “sobrante” de alrededor del 30%.

Otra consecuencia directa es el debilitamiento de los Estados Nacionales de los países centrales. Este efecto “…es más notable en los países del Tercer Mundo que constituyen el eslabón mas endeble en la cadena de explotación planetaria y en la jerarquía de poder internacional.”

Por último, podemos apreciar la disputa de la hegemonía económica, no así la militar que sigue en poder del imperialismo Yankee, por el desarrollo de dos poderosos conglomerados económicos: el sudeste asiático, hegemonizado por Japón y Europa, hegemonizado por Alemania.

 

2) LA CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL

El análisis marxista de una formación social parte de considerar el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción que las contiene para determinar la contradicción fundamental de la misma. Como vimos mas arriba esta se origina en el carácter social de la producción y el carácter individual de la apropiación.

La complejidad de la sociedad Argentina que en muchos aspectos se parece a un país desarrollado (superestructura político-jurídico-cultural) y en otros a formaciones precapitalistas (la del latifundio que dio origen a la concepción del P.C. hasta su XVI Congreso) hizo que, este problema permaneciera oculto hasta que Silvio Frondizi  lo resolviera correctamente a principios de la década del 50.

En nuestro país aparecen superpuestas tres contradicciones principales: la que se establece entre los países capitalistas desarrollados (imperialismo) y los de capitalismo dependiente (neo-colonias capitalistas), cuya formulación política es liberación o dependencia; la originada en la producción social y la apropiación individual, que se expresa como burguesía o proletariado; y la que tiene en cuenta la forma política que las envuelve, democracia o dictadura.

Si desde el punto de vista conceptual, haciendo uso de la abstracción las podemos aislar para facilitar su estudio, las dos primeras a nivel de la estructura y la tercera a nivel de la superestructura, en la realidad político-social nos aparecen entrelazadas y superpuestas.

La independencia política de nuestra patria no fue la culminación del desarrollo de sus fuerzas productivas, ni fue propulsora de las mismas, sino que encuentra sus causas económicas más en el comercio exterior y en las necesidades del mercado mundial, que a una expansión del mercado interno. El capitalismo se desarrolló en la Argentina y en América Latina, más en la esfera de la circulación que en el de la producción misma.

Si bien dependencia, capitalismo y autoritarismo son una constante en la historia argentina, es la dependencia la que condiciona su desarrollo; capitalismo deformado y  dependiente, y también las formas políticas de dominación. En este siglo, democracia oligárquica primero, y cuando esta entró en crisis recurrió al autoritarismo militar, el que ha ido cambiando de forma en concordancia con la alianza de clases en el poder y las formas de organización y lucha del pueblo.

La dependencia es la constante a resolver por nuestro pueblo, pero la forma política de la dominación hace que aparezcan en primer plano el problema social o el de la democracia alternativamente. En la actual etapa los grupos económicos, las empresas transnacionales y la política norteamericana para la Argentina y América Latina, avalan un proyecto de democracia parlamentaria condicionada y vigilada por ellos y sus fuerzas armadas, para garantizar disciplinadamente la transferencia de recursos del pueblo trabajador a los monopolios nacionales e internacionales. Esta es la tendencia principal en la coyuntura y la etapa, aunque sin descartar el peligro que significan las tendencias militaristas avaladas por la historia y la inestabilidad del proceso democrático.

Por lo tanto, una propuesta político-estratégica del movimiento de liberación debe dar respuesta al conjunto de contradicciones principales y saber delinear políticas coyunturales que correspondan a las formas en que se expresa la dependencia.

3) CRISIS ESTRUCTURAL DEL CAPITALISMO DEPENDIENTE

El capitalismo argentino padece una crisis desde su nacimiento, pues como decíamos antes, éste se da no como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas, sino por su integración al mercado internacional, el que va condicionando con sus necesidades el tipo de producción, en general materia prima para las industrias de los países desarrollados en una primera etapa y luego, industrialización substitutiva en la producción de bienes de consumo durable. Por este hecho lo caracterizamos como deformado.

Pero es esa misma dependencia la que no ha permitido la acumulación interna porque se le extraen sus riquezas por distintas vías; el contrabando y la piratería en la época colonial, el comercio desigual, las inversiones de capital y la remisión de sus ganancias, la dependencia tecnológica, la deuda externa, la capitalización de la deuda, la especulación financiera  sucesivamente, aunque sin desaparecer las formas anteriores.

El capitalismo deformado y dependiente sólo vivió períodos de aparente estabilidad, primero desde 1860 hasta 1929 cuando las leyes del capitalismo no habían hecho su efecto sobre nuestra economía agro-pastoril, dando por tierra con la supuesta equitativa división internacional del trabajo de Ricardo. El segundo período en la primera etapa de sustitución de importaciones hasta 1952, y por último el que va desde 1962 hasta 1973. Pero a diferencia de las crisis del capitalismo desarrollado, ninguna fue de superproducción, sino de tipo financiero, no se acumulaban los capitales suficientes para obtener el desarrollo.

4) CRISIS DE LA RECONVERSIÓN CAPITALISTA

A esta crisis estructural se le superpone la originada por la profunda modificación que se operó en el aparato productivo  desde  1.976.  A partir de esa fecha se impulso un proyecto diametralmente opuesto al anterior, el cual estaba basado en la sustitución de importaciones liderada por empresas industriales extranjeras, con destino al mercado interno y en menor medida a las exportaciones, ya sea en su variante distributiva (peronismo) o concentradora (desarrollismo).

Este nuevo proyecto  se caracteriza por una fuerte redistribución del ingreso en favor de los grandes grupos económico, las empresas transnacionales y el capital financiero internacional, por el achicamiento y la desaparición de muchas empresas pequeñas y medianas y la reorientación de la actividad económica de la industrialización substitutiva hacia la actividad financiera y especulativa. Al agotarse la redistribución del ingreso, como herramienta central del ajuste, se consolidan las coincidencias entre el poder económico interno y los acreedores externos, avanzando sobre la privatización de las empresas publicas con capitalización de deuda externa y el impulso de un modelo asentado en las exportaciones.

El nuevo proyecto  ha dado lugar al surgimiento de un poder económico representado por unos pocos grupos económico y contadas empresas transnacionales relacionadas con otros actores decisivos, que también ejercen el poder en la Argentina, los bancos acreedores y los organismos financieros internacionales.

Estos grupos económicos y empresas transnacionales tienen capacidad de definir el rumbo de la economía en su globalidad por controlar conjuntos de empresas, las cuales son propiedad de los mismos accionistas  lo que les permite tener una estrategia que toma en cuenta al conjunto de la economía Argentina.

A su vez controlan buena parte de las mejores tierras de la pampa húmeda, junto con los propietarios eminentemente agropecuarios, los que se han modificado y reconvertido en conjuntos articulados de empresas capitalistas, principalmente sociedades anónimas, en las cuales también aparecen los mismos grupos de accionistas.

La reconversión capitalista ha producido modificaciones en las contradicciones principales que analizábamos antes: la concentración del poder económico en unos pocos grupos locales y en un puñado de empresas transnacionales ha acercado las dos contradicciones estructurales que vemos en la sociedad argentina; explotación capitalista, apropiación individual, concentración de la riqueza,  por un lado y dependencia del capital financiero internacional, por el otro, se expresa en tan pocos actores y con similares intereses (al menos  por ahora no visualizamos contradicciones de importancia), que fácilmente se ponen de acuerdo para diseñar una política común. De tal manera que podemos decir que existe una contradicción entre el capital monopolista transnacional  y los trabajadores, si bien es cierto mediatizada por la existencia de otras clases y del debilitado (en comparación con el poder imperialista, no así comparado con los trabajadores y el pueblo)  aparato del estado argentino. A partir de esta contradicción cobra nueva vigencia, ahora más que nunca, la consigna marxista del “Internacionalismo Proletario” y “Proletarios del mundo Uníos”, las cuales en nuestra América la podemos expresar como la lucha por la unidad de los pueblos de América Latina, “Por la Patria Latinoamericana y Socialista”.

Con respecto a la contradicción “Democracia o Dictadura” la modificación es mas sustancial. A partir de 1983 y fundamentalmente después de 1989 han logrado consolidar este poder económico con un poder político con consenso de masas.  Por primera vez en la historia Argentina el poder mas concentrado de la economía accede al gobierno por medio de elecciones libres. El Partido Justicialista encabezado por Menem y Duhalde ha sido el vehículo  de esta transformación.

Ellos, las clases dominantes, y no nosotros han resuelto la contradicción entre democracia y dictadura. En la actualidad la democracia parlamentaria es la  principal  forma de dominación que tienen los grupos económicos altamente concentrados. Por lo que creemos necesario reflexionar sobre consignas como: DEFENSA DE LA DEMOCRACIA. PROFUNDIZACIÓN DE LA DEMOCRACIA, las que en los oídos de los desocupados, de  los que sufren hambre, de los amenazado de despido, de  los que ganan bajos salarios, de  las capas medias que se empobrecen, pueden sonar a DEFENSA DE LA DESOCUPACIÓN. PROFUNDIZAR EL HAMBRE.

Por lo tanto se hace imprescindible modificar estas consignas, para que al hablar de democracia no queden dudas de que se esta hablando de otra cosa, de otra democracia, y estas siempre acompañadas de consignas que se refieran a la situación social y a la dependencia y que permitan identificar al enemigo principal: los grandes grupos económicos, las empresas transnacionales, la banca acreedora y los organismos financieros internacionales, y a la potencia imperialista hegemónica, militar y económicamente, los norteamericanos.

5) SITUACIÓN DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO

Una de las ventajas con que cuentan las clases dominantes para solucionar sus crisis es la debilidad del movimiento popular, esto les ha permitido y les permite maniobrar sin peligro de una salida revolucionaria a la crisis.

La excepción a esto se presentó durante los primeros años de la década del 70, cuando el movimiento de masas y revolucionario estaba en ascenso y cuestionaba seriamente el poder. Por esto mismo es de fundamental importancia la valorización de esa etapa, sus aciertos y errores, como también el correcto dimensionamiento de la derrota. Para ello es indispensable un trabajo especial y una síntesis colectiva de sus protagonistas, y de los jóvenes militantes que se han incorporado a la lucha revolucionaria, tarea aún no realizada.

Aclarado esto, consideramos que el acierto fundamental fue concretar en la práctica una política de masas y revolucionaria bajo la hegemonía de los trabajadores, que se planteaba unir a todos los sectores y clases enfrentados con el imperialismo. Comprender con claridad el comportamiento de las clases dominantes y la claudicación de la burguesía como clase nacional.

El estado en que se encontraba el movimiento popular al salir de la dictadura, lo encontramos correctamente caracterizado por los compañeros del Peronismo de Base en el volante “Reflexiones sobre La Tablada”. “La fragilidad de la democracia es un dato anterior al levantamiento militar de diciembre. Se remonta al origen mismo del período constitucional iniciado con las elecciones de octubre de 1983.

Habría que empezar diciendo que no es cierto que el pueblo argentino echó a los militares de la dictadura. Sin menospreciar el esfuerzo y heroísmo desplegado por los organismos de derechos humanos, la resistencia obrera y el coraje civil de muchos, es evidente que lo acumulado no alcanzaba para que se fueran.

La guerra de las Malvinas, que dejó como saldo una profunda crisis política en las FF. AA. y una brusca caída de consenso, provocó presiones de grupos de poder nativos y extranjeros para que se convocara a elecciones.

Los militares habían dejado de ser confiables como gobernantes también para ellos. En resumen: la recuperación de la democracia fue el resultado de una suma de factores, y no mérito exclusivo de la lucha y la fortaleza de las organizaciones populares.

Este dato es importante, porque veremos que, cuando cicatrizan las heridas de Malvinas y se recompone la unidad de los sectores dominantes, la debilidad del pueblo no podrá evitar el “achicamiento de la democracia”.

Desde el punto de vista organizativo, no se ha avanzado, más bien se ha perdido tiempo. En una primera etapa, se presentó el P.I. como una alternativa de reorganización de la militancia popular, la cual se frustró por el seguidismo peronista y la inconsecuencia de su dirección pequeño burguesa. Luego fue la revista Entre Todos y el M.T.P. la que generó expectativas en sectores de la militancia, su fracaso se debió a no asumir el centralismo democrático como el mecanismo que regula la vida interna de una organización revolucionaria.  En el caso del MAS, se vio incorporarse a miles de militantes obreros y hombres del pueblo, los que entraron en contradicción con la vieja guardia trotskista, esta al no dejarse modificar por las masas impidió que esa contradicción se resolviera dialécticamente lo que llevó al MAS a estallar en pedazos. Luego fue la experiencia de la P.P.T., la que se inició nucleando a un importante contingente de militantes obreros; esta experiencia se diluyó sin pena ni gloria por que los principales dirigentes no asumieron la responsabilidad planteada.

“En el Peronismo los sectores progresistas y revolucionarios no han conseguido estructurar una corriente orgánica que los exprese”.

En la actualidad esta situación se ha profundizado ya que varios grupos se han disuelto, y otros abandonan el peronismo en la comprensión que es imposible construir con esa identidad, sobre todo entre la juventud.

Todas estas experiencias tienen su aspecto positivo, ya que significaron intentos que podemos recoger y sirven para enriquecer a la militancia que ha asumido la tarea de la construcción de un partido revolucionario.

El movimiento huelguístico tiene sus flujos y reflujos pero actúa permanentemente a la defensiva de la política económica de las clases dominantes.

Podría pensarse que esta visión de la realidad es pesimista, derrotista o desmoralizante, pero nosotros pensamos lo contrario; partir de la realidad hace que el movimiento se desarrolle sobre bases sólidas, que no se creen falsas expectativas que luego, al diluirse, hacen cundir la desazón y que la militancia se vaya para su casa.

Pero como no tenemos una visión mecanicista de la realidad, sabemos que la situación no es estática. En el ’89 se analizaba que:

“Sobre la actual crisis económica y política que empuja a la pobreza y la miseria a sectores cada vez más amplios del pueblo, se está produciendo una acumulación de odios y frustraciones que puede estallar ante cualquier hecho que pueda hacer de detonante. En este sentido es previsible que después del 14 de mayo, cuando se liberen las variables económicas mantenidas forzosamente, se puedan generalizar grandes movilizaciones de descontento popular.”

Estas movilizaciones se produjeron, fueron los saqueos, los cuales pudieron ser controlados y manipulados por la carencia de una fuerza popular. Esto también ocurrió con el vacío político de los años 91/94 ocupado por el FG. Pero la enseñanza que nos dejan estos hechos es que el capitalismo dependiente argentino sufre permanentes crisis políticas por las cuales es posible que se cuelen los gérmenes de la organización popular que estamos necesitando.

6) QUE TIPO DE ORGANIZACIÓN NECESITAMOS

Se ha discutido cuál debe ser la forma organizativa del movimiento popular revolucionario. Si partido de clase o movimiento de liberación. A nuestro entender, así planteado, es una falsa disyuntiva y una contradicción que no surge de la realidad histórico-social Argentina, sino de trasladar modelos organizativos de otros países o de revoluciones triunfantes.

En la URSS, China, Vietnam, se construyeron partidos como organizaciones de vanguardia; en Cuba, Nicaragua, Angola, Mozambique y Argelia (entre otros), movimientos de liberación. Nos preguntamos si es posible establecer una regularidad entre los primeros por un lado y los segundos por el otro.

Desde el punto de vista de su desarrollo económico la URSS y Cuba son los que tenían un mayor grado de desarrollo capitalista, grandes fábricas el primero (el país capitalista más atrasado de Europa, según Lenin) y una industria, la azucarera, como eje de la economía del segundo. En Vietnam, país colonial, encontramos una sociedad milenaria con subsistencia dominante de relaciones precapitalistas principalmente feudales y pequeños núcleos capitalistas en el delta del río Mecong. Al no encontrar elementos objetivos determinantes en la estructura social, nos inclinamos a pensar que fue la acción del movimiento comunista internacional el que influyó en los primeros, lo que no ocurre con las revoluciones de América Latina y África, por lo menos en su nacimiento.

Los compañeros que proponen que se designe como movimiento, quieren poner de manifiesto, entre otros, los siguientes atributos:

Que la organización a construir sea democrática. Pero ocurre que en la realidad histórica, los movimientos tanto populistas como revolucionarios han sido organizaciones verticales. Los primeros a través de un líder apoyado en el aparato del estado o en alguna fracción de la burguesía (peronismo, varguismo, aprismo, etc.). Los segundos se desarrollaron bajo dictaduras militares y en la clandestinidad, por lo que aquellos militantes que tuvieron el coraje de ponerse al frente de la lucha, unido a otras condiciones como capacidad, honestidad, entrega y carisma se ganaron la autoridad para convertirse en jefes revolucionarios (movimiento 26 de julio, FSLN, FLN, OLP, etc.).

También la palabra movimiento hace referencia al carácter policlasista de la organización. En los movimientos populistas la dirección la tiene alguna fracción de burguesía. En los revolucionarios la burguesía no participa como clase, si bien no son organizaciones eminentemente obreras.

Por último diremos que los movimientos no se fundan, sino que grupos políticos preexistentes, con las características que hemos descripto, al dar respuestas acertadas en el transcurso de la lucha se convierten en dirección de amplios sectores de un pueblo pertenecientes a distintas clases sociales.

En relación a la palabra partido tengamos en cuenta, en primer lugar, su origen; viene de Europa e intenta designar a una parte de la sociedad, mas precisamente, a una clase social. En Europa las clases sociales estaban mucho mas definidas que en América Latina. Argentina, en este como en otros aspectos, puede ser ubicada en una situación intermedia, aunque la reconversión capitalista nos empuja a ocupar un lugar como país latinoamericano típico.

Por su parte, los partidos políticos de la izquierda, si bien en sus estatutos contienen mecanismos democráticas, su práctica dogmática y sectaria la anuló. Es necesario mencionar que en el caso de los partidos políticos de la burguesía, la “democracia” que se practica es la del dinero. Con respecto al peronismo y al radicalismo que si bien están organizados como partidos en la práctica son y actúan mas como movimientos, sobre todo el primero.

Es nuestra obligación hacer un esfuerzo en el análisis para encontrar la respuesta adecuada para nuestro país, para la cual haremos consideraciones de carácter estructural y otras de orden histórico-políticas.

a) CONSIDERACIONES ESTRUCTURALES

De las distintas contradicciones principales que se expresan en la sociedad argentina surge que un sector es el que se ubica objetivamente en el polo progresivo de cada una de ellas, es el de los trabajadores asalariados, entre los que se encuentran los obreros industriales, de servicio y los rurales (peones), los empleados públicos y de comercio, los docentes, los bancarios, etc.

Además la reconversión capitalista ha originado un amplio sector caracterizado como marginados, que subsisten con ocupaciones temporarias, cuentapropistas de todo tipo y que han engrosado la franja de la sociedad que se halla desplazada del proceso productivo. Dentro de este sector podemos reconocer dos sub-sectores, los que han vivido muchos años en las marginación y las nuevas capas de pobladores, muchos de los cuales traen la experiencia de organización, lucha y conciencia de clase adquirida como trabajadores, entre los cuales están surgiendo organizaciones de trabajadores desocupados.

Luego existe una amplia capa de sectores medios, los que son expropiados en su renta o en su ganancia, como los chacareros y/o campesinos, los pequeños industriales, comerciantes, y la mayoría de los profesionales, lo son por las leyes del mercado capitalista, pero en particular por las leyes del capitalismo monopolista y por la política que se realiza desde el Estado en beneficio de los grupos más concentrados.

¿Cómo han operado estos tres sectores en la política Argentina de los últimos años?

“Es indiscutible que los grupos económicos y la oligarquía terrateniente constituyen la clase dominante. Pero también podemos identificar una clase como la protagonista, la que se ve todos los días, la que en la vida cotidiana de una ciudad le da su característica, esta clase es en épocas de estabilidad del capitalismo, la clase media.”

Con el surgimiento del alfonsinismo esta clase no sólo fue la protagonista social, sino también la protagonista política; al entrar en crisis el proyecto del ’83, no lo hace sólo en su faz económica e institucional, sino también toda la política surgida en ese momento y no sólo de los que lo apoyaron, sino de todos aquellos que nacieron o fueron influidos por este proceso, con ello pierde protagonismo la clase media y va apareciendo cada vez con más fuerza esa gran masa de marginados, los que entre otros hechos tuvieron un papel protagónico en la interna que ungió a Menem como candidato del P.J y la oleada de saqueos a los supermercados.

Al asumir Menem y organizar un gobierno conservador, expresión de los sectores mas concentrados de la economía, produce primero en silencio y ahora ya explícitamente un realineamiento de todas las fuerzas sociales y políticas.

La clase obrera ya no es la “columna vertebral” de este gobierno peronista, sino que intenta disciplinarla detrás de este proyecto, intento que es resistido por los sectores sindicales mas afectados por la reconversión económica.” [2]

Hoy sabemos que la reconversión capitalista por la vía del menemismo-duhaldismo resultó una aplanadora.  La clase obrera fue disciplinada con el concurso de la burocracia sindical, el retroceso de casi un siglo en la legislación laboral sólo mereció la convocatoria de dos o tres paros domingueros.

Las clases medias, después de la elección del 89 se alinearon masivamente detrás del proyecto de los monopolios.  Fue necesario que pasaran casi seis para que comenzaran a desilusionarse y pasar a la oposición electoral convirtiéndose en la base del Frente Grande.

El sector que mas fielmente sigue el proyecto del gobierno está representado por los mas desposeídos, espontáneamente o a través de la estructura del PJ en un primer momento, ahora dándole forma orgánica por medio del plan VIDA y las manzaneras.

 

b) SURGIMIENTO DEL FRENTE GRANDE

A principios de 1990 se realizaba el siguiente análisis.

“Fracasado el proyecto alfonsinista y enfriado el entusiasmo que despertó fundamentalmente en los sectores medios, no satisfechas las necesidades más apremiantes de los marginados (Ya no hay PAN ni bono solidario); desplazados los trabajadores de las esferas del poder menemista, nos encontramos a la inmensa mayoría del pueblo desprovisto de representatividad en los partidos tradicionales. No quiere decir esto que aún no conserven influencia entre las masas, pero no es menos cierto que nadie despierta entusiasmo en el pueblo.

Los militares, salvo Bussi en Tucumán, siguen sin ser una opción política en la clase media, ya que nunca lo fueron entre los trabajadores.

Es evidente, como analizamos antes, que no nos encontramos ante un vacío de poder, pero sí que se ha abierto una situación fértil para el surgimiento de una nueva síntesis política que exprese a los sectores populares.

Esta, difícilmente pueda tener otro signo que el popular, pues si bien podemos hacer un paralelo casi exacto con el surgimiento del Nacional Socialismo, éste es sólo superestructural, ya que el capitalismo dependiente argentino difícilmente salga de su crisis, salvo que los monopolios se decidan a invertir masivamente, cosa poco probable. A lo sumo podrá surgir algún entusiasmo transitorio por alguna propuesta de derecha-militar-fachistoide, lo que no tiene que hacernos bajar la guardia ante esto sectores que son de gran peligrosidad.

(No está demás recordar que los comunistas alemanes decían que el fascismo en su país no podía desarrollarse por el grado de organización y conciencia de la clase obrera. De este análisis surgió la frase “Alemania no es Italia”).”

Es así que se concluyó en que existían condiciones para luchar por la constitución de una organización política de masas que contenga a las clases aliadas y estratégicas en la lucha por la liberación nacional y social. Y desde allí diseñar políticas para construir un frente amplio con las fracciones desplazadas del poder.

Este análisis tuvo una virtud y un defecto. El primero consistió en haber previsto el amplio espacio político que se estaba generando. Y el segundo disponerse a acumular fuerzas revolucionarias dentro del mismo. Varios grupos de militantes obreros, revolucionarios, socialistas, lo intentaron sin comprender que se iba a una alianza de clases en la que los trabajadores no tenían un partido que los representara, el PC, recién salido del reformismo no se había sacudido el seguidismo peronista, y tampoco había incorporado una práctica de masas democrática, no podía ser tal.  La dirección del Frente Grande fue incapaz de generar una propuesta distinta de la que nos imponen los grupos económicos y el capital financiero internacional, nuevamente se comprobó la claudicación de la pequeña burguesía.

 

c) ALGUNOS CONDICIONAMIENTOS HISTÓRICOS

Es necesario tener en cuenta la experiencia histórica de organización política de masas. La clase obrera en su formación tuvo influencia anarquista, socialista y finalmente comunista, los cuales en su disputa por la influencia entre las masas fueron derrotados por los movimientos nacionales y populares. Esta derrota tiene una base objetiva, como dice Carlos Marx en su Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política:

“una formación social no desaparece jamás antes de que se hallan desarrollado todas las fuerzas productivas que ella puede contener; nunca surgen relaciones de producción nuevas y superiores antes de que las condiciones de existencia material de estas relaciones se hallan manifestado en el seno mismo de la vieja sociedad”.

El Yrigoyenismo y el Peronismo expresaron en este sentido lo progresista que podían expresar sectores de la burguesía nacional vinculados al mercado interno.

Los partidos de izquierda fueron vencidos por no comprender esta verdad que los hubiese armado con una política de liberación nacional en contra de la oligarquía y el imperialismo y desde allí diputar la hegemonía a las fracciones nacionales de la burguesía.

En este sentido, un aporte de los movimientos nacionales es la unidad política de las clases populares y su, aunque tibia, conciencia antiimperialista. También es necesario considerar como negativo su inconsecuencia en la lucha por la liberación y la ideología de conciliación de clases que aún conserva gran influencia en el movimiento obrero.

Para ser totalmente claros: en la primera mitad de este siglo el progreso de la sociedad Argentina tenía dos caminos posibles, el que realmente tomó, dirigido por los movimientos nacional-burgueses y que finalmente fue derrotado por las limitaciones de su clase dirigente, o de haber sido dirigidos por una organización encabezada por la clase obrera que realizara las tareas antiimperialistas y proseguir el tránsito hacia el socialismo.

[1] El texto original fue titulado “PROPUESTA POLÍTICO ORGANIZATIVA” (1997)

[2] (Análisis realizado en documentos de la Corriente 3 de Julio, La Plata, septiembre del ’89)

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