LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA ANTE EL DERRUMBE DEL “SOCIALISMO REAL” (1999)

“el socialismo autoritario no nació, pues de la teoría del socialismo científico ni del ideal del socialismo, nació en ese terreno concreto de la Rusia de aquellos días. Otra cosa distinta es que, después, los teóricos surgidos en esa sociedad hayan afirmado que el socialismo real era una expresión pura de la ciencia marxista leninista. La verdad histórica es que ese modelo, ahora en crisis, no tiene los fundamentos teóricos ideológicos en el socialismo científico marxista, ni leninista.”

Jorge Schafick Handal

El socialismo: ¿Una alternativa pa ra América Latina?.Entrevista de Marta Hacnecker a Schafick Handal,
Secretario General del Partido Comunista Salvadoreño. Enero 1991

[1999.]CURAS-ASESINOS
Autor: M. A. Yohanka León del Río
Investigadora Agregada. Instituto de Filosofía

Tomado del libro “Despojado de todo fetiche. Autenticidad del pensamiento marxista en América Latina”.
Universidad INCCA de Colombia, Universidad Central de Las Villas.
Colectivo de autores bajo la dirección de Dr. P Guadarrama, UNINCCA, UCLV, 1999. Cap II pág. 111 – 137

yohanka@filosofia.cu

Este trabajo no pretende dar respuestas ni contundentes ni absolutas. Sólo apunta a algunas reflexiones en un espíritu de evaluación crítica de dos planteamientos fundamentales que el derrumbe del socialismo real ha levantado dentro del pensamiento de izquierda latinoamericana: el socialismo no existió y el socialismo si es posible como utopía.

No se analiza la posibilidad del fenómeno del socialismo, sino la lógica en que este pensamiento es construido para argumentar los planteamientos anteriores. El trabajo puede parecer un ejercicio académico innecesario pero, la evaluación de todo pensamiento es un recurso legítimo de la razón filosófica y más que necesario en los momentos actuales. En la actualidad la eclosión de los discursos ideológicos obnubila en ocasiones la búsqueda inminente de una racionalidad renovada que aporte un esclarecimiento a las fuerzas que aun creen en la necesaria emancipación del hombre.

La mercadería ideológica expone una alucinadora oferta de bienes ideológicos que revela un trasiego a contrabando de aquellas mercancías – valores ideológicos impuestos a la fuerza por los poderes reales de la sociedad capitalista contemporánea. Por ejemplo, los principios de libertad, igualdad y justicia que se suponen los fundamentos de una sociedad futura, hoy se debaten junto a los problemas de la democracia, el liberalismo económico y la pluralidad.

Los ejercicios de crítica intelectual no constituyen un afán de asepsia ideológica sino una vocación revolucionaria de acceder a una realidad que reclama más el reencuentro del “intelectual orgánico” con su oficio. La valoración filosófica que se propone en este trabajo puede resultar importante por su actualidad en el debate ideológico contemporáneo y, además, por el lugar que ocupa dentro del debate teórico de la filosofía marxista.

Las diferentes posiciones de la izquierda latinoamericana que se analizan en el trabajo se estructuran como posiciones ante el derrumbe del socialismo real. El derrumbe del socialismo real es un hecho histórico que puede constatarse a partir del acontecimiento de la caída del muro de Berlín. De ello dimanan como consecuencias teóricas las reflexiones que la izquierda latinoamericana hace respecto al hecho histórico. Las valoraciones de este trabajo estarán en función de esto.

En este trabajo se indica la definición de izquierda latinoamericana en un análisis crítico donde no se describen todas las posiciones sino que se hace una valoración para buscar un esquema de pensamiento explícito e implícito en las concepciones de esta izquierda ante el hecho histórico del derrumbe del socialismo real. Siendo así no interesa toda la izquierda, sino la intelectualidad donde esto adquiere sistematicidad y donde estas reflexiones sobre el derrumbe tienen una implicación teórica.

El problema está legítimamente planteado dado el vínculo existente entre la comprensión materialista de la historia como lógica de pensamiento y el derrumbe del socialismo. En sentido general, se puede considerar como básicas dos ideas fundamentales:

1.Las reflexiones de la izquierda latinoamericana en torno al derrumbe se presentan dentro del esquema tradicional del idealismo.

2.Las reflexiones de la izquierda latinoamericana sobre el derrumbe del socialismo defienden la posibilidad del socialismo dentro de un esquema criticista del pensamiento.

Para abordar el tema se hace necesario ensayar un concepto de izquierda, pues el universo que refiere el concepto es, por razones obviamente históricas, en extremo caleidoscópico.[1] En consecuencia, para enmarcar los límites de contenido a los que se refiere la definición de izquierda en este trabajo, se examinan algunas propuestas adelantadas por estudiosos del tema.

El objeto de estudio es, particularmente, la izquierda latinoamericana. En el presente trabajo el ajuste de términos se vincula al contenido que adquieren los planteamientos de la izquierda ante el derrumbe del socialismo real.

Se analizan algunas valoraciones sobre la identidad de ser de izquierda hoy en América Latina con el propósito de presentar una definición de lo que, para este trabajo, puede considerarse dentro de pensamiento de izquierda latinoamericano y que se evalúa como una lógica de pensamiento que se estructura ante el derrumbe del socialismo real.

Jorge Castañeda considera que la complejidad de la definición de izquierda está en su heterogeneidad, en su carácter polémico.[2] Para asumir la tarea de la conceptualización el autor enmarca temporalmente la izquierda, tomando como referencias acontecimientos históricos latinoamericanos que han simbolizado y tipificado una época. Uno de ellos es la Revolución Cubana, con la que relaciona una vertiente que hace común la mayor parte de la izquierda. Esta comunidad enfatiza el cambio por encima de la continuidad, prioriza la justicia social sobre el desempeño económico en la identidad nacional, y la soberanía sobre la integración económica. El segundo período de tiempo se enmarca entre las muertes de Ernesto Ché Guevara en 1967 y Salvador Allende en 1973, fundamentadas por las experiencias revolucionarias del continente, y el tercer momento lo sitúa desde la victoria sandinista en 1976 hasta su derrota electoral en 1990.

Castañeda propone una clasificación tipológica a partir de los criterios ideológicos y políticos, reuniendo a la izquierda en cuatro grupos: los partidos comunistas tradicionales, la izquierda nacionalista o populista, las organizaciones político – militares y las reformistas. Funcionalmente se conforman como dos grupos: la izquierda social y la izquierda intelectual.

Rafael Hernández valora peyorativamente este libro, al que ve como un “thriller del realismo mágico”.[3] A pesar de se puede congeniar que “no es fácil definir la izquierda en América Latina”.[4] El propio autor cubano coincide con Castañeda en analizar la izquierda en su sentido contestatario y subversivo del estado de cosas establecido. Hernández señala que “En efecto, las banderas de izquierda son, por definición, el cambio social, la ruptura de esquemas tradicionales, el desafío de las verdades aceptadas, la confrontación con el conservadurismo y el aislacionismo, la propuesta intelectual renovadora y la defensa de los ideales de progreso, democracia y participación y liberación”.[5]

En su gran mayoría, los autores que asumen el oficio de conceptualizar el término izquierda afirman que existe gran ambigüedad a su alrededor. Uno de los terrenos confusos está en la imprecisión epistémica al valorarla, pues es definida como término, como noción ideológica, o por sus señas de identidad.

Para Gabriel Vargas Lozano la izquierda es una noción ideológica que siempre ha tenido un contenido histórico que la compromete. Señala: “La izquierda siempre ha luchado, desde la Revolución Francesa, por aliviar las condiciones de desigualdad natural o social y la derecha, al considerar que la desigualdad es “natural y eterna” ha preferido el concepto de libertad individual, entendiéndola hoy básicamente como libertad de mercado”.[6]

Para este autor tanto la derecha como la izquierda son identidades ideológicas y políticas donde se expone una elección de valores que no son fijos y se encuentran en permanente transformación.

El intermitente contenido de la izquierda es definido contemporáneamente por el colapso del socialismo. El periodista y editor mexicano Eduardo Montes formula una pregunta, inquietante para todos: “)Se puede ser de izquierda y socialista hoy?”. Entonces define a la izquierda actual como plural y heterogénea, planteando que no debe ser identificada como una corriente teórica, ni como una ideología, un tipo de organización o una sola clase. La izquierda, según este analista, debe cumplir con algunos principios que normarán su conducta en momentos de reflexión y en la práctica. Los elementos que la identifican son la crítica al modelo neoliberal y el compromiso con la democracia en todos los espacios, debiendo reivindicar las propuestas emancipadoras del marxismo y desarrollar sus señales de identidad.[7]

La ambigüedad del término izquierda se relaciona también con la confusa situación de la izquierda. Es por eso que se ensayan sus definiciones, relacionándolas con situaciones concretas del proceso de las luchas sociales y fundamentalmente a la actualidad de éstos, abocados en el laberinto que tejió en el movimiento revolucionario la crisis del socialismo. Aún así, como señala Carlos M. Vilas, es aconsejable precisar, para saber de qué se está hablando. Este autor entiende por izquierda: “…a las organizaciones políticas y sociales que hacen de lo popular el referente principal de su acción política”. A su vez lo popular apunta a una intersección de explotación económica, opresión política y pobreza, con proyecciones diferenciadas en el ámbito cultural, valores, representaciones, actitudes y pautas de comportamiento”.[8] La definición de Vilas señala más a una definición de la izquierda como una entidad política de actores y autores de la contingencia social.

La izquierda según Adolfo Sánchez Vázquez es una posición, un lugar a ocupar ante la experiencia histórico – vital del “socialismo real” en la URSS y el campo socialista. Estar a la izquierda hoy significa mantener la identidad de izquierda, que es su componente socialista. Por eso hay que hacer un ajuste de cuentas con el socialismo caído en Europa del este, pues fue una experiencia que negó la intención originaria de emancipación.[9]

Fernando Martínez Heredia señala que, en lo correspondiente al tema, se distingue una paradoja en los últimos 70 años, determinada por un período de arraigo de estas “ideas y sentimientos de izquierda” que comenzaron en la Revolución del 30 y se multiplicaron y legitimaron después, con el triunfo revolucionario de 1959, aunque el propio triunfo del 59 produjo “un cerco progresivo a la elaboración del pensamiento de izquierda, y sobrevino su asfixia, su separación de los sentimientos y de la vida práctica durante una larga etapa que fue muy nociva para ese campo.”[10] Planteando el problema de la izquierda en Cuba en estos términos paradojales, el autor cubano aborda la pregunta epistemológica de “)qué es la izquierda?”, acusando en su respuesta dos enfoques: el histórico que la define por su posición en la geografía de la sala de sesiones de la Convención francesa, y el lógico que señala el carácter inmanente de un significado que sobrevive a las épocas y a la complejidad misma de los problemas a los que alude. Es por eso que para este analista la izquierda es más una alusión que un concepto y, justipreciando el curso del análisis como alusión, señala hacia lo diverso de ésta, es decir no a una izquierda sino a las izquierdas. Fernando Martínez observa que, dentro del volumen del contenido del problema principal referido por la izquierda al identificar a los dominados y a las luchas contra la dominación, están fundamentalmente los comportamientos e ideas tendientes a la rebelión que forman parte de la construcción de realidades sociales de grandes grupos humanos. Así visto, la izquierda tiene antecedentes en la historia desde los mitos hasta las escuelas de pensamiento filosófico, político y social. El autor cubano conviene en ver que “izquierda se refiere a una época histórica, la del triunfo general del capitalismo europeo, la de la universalización de las prácticas, ideas y tendencias del capitalismo y de la cultura política europea de los siglos XIX y XX, hasta llegar a las realidades mundiales de hoy”.[11] La izquierda, entonces, tiene una relación con la cultura como expresión de resistencia y rebeldía en actos, conocimientos, tendencias y formulaciones que expresan las realidades sociales, aunque el investigador aclara que su conocimiento no puede ser sustituido por la historia del pensamiento de determinadas personas cultas.

Gabriel Vargas Lozano, analiza las posibilidades del pensamiento de izquierda después de 1989. El autor afirma que “no cabe duda de que cualquier texto escrito desde la izquierda debe ser referido a un antes o a un después de aquel período” [12] y se pregunta qué entender por izquierda en este momento histórico: “En forma breve diría, por un lado, que el concepto de izquierda involucra un conjunto de teorías pero también de creencias, actitudes y valores que no pueden mantenerse inmóviles, sino que varían históricamente a partir de la comprensión que se tenga acerca de los referentes reales a que aluden”. Vargas Lozano inicialmente define la izquierda como concepto apuntando hacia su concreción histórica y luego señala su contenido invariablemente histórico, dado por los valores universales humanos, dentro de los que subraya la lucha contra la crisis ecológica, la desigualdad norte-sur, el racismo, la xenofobia, y a favor de la igualdad y la diferencia sexual, de una sociedad justa y libre, de los derechos humanos, de la solución pacífica a los conflictos entre naciones, de la tolerancia a las creencias religiosas y de la soberanía popular democrática. Así, el autor mexicano prefiere una definición amplia de izquierda como movimiento ideológico de las personas que en la teoría y en la práctica busquen una sociedad justa, donde “es necesario mantener bajo control la relación entre los fines perseguidos y los medios utilizados, entre una ética de convicciones y una ética de responsabilidades, entre el proyecto y el proceso de consecución, para lograr gradual o aceleradamente dicha sociedad”.[13]

Siguiendo el curso de las reflexiones de otros analistas, Juan Valdés también se pregunta qué es la izquierda, y apunta acertadamente al grado dubitativo del término en el sentido de su variabilidad y circunstancialidad. Valdés asume la definición de lo que considera un término de “izquierda” por el reto que a ésta le impone la situación actual regional y mundial, exponiendo tres sentidos a la definición: la izquierda tópica, la izquierda histórica y la izquierda substantiva. El primer sentido refiere su lugar relativo frente a otras fuerzas políticas y sociales, e indica la variabilidad del sentido mismo que adquiere la izquierda en un contexto dado. El segundo sentido señala el contenido de las historias descritas por los que han actuado como izquierda en distintos contextos históricos, y el autor señala que en el sentido histórico existen cuatro aspectos que definen a la izquierda actual: profundos cambios estructurales, nuevas formas de la cuestión social, cambios de los sujetos sociales y los actores políticos, y crisis de identidad en el propio campo de la izquierda, matizado en cada caso por el elemento nacional. El tercer y último sentido, la izquierda substantiva, viene dado por “las notas que determinan su posición frente a un contexto dado”.[14] El término izquierda tiene una connotación valorativa, centrada en “la plena dignidad humana, el altruismo y la igualdad”. [15]

Por tanto en la definición de izquierda como ente político entra más un sentido estratégico que táctico. En su proyección estratégica sobresale el elemento de transformación social en su intelección revocadora y constructora de los cambios alcanzados. La izquierda también es evaluada por Juan Valdés con respecto a los sujetos de identificación y actores de la acción transformadora, aunque apunta que “… es importante retener que la izquierda no se reduce a un único sujeto social ni a un solo actor político”.[16] Con respecto a la relación que se establece entre izquierda y vanguardia, el investigador cubano plantea que la vanguardia es una condición históricamente determinada. La izquierda substantiva indica hacia la identificación de la izquierda del continente en las condiciones contemporáneas de su acción histórica.

Cuando Helio Gallardo, incursiona en el análisis de la crisis del socialismo y América Latina, plantea cuatro núcleos en la crisis del socialismo histórico. En este análisis es de particular interés el tercer núcleo, en el que sitúa la articulación de los procesos soviético y este – europeos junto a otras experiencias de sociedades del socialismo histórico y su efecto en lo que el autor denomina “la izquierda .política latinoamericana”. En estas otras experiencias históricas vinculadas al socialismo sitúa los procesos de liberación nacional, las corrientes de pensamiento y organización, como la teología latinoamericana de la liberación y los partidos marxistas leninistas ortodoxos, entre otros. Gallardo considera “de” izquierda en América Latina a: “…las organizaciones políticas que se han propuesto sistemáticamente la integración económico-social nacional (se trata del tema de la reforma agraria, entre otros), la soberanía plena y la participación democrática. Básicamente sus banderas son anti – oligárquicas, populares, integradoras y democráticas.” [17]

Hasta el momento se han analizado algunas conceptualizaciones de izquierda realizadas por estudiosos latinoamericanos con relación a la determinación de sus identidades a partir de las realidades de América Latina.

La izquierda se identifica también en su relación con los movimientos sociales en los países capitalistas europeos. Julio Ballesta Sánchez ha señalado con acierto que “el comportamiento de la clase obrera y sus organizaciones políticas y sindicales frente a estos profundos cambios estructurales en las sociedades capitalistas avanzadas debe estudiarse más aún de lo que hasta el momento se ha hecho si se quiere llegar a una mejor comprensión del presente y el futuro de la izquierda”.[18] Para este autor la izquierda anterior a la formación de estructuras neocapitalistas y neomonopolistas se caracterizó por una identificación solidaria con los movimientos de liberación nacional y las luchas independentistas, haciéndolas desembocar en un internacionalismo que los potenciaba con legitimidad y les permitía avanzar en sus propios objetivos nacionales democráticos y socialistas. La referencia al “tercermundismo” por estas izquierdas era la piedra de toque en sus análisis pero actualmente la situación es muy diferente. Se advierte el surgimiento de un eurocentrismo que sólo atiende a problemas de la crisis europea y a los procesos de la integración continental. Esta posición apunta a un deterioro de sus referentes, dentro de los cuales pierde valor el abordaje a los problemas que afectan a los países subdesarrollados en el orden internacional. Acentúa esta circunstancia la ofensiva de la derecha conservadora y la crisis del socialismo este – europeo. Aún así, existen fuerzas dentro de la izquierda europea que repudian, por negativo, el eurocentrismo y se proponen disociarlo del concepto de integración. Para los movimientos de izquierda latinoamericanos, y en general del tercer mundo, lo que despierta mayor preocupación es el lugar de Europa en la transformación de las relaciones actuales entre el mundo industrializado y el mundo en vías de desarrollo. El investigador concluye con justicia: “… es probable que, en los próximas décadas, la diferencia esencial entre derecha e izquierda se reflejará en la actividad ante el llamado Tercer Mundo”.[19]

El Foro “Las luchas emancipadoras de fin de siglo”, desarrollado en México en septiembre de 1992, planteó como objetivo central el rescate del discurso emancipador de las fuerzas de izquierda, deliberándose cuáles son las posibilidades reales de la izquierda en América Latina. Rubén Trejo y Alfredo Valverde plantean que las fuerzas de izquierda fueron representadas con una mixtura amplia y diversa, lo que hizo del evento un hecho democrático y plural. La izquierda, en esta reunión, quedó constituida pluralmente por “… luchadores sociales e intelectuales de izquierda, mujeres conscientes y ecologistas críticos, académicos e investigadores, líderes partidarios, sindicalistas democráticos y miembros de organizaciones diversas de obreros, campesinos y estudiantes; así como personalidades reconocidas por su trayectoria en la producción de ideas, o bien que forman parte o dirigen movimientos sociales”.[20] La multiplicidad de grupos que conforman la izquierda latinoamericana que participaron en este Foro indican, más que a un desmembramiento, a las realidades posibles a las que se enfrentan estas fuerzas actualmente.

Las posibilidades de esta realidad se abren ante las contingencias de estas dos últimas décadas. Éstas han sido el derrumbe de todo un sistema social en Europa del este y en la URSS, la crisis de la izquierda europea incapacitada para viabilizar una estrategia de cambio en el capitalismo desarrollado, y la trascendencia y presencia de la política, economía e ideología neoliberal, que desarticula profundamente todas las estructuras socioclasistas del mundo y que se conoce como el proceso de globalización.

Al exponer estas reflexiones disímiles y al mismo tiempo identificables se presenta un conjunto de criterios que apuntan a una compleja validación lógica e histórica de la izquierda – sin apellido -. Para el caso de la izquierda latinoamericana en particular, la situación no se simplifica, sino que se hace más evidente su complejidad. Actualmente el asunto del sentido de la izquierda latinoamericana aparece por razones histórico – coyunturales, particularmente por la crisis del socialismo. La historia de los movimientos de izquierda, sean sociales, populares o políticos, es intrincada y rica como toda la historia latinoamericana y no se pretende una exposición pormenorizada de ésta.
En el análisis realizado en este trabajo subyace el principio histórico, si bien no es el tema principal. Así, el concepto, término, sentido o señal de identidad que se utiliza indica hacia la izquierda como movimiento de ideas, proyectos y principios que han regido y están definiendo sus orientaciones ideológicas.

Puede apuntarse que la izquierda son los ideogramas que explican los intelectuales vinculados a los movimientos políticos de liberación nacional y comprometidos con una acción de transformación de la realidad latinoamericana desde una perspectiva y estrategia socialista. Lo fundamental para este trabajo no son los movimientos políticos ni las organizaciones políticas propiamente, sino los planteamientos teóricos, el pensamiento como lógica y línea de perfil de los presupuestos ideológicos en las organizaciones políticas y sociales: el pensamiento de izquierda es aquel que tiene como referencia fundamental al “socialismo real”. La izquierda posee una relatividad, se trasmuta en correspondencia con el devenir histórico, y la define como tal un “sentido de orientación”, una trayectoria de ideas. Este es el perfil del pensamiento de izquierda en el presente trabajo. El derrumbe del campo socialista y, fundamentalmente la desintegración de la URSS, significó una pérdida del “sentido de orientación”, o sea, la pérdida de la actitud crítica al capitalismo, de la idea del socialismo, de la lucha contra la explotación, contra la enajenación del mercado, de la lucha por una democracia radical y popular, por la identidad e integración nacional, regional y mundial sin prepotencia unipolar. Estos elementos, que definen el “sentido de orientación”, tienen un aval histórico tradicional.

La definición de izquierda que se propone como instrumento de trabajo para este ensayo se sustenta en la evaluación y análisis de ella como problema en cuanto a su contextualidad. El análisis considera aspectos de las propuestas que esta izquierda se plantea actualmente a partir de sus resultados precedentes, alcanzados históricamente, evaluando éstos a partir de una constante referencia a la realidad actual. En el movimiento de lo posible y lo real está el curso de las ideas que esta izquierda recoge en el trayecto lógico del análisis de sus planteamientos. Ellos se inscriben en una evaluación crítica y autocrítica de conceptos desarrollados por el pensamiento anterior, constituyendo momentos importantes del desarrollo de sus concepciones políticas y sociales sobre la realidad misma de América Latina. En este contexto aparece también la polémica en torno al problema de la validación ideológica de sus conceptos acerca de las posibles alternativas para América Latina ante los retos contemporáneos de sus realidades socio – políticas, y la referencia del “socialismo real” como antecedente real y posible.

La izquierda se toma como objeto de reflexión en este ensayo, no en sí misma, sino como el problema del movimiento de conciencia de identidad de la izquierda ante la realidad de la “crisis del socialismo”. Esto último no se toma en sus pormenores y detalles históricos sino como el momento de participación de esa conciencia de izquierda ante el referente ideológico que significa el derrumbe del “socialismo real”. El problema se constituye finalmente en la capacidad de ese pensamiento de izquierda de asumir críticamente, de forma explícita o implícita, la comprensión de su oficio y misión actual en los marcos de una concepción que rearme, desde la comprensión materialista de la historia, las posibilidades de un ideal que definió y define el horizonte de sentido de la izquierda en América Latina.

El pensamiento de izquierda latinoamericano plantea la idea del socialismo y de su profundización a partir de las exigencias impuestas por las realidades de hoy en América Latina. Así, el primer paso en la formulación de la idea del socialismo es el problema de su identidad. Para el pensamiento de izquierda latinoamericano el socialismo como idea debe mostrar su validez explicativa en la medida en que sea identificable, es decir, definible en la identidad, en su proceso de identificación y diferenciación.

La realidad latinoamericana y su problemática se convierte en demanda práctica y teórica: ¿Cómo definir e identificar el socialismo?. En su gran mayoría el pensamiento de izquierda expresa esta pregunta en otra: ¿Son, o fueron, los socialismos reales la manifestación de la idea del socialismo?. La pregunta planteada de esta manera sugiere una amplia gama de respuestas, dadas desde el sentido común hasta las más abstractas; todas se asemejan al decir que las experiencias socialistas de esta centuria que culmina no fueron el socialismo.

El primer paso de acceso teórico al problema de la identidad del socialismo es demarcar esta identidad. Para estar a la izquierda, según Sánchez Vázquez, es imprescindible hacer un deslinde crítico del socialismo como experiencia histórica para no identificar toda idea del socialismo con el socialismo real: “Para rescatar la idea de socialismo, con todo su contenido libertador, humanista, se hace necesario esclarecer por qué, a partir de la Revolución que estaba en sus orígenes, ese proyecto emancipador se convirtió en la posibilidad y realidad del socialismo de cuartel. … Nunca ha habido ciertamente socialismo en la URSS ni en los países que, en cuatro continentes, se inspiraron en el modelo soviético”.[21]

Las respuestas a la cuestión de la identidad comienzan en el momento de la diferenciación de las experiencias del socialismo real. Se ha escrito mucho de los rasgos que caracterizaron a las sociedades socialistas este – europeas y algunos autores las definen como Sociedades de Burocracia Centralizada donde ni económica ni políticamente se lograron los objetivos propuestos para la emancipación humana y la real liberación del hombre y que violaron el principio de la democracia.[22] Para algunos autores estas sociedades estaban condenadas al deterioro porque la vida económica se circunscribió al productivismo en detrimento del desarrollo orgánico de esta esfera en relación con las restantes de la vida social; se limitó la individualidad y todas sus formas de expresión se congelaron. En estos enfoques la encarnación del ideal no superó la idea, sino que la deformó, “… las encarnaciones del ideal socialista de raíz marxista, en sus realizaciones revolucionarias o reformistas, en el centro o en la periferia; cuando parecían haberlas superado, aquellas desigualdades reaparecían, como lo prueban el grado de alienación del trabajador en el socialismo real, el divorcio subsistente entre el trabajador y el ciudadano, la conformación de una poderosa burocracia, el choque entre nacionalidades y etnias, la marginalidad, etc”.[23]
El hecho tangible de la desaparición de esas sociedades[24] se ha registrado como derrumbe – la más común -, como derrota, descalabro, desmoronamiento, deshonra y como bochorno. La perspectiva del socialismo se presenta así como fruto de una frustración y la idea no es legítima en el momento de su diferenciación e identidad.

En consecuencia con los planteamientos anteriores, para enfrentar los desafíos de las nuevas realidades históricas a partir de un rearme y profundización de la idea del socialismo, inicialmente se debe proceder a la no identificación, y a la reparación total de la idea, de sus manifestaciones y concluyen que el socialismo real no fue el socialismo.

Aquellos que plantean el deslinde con la experiencia del socialismo de facto, como realidad que niega toda posibilidad real, y la idealidad de la realidad por lo que pudo ser o fue, experimentan el malestar de equilibrarse entre el hecho consumado y la nostalgia por lo perdido. La vacilación metodológica que entonces se produce critica una realidad desmontada e imposible, y la legitima metodológicamente como la que inexorablemente tiene que ser. Por esta razón el socialismo es algo que se tomó escépticamente: como realidad se excedió y como idealidad es imposible. De esta forma se claudica pragmáticamente en el sentido teórico sin aportar nada nuevo al análisis de la contradicción real que subyace: la subversión del status quo universal del capitalismo, algo más que tangible con el proceso de globalización del neoliberalismo.[25]

En este sentido la identidad del socialismo se asume como identidad formal. Su búsqueda como norma teórica y práctica queda en la estática de una idea libre de sus posibles y múltiples determinaciones pues éstas, en última instancia, son asumidas fuera de su dinámica. Así, la identidad del socialismo no es algo que se “identifica” sino que se encuentra, se toma por ya dado en sí, e “identificable” ahora y aquí.

El socialismo como idea es visto entonces sólo como principio que determina lo que de hecho ya estaba determinado. El proceder de esta forma de pensamiento que asume la izquierda latinoamericana, en consecuencia lógica, no puede de ninguna manera conciliar lo idéntico con sus diferencias . La retrospección del principio no puede en ningún sentido expresar el principio, pues ésta se limita al ajuste de cuentas absolutamente negativo con el pasado del principio.

Si los proyectos socialistas son los culpables de la crisis del socialismo, es decir, de la inoperancia de éste, se está haciendo ejercicio del pensamiento con un sentido retrospectivo del socialismo, ubicándolo en el pasado. El pensamiento de izquierda, al proceder de esta forma, se acerca a las posiciones de una metafísica tradicional idealista que toma el pasado como irreal y el futuro rescatable sólo de ese pasado, obviando el presente que está como devenir y que es tomado como accidente, como presencia accidental de una trascendencia, que a fin de cuentas, no le importa ninguna presencia, en que ella es en sí y para sí por siempre. Este estilo de pensamiento es inoperante a los efectos de un proyecto crítico y racional de la idea del socialismo, y empuja a aceptar un Apresente dado”, al que la razón sólo puede aspirar a apuntalarlo para mantener los signos vitales de la existencia humana. La humanidad es vista esencialmente por este pensamiento en su diversidad formal. Esta lógica de pensamiento ubica la idea del socialismo en un lugar tan remoto como el recóndito sitio en el que se quiere ubicar su pasado.

Si se parte de la comprensión materialista de la historia los llamados proyectos socialistas reales deben verse como variaciones singulares en los que, desde su singularidad, dejan ver el movimiento universal que ellos han descrito. Es descubrir los universales del movimiento social siempre desde una perspectiva histórico – concreta. Por tanto, la experiencia del socialismo real es la experiencia del socialismo histórico que ha descrito una universalidad, una estabilidad relativa, una producción histórica determinada de los hombres. El pase de cuentas a esa realidad en el sentido teórico debe ser una exigencia para el pensamiento socialista. Existe una historia necesaria descrita por el acontecer del fenómeno que da cuenta de una regularidad, y sólo desde esta perspectiva es visible el pronóstico futuro de la emancipación humana.

Cuando se define el socialismo real en los términos de “… estereotipos acuñados en el pasado que no proporcionan ninguna clave para encontrar respuestas valederas” [26] se emplaza con una visión mecánica a la historia real donde aparecen los proyectos como entidades de objeto que son. Por tanto, el resultado del proceso histórico es determinado mecánicamente por una necesidad metahistórica. Por el contrario, un enfoque dialéctico y crítico sitúa los proyectos del socialismo real en la tendencia objetiva de los hechos con relación a una praxis humana. Los socialismos reales vistos sólo como entidades objetales representan lo universal en pre-juicio a priori, eliminando el proceso mismo del movimiento histórico y enarbolando estos mismos proyectos como resultados en rasero. En este caso es necesario el enfoque consecuente de una historicidad dialéctica, y a partir de él, evaluar entonces la experiencia del socialismo real.

Las lecciones del socialismo real hay que buscarlas en la propia causalidad del marxismo y en su concepción económica, en su dimensión histórico – temporal. De no hacerlo así, los críticos a la experiencia del socialismo real sólo redundarán en el recurrir de una teleología metafísicamente viciada de un socialismo que nunca fue ni será, como rasero absoluto de una realidad. Por esta razón, el curso real de los acontecimientos en el socialismo real puede representarse como el juego de factores en el que se apuesta la esencia, y por tanto, es igualmente esencial, es decir, necesario. Es por eso que el socialismo real es el socialismo histórico de esta época, de esta realidad histórico social.

La izquierda latinoamericana se plantea un problema de trascendencia al tratar de deslindar la idea del socialismo del socialismo real, y separando lo absoluto y lo necesario de lo particular, para no identificar toda idea del socialismo con el socialismo real. La preocupación de la izquierda de hoy no parece estar en los problemas que levanta la realidad histórica del acontecimiento, sino en la pulcritud del ideal, en poder reconstruir la tendencia emancipadora y el sentido utópico del socialismo. Cabe preguntarse si no se estará invirtiendo el sentido de las cosas al concebir a la realidad como deforme y a la idea como inmaculada e irreconciliable con la realidad. Es posible que la capacidad de transformación del estado de cosas para la izquierda latinoamericana esté en su capacidad intelectiva de ajustar cuentas con la racionalidad en un ejercicio autocrítico, y no con la realidad misma.

Sánchez Vázquez señala que la izquierda aspira hoy “ a la sociedad más justa, más libre y más igualitaria que llamamos socialismo. Hoy la izquierda debe asumir una política impregnada de un profundo contenido moral.[27] Este planteamiento retoma el ideal ético del perfeccionamiento moral como finalidad en sí mismo de un proyecto social, en este caso el socialismo, que en su realización debe someter a la realidad. Rubén Trejo añade “que la izquierda hoy debe encauzar la utopía no como irrealidad, sino como el límite de lo posible hacia donde debemos caminar. Articular a las revoluciones económicas – políticas, revoluciones social culturales y sexuales”.[28] Considerar la realidad desde un prisma ético y encauzar los propósitos a partir de ellos puede tropezarse con la imposibilidad del ideal si éste es irreconciliable con la realidad. Según estos autores los socialismos reales son, no los procesos históricos reales, sino los ideales que estos procesos levantaron. Sánchez Vázquez considera inminente la demarcación absoluta entre ellos como tarea de la izquierda.

Siempre se podrá reflexionar sobre qué tipo de socialismo, qué ideal, cuál nueva propuesta. Si el pensamiento no sale de sí mismo no hay proyección a la realidad porque no se verá la revelación del movimiento de este ideal en la historia, sino que se verá como proceso en sí mismo, como el propio pensamiento que quiere lograr la esterilidad de sus conceptos desvinculados de todas las formas precedentes que hayan adquirido en la experiencia del socialismo real. Este pensamiento analiza estas experiencias en correspondencia con su capacidad de generalización y de representatividad del fenómeno y está lejos de un enfoque concreto donde las posibilidades explicativas estarían en el acotamiento permanente a la realidad como movimiento permanente.

Hegel reivindicaba el acceder histórico del pensamiento a la lógica que los acontecimientos describen y criticaba a “…aquella erosiva y aquel razonamiento que se aferran a la simple diversidad y, por asco o temor a lo particular en lo que lo general cobra realidad, no quieren captar o reconocer este algo general”.[29] La variedad es esencial a la existencia misma, y por eso lo real es esencialmente. La idea del socialismo es, por tanto, algo esencialmente concreto puesto que es la unidad de distintas determinaciones. Si se toma el socialismo real como lo variable en la visión histórica universal se puede concluir que la idea del socialismo no constituye una indeterminación puramente intelectiva que se encierra en generalidades, sino es la unidad de distintas determinaciones como lo racional y lo general que es de suyo lo particular lo determinado.

Por eso el socialismo real como socialismo histórico fue y es el socialismo como idea. El pensamiento de izquierda en América Latina deberá tener presente la veracidad del proceso histórico y no su abstracción. Quedar en las determinaciones generales de lo que debió ser el socialismo implica la mera reflexión que construye una teoría abstracta existente sólo en el pensamiento y no en la práctica. Es posible que el pensamiento de izquierda latinoamericano no se haya percatado de este pormenor, olvidando que todo proceso del pensamiento debe tener su condicionalidad no en sí mismo, sino en su devenir. ¿Por qué atrincherarse en el deslinde absoluto entre los socialismos reales y el socialismo?. ¿Por qué hoy este pensamiento lo atrapa la intelección y el entendimiento, considerándolos incompatibles entre sí?. El principio de la actividad humana espiritual que explicó Hegel para el pensamiento y la idea lo reconoció Marx como capacidad substancial de la actividad humana concreta, sujeta al devenir donde el fenómeno o proceso mismo pasa de la indeterminación a la determinación intensiva.

Hoy la tarea del pensamiento de izquierda latinoamericana que se propone como meta el socialismo debe estar en conquistar a éste como idea y como lo concreto, que es lo real y en lo que descansan las diferencias para de esta forma ver las diferencias – las experiencias socialistas reales – como formas totales. El socialismo no es sólo contingencia, sino además presencia permanente de lo humano en el curso de su emancipación, por demás fundamentada en un proyecto universal que Marx expuso.[30] Sólo así es posible rescatar la idea del socialismo, la idea y no las formas determinadas o los momentos parciales de su concreción.

La herencia hegeliana de Marx está en la validación constante de la perspectiva del devenir como el movimiento esencial y legítimamente histórico, donde se decantan y se ajustan los ideales. Hegel señalaba “…Por eso – en lo que nosotros somos – lo común e imperecedero se halla inseparablemente unido a lo que somos históricamente… Lo que vale tanto como decir que el curso de la historia no nos revela precisamente el devenir de cosas extrañas a nosotros, sino nuestro propio devenir, el devenir de nuestra propia ciencia”.[31]

Los desalientos teóricos ante la historia tienen sus causas en la avalancha de los discursos milenaristas postmodernos del fin de la historia, y con ella su devaluación como método e instrumento más legítimo del pensamiento. El pensamiento de izquierda debe advertir la entrada clandestina por su trastienda de estas propuestas. No se acusa a la izquierda de cinismo intelectual pero si de ingenuidad, lo que puede hacer irrealizables sus más legítimas aspiraciones.

Por el Partido Comunista Dominicano se plantea que “la crisis en los países del Este y en la URSS es más bien el resultado de la falta de socialismo, de las deformaciones, limitaciones y negaciones que se han producido en tránsito hacia él.[32] En este caso se niega la existencia del socialismo como experiencia histórica real por no acotarse al ideal, de ahí que se proyecte una acción de “rescate del ideal liberador sin ataduras a modelos que han sucumbido.[33]

Las referencias al derrumbe del socialismo indican, además, la inexistencia de una realidad que no se comportó como tal. El socialismo real aquí está planteado como un eufemismo, pues lo que entró en bancarrota, según la izquierda, no fue el socialismo sino una empresa social degenerada en sus intentos y en total bancarrota. Octavio Rodríguez Araujo señala al respecto: “De antemano afirmo, que el socialismo no está en crisis. Lo que está en crisis y desde hace tiempo es la mistificación que se ha hecho del socialismo.[34] Más adelante aclara que “el modelo soviético entró en crisis, y la vieja creencia de que la URSS era socialista hizo que, por extensión, el socialismo (para el vulgo) entrara también en crisis.[35]

Esta presentación del problema pretende rescatar el sentido de proyecto social del socialismo cercenándolo de su pasado histórico como no auténtico. El proceder de este pensamiento de izquierda lo sitúa en una posición escéptica supuestamente justificada por una historia que no se legitimó en un ideal. Por tal motivo se afirma que “hemos entrado, inevitablemente, en una hora en que la verdad y la política correcta no pueden ser definidos de antemano, ni existe una vanguardia que nos asegure el triunfo de las transformaciones que hoy están en ciernes. Tenemos que conformarnos con un modesto lugar de observadores de cambios que no pudimos seguir en su desenvolvimiento histórico.[36]

Lo importante de estos análisis de las causas, condiciones y características del socialismo que se derrumbó es la necesidad de plantear el problema tácito de los alcances teóricos y prácticos de la teoría del socialismo. Pero lo limitado de este válido propósito es entrar a considerar el curso histórico real de los acontecimientos desde la altura de la contingencia de la teoría misma; tanto para negar la experiencia como producto de la puesta en marcha del principio por exceso, como de su no constatación por defecto. Tanto en un caso como en el otro el punto de partida metodológico que resume la concientización del proceso histórico y su validación práctica pasada, presente y futura es el socialismo entendido como principio a priori, trascendente y ahistórico.

Jorge Schafick Handal ha señalado al respecto que “el socialismo autoritario no nació, pues de la teoría del socialismo científico ni del ideal del socialismo, nació en ese terreno concreto de la Rusia de aquellos días. Otra cosa distinta es que, después, los teóricos surgidos en esa sociedad hayan afirmado que el socialismo real era una expresión pura de la ciencia marxista leninista. La verdad histórica es que ese modelo, ahora en crisis, no tiene los fundamentos teóricos ideológicos en el socialismo científico marxista ni leninista.”[37]

Al valorar el socialismo real en los términos de un proceso deformado se está enfocando el análisis por el pensamiento de izquierda socialista latinoamericano hacia el reconocimiento del principio del socialismo por defecto como en este caso lo refiere el Movimiento Revolucionario Oriental de Uruguay: “Tengamos presente que todos esos males, estas taras y deformaciones, no son propias ni típicas del socialismo, sino por el contrario son la consecuencia del abandono de los principios socialistas, son el resultado de la falta de socialismo.”[38]

Por su parte Alejandro Dabat afirma que el socialismo no existió sino sólo una modalidad primitiva de éste.[39] Enrique Semo compara la crisis con el colapso de la civilización señalando que lo que ha terminado no es el socialismo, sino una etapa en el desarrollo de la sociedad estatista estrechamente ligada a la ilusión que la identificaba con el socialismo realizado. En tal sentido el socialismo era un mito, y la identificación de éste con el socialismo realmente existente lo confirmaba.[40] Así la definición del socialismo como principio se da como exceso, el fenómeno como tal está sobredimensionado en el principio que lo distingue.

El planteamiento teórico del socialismo no ha de quedarse en el concepto substancial de éste ni en un sentido de forma aristotélica que dé significado al curso real de los acontecimientos. La lógica en la que un pensamiento así estructurado se desenvuelve es puramente formal y no repara en el devenir del contenido como la condición primera del análisis histórico de la evolución del concepto. El enfoque formal del fenómeno deja siempre en la frontera la distinción de los procesos (en este caso del socialismo real y el ideal del socialismo) como entes distintos y abiertamente contrapuestos que existen separados uno del otro. En realidad, tal estado de cosas es ficticia ya que el único proceso real al que se enfrenta el investigador es el de la historia viva y real del proceso histórico humano, y en este caso en particular el del movimiento social del propio curso capitalista.

La presentación del socialismo como ideal distintivo de su pasado, el socialismo real, y purificado en un topos futuro conlleva a reducir el problema del socialismo sólo a la intelección y la conciencia, abstraída de una práctica histórica. El socialismo es analizado en los límites de un pensamiento que lo ubica como idea teológica – religiosa, como causa activa e incorpórea. El dilema sobre la autenticidad del socialismo en el pensamiento de izquierda latinoamericano tiene su base en la contemplación de éste como unidad formal, donde sólo se manipula conceptualmente el nivel de lo variado y lo múltiple, como identidad exterior contemplada sensorialmente y empíricamente dada, punto en el que se ubica la experiencia de los socialismos reales. De aquí resulta imposible, por tanto, la determinación del concepto del socialismo, en tanto la unidad es tomada puramente verbal, a lo que alude el nombre o la palabra. El punto de vista dialéctico estaría, para la izquierda, en la reconstitución del sentido universal histórico concreto del ideal del socialismo que necesariamente pasa por el enfoque clasista. Sergio Rodríguez Lascano señala que la izquierda latinoamericana acostumbrada a dividir el mundo en países y en campos olvidó que hay otra división fundamental: de clases, y ahora inevitablemente deberá retomar esa visión.[41]

Igualmente Sergio de la Peña plantea como exigencia para la izquierda el recurso de la evaluación histórica no sólo post facto, si no del suceso real. Para el autor es definible éste como el gran proceso de transformación capitalista, de revolución de las relaciones de producción que se emprendió bajo la combinación de tres factores esenciales: la derrota mundial del trabajo, la incorporación de nuevas tecnologías y la nueva integración del mercado. Por consiguiente indica que, “para empezar la izquierda tiene que hacer un ajuste de cuentas con su pasado. No para abjurar del mismo, ni para aceptarlo como condena, sino para entenderlo a fin de sacudírselo de encima. Porque sólo de esa matriz histórica puede salir la idea renovada, el nuevo proyecto socialista.”Las cuotas sociales, las normas conocidas, las relaciones usuales, las contradicciones seculares, todo está en proceso de cambio y al mismo tiempo no se dispone aún de un aparato conceptual y de una explicación que sea algo más que un acercamiento general de lo que sucede.”[42] Para superar este enfoque el propio autor aporta su análisis de una evaluación económica y política de la dimensión del proceso de universalización y de transformación de las relaciones capitalistas mundiales como las causas fundamentales de la crisis del socialismo. Carlos M. Vilas sitúa el asunto de la presencia y trascendencia del socialismo histórico en un análisis materialista.[43]

La visión del socialismo real en los términos de un proceso no auténtico, errático, falso, fraudulento, adulterado, sitúa el pensamiento acerca de esta problemática en la falsificación de la realidad histórica concreta y con ello al movimiento circular sobre sí mismo de este pensamiento. La proposición ahistórica del socialismo como principio apriórico y trascendente de la realidad histórico concreta autoenajena el pensamiento y lo convierte en un impugnador estéril en crítico de la crítica y no en un analista positivo del fenómeno y la contradicción que plantea la historia real.

Los resultados de tales propuestas del pensamiento de izquierda latinoamericano confluyen en un punto de partida idealista y autosuficiente, donde el pensamiento se empeña en imponer un principio y un curso definitivo a la historia, aún cuando se reconozca el imperativo práctico de transformación social socialista en el mundo contemporáneo y especialmente para América Latina.

En el análisis por el pensamiento de izquierda del derrumbe del socialismo real se expone una lógica de razonamiento del fenómeno histórico que toma como punto de referencia la evaluación negativa absoluta del mismo, lo que implica una vacilación metodológica y escéptica al reconocer imposible la conciliación entre una realidad que se excedió y una idealidad imposible.

La presentación por el pensamiento de izquierda del socialismo como ideal distintivo de su pasado y ubicado en un futuro conlleva a reducir el problema del socialismo a un planteo abstracto e intelectivo que no reconoce la práctica histórica. El dilema sobre la autenticidad del socialismo en el pensamiento de izquierda latinoamericano se sustenta en la contemplación de éste como una unidad formal, por lo que el socialismo es presentado en los términos de un proceso no auténtico que lleva al pensamiento de izquierda a la falsificación de la realidad histórica. El pensamiento de izquierda se acerca a las posiciones de una metafísica tradicional idealista que toma al socialismo como un principio ahistórico, apriórico y trascendente que impugna a la historia real aún cuando se reconozca la necesidad de la transformación práctica de la realidad.

Notas y referencias

[1]. Sobre la evolución histórica de la izquierda latinoamericana y de los problemas que enfrenta actualmente, véase: Cerdas, Rodolfo. “La izquierda en la encrucijada” . En: La Nación, 30/1/1990, San José, Costa Rica; Gallardo Helio. Actores y procesos políticos latinoamericanos. San José: DEI, 1989; Hacneker Marta. Entrevista con la nueva izquierda. Centro de documentación y ediciones latinoamericanas, Managua; Paramio Ludolfo. Tras el diluvio: la izquierda ante el fin de siglo. Madrid: Siglo XXI Editores, 1988.
[2]. Ver: Castañeda G., Jorge. La utopía desarmada. México: Ediciones Planeta, 1993
[3]. “Escrita a veces como un thriller del realismo mágico (en verdad los latinoamericanos tenemos la propensión real-maravillosa) y a ratos con la pulcra simetría de una disertación doctoral para Harvard”, esta obra suscita una reflexión sobre la cultura de izquierda en América Latina Hernández Rafael. “La otra muerte del dogma”. En: La Gaceta de Cuba. UNEAC, mayo de 1994, No. 4, p. 12
[4]. Castañeda G., Jorge. Ob. Cit., p. 24
[5]. Hernández, Rafael. Ob. Cit., p. 17
[6]. Vargas Lozano, Gabriel. “Derecha e izquierda”. En: Dialéctica, nueva época, año 19, No. 28, 1995-96, p. 5
[7]. Ver: Montes, Eduardo. “Ser de izquierda hoy”. En: Dialéctica, nueva época, año 16, No. 23-24 (doble), 1992-1993, pp.77-82
[8]. Vilas, Carlos M. “La izquierda en América Latina: presente y futuro”. Ponencia presentada en el seminario “Alternativas de izquierda al Neoliberalismo”. La Habana: Centro de estudios sobre América. 12-15 de febrero de 1996. p. 4
[9]. Ver: Sánchez Vázquez, Adolfo. “Después del derrumbe: estar o no a la izquierda”. En: Dialéctica. Nueva época. Año 16, No. 23/24, 1992-93, pp. 61-76
[10]. Martínez Heredia, Fernando. AIzquierda y Marxismo en Cuba. En: Temas, No. 3, julio – septiembre, 1995, p. 16
[11]. Idem. p.17
[12]. Vargas Lozano, Gabriel. Más allá del derrumbe. Madrid: Siglo XXI Editores, 1994. p. 128
[13]. Idem. p. 12
[14]. Valdés Paz, Juan. “La izquierda hoy en América Latina”. En: Dialéctica, nueva época, año 16, No. 23/24, 1992-93 p. 50
[15]. Idem.
[16]. Idem. p. 51
[17]. Gallardo, Helio. “La crisis del socialismo histórico y América Latina”. En: Revista Pasos (Departamento Ecuménico de investigaciones (DEI) San José, Costa Rica. No. 39. Enero-Febr. 1992, p.12
[18]. Ballesta Sánchez, Julio. La izquierda europea en la década del 90: Una reflexión latinoamericana. El papel de la izquierda transformadora en los países avanzados en el cambio de siglo. Madrid: Fundación de investigaciones marxistas, s/f, p. 13
[19]. Idem. p. 17
[20]. Trejo, Rubén y Valverde, Alfredo. “Por una nueva izquierda: El Foro. Las luchas emancipatorias de fin de siglo”. En: Dialéctica, nueva época, año 16, No. 23/24, 1992-93, p. 85
[21]. Sánchez Vázquez, Adolfo. “Después del derrumbe: estar o no a la izquierda”. En: Dialéctica. Nueva época. Año 16, No. 23/24, 1992-93, p. 64
[22]. Ver: Estrada Alvarez, Jairo. “Crisis del socialismo en Europa Oriental y recomposición del orden mundial”. Ponencia presentada al Seminario Internacional “Socialismo, realidad, vigencia y utopía”. Bogotá, del 10 al 13 de mayo de 1991, pp. 8-17
[23]. Kohan, Nestor. “Nuevos paradigmas socialistas. El socialismo ¿tiene porvenir?. Una nueva instancia del pensamiento marxista”. En: Tesis 11 Internacional, No. 3 Febrero. – marzo 1992, p. 5
[24]. Ver: Gallardo, Helio. Crisis del socialismo histórico: ideología y desafíos. San José, Costa Rica, DEI, 1991. Este autor ofrece en forma de apéndice una cronología política de las Asociedades del socialismo histórico, desde noviembre 6 de 1917 hasta septiembre 11 de 1991.
[25]. Ver: Alternativas de izquierda al neoliberalismo. Coordinadores: H. Dilla, M. Monereo, J. Valdés Paz. Madrid: Fundación de investigaciones marxistas, 1996
[26]. La izquierda latinoamericana: abandono de referentes, ruptura con los Amodelos y búsqueda de nuevos proyectos políticos, económicos y sociales (El impacto del desmoronamiento del socialismo en Europa del Este y la URSS). Recopilación y selección: Departamento de América CC PCC, septiembre de 1991, p. 27
[27]. Sánchez Vázquez, Adolfo. “Después del derrumbe: estar o no a la izquierda.” En: Dialéctica. Nueva época. Año 16, No. 23/24, 1992-93, p. 67
[28]. Trejo, Rubén y Valverde, Alfredo. “Por una nueva izquierda: El Foro. Las luchas emancipatorias de fin de siglo” En: Dialéctica, nueva época, año 16, No. 23/24, 1992-93, p. 92
[29]. Hegel, G. F. Lecciones sobre la historia de la Filosofía. México: FCE, 1955, p. 24
[30]. Las obras de C. Marx y F. Engels: El Manifiesto Comunista, La Ideología Alemana, Crítica al Programa de Gotha, explican el socialismo y el comunismo como procesos de emancipación universal de la Humanidad.
[31]. Hegel. Ob. Cit. P. 6 y 9
[32]. Dos derechas en disputa. Partido Comunista Dominicano. 29 de agosto de 1991. La izquierda latinoamericana: abandono de referentesY Ob. Cit. p. 70
[33]. Idem.
[34].Rodrígez Araujo, Octavio. “El socialismo no está en crisis”. En: Socialismo. Revista de Teoría y Política. Año 1. Número doble 3 y 4, octubre-diciembre de 1989, p. 28
[35]. Idem.
[36]. Elizaga Sosa, Raquel. Algunas reflexiones sobre el futuro del socialismo. El pensamiento de Marx en los umbrales del siglo XXI. México: Editorial Comuna. Universidad Autónoma de Guerrero, 1995, pp. 72-73
[37]. El socialismo: ¿Una alternativa para América Latina?. Entrevista de Marta Hacnecker a Schafick Handal, Secretario General del Partido Comunista Salvadoreño. Enero 1991. La izquierda latinoamericana: abandono de referentesY Ob. Cit. p 14
[38]. Polémica ideológica No. 5. Movimiento Revolucionario Oriental Uruguayo. Junio de 1991. La izquierda latinoamericana: abandono de referentesY Ob. Cit. p. 101
[39]. Dabat, Alejandro. El derrumbe del socialismo de estado y las perspectivas del socialismo marxista. El Socialismo en el umbral del siglo XXI. Ob. Cit. p. 88-89
[40]. Semo, Enrique. Umbral de una época. El Socialismo en el umbral del siglo XXI. Ob. Cit. p. 120
[41]. Rodríguez Lascano, Sergio. Los debates estratégicos de la izquierda latinoamericana. El Socialismo en el umbral del siglo XXI. Ob. Cit. p. 312
[42]. De la Peña, Sergio. La crisis del socialismo real y la parálisis de la izquierda. El Socialismo en el umbral del siglo XXI. Ob. Cit. p. 340
[43]. Ver: Vilas, Carlos M. “Perspectivas socialistas en tiempos de cólera”. Estado. Nuevo orden económico y democracia en América Latina. ALAS.CEA. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1992. pp. 271-280; “Socialismo y revolución en América Latina ¿anacronismo o perspectiva?” En: Ciencias sociales y humanidades. México, 1993, pp 56-68; “Estado y mercado después de la crisis” En: Nueva sociedad, No. 133, Venezuela, septiembre de 1994, pp. 19-26

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