No se quemó a una Madre, se encendió el repudio de una traición. por H.I.J.O.S. Alto Valle del Río Negro y Neuquén

Hace 20 años se conformaba a lo largo y a lo ancho de nuestro país un nuevo organismo de derechos humanos con sus distintas regionales: HIJOS. Aquell*s -en ese entonces- jóvenes tomaban como bandera los ideales de sus padres y madres desaparecid*s durante la última dictadura cívico-eclesiástica-militar, formulaban propuestas para la búsqueda de la justicia como el escrache y la visibilización en la calle, la construcción de la memoria y la identidad de forma independiente del Estado y de los partidos políticos y sumaban e invitaban a militar a tod*s aquell*s que pensaran que “tod*s somos HIJOS de una misma historia”.

Hoy es*s jóvenes son -en su gran mayoría- adult*s; algun*s ya no militan, sino que trabajan de funcionari*s, son ministros o funcionan como aseverador*s de un discurso que ha fomentado la política de la apropiación de símbolos de las luchas populares, la invisibilización y el maquillaje de un sistema eternamente injusto.
Otr*s -l*s menos- seguimos tratando de develar las atrocidades de este sistema que tiene formas más sutiles y perfeccionadas del mismo genocidio: el gatillo fácil; la desaparición de personas; la pobreza; el saqueo, la aculturación y la desterritorialización de los Pueblos Originarios; el secuestro de mujeres, niñas y niños para redes de trata y narcotráfico; la eterna explotación de trabajador*s y desocupad*s….y podríamos seguir, ¿no?
Hace un par de años -por si no lo sabían- nos comenzamos a reunir aquell*s otr*s HIJOS que no formamos parte de HIJOS en la Red Nacional. Somos l*s desclasad*s, l*s ningunead*s, los negad*s, los invisibilizad*s y en ése momento formamos un colectivo que definimos llamar HIJOS EN LUCHA que buscaba alternativas al silencio y al aislamiento. Nos juntamos -quizá por el espanto- para seguir denunciando y construyendo acciones y pensamiento crítico e independiente de un poder político -llámese gobierno kirchnerista en este momento histórico- a pesar de no tener Espacios de Memoria donados donde hacer asados con genocidas, abultadas sumas de dinero para comprar voluntades y cambiar ideologías -la de l*s 30000-, propuestas de plataformas electorales o cargos en Ministerios o Secretarías vinculadas a los DDHH que tan de moda están en estos días. Tanto H.I.J.O.S. Alto Valle e HIJOS La Plata -entre otros- compartimos ese espacio sin importar los puntitos o no… porque lo importante es la dignidad y sostener las banderas de la lucha revolucionaria de nuestros viejos y viejas.
La misma -y saludable- fractura ha sucedido en numerosos organismos de DDHH en todo el país. El ejemplo más claro es el de las Madres de Plaza de Mayo. Aquí, en nuestra región, hay Madres que siguen luchando…con todo el peso que la palabra acarrea. Han denunciado infinidad de veces a la presidenta de la Asociación por inorgánica, funcional (y funcionaria del) al gobierno, por traición a los principios de esa organización. Seguramente esta misma situación se repite en distintos lugares de nuestro país y se mantiene oculto o silenciado. Y ellas saben -como nosotr*s- que no es cuestión de saber quién es más Madres o más HIJOS sino de mantener una coherencia en el camino de la lucha popular y no permitir que tantos años de construcción colectiva sean tirados al tacho por pensar que éste gobierno sí… que hay que reconocer que con este gobierno sí…que ahora hemos logrado lo más (¡y no lo mejor!) que se puede lograr… que…
Hace un tiempo una compañera que supo compartir militancia, principios y acciones, nos dijo “Ahora militan por mí” en clara alusión a haber bajado (vendido, entregado, regalado) las banderas que durante muchos años supo llevar con orgullo y dignidad en las calles. ¿Quiénes militan por ella o por los miles que creen ser militados por otros? ¿Se pueden llamar a sí mismos organismos de DDHH? ¿Tienen derecho a ser llamad*s militantes por los derechos humanos cuando son parte del mismo Estado al que hay que denunciar? ¿No es taxativa y fundacional la independencia de los organismos de DDHH del poder del Estado…el mismo que llevó a cabo no uno sino varios genocidios desde su constitución (o Constitución)? Son preguntas que nos hacemos desde la oscuridad a la que nos han destinado y que de forma permanente intentamos iluminar. Y de eso se tratan estas palabras.
Pensemos un momento en dos términos clave en este momento: símbolo y traición. Empecemos por la primera y allí nos daremos cuenta que generalmente un símbolo viene asociado a un ícono, una imagen que puede ser visual o no, una representación de una idea o concepto con sus valores. Veamos. ¿Dos dedos en V? Bien. ¿Un puño izquierdo levantado? Bien. ¿”La casa está en orden”? Bien. ¿Un poncho y unas patillas? Bien. ¿”Él…”? Bien. ¿Un helicóptero escapando de la Casa Rosada? Bien. ¿Un pañuelo blanco? Bien. ¿Un pañuelo blanco fundido en un abrazo con un uniforme verde oliva acusado de genocidio? Mal, muy mal.
Ahora, vayamos a la segunda palabra. El hecho que nos convoca no es el fuego, no es la quema ni su posibilidad simbólica. No es ésta la oportunidad para la insalvable discusión entre forma y contenido. Lo que nos pide a gritos una reflexión es el símbolo de un abrazo que ha sido venerado por algunos como la nueva era que se está viviendo. Nada de eso es para nosotr*s ese abrazo sino más que la reconciliación, el perdón y la reconfiguración de un nuevo escenario para acreditar a las fuerzas represivas como actores legitimados por las mismas víctimas de esa memoria y esos ideales que muy bien trataron de desterrar.
Más allá del fuego y de las múltiples connotaciones que pueda tener en los diversos colectivos militantes, entendemos que lo que no hay que perder de vista es que los símbolos son eso: símbolos. A ellos hay que aplicar un ejercicio crítico y militante para evitar su uso y su consumo, evitando la sacralización. Hebe fue LA Madre de Plaza de Mayo; su lucha, su palabra, su caminar así lo demostraban y nuestro respeto lo corroboraba. Fue LA Madre aún cuando muchos la desacreditaban, la demonizaban, la estigmatizaban y hasta incluso, la patologizaban. Hoy Hebe podrá llevar el pañuelo blanco -que ha entregado, simbólicamente o no- a troche y moche, a izquierda y a derecha, a independientes… pero sobre todo a partidari*s; pero ha perdido el significado de su lucha porque la ha entregado. Su entrega pasó de los ideales de sus hij*s desaparecid*s a su ícono en un billete, objeto-valor-ideología que sus mism*s hij*s combatían.
Hoy Hebe y “sus compañer*s”, l*s funcionari*s de los dedos en V, son parte de ese mismo poder que nos hace creer en falsas polarizaciones y dicotomías que siguen silenciando a l*s mism*s de siempre y que vapulean una y otra vez la lucha de l*s 30000. No la elegimos como Madre, eligió dejar de serlo hace un tiempo… elegimos a aquellas Madres que siguen caminando la calle todos los días que son necesarios, todos los 24 de marzo reivindicando no sólo la memoria de los 30000 sino también sus ideales revolucionarios y que resisten todos los 10 de diciembre porque aún hay que hacerlo; y no van a posar a los salones de la Casa Rosada como un monumento viviente que torna “pintoresca” y despolitizada aquella lucha que nunca podrá ser desaparecida.
Nos parece oportuno hacernos eco de este ruido que ha generado la acción de HIJOS La Plata para poder analizar, repensar y debatir realmente sobre los símbolos de las luchas populares y las traiciones que en el campo de lo colectivo se viven cada día. Nos parece oportuno por l*s 30000…y especialmente por uno de ell*s, por la memoria y la lucha de Alberto Ledo, “el desaparecido” de Milani, quien hizo que la mecha se encendiera. Nos preguntamos qué simboliza que Milani sea parte del “gobierno de los DDHH”. ¿Qué otra lectura simbólica puede tener que un Genocida sea quien está cargo de las Fuerzas Armadas de un gobierno -de un Estado- que hace de los DDHH su falaz caballito de batalla más que la lectura literal que este hecho tiene?
HIJOS La Plata puso en evidencia aquello de lo que los acusan los distintos grupos afines a este gobierno y aquell*s que sólo ven el gesto y no su significado: el fascismo. HIJOS La Plata, una vez más, se atrevió -quizá sin calificar las inconmensurables consecuencias- a iluminar la posibilidad de una voz censurada poniendo en tensión no sólo el símbolo sino su estúpida y acrítica entronización, su sensiblera y pasiva sacralización.
Por eso decimos… no se quemó a una Madre, se encendió el repudio que genera la traición de una Madre, y no de Las Madres, la traición a sus compañeras, a sus hij*s, a los HIJOS de sus hij*s, a l*s que después de décadas seguimos en las calles y que elegimos no aplaudir discursos populistas y negar toda construcción hacia el camino de lo colectivo y de la dignidad.

H.I.J.O.S. ALTO VALLE
Hijos e Hijas por La Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio

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