UNAS CUANTAS VERDADES A TIEMPO. El movimiento 26 de Julio y el marxismo

en pdf Aquí:  Unas cuantas verdades a tiempo

por Fidel Castro

Extractos del discurso en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela

Caracas, Venezuela, 3 de febrero de 1999

Fid…Con esa fiebre y ese sarampión que solemos tener los jóvenes, e incluso muchas veces los viejos, [aplausos] yo asumí los principios básicos que aprendí en aquella literatura y me ayudaron a comprender la sociedad en que vivía que hasta entonces era para mí una maraña intrincada que no tenía explicación convincente de ninguna índole. Y debo decir que el famoso Manifiesto Comunista, que tantos meses tardaron en redactar Marx y Engels —se ve que su autor principal trabajaba concienzudamente, frase que solía usar, y debe haberlo revisado más veces de lo que Balzac revisaba una hoja de cualquiera de sus novelas—, me hizo una gran impresión, porque por primera vez en mi vida vi unas cuantas verdades que no había visto nunca. ” […]

…Cuando el ataque al cuartel Moncada se nos quedó extraviado un libro de Lenin, y en el juicio lo primero que decía la propaganda del régimen batistiano era que se trataba de una conspiración de “priístas” corrompidos, del gobierno recién derrocado, con el dinero de aquella gente, y además comunista. No se sabe cómo se podían conciliar las dos categorías.

En el juicio, lo que hice fue asumir mi propia defensa. No es que me considerara buen abogado, pero creía que el mejor que podía defenderme en aquel momento era yo mismo; me puse una toga y ocupé mi puesto donde estaban los abogados. El juicio era político, más que penal. No pretendía salir absuelto, sino divulgar ideas. Comienzo a interrogar a todos los criminales aquellos que habían asesinado a decenas y decenas de compañeros y actuaban como testigos; el juicio fue contra ellos. [Aplausos.]

De tal manera que al siguiente día me sacaron de allí, me separaron, me declararon enfermo.[Risas.]

Fue lo último que hicieron, porque tenían bastantes deseos de acabar conmigo de una sola vez; pero, bueno, conocía bien por qué se midieron. Conocía y conozco cuál era la psicología de toda aquella gente, el estado anímico, la situación popular, el rechazo y la enorme indignación que produjeron sus asesinatos, y también tuve un poco de suerte; pero el hecho es que en las horas iniciales, mientras me interrogaban, aparece el libro de Lenin, alguien lo saca: “Ustedes tenían un libro de Lenin”.

Nosotros explicando lo que éramos: martianos, era la verdad, que no teníamos nada que ver con aquel gobierno corrompido que habían desalojado del poder, que nos proponíamos tales y más cuales objetivos. Eso sí, de marxismo-leninismo no les hablamos ni una palabra, ni teníamos por qué decirles nada.

Dijimos lo que les teníamos que decir, pero como en el juicio salió a relucir el libro, yo sentí verdadera irritación en ese instante, y dije: “Sí, ese libro de Lenin es nuestro; nosotros leemos los libros de Lenin y otros socialistas, y el que no los lea es un ignorante”, así lo afirmé a jueces y a los demás en aquel mismo lugar. [Aplausos.]

Era insoportable aquello. No íbamos a decir: “Mire, ese librito, alguien lo puso ahí”. No, no. [Risas.]…” Seguir leyendo :Aquí

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