MUCHO MÁS QUE FOCO O PARTIDO: LAS MILITANCIAS DE COMUNISTAS Y TUPAMAROS DURANTE LOS SESENTA EN URUGUAY

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por ANA LAURA DE GIORGI

analaura.degiorgi@cienciassociales.edu.uy

Licenciada y Magíster en Ciencia Política por la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR-Uruguay, cursando el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional General Sarmiento y el Instituto de Desarrollo Económico y Social (UNGS-IDES) en Argentina. Docente e Investigadora del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de la República.

VIRAJES

Antropología-Sociología

Vol. 15 Nº. 1, enero – junio 2013, págs. 209-236

RESUMEN

En América Latina, en la década del 60 múltiples organizaciones surgieron o se transformaron en aras de una profunda transformación política y social. Un importante contingente de personas pasó a dedicar gran parte de su vida a la militancia guiado por el espíritu de construcción del hombre nuevo. Sin embargo, a pesar de las generalizaciones que se suelen realizar, no todas las militancias se configuraron a partir de los mismos códigos de pertenencia. Este trabajo pretende mostrar cómo dos organizaciones de izquierda opuestas en términos ideológicos fueron habitadas por quienes construyeron trayectorias militantes también en términos antagónicos. Un repertorio de valores y prácticas políticas nos permite hacer inteligible distintas formas de militar en la izquierda y comprender este proceso en el marco de una disputa cultural.

INTRODUCCIÓN

En la década del 60, en gran parte de América Latina y también en Uruguay, las distintas organizaciones de izquierda discutieron e implementaron diversas modalidades que conducirían a la transformación social y política.

La izquierda tradicional legal representada por los partidos socialistas y los partidos comunistas se vio interpelada por el fenómeno de la Revolución Cubana, la cual fundamentalmente vulneró la interpretación de las etapas del proceso revolucionario que los partidos comunistas habían elaborado. En dicha interpretación, la revolución debía darse por etapas y para el caso de América Latina en la que el capitalismo no se había desarrollado plenamente sobreviviendo estructuras feudales, antes que la revolución socialista, debía producirse una revolución antiimperialista que tuviera como principal aliada a una burguesía nacional. Sin embargo, como escribe Carnovale (2011:31), “el guevarismo insistía en que la burguesía era una aliada del imperialismo norteamericano y que la revolución debía ser antiimperialista y socialista de forma simultánea. ”1

A su vez, la experiencia de la lucha armada en Cuba había mostrado cómo un grupo de hombres podía conducir la revolución. No parecía imprescindible esperar a que estuvieran creadas todas las condiciones sino que el foco podía crearlas. El foco además, argumentaba Guevara, sería menos vulnerable al ataque de las fuerzas represoras al estar descentralizado y lejos de las concentraciones urbanas.

Con el peso de las palabras de Ernesto “Che” Guevara y el ejemplo de la Revolución Cubana, los años 60 serían acompañados de un florecimiento de grupos guerrilleros en América Latina. Uruguay no quedaría ajeno a este contexto y la izquierda tradicional debería encontrar las fórmulas para adaptarse a la vez que retener a su contingente de militantes.

En este contexto de discusión estratégica tuvieron lugar distintas experiencias militantes en la izquierda latinoamericana. Distintas organizaciones, alojaron un gran contingente de militantes dispuestos a luchas por la revolución ya fuera a través del partido o del foco. Sin embargo, las diferencias entre estas organizaciones no solo se registraron en los medios para alcanzar la transformación socio-política sino en las experiencias militantes.

Este artículo presenta las características de la militancia en Uruguay durante la década del 60, en dos colectivos que fueron fundamentales en la disputa sobre las vías a la revolución,2 el Partido Comunista del Uruguay (PCU) y el Movimiento Nacional de Liberación – Tupamaros (MLN-T).

El Partido Comunista del Uruguay, uno de los más antiguos de América Latina surgió a partir de los lineamientos de la Tercera Internacional Comunista. En 1921 se votó en el Partido Socialista (PS)3 las 21 condiciones de la Internacional y el partido fue refundado como Partido Comunista. Quienes no habían votado el ingreso a la Internacional, fueron expulsados y se mantuvieron agrupados bajo el antiguo lema del PS. Este giro internacionalista se dio de la mano de Eugenio Gómez quien se mantuvo como dirigente hasta 1956. En estos años, el proceso de desestalinización iniciado a partir del XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), impactó fuertemente dentro del PCU conduciendo a una profunda renovación cristalizada en el recambio de su líder. Rodney Arismendi condujo este proceso y se transformó en el nuevo Secretario General hasta luego de la dictadura uruguaya.

El PCU fue un partido extremadamente disciplinado ante los mandatos de la URSS, respaldó todas las decisiones tomadas por el PCUS, incluso aquellas más controversiales como la invasión a Checoslovaquia, cuya justificación fue difícil de aceptar para el movimiento estudiantil de 1968. Sin embargo, a partir del liderazgo de Arismendi el PCU buscó inscribir el marxismo-leninismo en una realidad nacional y latinoamericana. La revisión del pasado realizada por los historiadores comunistas así como algunos textos de Arismendi (1970) reflejan claramente este proceso.

El PCU de los años 60 definió que el camino hacia la revolución debía iniciarse a partir de la conformación de un Frente Democrático de Liberación Nacional liderado por la clase obrera unificada. Para conformar dicho Frente era necesario apostar a la unificación con otras fuerzas de izquierda y contar con un Partido Comunista fortalecido que condujera tal proceso. El Partido Comunista sería la vanguardia del proceso revolucionario, y si bien Cuba era una realidad insoslayable, la Revolución Cubana era leída desde una mirada particular que mostraba siempre la necesidad de la existencia de un partido.

Los primeros intentos de alianzas políticas dieron lugar a la conformación del Frente de Izquierda de Liberación (FIDEL), una alianza entre el PCU y otros grupos políticos. El FIDEL compitió en las elecciones de 1962, teniendo un desempeño radicalmente diferente al de la Unión

Popular, la alianza liderada por el PS. Este último perdió la representación parlamentaria mientras que el Partido Comunista se vio fortalecido, no solo por el aumento del caudal electoral sino por su capacidad de construir alianzas con otros sectores (Rey Tristán, 2006: 89).

Durante estos años el Partido Comunista centró su estrategia en la ampliación y crecimiento de su base de apoyo, fortaleciendo su presencia no solo en el ámbito sindical sino también a nivel estudiantil, barrial y en el medio artístico-intelectual. En 1971 se fundó el partido Frente Amplio contando con el PCU como uno de sus principales fundadores.

La estrategia principal del PCU en los 60 estuvo centrada en el crecimiento del partido. Para los comunistas uruguayos, en dicho momento no estaban dadas las condiciones subjetivas para la revolución.

Consideraban que los partidos revolucionarios debían aprovechar la legalidad para desarrollar la conciencia popular, mediante los métodos tradicionales (movilización sindical, acción parlamentaria). En los años de mayor polarización previos al golpe de Estado, el PCU tampoco abandonaría el ámbito parlamentario sino que desde ese ámbito realizaría fuertes denuncias a las medidas gubernamentales que iniciarían la senda del autoritarismo (De Giorgi, 2010).

En este sentido, las prácticas políticas que se desplegarían dentro del PCU y de la UJC (Unión de Juventudes Comunistas) estarían estrechamente relacionadas con el crecimiento del partido y la ampliación de una gran alianza opositora.4

Radicalmente distinto al lento y continuo proceso de acumulación de fuerzas del PCU, fue la conformación y rápido crecimiento del Movimiento Nacional de Liberación – Tupamaros (MLN-T). Esta organización emergió en el contexto de la gran movilización de los años 60 donde una pluralidad de grupos hizo evidente el fin de la izquierda bipartidista.5

El MLN-T tuvo como antecedente al Coordinador y se nutrió de algunos integrantes del PS que luego serían importantes figuras.6 Además, reclutó a militantes del MIR, del MRO, anarquistas, independientes y trabajadores rurales, que realizaron acciones de gran visibilidad e impacto como el robo de armas del Club de Tiro Suizo, atentados contra empresas multinacionales y la expropiación y reparto de alimentos en barrios pobres de Montevideo.

A fines de 1965 el Coordinador se diluyó y se creó una nueva organización a partir de aproximadamente dos tercios de los integrantes del Coordinador (Aldrighi, 2001: 74) provenientes del PS, el MAC y el MIR, más los cañeros. Se designó un Comité Ejecutivo conformado por Raúl Sendic, Tabaré Rivero, Eleuterio Fernández Huidobro y un integrante del MIR, organización que finalmente se terminó retirando.

A diferencia del Partido Comunista, el MLN-T no tenía una única doctrina que orientara su accionar al estilo del marxismo-leninismo. Se inspiraron en la heterodoxia marxista, leyeron a Lenin pero también a Rosa Luxemburgo, Engels, Mao, Mandel, Kautsky, Trotsky (Aldrighi, 2001:97). La inspiración fundamental fue la Revolución Cubana. El “Che” Guevara y Régis Debray fueron las referencias a la hora de adoptar la perspectiva foquista que ubicaba a un número reducido de personas, motivadas por un espíritu revolucionario, como responsables de la aceleración del conflicto, para luego –una vez generadas las condiciones– incorporar a las grandes masas en la revolución para conquistar el poder. Tomando esta perspectiva, los tupamaros la adaptaban a las condiciones del Uruguay, y se orientaron a crear el foco no en el ámbito rural como había sucedido en Cuba, sino en el medio urbano. El MLN-T rechazaba la estrategia legalista de la izquierda tradicional, siendo muy críticos con la concepción del Partido Comunista sobre la lenta y continua acumulación de fuerzas y el rol protagónico otorgado al partido en el proceso revolucionario.

El MLN-T acompañó sus acciones desarrollando lo que ellos llamaban “propaganda armada”, una estrategia de visibilización y propaganda ante la opinión pública orientada a captar la simpatía de la ciudadanía y que en cierto momento puso en jaque al gobierno de Jorge Pacheco Areco7. Este tipo de acciones desarrolladas sobre todo en una primera etapa, fueron parte de lo que se ha denominado el período Robin Hood; la divulgación de las irregularidades en la Financiera Monty o la distribución de alimentos en zonas de pobreza son claro ejemplo de una épica que buscaban construir en aras de conseguir el apoyo popular y ser identificados como una propuesta novedosa de la izquierda uruguaya.

Sus acciones más impactantes consistieron en la detención de personas que eran representativas del orden que se buscaba derribar o que podían llegar a ser útiles para demandas específicas.8 Algunas acciones serían estrictamente violentas, dando lugar a lo que ha sido considerado como una tendencia militarista a partir de cambios en la dirección del movimiento. En 1970 el MLN-T realizaría las primeras “ejecuciones”.9 El 14 abril de 1972 el MLN-T asesinó a Armando Acosta y Lara ex subsecretario del Interior, el capitán Ernesto Motto y el subcomisario Oscar Delegado acusados de integrar el Escuadrón de la Muerte, y al policía Carlos Leites.10

El mismo 14 de abril se decretó el Estado de guerra interno y la suspensión de la seguridad individual. A fines de 1972 el MLN-T había sido desarticulado y sus integrantes (y muchos de sus simpatizantes) fueron mantenidos en terribles condiciones de reclusión hasta el fin de la dictadura.

Claramente la matriz ideológica del PCU y el MLN-T era diferente así como su estrategia política en torno a la revolución socialista. Sin embargo, las diferencias no solo abarcaban a las clásicas dimensiones estudiadas por la ciencia política, sino que se traducían en otros elementos como los valores y las prácticas políticas desplegadas en la cotidianeidad militante.

El PCU y el MLN-T eran habitados por personas que realizaron una experiencia particular de la militancia sesentista. Dicha experiencia se produjo en un colectivo dotado de ciertos códigos compartidos donde diversos valores y prácticas políticas eran incorporadas y reproducidas por quienes habitaban dichos mundos. En ese proceso dinámico se iba conformando cierta cultura y cierto sentido de pertenencia.

El objetivo de este artículo es presentar las características de la militancia en el colectivo comunista y en el colectivo tupamaro, para exponer dos de los distintos modos de experimentar la militancia en la izquierda uruguaya de los 60. Esto nos permitirá deconstruir algunas miradas homogéneas sobre la militancia sesentista así como comprender las razones y las racionalidades particulares que conducían a desarrollar prácticas distintas que solo se comprenden en el marco de códigos internos al colectivo.

Se propone entonces una mirada distinta a las organizaciones políticas de izquierda, porque se busca estudiar aspectos que no se tratan a través de los estudios clásicos de la ciencia política. Este artículo no pretende realizar un análisis del contenido ideológico ni de las reglas formales de la organización, tampoco es un relato de sucesos ni un análisis del desempeño político o electoral. Desde un enfoque interpretativo se indagará en las valoraciones y las prácticas buscando aquel elemento identitario, aglutinador, significante que delineó el fenómeno de la militancia en cada colectivo aquí presentado.

La mirada está puesta en los sujetos que habitaban y construían el colectivo de pertenencia, no en las instituciones ni en sus reglas formales de funcionamiento. Es a través de los relatos que conoceremos valores y prácticas de los militantes.

El análisis de la experiencia vivida de quienes integraron esas organizaciones, es lo que permite hacer inteligibles los motivos de las prácticas militantes de comunistas y tupamaros. Este abordaje de la experiencia vivida conduce a romper con la arbitraria división conceptual de lo público y lo privado. La militancia de comunistas y tupamaros es abordada de forma integral, indagando en la experiencia cotidiana tanto dentro de las organizaciones políticas como en su vida particular.11

El análisis aquí presentado se desarrolla desde la ciencia política y específicamente desde la cultura política. Sin embargo, este enfoque no es el de la “definición clásica” heredera de los estudios de “The Civic Cutlure”,12 que centran su atención en las actitudes de los ciudadanos respecto a la estabilidad democrática y que contienen un importante ingrediente de etnocentrismo.13 Se parte de una visión que hace hincapié en la importancia de los significados compartidos, en la construcción colectiva de la cultura y en una forma de abordaje, el análisis de la experiencia de las personas involucradas.

Más allá de que las personas que ingresan a las organizaciones de izquierda en los 60 pueden tener un “interés” general en querer cambiar el mundo o ser parte de alguna iniciativa para cambiarlo, el cómo quieran promover ese cambio seguramente estará en gran parte influido por un aprendizaje que realizarán dentro de cierto colectivo. Como señala Wildavsky, la racionalidad tiene que ver con las lógicas internas y en este trabajo puede llegar a ser tan racional un militante que desconoce jerarquías como uno que las respeta y venera; todo depende de en dónde se encuentre ese militante. Pero, como sostiene Ann Swidler (1986), esto no es suficiente para entender cómo las personas actúan. Las acciones también tienen que ver con hábitos, con rutinas y con prácticas.

Para conocer y comprender las distintas militancias de las organizaciones de izquierda, debemos comprender cómo sus integrantes estructuran sus preferencias (Wildavsky, 1987) de acuerdo a particulares escalas de valores, y cómo actúan dentro de ciertos códigos culturales de comportamiento (Swidler, 1986), cómo producen y reproducen ciertas prácticas.

Desde esta perspectiva, se entiende que la militancia de quienes ingresaron al PCU o al MLN-T se fue configurando en torno a un repertorio de valores y prácticas, producto de un continuo proceso de construcción colectiva, no de una socialización primaria ni de la psicología individual de los militantes.

MILITAR EN EL PARTIDO

Los militantes de los años 60 no eran todos iguales a pesar de que todos querían un mundo mejor y estaban dispuestos a luchar por él. Las organizaciones recibían importantes contingentes de personas dispuestas a brindar gran parte de su tiempo e incluso su vida a la causa política.

Las prácticas de reclutamiento dicen mucho sobre a qué organización se entraba y qué cualidades se debía tener. No en todos los casos pero en su mayoría, el recorrido comunista se iniciaba con la entrevista de afiliación y el entrevistado sellaba el compromiso completando la ficha que podía realizarse en ese mismo momento o posteriormente. La entrevista de afiliación, el llenado de la ficha, el carné, la estampilla y en algunos casos el discurso de Rodney Arismendi o José Luis Massera realizados para recibir a los nuevos afiliados, componían el ritual de reclutamiento comunista que daba garantías sobre el ingreso, ordenado, a una organización importante por su estructura y solidez.

Muchos de los que se afiliaban eran promovidos desde la Unión de Juventudes Comunistas (UJC), seleccionados como los mejores candidatos para integrar el partido. Una vez incorporados podían asistir como delegados a un congreso o integrar el órgano de dirección a nivel seccional. La participación plena era aquella que se traducía en algún escalafón de la estructura jerárquica del partido, por más mínimo nivel de importancia que tuviera este. Esto no implicaba que quienes no ocuparan cargos de responsabilidad no participaran, sino solamente que la estructura organizativa jerárquica era el camino que se debía recorrer para aumentar los niveles de participación.

Una vez dentro del Partido Comunista o dentro de la UJC, los comunistas iniciaban un recorrido que tenía una dimensión individual y a la vez fuertemente marcada por lo colectivo donde incorporarían ciertos valores y reproducirían ciertas prácticas que le irían dando sentido a su militancia comunista. Los comunistas eran parte de una organización donde ciertas personas, al servicio del partido instruían a otras, y todo el partido, al servicio de la sociedad instruía a esta. Los líderes eran las correas de transmisión, a través de ellos se transmitía la “línea política”, a través de ellos era posible comprender el mundo y cómo actuar en él. El reconocimiento a la labor del militante se hacía principalmente a través de la promoción que implicaba otorgar cierta responsabilidad específica en la compleja estructura organizativa del partido. Ser promovido implicaba acceder a un cargo de mayor responsabilidad, secretario político, secretario de organización, secretario de finanzas, secretario de propaganda, secretario de unidad política, secretario de educación a nivel de la estructura organizativa permanente, delegado para las convenciones y congresos, integrantes de las comisiones centrales (transversales a la estructura del partido), frente de educación, frente de propaganda, entre otros cargos.

Luego del ingreso, el afiliado dedicaba tiempo a su propia formación política. Las Escuelas Elementales eran espacios de formación en donde los recién afiliados adquirían los conocimientos básicos. Dentro del partido aquellos militantes que pretendieran un mayor nivel de inserción asistían luego a las Escuelas Vespertinas en donde se leían y discutían textos teóricos y se realizaban instancias de evaluación. Estos espacios estaban destinados a la formación de cuadros que era lo que garantizaba una fuerte estructura organizativa.

Además, el partido contaba la revista Estudios, el diario El Popular, la audición de Enrique Rodríguez en CX 30, los libros escritos por Arismendi y otros libros editados por la editorial Pueblos Unidos que conformaban un conjunto de productos comunicacionales e informativos destinados a la formación continua de los militantes.

La lectura y la formación teórica no solo eran importantes como herramienta para la concientización sino que eran estratégicas en la concepción ideológica del Partido Comunista y de las vías para la revolución, un elemento que el partido destacaba para diferenciarse de otras propuestas de izquierda revolucionaria de la época, fundamentalmente de los Tupamaros.

Las grandes acciones de las masas en el camino de su emancipación definitiva, si no se apoyan en la teoría revolucionaria de vanguardia, el marxismo-leninismo, es ya se ha dicho un barco sin brújula: la acción por enérgica y heroica que se manifieste jamás conducirá al puerto anhelado. Recordamos esto con el propósito de destacar que la revista Estudios, por el excelente material que contiene ayuda a armar ideológicamente no solo a los cuadros partidarios de todas las instancias a la masa partidaria misma, también a una buena parte de los hombres y mujeres que simpatizan con el Partido Comunista pero aun no se han abierto paso hasta sus filas.14

La capacidad discursiva y argumentativa de los militantes se aprendía y ensayaba en las discusiones en las cuales los comunistas debían conducir un debate ordenado, reflexionar, utilizar argumentos teóricos y estudiar el momento de la intervención.

Así como se valoraba positivamente la existencia de una discusión y la participación en esta instancia, también esta participación estaba acotada por otro gran valor de los comunistas, la disciplina.15 Disciplina a la línea y al partido: “era como una pirámide y ninguno de nosotros cuestionábamos la línea política, podíamos cuestionar la idea de afiliar tantos afiliados en un mes, pero otra cosa no”.16 Aquel militante que planteara una duda o algún cuestionamiento debía tener mucha capacidad para mantener una discusión con otros militantes que estaban mejor preparados o mejor dispuestos para defender la línea: “Nunca vi que alguien dijera esto no lo acepto, me levanto y me voy. Tenías que seguir discutiendo y seguramente perdías porque te tiraban 585 razones y vos tenías 3 para discutir”.17

El informe ocupaba un lugar central al estilo de verdad revelada, lo que se presentaba en el informe existía y se respetaba: “la huelga general un sentimiento horrible y el informe que decía que venía otra etapa, pasamos una etapa de duelo terrible pero tenías que creer o reventar, confiar en el informe”.18 Mientras que lo que no estaba en el informe no era considerado como verdadero: “se decía de un aparato de autodefensa o algo así pero eso nunca se presentó en el informe”.19

El informe y la discusión ordenada en torno a él, eran la oportunidad para estudiar la agenda política y planificar las acciones pertinentes que en términos generales eran definidas en dicho documento. Los procedimientos para el Partido Comunista eran importantes y había que cuidarlos, todo estaba muy planificado y la espontaneidad era mal vista.

¿Vamos a creer que sólo la lucha de la juventud, sus movilizaciones le harán tomar conciencia de que hay que cambiar la situación, le harán tomar una concepción comunista del mundo, le harán en definitiva, revolucionarios?¿Es que la espontaneidad del movimiento juvenil hará a éste revolucionario? Dejemos que conteste Lenin a esta interrogante: “Todo lo que sea inclinarse ante la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el papel del elemento consciente”, equivale (independientemente de la voluntad de quien lo hace) a fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros.20

Innovar no era un criterio máximo en el Partido Comunista, si se innovaba era porque la estrategia innovadora podría dar más resultados, de lo contrario se continuaba con los métodos tradicionales. A nivel barrial el Partido Comunista desarrollaba por ejemplo estrategias de recaudación similares a la de los partidos tradicionales o a las de cualquier otra organización social: kermeses, rifas, venta de ropa económica, entre otros, eran estrategias que en el barrio eran bien recibidas.

Sin embargo, en el ámbito estudiantil y en el calor de las movilizaciones el orden, el control y la mesura comunista quedaban ciertas veces relegadas. Lo importante era estar insertos en el ámbito que se actuara, marcar presencia, conocer a la gente y que lo conocieran.

Los integrantes se dedicaban a la tarea cotidiana de la acumulación de fuerzas: “tenías que tener presencia física, el partido tenía que estar siempre ahí, tenías que sin imponer convencer a la gente”,21 “Vos tenías que convencer al compañero que salir a vender el diario era lo más importante y éramos como los Testigos de Jehová, no parábamos nunca”.22

Se realizaba una diversidad de tareas, orientados por un criterio productivista de la militancia (Silva, 2009: 60). Los comunistas rendían cuentas y mostraban qué hacían y sus resultados, así por ejemplo quien trabajara en el frente de educación y participara de los espacios de formación partidaria, debía llevar un registro detallado de los destinatarios, la frecuencia, el rendimiento, el temario y los resultados. Aquellos que trabajaban en el frente de finanzas debían planificar la recaudación, realizar las campañas y elaborar los informes que mostraran cuánto había crecido el partido.

Se medía el trabajo por medio de la emulación, que implicaba una evaluación por desempeño a partir de la cual se reconocía el trabajo de las seccionales. Se realizaba un acto en donde se reconocía públicamente a aquellos con mejor desempeño y se les entregaba la bandera del partido, el premio era simbólico pero el reconocimiento muy significativo.23

Además de la formación, se valoraba la entrega y el espíritu de sacrificio del comunista por el partido. El Partido Comunista se definía como un partido de cuadros y de masas, no todos los comunistas tenían dedicación completa al partido, una gran formación teórica ni estaban en la primera línea de las movilizaciones. Algunos cumplían con algunas de las condiciones, otros con ninguna, sin embargo, en el imaginario colectivo los cuadros eran el ejemplo y de ser posible había que parecerse a ellos.

Aquellos afiliados sin militancia activa eran llamados desasimilados, desencuadrados, les faltaba asimilarse y encuadrarse para realizar un aporte importante al desarrollo revolucionario.

Los cuadros debían dar el mayor esfuerzo al partido sacrificando algunas cosas. Sin embargo, el valor del sacrificio se traducía de forma diferente de acuerdo a los ámbitos de inserción de los militantes. El sacrificio personal que los jóvenes comunistas realizaban estaba relacionado con ser los mejores estudiantes sin descuidar la militancia. Además, el sacrificio también debía reflejarse en el compromiso con la revolución y en la valentía que se requería para ella.

¿Cómo elegir para promover los cuadros en la UJC? Con una condición: primero que nada, por su espíritu revolucionario, el más arrojado, el más dispuesto a entregar la vida a la revolución y al Partido; el que no se siente atado por nada, ese hay que promover. […] Creemos que se pueden dar tres elementos para la formación de los cuadros de la UJC: Uno, la abnegación y espíritu de sacrificio […] el joven comunista debe estar siempre al frente, sea una manifestación, huelga, defensa de la Universidad, etc.; pero también en la diaria tarea, en la venta de El Popular y en las pegatinas. Otro: en trabajo por frentes, el trabajo periódico desde el secretariado de cada frente[…] el trabajo personal con los camaradas de los círculos, los activos […] Y el tercer elemento es la educación, por medio de lecturas comentadas […] las conferencias que siempre son un medio eficaz pues enseñan y despiertan el interés por el estudio; y la escuela vespertina del Partido, que en el día de hoy inicia sus cursos a los cuales asisten camaradas de la UJC.24

El coraje, la valentía, el arrojo, fueron cualidades que se valoraron prácticamente en todas las organizaciones de la izquierda sesentista. La diferencia se daba en los referentes que se tomaban como ejemplo y en el grado de lealtad que se esperaba de los militantes. En la medida en que la violencia y la represión aumentaban en Uruguay, las condiciones para mantener la disciplina se hacían más difíciles y para esto los comunistas debieron nutrirse de ejemplos de resistencia y construir un tipo ideal de comunista. “Todos leíamos a Fucik, se iba conformando una ética en torno a eso”25; “teníamos la trilogía de Jorge Amado, Los subterráneos de la tierra, y aprendíamos de los comunistas brasileros”.26 Como señala Torrejón (2007: 27), los movimientos opositores a la ocupación alemana e italiana así como la oposición clandestina a la dictadura franquista jugarían también un rol muy importante como referentes de una resistencia. Se leían libros con testimonios, se recibía personalmente a quienes se consideraba héroes de la resistencia, llegaban las noticias de la prensa, las fotos y hasta las canciones de la resistencia europea eran cantadas por los comunistas uruguayos.

Por supuesto que además de todas las lecturas que pueden haber realizado los militantes de la izquierda en los 60 sobre experiencias de reclusión y clandestinidad, se fue realizando un aprendizaje en la práctica en el marco de las movilizaciones y la represión consiguiente. Esta produciría los primeros mártires que se transformarían en referentes para toda la izquierda, pero más para los comunistas: “Cuando había que estar al frente se estaba, los primeros que murieron fueron comunistas”.27

La cultura como difusora de ideas jugó un papel muy importante en estos años para toda la izquierda. Sin embargo, esto fue especialmente relevante para el colectivo de los comunistas, el cual contaba con un aparato cultural muy importante. La militancia cotidiana comunista estaba rodeada no solo de materiales teóricos sino de productos culturales que conformaban también una mística especial. El partido editaba discos, la revista Estudios realizaba crítica de arte y cultura, El Popular difundía actividades culturales asociadas a los artistas de izquierda como los espectáculos de teatro en El Galpón, las películas de Cinemateca del Tercer Mundo o del Instituto Cultural Uruguayo-Soviético, los recitales de música popular, las exposiciones de arte, las presentaciones de libros, las lecturas de poesía, entre otros.

Cuánto se leía a Antonio Gramsci en el Partido Comunista es tema de debate y que merece un estudio específico, pero no parecen quedar dudas de que cierta concepción gramsciana respaldaba el esfuerzo que se realizaba en aras de atraer a los sectores intelectuales e incidir en la cultura y la comunicación.

El militante comunista absorbía y reproducía ciertos valores que también se trasladaban a su vida privada. La vida de estos militantes fue interpelada por la política y el límite conceptual entre lo público y privado se tornó difuso. La moral del hombre nuevo variaba según a qué organización se perteneciera y las razones de por qué cuidar la vida privada también.

En una organización donde las jerarquías y la disciplina ocupaba un lugar muy importante en la estructura de valores y donde ciertos dirigentes eran valorados como superiores por su capacidad intelectual, era coherente esperar la disciplina de esos dirigentes en otros ámbitos, como el de la vida privada y que estos fueran ejemplos de toda la militancia. En el Partido Comunista, el ejemplo lo debían dar los cuadros, estos debían ser: “un espejo para todos los afiliados, para aquellos que llegan a nuestras filas y deben formarse ideológica y moralmente, adquiriendo experiencia, disciplina y hábitos”.28

Los grados de la endogamia en las organizaciones variaban y las razones que justificaban a esta también. En el caso del Partido Comunista, la familia era un camino para ampliar la fuerza del partido, los hijos y las mujeres eran parte de la vida política y se generaban espacios para involucrarlos como: kermeses infantiles, eventos en el día de la madre, entre otros. El partido estaba compuesto por muchas familias comunistas que cumplían la función de educar generaciones enteras, la familia era la primer puerta de entrada al marxismo-leninismo. “Nosotros decíamos que 200 familias gobernaban el país pero 20 familias gobernaban el partido, los fundadores eran como mis primos más grandes”.29

El partido crecía desde la familia y las familias comunistas se sentían responsables de esto. El partido involucraba tanto a las familias comunistas como a aquellos militantes que no tenían una. Para este último caso tenían a la familia o familia grande, denominación que era utilizada para referirse al partido y con esa familia el militante podía contar. Los comunistas sentían que: “en el círculo vos tenías todo, era tu cumpleaños y aparecía la torta, necesitabas ayuda y la pedías”,30 y esto generaba un sentimiento de pertenencia muy fuerte, de los comunistas con la familia comunista.

Más allá de los 60 y del hombre nuevo, los comunistas no buscaban un nuevo modo de vida. El partido debía estar inserto en la sociedad y esto implicaba moverse con los códigos de la idiosincrasia uruguaya: “Había que ser lo mas uruguayo posible, ser de Peñarol o de Nacional como todo el mundo, me acuerdo de compañeros escuchando el partido, las tradiciones uruguayas se conservaban y se consideraba necesario eso”.31 Los rituales domésticos no se suspendían, no solo porque se tratara de un partido legal sino porque constituían la sociedad en la que había que insertarse como algo natural, no un pecado pequeño burgués.32

MILITAR EN LA ORGA

No alcanza que tenga [el militante] una ideología revolucionaria debe vivir como un revolucionario”, así reza el Reglamento del MLN-T dejando en claro que pertenecer a esta organización implicaba un esfuerzo particular.

El ingreso al MLN-T era bien distinto al del Partido Comunista. No había un procedimiento formal, ni ficha ni carné. Una persona consultaba individualmente al candidato sobre su voluntad de ingreso a la organización y luego venía el contacto. En algunos casos la incorporación era precedida de una puesta a prueba. El ingreso y el ascenso se daban a partir de la asignación de una tarea que debía ser cumplida con responsabilidad:

El MLN-T no era una organización horizontal, tenía su estructura jerárquica: Convención Nacional, Comité Ejecutivo, columnas, células, grupos de acción (GA), grupos de acción en formación (GAF), comités de apoyo a los tupamaros (CAT), ámbitos que iban de un mayor nivel de inserción a uno muy menor como eran los grupos periféricos o los CAT, donde participaban personas sin funcionamiento orgánico. Existía una estructura jerárquica que en su denominación era aún más jerárquica que la del Partido Comunista. Comandantes y subcomandantes, no secretarios, conducían el proceso revolucionario. Pero más allá de las condiciones institucionales, los liderazgos no eran en general valorados como algo importante o necesario. En el MLN-T, los liderazgos y la autoridad se construían a partir de la acción, de la fuerza de voluntad, del coraje y atrevimiento, de la capacidad de “salir de una situación difícil”33, de la cercanía con la acción directa.

La formación teórica no era central aunque esto no significaba que los tupamaros no leyeran teoría. Sí leían, o habían leído antes de ingresar a la organización, pero no hacían de ella el centro de su militancia ni valoraban más a unos que otros por su capacidad intelectual, como sí sucedía con los comunistas.

El lugar que tenía la formación teórica en el Partido Comunista, lo tenía el arrojo y la capacidad de resolver una situación en el MLN-T. El aprendizaje no se centraba en la teoría sino en la práctica, se leían manuales, testimonios y se veían películas que se transformaban en referencias.

Nosotros habíamos visto la Batalla de Argelia y estábamos dispuestos a reclutar de esa manera, probando a la gente, en la Batalla de Argelia le dan un revólver a un tipo y otro que es del movimiento viene y hace como que es el enemigo y hace como que le tira y el revólver estaba descargado pero se lo prueba para ver qué hacía, si aflojaba o no, bueno nosotros probábamos a la gente también.34

La formación existía pero no era para la discusión o la acumulación de fuerzas en el terreno legal, sino para realizar acciones y aprender a moverse con los criterios de la guerrilla. En el documento “Organización y Seguridad” (MLN-T, 1969b), se realizan recomendaciones prácticas sobre como evadir la vigilancia, cómo realizar los contactos en la calle y sobre manejo y cuidado de las armas. En el documento “Manual de Interrogatorios” (MNL-T, 1969a) se establecen pautas sobre qué contestar y cómo contestar en caso de resultar capturados. Así como la literatura teórica no había sido la fuente principal de inspiración para los tupamaros, tampoco la literatura heroica ocuparía un rol central en este aspecto como lo había ocupado para los comunistas. El “Manual de Interrogatorios” con 18 recomendaciones y algunos simulacros de estos en las casas conformaban la preparación para la resistencia. Tampoco se erigían líderes de la resistencia como sí sucedía en el Partido Comunista. No se le daba una importancia a esto en términos de formación, algunos incluso rechazaban tener información al respecto.

Las discusiones eran vistas como una pérdida de tiempo que no conducían a lograr los cambios ansiados. “En lugar de las palabras revolucionarias nosotros proponemos cambiar a la gente con hechos revolucionarios”.35 Los informes, eran un instrumento para la planificación, no tenían el valor de verdad revelada que tenían para los comunistas porque la verdad no era teórica sino práctica. La disciplina en el MLN-T, era una disciplina de la acción, un instrumento para lograr las acciones planificadas.

Los tupamaros se fueron formando a través de los documentos prácticos y de la participación en diversos niveles de acción en la medida en que iban asumiendo responsabilidades. Se podía comenzar siendo un periférico y finalizar siendo comandante.36 El pasaje en la estructura jerárquica podía ser más o menos rápido, dependía de las circunstancias, por ejemplo, de la caída sucesiva de las direcciones, pero también de las cualidades de los militantes para ser promovidos. Respecto a estas últimas, la evaluación por desempeño no era en términos de argumentos teóricos esgrimidos, capacidad de oratoria o de reclutamiento como en el Partido Comunista. Se evaluaba la participación en acciones, más o menos periféricas. Lo importante era cuánto aportaba el militante en el terreno de la guerrilla urbana de acuerdo a la función que cumplía.

La promoción implicaba pasar de las tareas de apoyo, cobertura, enlace y logística, a ser un “combatiente propiamente dicho”. Consistía en participar en una acción, prepararse o tener los recursos materiales para ella. Tener la posibilidad de hacer un “curso de fierros, algo que a todos nos entusiasmaba”.37

A diferencia del Partido Comunista, no se generaba un culto al estudio en la educación formal. No era necesario ser una persona estudiosa. Los tupamaros debían dedicarse por completo a la organización y esto implicaba renunciar a algunas cosas, entre ellas al estudio. Lo mismo sucedía con la cultura. Los tupamaros no tenían por qué tener una formación cultural. Más allá de que muchos de ellos tuvieran un nivel cultural e intelectual importante, no hacían uso y mucho menos ostentación de él. Por este motivo, tampoco había un aparato cultural como el de los comunistas en el sentido de iniciativas directas de la organización para promover un apoyo explícito de la cultura a pesar de que contaban con referentes culturales en la música popular como Daniel Viglietti y Los Olimareños. Sus canciones y poemas hablaban de un sujeto revolucionario específico, con ciertas cualidades que son valoradas por la izquierda sesentista de la época en términos generales pero con características específicas que describían cualidades o aptitudes especialmente valoradas por los tupamaros. Tiene “Sangre y coraje”, traen “lanzas y sables”, “salen de los poblados” “y del “monte”, “dejaron sus vidas, sus amigos y sus bienes”, son “rebeldes y valientes”.38

Una fuente importante a partir de la cual se pueden analizar las cualidades que eran mejor apreciadas dentro de cierta organización política, son las descripciones de los mártires de los cuales se describen sus principales virtudes. En el documento “Nuestro muertos” (MLN-T, 1970), referido a 13 integrantes fallecidos, se reiteran de forma continua ciertos aspectos de la personalidad considerados como virtudes innatas y construidas o reforzadas dentro de la organización y que daban una imagen particular a ella.

Había ganado esa autoridad moral, predicando con su trabajo, con su completa entrega a la tarea militante. No era raro verlo hacer esfuerzos enormes por mantenerse despierto en una reunión nocturna […] autocontrol que siempre logró mantener. […] no tuvo dudas en afrontar las consecuencias, a pesar de que debía separarse de su compañera y de una hija de pocos meses de edad. […] Vivía en una choza de paja y cuidaba un criadero de aves […] Era común oírle decir, refiriéndose a sus escasas pertenencias: “Aquí lo que hay no es mío, es de todos” […] Murió humildemente como un buen soldado de la Revolución […] jamás dictó pautas a ninguno de sus tres hijos, tratando que vivieran su propia experiencia y se formaran con ella. […] Jamás dejó de militar y jamás dejó de reír […] Dejó las comodidades que le podía brindar su situación económica desahogada y puso a disposición de sus compañeros, todos los medios materiales a que tenía acceso […] Se educó en la práctica revolucionaria y tuvo siempre una inclinación determinante por la acción. No le entusiasmaban las discusiones políticas […] Siendo dirigente actuaba en el trabajo físico a la par de los militantes de base, los impulsaba y los superaba […] férrea disciplina y seriedad en el trabajo […].39

Dedicación al trabajo, entrega, seriedad, autocontrol, sacrificio personal, confianza, serenidad, iniciativa, humildad, austeridad, alegría, solidaridad, rechazo a los dogmas y disciplina eran los valores que guiaban la militancia tupamara.

Para el caso del MLN-T su estrategia de propaganda armada implicaba ser muy creativos e innovar constantemente. Había que generar impacto y para eso “había que golpear primero”.40 Tanto los hechos simpáticos, como los no simpáticos (secuestros, ejecuciones) tenían la innovación por detrás que buscaba tanto generar impacto como establecer diferencias claras con otras izquierdas.

Toda la teoría del doble poder, había que consolidarlo, si la oligarquía tienen cárceles nosotros también, ellos allanan las casas de los luchadores sociales nosotros también vamos a allanar la casa de los de la represión, y entramos a la casa de los coraceros, de la metropolitana. Así como ellos llevan la violencia al seno del pueblo, el pueblo va a llevar la violencia al seno de la oligarquía, entonces no van a poder divertirse tranquilos le vamos a poner una bomba en el bowling, en la boite Zum Zum.41

Al igual que en otras izquierdas de la época, los militantes tupamaros realizarían sacrificios. Uno de ellos estaría relacionado al tema de los hijos, sobre todo para aquellos y aquellas que deseaban tenerlos pero renunciaban a esta posibilidad por su entrega a la revolución.42 Este era un tema que trascendía a toda la izquierda y que era más significativo cuánto más entrega se le solicitara al militante. Tanto en el Partido Comunista como en el MLN-T el tema se había discutido, en esta última organización tanto se había discutido que se habían formado corrientes.

En un momento se discutía en el MLN-T el hijo sí, el hijo no, estaba aquello de que se precisan niños para amanecer,43 que era todo una posición, una teoría, pero yo siempre tuve claro que no, aún con la necesidad imperiosa que tenía de tener hijos.44

Los tupamaros buscaban vivir de otra manera, el hombre nuevo:

un tupamaro de esos barbudos y en chancletas, me hacía bromas y me decía pequeña burguesa”.45 Diferenciarse significaba por una parte renuncia material.“ […] criticábamos las actitudes burguesas, tomar helado, salir a emborracharte, salir a bailar, gastar en lo superfluo, darle más importancia a la ropa”.46

Más allá de la acción, en otros aspectos en el MLN-T no había que destacarse porque la diferenciación y la ambición teórica eran mal vistas. Una clara diferencia con el Partido Comunista era el espíritu igualitarista de los tupamaros a partir del cual se rechazaba la idea de la diferenciación: “todos iguales”, todos en la lucha revolucionaria eran uno más, no importando de donde provinieran. La indiferenciación no solo tenía que ver con que cualquier militante podía transformarse en comandante más allá de su formación teórica e intelectual, si cumplía con las cualidades tupamaras, sino con que no era bien visto que algún integrante se diferenciara por su nivel intelectual o por su posición socioeconómica. Esta valoración extrema de la igualdad, traducida a prácticas implicaba la renuncia a los bienes culturales o materiales con los que algunos contaban. Igualar implicaba para algunos tratar de no ser más de lo que eran y para otros renunciar a lo que eran porque había que ser “personas desinteresadas”.47 Abandonar la vida burguesa, abandonar las comodidades y vivir de otra manera: “no se podía ser un mantenido, había que trabajar en lo que fuera”.48 “[…] queríamos vivir como los más pobres, que eran nuestro ejemplo” (Zerpa, citado por Aldrighi, 2009: 313).

Se debía sacrificar el estudio, las comodidades y la seguridad, había que estar dispuesto a arriesgar la vida, tener coraje y valentía. Cualidades que todo tupamaro y tupamara debía tener, aún no siendo para estas últimas parte de su socialización de género y por lo tanto un desafío mayor.

[…] las que hacían carrera en el MLN-T no eran precisamente las más femeninas. Las que se comportaban como hombres, que tenían rasgos viriles, eran las que más rápido progresaban. Las que más se asemejaban al hombre. (Alemañy, citado por Aldrighi, 2009: 322)

Quienes estaban dispuestas a asumir el costo de la integración en el MLN-T, que se traducía en un acercamiento por parte de las tupamaras a las pautas de la masculinidad de la época, eran beneficiarias de cierto sentido de protección en la medida en que el MLN-T era un espacio desde el cual era posible contestar los roles tradicionales de género que la sociedad les asignaba.

Nosotros no éramos como ellos, nos sentíamos distintos, éramos dueños de nuestra vida y la salida de la cárcel fue muy dura, fue muy feo, la presión de la sociedad, bueno ahora ya está casáte y tené nenes.49

MILITANCIAS ENCONTRADAS

En los 60, asistimos a la construcción de un nuevo imaginario, el hombre nuevo. Sin embargo, más allá de esta figura compartida, el sujeto revolucionario no era el mismo si miramos a la interna de la izquierda en los 60. No solo se diferenciaba por tener un arma en el hombro para impulsar la revolución o por una doctrina que lo respaldara. Posee valores diferentes, le importan y desea cosas distintas, cuida y descuida sus comportamientos de acuerdo a una escala específica de principios. Realiza prácticas diferentes, tanto en su vida pública como en su vida privada porque es parte de una comunidad política donde aprendió en conjunto con los demás y construyó símbolos y rituales que daban sentido al colectivo.

Comunistas y tupamaros, sostenían ideas diferentes y desplegaron distintas militancias, porque tenían diversos valores, porque desarrollaban distintas prácticas, porque compartían un colectivo distinto.

Crece desde el pie la semana, crece desde el pie, no hay revoluciones tempranas, crecen desde el pie”, cantaba Zitarrosa.50 Los comunistas comprendían que el proceso revolucionario era lento y acumulativo, y que lo más importante era fortalecerse como militantes y fortalecer a la organización política de la que eran parte. Para esto se requería formación, paciencia, solidez, dedicación, seguridad, confianza y apertura a la sociedad. Por eso estudiaban, para entender cómo funcionaba el mundo y también para enseñarles a otros, y por eso valoraban la capacidad de oratoria para convencer mediante la palabra. Y gran parte del sacrificio de comunistas estaba en las horas dedicadas al crecimiento del partido, en los círculos, en el seccional, en el departamental, en toda la estructura organizativa.

La militancia comunista estaba regida por una cultura, credencialista, planificadora y productivista.51 En el MLN-T la situación fue diferente. Para crear las condiciones subjetivas de la revolución se necesitaban militantes con otras cualidades, fundamentalmente voluntad y coraje, capacidad de entrega, desinterés, creatividad, sencillez. La lectura de materiales teóricos no era algo bien visto. Lo deseable era que, si se iba a leer, en tiempos de paz, se hiciera sobre literatura útil, desde la cual tomar ejemplos. La formación teórica y la capacidad discursiva quedaban en un segundo o tercer plano, no eran valoradas como las cualidades que el tupamaro debía tener, por más que muchos las tuvieran. Mientras que los comunistas aprendieron a razonar dialécticamente, los tupamaros aprendieron a moverse como clandestinos. Los tupamaros admiraban y recordaban a quienes tenían ingenio, inventiva, se probaban de esa manera. La militancia tupamara debía ser innovadora, también planificadora solo que para el corto plazo y también productivista, no de acciones para el crecimiento del partido, sino de acciones de crecimiento del foco.

Los sentimientos también se veían interpelados por la pertenencia al colectivo comunista o tupamaro. Para los comunistas la familia sí era algo deseable, no la familia burguesa, otra familia, la familia comunista. La estructura de la familia valorada era la del modelo tradicional occidental pero una familia para el partido. En la estructura de valores de los tupamaros la familia, la pareja y los hijos era un tema importante, importante y no saldado. Lo deseable era la entrega total a la vía armada y esto implicaba la postergación de la decisión de tener hijos, estos eventualmente llegarían en otra etapa. La familia tupamara no era un objetivo, no había objetivos a largo plazo, no había que acumular fuerzas lentamente y educar a los hijos en el mundo tupamaro. Los hijos llegarían a otro mundo, una vez que hubiera triunfado la revolución. En la militancia tupamara la familia tradicional no entraba en el terreno de lo deseable, ni era funcional a los objetivos finales. En términos de parejas, lo deseable se confundía con lo necesario. La clandestinidad imponía fuertes restricciones, se entablaban relaciones entre tupamaros o de lo contrario se debía ocultar la participación en el movimiento. El colectivo tupamaro debía respetar ciertos códigos, había que llevar una vida verdadera, no de mentiras. Así como denunciaban las libras de Mailhos denunciaban la doble moral y sancionaban la infidelidad. Así como había que comprometerse seriamente con la revolución había que tener el mismo cuidado con la compañera, y no cambiar a cada rato. A diferencia de lo que se considera en el sentidocomún, que los tupamaros no tenían reglas morales y que integraban un Movimiento de Liberación Nacional que, por añadidura, también permitía la liberación de la vida privada, en realidad los tupamaros se preocupaban especialmente de los comportamientos en esta esfera. Incluso habían escrito un documento específico (VIB), algo que las culturas letradas no habían hecho. Un documento que por general y ambiguo que fuera expresaba la preocupación por el tema.

Las coordenadas de la militancia de comunistas y tupamaros se fueron conformando intersubjetivamente, desde la experiencia subjetiva de cada militante y en interacción con los demás. Pero las comunidades de pertenencia no eran iguales, se era parte de ella de una forma particular.

El MLN-T tal vez era la organización más heterogénea, así lo han referido varios autores, entre ellos Garcé (2006) que ha realizado hincapié en este aspecto, señalando que el MLN-T había incorporado estudiantes, obreros, trabajadores rurales, anarquistas, católicos, trotskistas, intelectuales, nacionalistas, personas provenientes de diversos estratos socioeconómicos, entre otros. Sin embargo, a pesar de que de “todas partes vienen sangre y coraje”, en términos de valores se fue transformando en una organización homogénea, en donde el militante no debía diferenciarse más que por su nivel de inserción y su valentía. Todos debían ser personas sencillas y austeras. El espíritu igualitarista seguramente es una de las características más importantes de la militancia tupamara.52

La comunidad comunista era diferente, su composición era heterogénea aunque no tanto como la tupamara. La cultura comunista tenía valores consistentes con prácticas muy fuertes. Jerarquías, disciplina, militancia constante, estudio, teoría, son elementos que pueden encontrarse fácilmente en la forma de hacer política de un comunista. Sin embargo, el colectivo comunista tenía una particularidad que era la de permitir ciertas diferencias o ciertas adscripciones. A diferencia de los tupamaros, los comunistas no eran tan igualitaristas. Lo deseable no era borrar las diferencias, sino por el contrario admitirlas.53 No era entendido que para ser un buen comunista había que renunciar al trabajo, al estudio, a una situación económica particular. Lo deseable era justamente contar con comunistas en diferentes lugares para que reclutaran diferentes personas y así poder conformar un frente opositor. Aquellas actividades que requirieran del esfuerzo, no debían abandonarse por el partido, ni el estudio ni el trabajo, los mejores estudiantes, los mejores trabajadores tenían que ser los comunistas. Todos desde su lugar, eran importantes porque cumplían una función. La militancia comunista estaba ordenada por un régimen estamental y meritocrático.

En la militancia comunista se permitía cierta diversidad también porque “había que ser lo más uruguayo posible”. Lo deseable no era mostrarse diferentes de la sociedad, sino mostrarse iguales. Así como no planteaban una nueva forma de hacer política para captar adhesiones tampoco proclamaban una nueva forma de vivir, aunque en la práctica, con disciplina y militancia a tiempo completo de por medio, esto quedara en cuestión. Lo deseable era acercarse a la sociedad con los códigos de la época, sea porque los suscribieran o porque los utilizaran. No había que mostrarse diferente o alternativo: “amamos el pan y el vino, la alegría de vivir, las mujeres…”, así rezaba el carné comunista. No buscaban diferenciarse, sino integrarse, o más bien integrar al comunismo desde los códigos de la sociedad, posiblemente desde la preocupación de reducir la caracterización de sovietismo que se solía aplicar al PCU. En este sentido, la cultura comunista era una cultura populista integradora.

Este no era el caso de los tupamaros quienes, para disputar el espacio público, proponían una contracultura, conformaron una “cultura rupturista” según Bayce (1989), propusieron un “antisistema de valores” según Costa Bonino (1995: 197). Para el MLN-T el sujeto de la revolución no era el proletariado y no buscaron proletarizarse. El imaginario tupamaro no estaba compuesto por el proletario sacrificado sino por el pobre, el peludo.

Aquellos provenientes del sector socioeconómico medio o universitario tenían que aprender de los peludos, no de los proletarios. A pesar de haber recibido el MLN-T personas provenientes de diferentes ámbitos y de decirse un movimiento abierto y heterogéneo, el igualitarismo para abajo, la cultura del pobrismo imprimió una pauta bastante homogénea en términos de valores y prácticas.

Las experiencias militantes de comunistas y tupamaros, nos permiten aprehender dos modalidades antagónicas de militar en la izquierda sesentista. Por supuesto que otras militancias quedan pendientes de ser estudiadas, pero estas dos reflejan de forma clara cómo organizaciones políticas con ideas y estrategias en disputa también construyeron modos alternativos de vivir la revolución.

A pesar de conformar la izquierda sesentista y décadas más tarde confluir en una única opción partidaria como sería la del Frente Amplio, queda claro y debe ser estudiado en profundidad a futuro, que las organizaciones armadas de América Latina compartieron muchos elementos en común así como también los partidos comunistas. Pero también debe considerarse que los procesos militantes se dieron un espacio particular, en este caso la militancia dentro del MLN-T contó con una figura en el imaginario muy importante como la de los peludos y el PCU se preocupó especialmente por uruguayizarse lo mejor posible, por mencionar solo dos aspectos que dan cuenta de elementos particulares. Por otra parte, este trabajo pretendió comprender las distintas experiencias militantes desde una perspectiva relacional, no podemos entender la propuesta tupamara sino tenemos en cuenta a la izquierda tradicional y fundamentalmente a los comunistas. No podemos entender a estos últimos en los 60, si no damos cuenta del desafío que implicó el fenómeno tupamaro en la izquierda uruguaya. Como se vio en esta propuesta de análisis, la disputa entre estos dos colectivos no solo fue ideológica o estratégica, sino político-cultural, se transmitió a las diferentes formas de militar en la izquierda e interpeló la vida integral de quienes habitaron las organizaciones.

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1 Ver en Carnovale (2011: 32), “Ernesto Che Guevara, Guerra de Guerrillas”.

2 Otras organizaciones de izquierda conformaron el mapa político de la época como socialistas, anarquistas y democratacristianos. En este artículo se ha optado por analizar las dos organizaciones más antagónicas entre sí.

3 Sobre la trayectoria del Partido Socialista en los 60 y sus pautas culturales militantes en comparación con comunistas y tupamaros ver De Giorgi 2011.

4 Sobre el movimiento estudiantil y la experiencia particular de la UJC ver Markarian 2012.

5 Algunos de estos grupos eran la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), el Movimiento de Unidad Socialista Proletario (MUSP), el Movimiento Revolucionario Oriental (MRO), el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), los Grupos de Acción Unificadora (GAU), el Movimiento de Apoyo al Campesinado (MAC), entre otros.

6 Raúl Sendic, Jorge Manera, Julio Marenales, Edith Moraes, Tabaré Rivero, Jesús Recalde, Pedro Lerena, Héctor Amodio Pérez y Alicia Rey.

7 El 5 de junio de 1969 se prohibirá mediante decreto toda divulgación en la prensa referida directa o indirectamente a grupos delictivos, y el 1º de septiembre se prohíbe el uso de palabras como: célula, comando, delincuente político, delincuente subversivo, extremista y terrorista.

8 Pereyra Reverbel Presidente de UTE, Geoffrey Jackson embajador de Gran Bretaña, G. Pellegrini Giamprieto de la Asociación de Bancos, el Juez Pereira Manelli, Días Gomide Cónsul de Brasil, son algunos de las figuras que pasaron por un lugar llamado Cárcel del Pueblo.

9 El comisario Morán Charquero y el asesor estadounidense Dan Mitrione, ambos acusados de practicar la tortura o instruir para practicarla como en el último caso.

10 Los asesinatos de Zembrano, Mitrione, Morán Charquero, los tres integrantes del Escuadrón de la Muerte y el policía, fueron realizados por el MLN-T pero no sin diferencias a su interna. La bibliografía dedicada al MLN-T muestra cómo estas acciones fueron las más controvertidas dentro del movimiento (Aldrighi 2001; Labrousse, 2009; Blixen, 2000).

11La academia uruguaya ha indagado poco este aspecto, un interesante artículo es el de Esther Ruiz y Juana Paris (1998): “Ser militante en los 60”, en Barrán, Caetano y Porzecanski, Historias de la vida privada, Tomo III, Individuo y Soledades. A diferencia del caso uruguayo, en Argentina se han realizado un número importante de investigaciones de calidad que centran su atención en las décadas del 60 y 70 mirando la política y la vida privada de forma conjunta, especialmente desde una perspectiva de género. Ver Andújar et al. (2009): De minifaldas, militancias y revoluciones. Exploraciones sobre los 70 en la Argentina; Cosse, Isabella (2008): “Una revolución discreta: el nuevo paradigma sexual en la Argentina (1960-1975)”; Diana, Marta (1996): Mujeres Guerrilleras. Sus testimonios en la militancia de los setenta; Martínez, Paola (2009): Género, política y revolución en los años setenta. Las mujeres del PRT-ERP.

12 Sus autores referentes son Bingham Powell, Gabriel Almond y Sidney Verba y sus obras más conocidas, Política Comparada (Almond & Powell, 1972) y The Civic Culture (Almond & Verba, 1965). Otras referencias en esta corriente son el texto de Putnam (1993): Making Democracy Work, y los diversos trabajos de Inglehart en los cuales se estudia el cambio de valores en las democracias desarrolladas.

13 Ver Pateman (1971) y Ross (1997).

14 Francisco Pintos, El Popular, 20 de mayo de 1964, p. 3.

15 Sobre disciplina, autoridad y jerarquía en PCU y MLN-T, ver: De Giorgi (2012).

16 Elena.

17 Isabel.

18 Elena.

19 Eduardo.

20 Informe de Tomás Rivero a la 1ª Conferencia Nacional de Organización de la UJC, realizada el 10 de agosto de 1963.

21 Raúl.

22 Omar.

23 Luego de 1985, se volvería a realizar la emulación y se entregaría como premio la bandera del partido, la bandera del Frente Amplio y la bandera uruguaya.

24 Informe de Tomás Rivero a la 1ª Conferencia Nacional de Organización de la UJC, realizada el 10 de agosto de 1963.

25 Eduardo. La referencia es a la obra de Julius Fucik, Reportaje al pie del patíbulo, publicada en 1945 y escrita en prisión por quien fuera capturado por la Gestapo en Checoslovaquia y asesinado en Alemania. Integrante del Partido Comunista de Checoslovaquia, relata en su texto la tortura a la que es sometido y la disciplina mantenida para no dar información.

26 Omar.

27 Marta.

28 Rodney Arismendi, Informe de Balance presentado al CC, agosto 1966.

29 Ana.

30 Isabel.

31 Marta.

32 Llama la atención una sección de El Popular editada a principios del 60 denominada: “El Popular para el hogar y la mujer”. En la edición del 17 de mayo de 1964, p. 8, en dicho sección hay varios recuadros: “Elija su peinado”, “El rincón de la costura”, “Rico y económico”, eran algunas de las notas de esta sección que como señala Leibner (2011) más que un indicador de pautas androcéntricas en el PCU, podría reflejar la preocupación del partido por comunicarse con ciertos sectores populares a los cuales la organización buscaba convocar.

33 Pedro

34 Mateo.

35 MLN-T. (1968). Documento Nº. 3.

36 Además una inmensa cantidad de gente realizaba actividades “logísticas”, trabajos de albañilería para construcción de berretines, documentos falsos, costura de ropa con capacidad de esconder documentos, tareas de “cobertura”, entre otros.

37 Pedro.

38 “Los orientales”, poema de Idea Vilariño musicalizado por Los Olimareños.

39 La cita está compuesta por fragmentos de los trece integrantes fallecidos.

40 Pedro.

41 Oscar.

42 Esta discusión fue característica en otras organizaciones de la izquierda armada, en América Latina también. Ver: Carnovale (2011: 210).

43 La entrevistada hace referencia a la letra de la canción de Daniel Viglietti: “Gurisito”.

44 Teresa.

45 Leticia.

46 Rafael.

47 Mónica.

48 Leticia.

49 Mariela.

50 Alfredo Zitarrosa, “Crece desde el pie”, 1984.

51 La caracterización de productivista la realiza Marisa Silva (2009).

52 Para reflexionar mejor sobre este tema, sería adecuado contar con estudios que analizaran profundamente la relación entre clase y pertenencia en estos partidos y movimientos, algo de lo que carecemos hoy en día en Uruguay. La formación teórica y el culto a esta, distingue a las culturas pero hay que analizar cuánto pesa el hecho de que desde el Partido Comunista el referente sea la clase obrera a la que hay que esclarecer y ayudarla a comprender a través del marxismo-leninismo y el partido, mientras que en el MLN-T algunos pueden despreciar la formación teórica porque la tienen, o creen tenerla.

53 La descripción que Marisa Silva realiza de la ubicación de las personas en el acto aniversario, también refleja la conservación de las diferencias de la composición del partido. Los militantes se ubican por sector laboral, barrio o departamento, hay un lugar reservado a las mujeres y a los jubilados (Silva, 2009: 38).

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