Beatriz Aurora… pintora: Historias Pintadas: el color de la lucha zapatista (+Video)

Gloria Muñoz Ramírez
Realización del video: Prometeo Lucero

Niña Defensa Zapatista

ZZZ

La pintora Beatriz Aurora habla en esta entrevista sobre la exposición “Ya se mira el horizonte”, una muestra de los cuadros más representativos que ha pintado inspirada en la lucha del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Chilena de nacimiento y de corazón, nacionalizada mexicana no sólo por los papeles que así lo acreditan sino por el sentimiento y el compromiso que la recorre, hija de españoles republicanos exiliados de la Guerra Civil, militante clandestina contra la dictadura de Pinochet, zapatista por convicción, hacedora de lienzos, madre y mujer comprometida, Beatriz Aurora tiene casi 17 años dibujando el caminar multicolor de la lucha zapatista. Sus cuadros son emblemáticos. Se diría que no hay un simpatizante del EZLN que no tenga un cartel, una postal, un separador de libros o una agenda con alguna reproducción de sus dibujos.

Durante los últimos 16 años a Beatriz Aurora se le encuentra en los caminos. Ahí, a mitad de la brecha, es más fácil de ubicar. Se le podría imaginar permanentemente detrás de un volante, pero entonces ¿en qué momento ha pintado más de 20 lienzos sobre los zapatistas, además de otros tantos sobre Cuba o los mapuche? ¿A qué hora pinta, si lo mismo lleva conejos o tepescuincles para una granja a una de tantas comunidades en rebeldía, que despacha en alguna de sus tiendas o asiste a un encuentro de o sobre los zapatistas o de alguna otra lucha en algún lugar del mundo?

Beatriz pinta profesionalmente desde 1985. Antes, su tiempo lo ocupó en la resistencia contra la dictadura de Augusto Pinochet. En 1974 fue secuestrada por el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea de Chile y durante 10 días estuvo desaparecida. Desde 1979 vive en México y en 1995, apenas un año después de la revuelta zapatista, se nacionalizó mexicana.

Las “historias pintadas” de Beatriz Aurora, como ella misma las llama, “cuentan lo que he vivido acercándome a las comunidades zapatistas, pues es una manera de mostrar que otro mundo es posible y que las grandes transformaciones las hacemos los pequeños seres cuando juntamos nuestros sueños, nuestras fuerzas y despertamos”. Fruto de este compromiso es la exposición de más de 20 de sus pinturas que recorren el mundo bajo el título “Ya se mira el Horizonte”. Sobre el caminar y significado de esta muestra, sobre los colores con lo que ve y pinta la lucha zapatista, sobre sus sueños e inspiraciones, habla Beatriz en entrevista.

– ¿Por qué elegiste el nombre de “Ya se mira el horizonte” para tu exposición?

-Con esa frase comienza el himno zapatista. Creo que la frase en sí misma sintetiza al zapatismo, es el optimismo humano basado en la construcción diaria de un camino hacia un mundo muchísimo mejor, un mundo donde caben muchos mundos, un mundo sin explotación del hombre por el hombre, sin destrucción de la naturaleza, un mundo donde se manda obedeciendo y gobiernan los mejores valores de la humanidad.

También lleva ese título porque la mayoría de los cuadros muestran cómo ese horizonte se construye a diario, porque la autonomía zapatista es de hecho un horizonte, la gente trabajando en colectivo, en armonía con la naturaleza, contentos, bailadores, solidarios, organizados, haciendo acuerdos para nacer otro mundo, así como cuenta el subcomandante Marcos en las historias que le cuenta el Viejo Antonio sobre los primeros dioses que nacieron el mundo.

– ¿Dónde se ha presentado esta exposición?

-Ha caminado por México, el País Vasco, España, Italia y Cuba y próximamente viajará a Chile. Siempre camina por abajo, en pueblitos, centros culturales de barrios, en pequeñas ciudades, y en espacios alternativos de ciudades no tan pequeñas. La muestra más reciente se realizó en Cuba, en septiembre pasado.

-¿Cómo fue recibida la exposición en este país? ¿Qué crees que les dicen a los cubanos las imágenes de la lucha zapatista?

-Fue muy bien recibida. Quedé muy contenta con la calidez y simpatía del pueblo cubano. La exposición se presentó en la Galería Mariano de La Casa de las Américas y tuvo mucha difusión por televisión, radio, prensa escrita y revistas.

Encontré un enorme interés, especialmente en los jóvenes, por saber más del zapatismo. Creo que a los espectadores les gustó el hecho de que se describa la realidad con sencillez, optimismo y alegría (eso es algo como nadar contra la corriente hoy en día-) mostrando que otro mundo es posible, que los zapatistas hace 17 años lo están construyendo. Los cuadros muestran de alguna manera que lo mejor está en lo más sencillo, que la riqueza está en la diversidad, en la fuerza, la dignidad, la ternura y alegría de los pueblos que a pesar de la pobreza, de la represión, de los paramilitares apoyados por los malos gobiernos, es decir, a pesar de todas las adversidades, están contentos porque están luchando, porque saben hacia donde van, y en su caminar van sembrando los colores y los valores de una nueva sociedad.

Para la ocasión en La Habana, hice una pintura que se llama “Cuba” y metí en ella algo de lo más representativo de su hermosa isla y de los logros de su revolución. Los visitantes se paraban frente al cuadro a buscar los detalles, y de pronto soltaban la carcajada o comentaban, “¡ay mira, chico, ahí está el camello”, que es un invento de ingeniería mecánica para transportar pasajeros en la ciudad. Los 50 años del bloqueo gringo han desarrollado una gran creatividad en ese heroico pueblo que todo lo “resuelve”, en fin- estos cuadros no son más que un conjunto de detalles que se convierten en un todo. Las pinturas están hechas para la gente que está dentro de ellas, que son los que hacen la historia, los de abajo.

– ¿Cómo te involucras en la lucha zapatista y cuántos cuadros has pintado inspirada en esta lucha?

-El 1 de enero de 1994 me dedicaba a criar a mi hija de 3 años y a pintar para sobrevivir. Estaba tratando de reponerme emocionalmente de la derrota de los movimientos revolucionarios en América Latina que costó la vida a cientos de miles de hermanos y hermanas que lo dieron todo luchando por justicia y libertad. En ese tiempo no había horizonte.

La sorpresa del 1 de enero fue que donde y cuando menos lo esperábamos. De pronto se amaneció un arco iris de hombres, mujeres y niños, un Ejército Zapatista que en vez de disparar balas, disparaba palabras, ideas, propuestas, encuentros, invitando a todas las personas honestas a participar, a aportar, cada quien a su manera, como pudieran, de forma muy libre y diversa, cosa que los diferenciaba mucho de las organizaciones revolucionarias que los antecedieron, y esa gran diferencia se da por la fusión entre el grupo original de guerrilleros y las comunidades indígenas y eso me gustó mucho, me animó a participar pintando el primero de cerca de 20 cuadros llamado “Chiapas”, que muestra esas características del zapatismo que son, a mi parecer, una de las claves de su éxito.

Luego vino el Encuentro Intercontinental, en el que participó gente de 42 países de los 5 Continentes y para el cual pinté la selva con los cinco Aguascalientes, que después se transformaron en los ya famosos Caracoles. Y así, cada que había un encuentro organizado por los zapatistas, inventaba un cartel que ayudara a difundirlo y le agregaba color al que de por sí siempre han tenido. La verdad es que en las tiendas de materiales para artistas no encuentras ni la mitad de los colores que ves cuando estás en las comunidades zapatistas.

– ¿Cuál es el punto de encuentro entre la lucha zapatista y el arte, en este caso, tu arte?

Yo creo que el zapatismo simplemente es arte. Primero porque ante todo son rebeldes, ellos tienen una forma totalmente original y nueva de hacer política. La vida es una creación permanente y la lucha, aún más. Ellos han sabido convertir la lucha en la parte más creativa de la vida y no en algo que la niega, como pasó en muchas organizaciones de los setentas, en las que para ser militante tenías que renunciar al amor, a los hijos, a los padres, a las fiestas, en fin, digamos que los zapatistas encontraron una forma artística de luchar y la música, el teatro, el baile, los murales, los telares, los adornos de los espacios de encuentro con sus plantas exuberantes, sus trajes, sus instrumentos musicales, etcétera, están siempre presentes en sus eventos.

En mi caso, pues le dio sentido a mis pinturas. Yo digo que antes de 1994 pintaba paraísos utópicos, y después del 94, paraísos reales. El zapatismo me permitió incorporar la pintura como un arma de lucha, por eso ese cuadro que se llama “Alcanzando al cometa”, ahí voy sobre la luna remando con un pincel y el cometa es el diseño maya del Universo.

– ¿Cómo ha sido la recepción de la exposición “Ya se mira el horizonte” en los distintos lugares en los que ha caminado? ¿Qué les dice a los distintos públicos?

-No he estado presente en todos los lugares a los que ha ido la exposición, pero veo que toda clase de público se detiene a mirarlas, desde niños hasta viejitos, a buscar animalitos, plantas, detalles que le son familiares. También se detienen a encontrar algo de lo que andan buscando, que yo resumo en la frase (y sueño a la vez): felicidad colectiva.

– ¿Cuál de los cuadros que has pintado sobre la lucha zapatista te gusta más a ti y por qué?

-A mí me gusta uno que se llama “Granjas Integrales Zapatistas”, quizás porque me crié a los pies de la Cordillera de los Andes en medio de un huerto de árboles frutales, y también porque fue un proyecto en el que participé, en una experiencia maravillosa, con el colectivo de mujeres de la comunidad de La Realidad, en medio de la Selva Lacandona, en un tiempo (entre 1997 y 1998) de mucha represión. Había cuarteles militares y retenes por todas partes, cientos de autoridades de los municipios autónomos en la cárcel, intentos del gobierno por dividir a las comunidades, decenas de planes por aniquilar a la comandancia, en fin, en medio de todo lo terrible, era hermoso llegar a la comunidad con la camioneta cargada de árboles frutales, gallinas, patos, conejos, plantas medicinales, y ponernos a trabajar para el futuro.

– ¿Cuál es la imagen de los zapatistas pintados por Beatriz Aurora que ha tenido más éxito o ha sido más emblemática dentro del movimiento?

No lo sé, quizás el primer cartel llamado “Chiapas”, creo que es el más difundido. Hemos hecho decenas de miles de copias que andan por el mundo. Hay uno llamado “No a la guerra” que le gusta mucho a la gente, pues sale un mundo lleno de cultivos orgánicos y personas de todas las razas y países tomadas de la mano. En la parte superior del marco (idea tomada de los amates de guerrero) dice: “Lo más oscuro de la noche es antes del amanecer”, y a mí me parece que ese es el momento que vive la humanidad y que el horizonte zapatista anuncia ese amanecer.

– Este mes se cumplen 27 años de la fundación del EZLN y próximamente serán 17 del alzamiento de 1994-. ¿Qué te dicen todos estos años? ¿Cómo los dibujarías?

-¡Pagre santo! No sé. Tendría que meter tantas cosas que tal vez me animaba a hacer un mural en el horizonte. Imagínate, el primer grupo de guerrilleros metidos en lo más selvático de la selva, la fusión del grupo guerrillero con las comunidades y el Viejo Antonio fumando su cigarro de doblador mientras le cuenta al sup las historias que hacen la sabiduría maya y toda la filosofía y valores de extraordinaria trascendencia y calidad humana que conlleva.

Tendría que pintar los Aguascalientes, los Caracoles, los coloquios, foros, encuentros, uuuy, no terminaría nunca. Mejor hago un arco iris y que cada quien se imagine lo que quiera.

-¿Cuáles serán los siguientes pasos de la exposición “Ya se mira el horizonte”?

-La exposición está abierta para ir a donde la llamen, la condición es que sea con gente y a lugares autónomos, es decir, que no tengan que ver con ninguna instancia de gobierno ni partidos políticos. Ahora quisiera llevarla a la cárcel de Angol, donde están los hermanos mapuche presos que acaban de hacer una huelga de hambre por más de 80 días para que se derogue la ley antiterrorista por la que son juzgados por defender sus tierras y su cultura.

– ¿Qué opinas del arte comprometido y militante? ¿Cuál es la labor del artista militante?

-Yo pienso que todos nacemos artistas y que la sociedad nos va reprimiendo esa ( y otras) cualidades. La primera condición para desarrollarse como artista en el mundo de hoy es ser rebelde, no aceptar que las cosas son como nos dicen, sino buscar nuestra propia interpretación, defenderla contra viento y marea y expresarla con lo que se tenga a la mano: una pinta en una pared, un graffitti, una canción, un poema, una pintura, una película, un telar, un grito, un ¡ya basta! La labor del artista militante es no dejar de ser rebelde y ayudar con su trabajo a difundir y a enriquecer las múltiples luchas de los pueblos. En pocas palabras, no mirar para adentro sino para afuera de su yo ó, como diría el sup, dejar de ser yo para ser nosotros.

– ¿Cuáles son tus inspiraciones actuales?

-Son muchas más de las que tengo capacidad de pintar. Quisiera hacer una pintura de cada pueblo en lucha, de los palestinos, los saharahuis, los colonos de Lomas de Poleo, en ciudad Juárez; las viudas de los mineros de Pasta de Conchos, que no eran 33 sino 65 y que no estaban a 700 metros de profundidad sino a sólo 150; sobre la lucha que llevan a cabo los nahuas de Ostula, Michoacán; y la resistencia indígena en cualquier parte del mundo; la construcción de espacios autónomos; y un largo etcétera.

También quiero pintarle al amor, al futuro, a las estrellas, en fin, ¡casi a todo!

– ¿Seguirás pintando la lucha zapatista?

-Claro que sí. He de confesar que a pesar de todo lo que he dicho aquí, me cuesta mucho trabajo sentarme a pintar y, aunque no lo parezca, soy una pintora que pinta muy poco porque siempre tengo otras cosas que hacer. Las pinturas zapatistas son las únicas que logran tenerme sentada más de una hora seguida y que me disciplinan para destapar los colores y convertirlos en historias pintadas.

Ya se mira el horizonte

http://desinformemonos.org/2010/11/video-beatriz-aurora/

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