NIETZSCHE POSMO Y EL NEONIETZSCHEANISMO. (EL DISEÑO IDEOLÓGICO DE UNA CASTA IMPERIAL INMORTAL DE PLUTÓCRATAS EUGENÉSICOS)

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Democracia-Imperial

NIETZSCHE POSMO Y EL NEONIETZSCHEANISMO

EL DISEÑO IDEOLÓGICO DE UNA CASTA
IMPERIAL INMORTAL DE PLUTÓCRATAS EUGENÉSICOS

Extracto, pp. 28 a 48. Spinoza. Marx y Nietzsche.
Conversaciones Filosóficas con Nicolás González Varela
[2013]

“…Se ha intentado “democratizar” a Nietzsche, maquillarlo, domesticarlo. Nietzsche nunca fue, ni pretendió ser, un demócrata, mucho menos un anarquista. Se trata de una fábula, un Nietzsche que aparentemente llevó “una vida como literato”, pero una fábula institucionalizada y legitimada con el sello académico.

Basta simplemente con saber leerlo con lentitud, -una condición que exigía de sus lectores-, para descubrir lo opuesto. Él mismo definía su pensamiento como eminentemente ético, como una suerte de radicalismo aristocrático. Llamar a la filosofía política de Nietzsche un aristokratischen Radikalismus, (término que el propio Nietzsche aceptaba de su primer biógrafo y divulgador Georg Brandes) es hoy un grito en el desierto, un escándalo, ir contra corriente, enfrentarse al poder de la filosofía como institución, no seguir la moda marcada en París, verse aislado (de colegas y recursos), en algunos casos no poder investigar o publicar.

Los grandes historiadores sociales o de las ideas (pienso en Domenico Losurdo, Eric Hobsbawm, Norbert Elias, George Lichtheim, Arno Mayer, Zeev Sternhell o Ernst Nolte), no tienen ningún inconveniente ni tabú en “situar” al pensamiento de Nietzsche en la gran corriente reaccionaria que desembocará en el fascismo europeo.

Parece que entre gremios académicos la calibración de época del pensamiento nietzscheano es diametralmente opuesta.

Ahí algo está sucediendo, es síntoma de problemas, señala un obstáculo ideológico profundo. Su filosofía práctica es incompatible no sólo con el Socialismo y el Comunismo, sino con cualquier idea de democracia tibiamente liberal. Es incompatible con la Modernidad in toto.

Una y otra vez en sus escritos esotéricos como exotéricos, -los publicados y los no publicados-, como en su correspondencia, ataca sin piedad el carácter cada vez más democrático, cada vez más horizontal de la Modernidad. Y propone una alternativa bien diferente. No un retorno al Ancien Regime que existía en Europa antes de 1789; no, nada de volver a las viejas jerarquías feudales; sino la creación y cultivo de una nueva casta de señores que dominará Europa y luego la Tierra.

niñaparedY para ello Nietzsche meditaba sobre qué forma Estado sería la más conveniente y funcional. En los aforismos póstumos, la frase es de 1884, de los llamados Nachlass, es incluso más duro, señalando que la concepción que tienen los socialistas de una “alta sociedad” (la democracia social) es en realidad lo más bajo en el orden del rango de la Naturaleza, el Rankordnung, y describe la doctrina democrática como la conclusión lógica de los seres en el último peldaño del orden natural, de los más idiotas y envidiosos.

Nietzsche a nivel retórico-polémico usa lo que él llama el sentido político de la metáfora. Con frecuencia utiliza la palabra Heer, rebaño, para referirse al homo democraticus, incluso “crea” conceptos nuevos peyorativos como aparato crítico contra la idea democrática como Heerdenglück, Heerden-Furchtsamkeit, Heerdengewissen, Heerdeninstinkt, Heerden-Tugenden, Heerdenmensch, Heerden-Moral, es decir: Felicidad de Rebaño, Timidez de Rebaño, Instinto de Rebaño, Virtudes de Rebaño, etc.

La democracia es una tiranía del rebaño, de los “demasiados”, de las “moscas comunes”, de los Untermenschen.

La Genealogía, un componente básico y crucial para Nietzsche en toda crítica a la Modernidad, demostraba ante sus ojos que los restos del Judaísmo, el Socratismo, el Cristianismo, latía bajo la forma de la teoría democrática en el mundo desacralizado burgués. Y para él, la más terrible revuelta es la imposición de la igualdad entre los hombres, depravación fisiológica y moral que lubrica al estado democrático.

Quisiera contar una anécdota. Oscar Levy fue el introductor de Nietzsche en Inglaterra, era un médico de origen judío y estaba entusiasmado con Mussolini como encarnación del ideal nietzscheano. Se conocieron personalmente y en una carta de 1924 Mussolini le confiesa:

“Usted alude al ‘color nietzscheano’ de mis discursos y escritos. Está en lo correcto en asumir que estoy influenciado por él. Quince años atrás, cuando era un hombre joven y había sido expulsado al cantón suizo, me topé con sus libros. Los leía a todos sin excepción. Me impresionaron profundamente. Los libros de Nietzsche me curaron de mi Socialismo. Abrieron mis ojos sobre la jerga de los políticos como aquello que ‘el consenso de los gobernados’, y sobre la creencia del valor íntimo de cosas como ‘el Parlamento’ y ‘el sufragio Universal’”.Horizonte

La segunda [“revuelta” nietzscheana] es el rechazo al Mundo qua Naturaleza, la Naturaleza entendida como un Ordnung jerárquico. Estos dos elementos básicos de la ilusión democrática, que fueron potenciándose desde la decadencia de la Grecia trágica, se basan, como señala con ironía, una torpe malinterpretación de la idea moral cristiana.

El cristianismo es vendetta de las clases inferiores, puro ressentiment contra la aristocracia y los mejores y Pablo es “el hebreo, el eterno hebreo par excellence“, manipulador de masas con el cinismo lógico de un rabino que se camufla en lo sacro para obtener el poder.

En un fragmento póstumo escribía: “el bienestar sobre la Tierra es la tendencia de la religión judía… contra la despreciable frase judía de que el cielo está en la Tierra”. Sólo es posible poner en cuestión las ideas morales y políticas de la modernidad burguesa (que incluye el socialismo) con la condición de hacer el ajuste de cuentas definitivo con el cristianismo.

El cristianismo es el que ha creado el modelo revolucionario por complot, “conjura maligna” (Verschwörung) le llama Nietzsche, la rebelión de los miserables contra los bien nacidos y victoriosos.

El monoteísmo, un solo ser superior, niega la posibilidad de la existencia de una casta de superhombres, con lo que se niega teológicamente su existencia en la Tierra. Sobre un mundo, el helénico-romano, que consideraba obvio y “natural” la desigualdad y la institución de la esclavitud, el hebreo-cristianismo impone que todos somos iguales ante Dios.

Nietzsche creía que las mejoras en el “hombre-tipo” solo las podría efectuar una sociedad aristocrática, piramidal, con sus clases y estamentos químicamente separados, una sociedad que creará un nuevo orden jerárquico, que diferenciara e hiciera desiguales a los hombres entre sí. La democracia, incluso la monarquía constitucional, no era más que un síntoma más de la decadencia y morbosa declinación de Occidente. Nietzsche estaba bien obsesionado con la idea de Democracia: el concepto aparece en su obra nombrado 170 veces

Es uno de los términos (con sus variantes) que con más frecuencia usa. Dice Nietzsche:

“El descrédito, la decadencia y la muerte del Estado, el impulso a la persona privada (me cuido de decir: el Individuo) es la consecuencia del concepto de Estado Democrático; en esto consiste su Misión.”

La lucha epistemológico-política entre el liberalismo y el aristocratismo radical, la traducción metafísica de las luchas políticas en el ascenso de la burguesía, nacieron con la Gran Revolución francesa. Desde el debate de Hegel contra la escuela reaccionaria del derecho de von Haller, pasando por Benjamin Constant, Alexis de Tocqueville, Burke, De Maistre, Taine, Renan, Spencer hasta llegar a su maestro Schopenhauer, Nietzsche se encuentra situado en el clima ideológico de la restauración europea. Los motivos nominalísticos extremos en la crítica reaccionaria a los principios universales (Droits del hombre, etc.) serán un punto saliente de la Kulturkritik de Nietzsche hasta llegar a su perspectivismo como Voluntad de Potencia.

Mi libro Nietzsche contra la democracia lleva por subtítulo “El pensamiento político de Friedrich Nietzsche (1862-1872)”. Hegel señalaba, con justeza, que el subtítulo de un libro era en realidad su “título secreto”. Mi intención es abarcar toda la vida activa de Nietzsche e intentar leerlo a contrapelo de la corriente tradicional, anteponer la centralidad política (y ética) de su pensamiento, reafirmarlo como un pensador totus politicus, o en su propio lenguaje, como filósofo-legislador.

El libro abarca la primera (y subestimada) etapa inicial de Nietzsche, un período intelectual fundamental en su desarrollo, y que ha sido menospreciado por los escolares y especialistas académicos, que sólo consideran digna de su obra lo que ha escrito en los últimos cinco años de su vida.

El Nietzscheanismo ha vulgarizado determinados topos nietzscheanos, ha canonizado un par de textos y una determinada parte de su evolución intelectual, y construido un Nietzsche mutilado, irreal y ad usum delphini. Esa es la primera reivindicación del libro, una operación textual que funge en el corazón mismo desde donde se construye hermenéuticamente un falso y maquillado Nietzsche. La segunda reivindicación implícita es que ese menosprecio por sus primeras etapas van contra la letra y el espíritu del propio Nietzsche. Como señalo en mi libro, el propio Nietzsche maduraba sus ideas volviendo una y otra vez sobre sus libros primerizos, sobre sus manuscritos de años pasados, incluso volvía a releer varias veces los libros preferidos de su juventud.

equilibrio-imperialPara entenderlo en su magnitud y profundidad como pensador, debemos darle la misma jerarquía en la exégesis que los famosos y cansinos textos tardíos sobre el Eterno Retorno de lo igual, Voluntad de Poder, el Übermensch o el Nihilismo. Y es que justamente estos conceptos centrales para el Nietzscheanismo son incomprensibles sin el humus político de su etapa de formación. De hecho descubro en el libro muchos gérmenes y esbozos ya en años muy tempranos, lo que nos indica una increíble continuidad y coherencia en su obra.

Mi intención, en la cual ya estoy trabajando en la actualidad, es seguir el trabajo sobre Nietzsche político hasta completar su etapa activa. Me he detenido tanto por razones de trabajo como editoriales, pero la acotación temporal no está significando ninguna valoración ni del Nietzsche medio, ni del joven.

La importancia de Nietzsche, su fama y puesta de moda, en la institución académica (una paradoja para un autor que aborrecía al “profesor de filosofía” y a la academia burguesa in toto) es reciente. Podemos fijar fecha: después de 1945 Walter Kaufmann lo ha rehabilitado y santificado para el mundo anglosajón; los libros de Gilles Deleuze le dieron el bautismo institucional en Europa (y el necesario guiño desde la industria filosófica parisina) y lo terminó de “legitimar” la deconstrucción, el posmodernismo y el neopragmatismo.

El Nietzscheanismo era ya un fenómeno de literatos, artistas y poetas a fines del ‘900, pero sin el prestigio de ser reconocido como filósofo digno de la universidad burguesa. Nietzsche tuvo que esperar para figurar en el panteón de los autores respetables.

La espera fue en realidad una paciente represión/mutilación/domesticación de sus textos. Un caso similar es, salvando las distancias, el que ocurre con Heidegger. La importancia de Nietzsche, su “suerte” y los derroteros de su recepción (siempre acrítica), cobra importancia a partir de que es “reconocido” como propio por la Academia (=estado), incorporado a sus planes de enseñanza (mientras, por ejemplo, Marx no), masificado, edulcorizado y finalmente reducido a una Vulgata.

La Vulgata nietzscheana no comienza en la interpretación y en la exégesis caprichosa y maquillada, sino en la misma traducción de sus textos, en el aparato crítico de sus libros. El “clima interpretativo” comienza ya en las mismas ediciones de Nietzsche: el problema no son las imprecisiones del traductor, los errores o las precisiones filológicas: casi ninguna traducción está exenta de divergencias lingüísticas y semánticas. El problema es el método que, como protocolo ideológico oculto, preside las imprecisiones, los errores y las variantes. En las ediciones en español es donde en primer lugar se “construye” la hermenéutica de la inocencia de Nietzsche, un curioso Nietzsche castrado y expurgado, irreconocible.

Los textos de Nietzsche en español hay que tomarlos con cuidado y si es posible contrastarlos con los originales en alemán. El clima ideológico del Nietzschéisme los ha expurgado, en el espíritu ecuménico de Kaufmann, Colli y Foucault, de toda connotación política e histórica, a pesar del mismo Nietzsche. La lectura en clave “musical” de Nietzsche es una forma elegante y académica de autocensura.

La imprecisiones no se deben a las limitaciones en el manejo de la lengua alemana, sino al propio método, cuya preocupación no es entregar el texto de Nietzsche en condiciones hermenéuticas óptimas, sino en defenderlo, blindarlo y resguardarlo de toda connotación histórico-política.

Un segundo nivel de autocensura es el aparato crítico de geometría variable en las ediciones de Nietzsche: se evita toda cita que tenga que aclarar o ampliar información que no se ajuste al canon oficial. La Vulgata nietzscheana distorsiona ya desde su método el mismo trabajo de edición, obsesionada por remover, minimizar, banalizar o reprimir, como un elemento disruptor en la sana comprensión del Nietzsche puro, el mundo vital histórico y político.

Esta obsesión de la hermenéutica de la inocencia puede llegar a la misma autocensura, de las cuales relato algunos casos en el libro. La venerada tradición se traduce un Nietzsche excomulgado, exorcisado, mutilado, que en realidad le quita toda la terrible grandeza de su pensamiento.

Una hermenéutica de la inocencia que expurga sus escritos de toda connotación con el mundo histórico, político y social, y que, llegado el caso, suaviza cosméticamente sus terribles conclusiones. Salvo liquidando o reprimiendo etapas completas de su desarrollo intelectual, salvo eliminando lo que efectivamente escribió de puño y letra, salvo intentando trastocar sus textos en alegorías y metáforas espirituales, no es posible mantener la coherencia del pensamiento de Nietzsche si no se lo comprende como una denuncia militante y Kulturkritik a la Modernidad burguesa y la revolución.

Supuestamente Nietzsche asume que su política de transvaloración de todos los valores y Kritik a la Modernidad, ha inaugurado esta nueva dimensión de la filosofía práctica. Nietzsche no trata a las formas del Estado como parte de la teoría jurídica general del Estado, sino como elementos de la teoría general natural-social del Estado, invirtiendo las tendencias de la filosofía política de fines del siglo XIX, tales como se estaban desarrollando en la propia Europa.

Paradójicamente el concepto grosse Politik nietzscheano es muy problemático y enigmático, casi tanto como sus famosos coetáneos “Eterno Retorno” o Übermensch. La expresión, un ironischer Begriff, un concepto irónico, es usada una treintena de veces en sus escritos, siempre referida a sucesos político-sociales contemporáneos ocurridos en el IIº Reich y criticando a la Realpolitik de Bismarck. A pesar de la hermenéutica de la inocencia del Nietzscheanismo, Nietzsche es mucho más agudo e inteligente que sus acólitos posmodernos: no sólo le interesa la Política, sino que en su perspectiva nunca limita su concepto y alcance al fenómeno del Poder tal como se presenta en La Modernidad. Diferencia, bien como tú señalas, entre dos niveles de lo político, con la metáfora espacial de pequeño o grande. Así la kleine Politik, “pequeña Política” aparece relacionada con el amor por el Poder en sí mismo, la lucha de partidos, etc. que produce una sensación fantástica en los hombres y termina alejando a la grosse Politik de las aguas profundas.

Sobre la “Gran Política” hay una veintena de menciones sin aclarar en la década de 1880’s y la única definición formal que conocemos del concepto recién llegará muy tarde, enero de 1889, en el Nachlass. Nietzsche explica su idea en dos proposiciones.

Primero dirá que la “Gran Política” hace a la Fisiología dueña de todas las cuestiones (incluida la social y la obrera) y que ella será la que creará con su poder una raza humana fuerte que eliminará los elementos parasitarios y degenerados, privilegiando lo que llama höheren Art Seelen, un tipo superior de almas.

La segunda proposición es que la “Gran Política” es una guerra a muerte contra el vicio, y vicioso es para Nietzsche cualquier ataque o enfrentamiento contra la Naturaleza y su Rangordnung, es decir: la misma idea democrática. Por ello la solución final al problema democrático (y a la cuestión social) será tarea primordial de la Fisiología, ya que se debe dar traducción política en una particular forma de dominio estatal, a la justa separación química de los diferentes tipos de hombre que nos señala el orden natural, injusto y no-igualitario, de la misma Naturaleza.

Por ello en la utopía nietzscheana ya no habrá ni estamentos como en el Ancien Régime, ni clases como en el mundo burgués, sino castas férreamente sujetas y segmentadas. Nietzsche se enfrenta a la desmembración de la antigua Politik en una doctrina abstracta de la lucha por el Poder en-sí (Maquiavelo) y, por otra, en un derecho natural racional público (Hobbes).

Cuando Nietzsche incluye en sus juicios políticos conceptos e instrumentos tomados de ciencias como la Economía Nacional, la Fisiología, la Pedagogía, la Psicología, la Antropología, la Sociología o la Geografía, que nos parecen hoy en el siglo XXI referencias extrañas y ajenas, simplemente está haciendo retornar al viejo concepto de la filosofía práctica ciencias que se “dedujeron” de ella con la Modernidad.

¿Es la grosse Politik nietzscheana el equivalente reaccionario de la antigua episteme politiké como ciencia directora? Creemos que sí. Para Nietzsche es indudable, aunque sólo nos haya dejado esbozos e intuiciones, que la grosse Politik se basa en la superior perspectiva fisiológica y resulta la clé de voûte en la lucha contra la Modernidad.

El conflicto bimilenario entre Señores y Esclavos lo domina todo, no es una dialéctica histórica sino una diferencia naturalística y oposición sin síntesis. Si para Marx el motor de la historia de la Humanidad es la lucha de clases, el conflicto dejaba zonas políticamente neutras, esferas en las cuales lo político no tenía la posibilidad de una relación inmediata. Un ejemplo: el Arte o la propia Ciencia, un ámbito parcialmente trascendente a la oposición y lucha entre clases.

Nietzsche es más radical: no existen territorios “neutros”, todo está subsumido a la lucha mortal (y eternamente igual) entre la Moral del Señor y la Moral del Rebaño, de los esclavos. No se escapa ni los poemas de Homero, ni la tragedia de Eurípides, ni la ópera, ni el silogismo socrático, ni siquiera ¡la misma Física!, que con sus teorizaciones de leyes válidas para todos re-envía inmediatamente al igualitarismo.

Para Nietzsche el entero devenir histórico se encuentra en todo momento y ámbito atravesado por el encuentro entre señores y siervos, que no sólo es plurimilenario sino en último análisis eterno, y no existe ninguna producción artística o cultural (incluida su propia filosofía) que pueda ser inmune a la actualidad y presencia de este combate. Daré un ejemplo que pocos conocen sobre la propuesta de Nietzsche de un contrasilogismo, un silogismo antisocrático.

¿Cómo poner en el filo de la Kritik a la decadencia de Occidente dos mil años de historia y de falsa conciencia? La única posibilidad es ir más allá de la esfera socrático-cartesiana conceptual y consciente. No pueden usarse instrumentos lógicos heredados de la bárbara Modernidad (que incluye al propio Aristóteles). Se debe aferrar el “sentido” de la vida en su orden jerárquico natural y transmitirlo a los mejores. ¿Cómo hacerlo? Nietzsche intenta, primero a través de su propio estilo (anti sistémico y anti ensayístico, en forma y contenido, aforismo, poesía. etc.), luego a través de un método de antisilogismo radical.

LaNosotros-o-el-caos hipótesis de Nietzsche es que los hombres inferiores (“escasos de fuerza vital”, Untermensch) tienen necesidad, por su simpleza e idiotismo, de “la lógica, la inteligibilidad abstracta de la existencia, porque la lógica tranquiliza e inspira confianza”.

Para comprender esta pasión por el silogismo y la deducción cartesiana, dice Nietzsche, “basta fijarse en los anarquistas”. Los Übermensch, los superhombres, “el ser cuya exuberancia es mayor”, el hombre dionisiaco, no necesita de este género de deducción (que “disipa el temor”).

Al tradicional silogismo (en alemán: Schluss) Nietzsche le superpone el “silogismo retrógrado” o refluente (Rückschluss) como método de indagación que permite superar la lógica tradicional:

“se trata de deducir de la obra su autor, del hecho quien la ha realizado, del ‘ideal’ aquel para quien es una necesidad, y de cualquier manera pensar y de juzgar las cosas a la necesidad a que responde”.

El “silogismo retrógrado” permitiría, combinando fisiología, psicología e historia, llegar a lo que Nietzsche llama “interpretación”, el martillo del crítico contra la Modernidad. El alogicismo de Nietzsche es una elección consciente, apoyada en el diagnóstico milenario que la mediación conceptual, la “escolástica de los conceptos”, la cadena de demostraciones está viciada ideológicamente hasta la médula (carece de todo valor para el “partido de la vida”) y la relación ser y pensamiento se basa ahora en capturar la “estructura del alma”, en un nexo misterioso entre interprete e interpretado.

Es una discusión y exploración del intento de ruptura epistemológico de Nietzsche que nos llevaría todo un libro.

Jaspers llevaba la razón cuando afirmaba, en un trabajo que influyó mucho en Heidegger, que Nietzsche había diluido el discurso filosófico y epistemológico en la pluralidad de la psicología de las visiones del mundo. Contra lo que pensamos, Nietzsche no era un contemplativo, ni un santón retirado, ni un mandarín académico, ni un alienado rumiando su sistema filosófico: pensaba a sus libros como anzuelos, como redes que influirían sobre los que influyen. Yo soy un martillo, repetía, siendo consciente de su papel en la lucha ideológica. Su paradigma de Übermensch, de Superhombre era justamente el menos contemplativo y el más político de los filósofos de la Antigüedad: Platón.

* * *

Nietzschéisme, Nietzscheanismo, significa, en el sentido más banal de la palabra, entusiasmo, enamoramiento y admiración por Nietzsche. En casos extremos seguimiento ciego y fanático, ideología en la filosofía. Se debe al filósofo Rudolf Steiner el haber acuñado el término Nietzscheanismus ya en el temprano año de 1892, en propia vida de Nietzsche se había desarrollado una suerte de Kult patriótico-intelectual en torno a su obra.

No se trata en exclusiva de una hermenéutica de marca francesa, ni lamentablemente se trata de un problema de herramientas de interpretación y exégesis. Hay algo más, el filósofo Macintyre, no sin ironía, afirmaba con razón que “Nietzsche es también por otra causa el filósofo moral de nuestra época.” ¿Qué quiere decir con esto? Que el Nietzscheanismo es algo más que una “escuela”, que se ha transformado de 1945 en adelante en un componente esencial y productivo de la ideología dominante.

Es parte del núcleo duro de la ideología del liberalismo libertario, fase del capitalismo globalizado, del capital posfordista, cuyo elemento distintivo es represión total al productor y libertad total al consumidor. Esta fase “post” del capitalismo se ha liberado del viejo odre del estado asistencial (o populista en América Latina) y ya no necesita extensiones artificiales en su corpus ideológico.

Por eso el Nietzschéisme es primeramente un revisionismo filosófico (la edulcoración sistemática del Nietzsche real, la elaboración de una compleja hermenéutica de la inocencia, que permite continuar un combate contra Marx desde una perspectiva contextual de una pretendida sociedad ideal de consommation.

Los symptômes están ahí y son notables: una nueva “Festung” Europa dirigida por una aristocracia natural, la reducción del hombre a su biología, la interpretación étnica del delito y de la geopolítica, la reducción del conocimiento y la ciencia a su rentabilidad, el desprecio de la razón por impulsos emocionales e intuitivos, la justificación de la superioridad moral-racial de Occidente, formas de dandysme cultural, reivindicación y recurso al mito (y a referencias teológicas), nuevas formas de esclavitud laboral, el neoindividualismo amoral, etc.…

El Nietzscheanismo paradójicamente no puede soportar al Nietzsche real, en letra y espíritu, lo acepta y lo reproduce si lo deforma para que pueda vestir un poco incómodo la toga neoliberal. El Nietzschéisme quizá entra en su fin de ciclo histórico, pero vale la pena preguntarse: ¿es válida esta recuperación desde el campo progresista? ¿Es posible encontrar a través de todos los Nietzsches posibles una coherencia política? ¿No existirá una complicidad secreta, vergonzosa, oculta en la asimilación amistosa de Nietzsche en el courant intelectual de la ideología dominante? ¿Es Nietzsche (además de Heidegger) el autor perfecto para combatir estructuralmente al pensamiento de la revolución, el principio esperanza? La respuesta a algunas de estas preguntas intento responderlas en el libro.

Una cita de Nietzsche: “¿Quién ha de ser el Señor de la Tierra? Esta cuestión es el estribillo de mi filosofía práctica”. ¿Quién ha de ser el señor de la Tierra en su opinión?

Es una cita tardía, de 1884, que contiene todo el horror y toda la grandeza del pensamiento antimodernista de Nietzsche. El Señor de la Tierra, der Erde Herr, es para Nietzsche un sujeto todavía potencial, inexistente, que hay que crear.

Nietzsche es el portavoz, el mismo se presenta como un arúspice que puede leer en las entrañas del odiado presente, el anunciador de estas condiciones de emancipación de los mejores de la decadencia burguesa.

Es una terminología ya madura, la temática se empieza desarrollar en Humano, demasiado humano hasta que llega a su clímax en Así hablo Zarathustra, que lentamente reemplaza a la figura de juventud de la casta de los Genios (que analizo ampliamente en el libro) y a la de los hombres libres de su etapa intermedia. Retóricamente en los textos de Nietzsche, “Señor de la Tierra” aparece por oposición y exclusión a Sklaven, Esclavos.

Se trata siempre de una Aristocracia, de una nueva Casta dominante, centrada en Europa (ya no exclusivamente en la Alemania del IIº Reich) conformada y generada muy al estilo platónico. El nuevo Señor de la Tierra será un producto de la grosse Politik y su triple dimensión fisiológica, educativa y política. Y esto sólo es posible con una enorme inversión epocal, una ¿contrarrevolución?, ya que como Nietzsche señala “se ha hecho esclavo en la Modernidad al Señor”.

Sin lugar a dudas Nietzsche de joven era judeófobo, ahí están los textos y cartas, o su adhesión sin críticas durante más de una década al ideal de Wagner o sus contactos y elogios con personajes antisemitas como Treitschke o Lagarde. ¿Imaginó Nietzsche segregaciones sociales posmodernas? Por supuesto: la utopía política nietzscheana era un platonismo extremo, radical, donde la forma-Estado debía separar “químicamente”, “fisiológicamente” (los términos son de Nietzsche), que, volviendo al tema, no es otra cosa que la tarea primordial de la grosse Politik, de la “Gran Política”.

En la etapa que abarca mi libro puede verse ya como flotan en los subsuelos de su filosofía práctica tanto la judeofobia (acompañada de una teutomanía casi caricaturesca) con el radicalismo aristocrático.

En este caso, como en la gran mayoría de su filosofía práctica, en Nietzsche no hubo cambio, sino acumulación, continuidad, endurecimiento y retorno, o en sus propios términos Anhäufung. No lo digo yo, investigadores nietzscheanos honestos reconocen que el ideal político de Nietzsche al final de sus días, en 1888, era la forma-Estado Dórica, la institución de la esclavitud y la sociedad basada en el sistema de castas. Lo que asegura una eticidad en los ciudadanos es para Nietzsche en todas sus etapas intelectuales la coerción brutal, la competencia ciega de instintos y la segregación orgánica entre una minoría y el resto de los habitantes, único cemento de la sociedad que permite florecer el genio y la cultura trágica y generar una nueva aristocracia, los Señores de la Tierra.

El Nietzscheanismo siempre ha negado, sin demostrarlo, la absoluta indiferencia olímpica de Nietzsche no sólo por la cuestión social, por lo político en la Modernidad, sino incluso su desdén sobre autores que podríamos llamar “políticos” o “sociales”. Nada más lejos de la realidad. Gran parte de su formación integral, uno de los autores que más influenció su pensamiento fueron los libros de un socialista-liberal, Friedrich Lange, un escritor socialdemócrata neokantiano que no era ni filósofo profesional ni siquiera científico. Lange le causó una conmoción espiritual como le cuenta a su amigo Mushacke el mismo año que compró el libro, 1866:

“la obra filosófica más importante del último decenio es, sin duda, la de Lange… sobre la que podría escribir un discurso laudatorio de un montón de páginas. Kant, Schopenhauer y este libro de Lange. No necesito más.”

Lo curioso era que primero Lange no era un filósofo de cátedra, ni siquiera un especialista académico: era un outsider, simple profesor de secundaria y periodista de la izquierda reformista, que incluso llegó a debatir con el propio Marx (y Lenin). Lange le inspirará a Nietzsche en la crítica a Platón, en la idea que Aristóteles depende estrictamente de Platón, en conocer a Darwin y sus epígonos, en su crítica a Strauss, en la variante epistemológica psicológica, en la crítica tanto a la “cosa-en-sí” de Kant como al cristianismo, incluso en sus ober dicta filosóficos. Compró ejemplares del manual de Lange y se lo regaló a sus amigos íntimos. Como buen bibliómano Nietzsche no sólo leyó y releyó, anotó y escribió resúmenes del libro, sino que… ¡compró las cinco ediciones ampliadas desde 1866 hasta 1887! Además adquirió todos los libros escritos por Lange, incluso los tratados políticos, como Die Arbeiterfrage in ihrer Bedeutung für Gegenwart und Zukunft (“La cuestión obrera y su significado para el presente y el futuro”, 1865), aunque ante sus lectores y admiradores jamás podría haber reconocido su admiración y deuda intelectual por un décadent socialista-liberal.

Otro autor que leyó de manera vergonzosa, además del anarquista individualista Max Stirner, del anarquista colectivista Bakunin y del socialista Ferdinand Lassalle, fue el socialista antisemita y de corte schopenhaueriano Eugen Dühring, el mismo que tuvo un debate con Engels, quién quería fundar un “Materialismo Heroico”.

El del Anti-Dühring. Para que nos demos una idea, a partir de 1875 Dühring, que además era un nacionalista prusiano, fue uno de los escritores más leídos y estudiados por Nietzsche, del cual adquirió todos sus libros e incluso su autobiografía. Estas fuentes son consideradas como una vía regia al conocimiento de Marx y Engels, de los cuales sabemos que conocía indirectamente. Incluso Nietzsche maneja conceptos críticos de la Economía Política con total soltura, como Clases, Explotación, Plustrabajo, Ganancia, etc.

Filológicamente está demostrado, los datos in extenso se encuentran en mi libro, el conocimiento de Marx por Nietzsche: hacia 1872 Marx aparece nombrado, comentado y citado en once libros de la biblioteca privada de Nietzsche, por nueve autores leídos con detenimiento, en seis de ellos (Lange, Dühring, Frantz, Schäffle, Bebel y Jacoby) se citan con amplitud párrafos completos del propio Marx y en varios casos Nietzsche ha subrayado el nombre de Karl Marx con doble línea.

Los libros propiedad de Nietzsche que analizan a Karl Marx, nombran sus obras e incluso citan párrafos extensos de sus pensamientos, son de autores como Lange, Jörg, Dühring, Meysenburg, Frantz, Schäffle, Frary, Bebel y Jacoby. Además debemos decir que Nietzsche era un gran lector de economistas políticos, como Schönberg o Carey, historiadores sociales e incluso Filosofía del Derecho, todas ellas fuentes indirectas y de segunda mano para conocer a pensadores socialistas o comunistas. Cada vez nos parece más extraña la idea que Nietzsche era un apolítico visceral, como sostienen el Nietzschéisme, de Kaufmann a Sloterdijk, de Nehamas a Nussbaum, de Deleuze a Derrida, de Colli a Vattimo o que le era ajena la problemática social de su época.

¿MonosInspiró a Nietzsche la obra de Schopenhauer? En realidad Schopenhauer será el segundo gran filósofo que le influenciará de por vida, después de Platón. Nietzsche, que a los 21 años era un schopenhaueriano fanático, rápidamente lo supera y le crítica en varios puntos clave, aunque en realidad admiraba más el carácter de Schopenhauer que su obra académica estricta.

El reaccionario Schopenhauer (crítico a la idea de progreso, a la cual contrapone la inmutable realidad aristocrática de la Natur; enemigo mortal de la Democracia y partidario del Absolutismo monárquico) representaba a sus ojos “una seriedad fuertemente viril, un rechazo de lo vacío, insustancial, y una inclinación a lo sano y sencillo”. Schopenhauer es para Nietzsche el filósofo de un clasicismo redivivo, de un posible Helenismo germánico, “Schopenhauer es el filósofo de una Alemania regenerada.” Hellas y Bismarck podían lograr una síntesis magnífica e insuperable y ser la expresión más fuerte e inactual de su tiempo.

Por supuesto todos los libros de Schopenhauer serán incorporados a su biblioteca personal, estudiados en detalle, profusamente anotados. Además Nietzsche trató de leer (y comprar) todos los estudios o monografías, hasta las críticas, de las cuales fue lentamente absorbiendo las limitaciones de la teoría schopenhaueriana. Incluso el descubrimiento casual pero profético del libro en una librería de viejo es descrito por Nietzsche en detalle como la marca del Destino.

Ahora sabemos que Nietzsche ya había oído hablar de Schopenhauer en lecciones de instituto en Pforta y que había leído largos comentarios sobre la obra schopenhaueriana en manuales escolares o de historia de la filosofía, mucho antes de la epifanía que nos relata. Nietzsche mismo oponía el Homo Schopenhauer a lo que llamaba el Homo Rousseau…

La influencia de más largo aliento en el Nietzsche totus politicus, en su pensamiento político, además de Burckhardt, Wagner y el bismarckismo genérico, es sin lugar a dudas el “divino Platón”, como le llamaba su maestro Schopenhauer.

Es otra arista de su formación subestimada u ignorada por la Vulgata nietzscheana. Podría definirse a Nietzsche como el platónico por antonomasia entre los filósofos modernos. Platón es el filósofo que más cita Nietzsche en toda su obra, casi al mismo nivel de Schopenhauer y el que primero lo influenció ya en su juventud en los último años de la secundaria.

Numerosas, pero a veces difíciles de detectar, son las referencias a la teoría platónica de la Política, el Derecho y el Estado, incluso se pueden encontrar anotaciones e interpretaciones e intentos de su aplicación a otros temas, entre ellos el de la educación, la concepción y rol de la mujer en la sociedad, el valor productivo del instinto y del amor, la pederastia, la función de la clase trabajadora y la cultura del Genio.

El platonismo político es esencial en la conformación de su Ideologie kritik reaccionaria. También será fuente de inspiración de su concepto de grosse Politik, la “Gran Política”, que remite la antigua agenda política de “quién debe gobernar” y sobre la relación medios-fines. Además, como en el caso de Schopenhauer, Platón, con su trágico y admirado Charaktertypen de legislador y político práctico, es el modelo del Übermensch nietzscheano. Nietzsche afirmaba, a contracorriente de una visión académica-contemplativa de la época, que

“Platón no debe ser considerado como un sistemático in vida umbratica, sino como un político revolucionario que desea subvertir el mundo entero y que con este objetivo es, también, escritor”.

Recordemos que dentro de la filosofía política antigua, Platón puede definirse de manera global como el arquitecto de la anti-Polis, una versión idealista de la reacción aristocrática. El estado-ideal de Platón está totalmente enfrentado y es reactivo a los fundamentos políticos democráticos de la Atenas de su época.

Nietzsche incluso había proyectado realizar un trabajo sobre filosofía antigua centrado exclusivamente en La República de Platón. Todo Platón es leído, interpretado y asimilado en clave ético-política, en especial desde su praxis de agitador y reformador. La Persönlichkeit, la personalidad de un pensador debe siempre privilegiarse por sobre sus obras exotéricas y esotéricas. Lo escribió en una bella fórmula: “Der Mensch noch merkwürdiger als seine Bücher” (El hombre es aún más notable que sus libros). Lo dirá de otra manera: “Plato ist mehr werth als seine Philosophie”, Platón vale más que su filosofía. Y otra vez en un sentido más radical y extremo incluso que en Marx, para Nietzsche el ser (Persönlichkeit) tiene primacía absoluta sobre la conciencia (System).

El retrato nietzscheano de Platón es el de un admirador: destaca su ascendencia de linaje aristócrata, el ser un típico joven noble helénico, tipischer Hellenischer Jungling, un representante ideal del hombre griego de la edad trágica. La valorización de Platón, como bien señalas, la había seguramente heredado de Schopenhauer, pero la postura de Nietzsche es mucho mas precisa, tanto histórica como filológicamente. Justamente es esta inclinación y finalidad práctica de la aristocrática filosofía platónica lo que lo identifica a Nietzsche, e incluso se ve reflejado en tanto crítico de la cultura, legislador y político inactual, incluso en su Instinkt legislador. Los grandes temas de la agenda de Platón, la tríada educación-cultura-estado, será lo que más tarde Nietzsche entenderá por la gran misión legislativa de Zarathustra, la grossen Politik, la Gran Política.

[Nietzschéisme es también]: una política editorial bajo un clima ideológico particular que reprime y sofoca toda connotación histórica o política, el triunfo en la Academia del Posmodernismo como método de traducción, exégesis y vulgarización y finalmente la “adaptación” y “domesticación” de Nietzsche a los diversos momentos de evolución del capitalismo liberal a partir de 1945.

El Nietzsche auténtico, eminentemente político, reaccionario, aristocrático radical, abanderado del Estado autoritario y el sistema de castas, es insoportable en el ciclo ideológico neoliberal actual, aunque útil en muchas de sus conclusiones políticas. Un proceso similar ocurre con otro pilar de la ideología posmoderna como Heidegger….(…)

Lo que vino a partir de fines de los años ’60 fue la canonización de Nietzsche en la academia, su consagración olímpica en el panteón de los héroes intelectuales de cátedra, un proceso que ya estaba en marcha en Occidente desde 1950.

El catecismo nietzscheano, marcado por Heidegger, Kaufmann, Deleuze (y Foucault) se compone esencialmente del fragmento póstumo “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, la “Segunda Intempestiva” (De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida), algunos aforismos de “Más allá del bien y del mal” o de “El crepúsculo de los ídolos”.

La moda intelectual y los criterios de interpretación se forjan en la industria filosófica parisina: Nietzsche es a-político, im-político o supra-político. Los textos en la mejor tradición de la Vulgata son cercenados de cualquier insinuación histórico-social, a pesar de lo que diga el propio Nietzsche. Todos ellos mal comprendidos en una pésima situación hermenéutica. (…)

Bueno, después vinieron, como fruto de esta especialización académica, monografías escolares… Actualmente hay una tercera generación de “profesionales” nietzscheanos(…)

Hay queExtraterrestres aplicar Nietzsche a Nietzsche mismo. Las Grundeinschten nietzscheanas, que analizan la relación entre Ser (Vida) y la Conciencia (obra, System) en un autor, desde Sócrates a Platón, de Schopenhauer a Theognis de Megara, tienen un centro hermenéutico preponderante: la Política. Esta notable sintonía entre la Vida (no cualquiera sino la de un große Mensch, la de un verdadero gran hombre olímpico) y filosofía se opone a la doxografía habitual burguesa y es la única forma de establecer una relación entre necesidad y verdad.

El System de un pensador sólo tiene sentido cuando es resultado de [una decantación] que se produce como efecto de una reacción con fundamento en la existencia real (no teórica, no académica, no filistea) del pensador, de manera que la Theorie deviene símbolo de “un determinado modo de vivir y de considerar las cosas humanas”. Los intereses personales de un filósofo (parcialmente reconocibles en sus obras escritas) son lo ewig Unwiderlegbare, eternamente irrefutables y por ello clave interpretativa desde un punto de vista nietzscheano.

Hay que reconocer en Nietzsche una constitutiva complejidad y que el núcleo íntimo, tanto de la personalidad como del pensamiento nietzscheano, es un cemento de tipo ético-político. Los escritos nietzscheanos, so pena de incomprenderse, deben ser leídos intentando recuperar y reconstituir el espíritu de aquel escenario vital-filosófico del cual provienen, y en la composición entre el Nietzsche escritor y el Nietzsche practico, es donde lograremos ver la auténtica imagen del hombre político. No hay duda que sólo lograremos calibrar en su justa grandeza la obra nietzscheana si lo comprendemos como un filósofo totus politicus. Que es donde encontraremos la auténtica imagen del carácter fundamental de Nietzsche.(…)

El Nietzschéisme de izquierda es un Oximoron, pero ellos mismos no lo saben. Es como una falsa conciencia. No pueden entender que la filosofía de Nietzsche se desarrolló en contraposición polémica y mortal contra la Modernidad y el Socialismo. Su pathos es el horror a la nivelación política, social y cultural de Europa. Es la filosofía reaccionaria de combate contra el modernismo, la democracia, la nacionalización de las masas y el comunismo: “Marchar en fila. Aversión por el Genio (Genius). El ‘hombre social’= Socialismo”. Es la filosofía anti Ilustración, anti Rousseau y la “idea 1789”, que no acepta los “costos” extras del dominio burgués.

 En un cuaderno de apuntes escribió sus tareas teóricas, de crítica: “Aniquilación de la Ilustración; Contra las ideas de la Revolución”. Su objetivo, a través de su práctica y sus libros, siempre lo tuvo claro:

“Intento de avisar a todas las fuerzas realmente existentes, de aliarse con ellas y de domar, mientras todavía hay tiempo, a los estratos sociales desde los que se amenaza el peligro de barbarie”.

Su presupuesto sorprendente:

“Mi punto de partida es el soldado prusiano: aquí una verdadera convención, aquí se da coacción, seriedad y disciplina, también respecto a la forma”.

Su pensamiento es coherente y persistentemente antiliberal, antidemocrático y antisocialista, y se fue intensificando a los largo de su vida. La atracción desde posiciones anarquistas es más entendible: su egoísmo radical, su lectura “vergonzosa” de Max Stirner (el mismo que demolió Marx en la “Ideología Alemana”) permite una lectura honesta desde un [supuesto] anarquismo intelectual individualista y elitista. Ese camino recorrió, por ejemplo, el joven Jorge Luis Borges. Pero es inconcebible desde el anarquismo colectivista o el anarco-comunismo. Si Sade es la contracara al jacobinismo y a Babeuf, Nietzsche lo es a la revolución de 1848 y a la Commune de Paris.

Hay una aforismo de juventud que dice así:nada

“La visión seria del mundo como única salvación ante el socialismo… si las clases trabajadoras consiguen comprender que a través de la formación (educación general) y de la virtud pueden hoy fácilmente superarnos, entonces será nuestro final”.

Las señales pueden multiplicarse. ¡Se ha escrito contra mi interpretación una reseña defendiendo a Nietzsche como “progresista” en el periódico oficial de la CNT española!2 El malentendido no es nuevo ni exclusivo del anarcosindicalismo español: ya se intentó hacer una amalgama entre Nietzsche y Marx a fines del siglo XIX, en círculos anarquistas e incluso en sectores juveniles de la socialdemocracia alemana.

¡Hasta los mismos bolcheviques tenía sus propios nietzscheanos! Dentro de la corriente del marxismo ruso de principios del siglo XX Lunacharski, adversario de Lenin dentro del bolchevismo, luego Comisario para la Educación de la joven URSS, intentó sin éxito buscar puntos de contacto entre Nietzsche y Marx. Creo que fue el primer nietzscheano de izquierda de la historia.

La famosa Kollontai en su juventud leía ingenuamente a Nietzsche a los círculos de jóvenes obreros como llamada a la acción y para propagar el ateísmo. Larisa Reisner (le escritora esposa de Karl Radek) o Georgï Chicherin (ministro de asuntos exteriores de Stalin) fueron sucesivamente wagnerianos, nietzscheanos y marxistas en su juventud, lo que podría abrir una investigación sobre las raíces filonietzscheanas de la cultura stalinista.

Hay páginas de Chicherin donde defiende a Nietzsche del “uso” de los nazis que parecen calcadas de las defensas de Georges Bataille o Klossowski. O un escritor consagrado por Stalin como Aleksandr Fadeev y su concepción del superhombre socialista. Hubo hasta intentos de realizar…¡un nietzscheanismo comunista! Un proyecto del hoy olvidado Otto Gross.

La amalgama no es nueva. Salvo forzándolos o travistiendo sus teorías y praxis es posible encontrar denominadores comunes entre, por ejemplo, Bakunin y Nietzsche. Pero parece que es una tarea de Sísifo que los intelectuales acometen con empeño, lo mismo se ha intentado con Heidegger o Carl Schmitt. No es pura casualidad que el grueso del Nietzschéisme de izquierda, en todos los países, sea en realidad una ala izquierda liberal [supuestamente] libertaria, individualista, pero servil a las instituciones del Estado, antisocial, paternalista, estética, una ideología del bonheur. Una contradictio in adjecto, el atributo no coincide con el sustantivo, pero es válido a nivel ideológico…”

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