Con instrucciones del tío Ho

La violencia en la historia

“Poco después  nos recomendó a mí y a otro joven, que fuéramos a Muc Dahan frente a Savannakhet (Laos), para que hiciéramos una encuesta y agrupáramos a las masas con el objetivos de unirlas a la organización.

“Esa misma noche el tío Ho me pidió que hiciera un informe.

“No es necesario el informe le dije. En Muc Dahan hay un templo dedicado a Tran Hung Dao y unas treinta familias vietnamitas que ejercen diferentes oficios:, barquero, vendedor de arroz, carnicero, carpintero,  albañil… Hay alrededor de veinte jóvenes y seis o siete muchachas.

“Todo el mundo está en la miseria, con excepción de dos familias que tienen desahogo relativo.

“Luego de hacer una pausa continué, moviendo la cabeza en señal de desengaño.

Es duro hablar de revolución allí, lo único que saben hacer las mujeres es tirarse del moño en el mercado, y los hombres se emborrachan cuando vuelven del trabajo. Por la tarde, en cuanto se termina de comer, comienza el juego hasta la noche. Cuando no toman ni juegan, van al templo de Tran Hung Dao para hundirse allí en toda las hechicerías posibles e imaginables. Allí van tanto los viejos como los jóvenes: dejan el templo o el juego para correr detrás de la mujeres únicamente. ¿Cómo hablarle de revolución a esa gente? El Tío dejó que yo terminara mis lamentaciones y luego me dijo

Está bien. Ve a descansar. Ya veremos mañana

En tal situación, ¿qué se puede sacar de ahí? -le pregunté.

Sonrió y me dijo: “¡Muchas cosas! Por ejemplo, todo eso que acabas de decirme”

Antes de marcharme le dije: “Mañana me gustaría cambiar de trabajo”.

Me marché, con la firme decisión de cambiar de ocupación, pero para sorpresa mía, el Tío no me dijo nada, ni al día siguiente ni después. Como no podía seguir esperando, le pregunté lo siguiente:

Bueno, ¿qué tengo que hacer ahora?

¡A propósito! Me has dicho que es un lugar horrible- se juega, se toma, hay broncas en el mercado…, ¿no es así? Eso no es tan horrible; podría ser peor: podría haber delatores entre ellos.

“Me miró, y luego continuó lentamente

¡Olvidas lo que has aprendido en los libros?

¡Que cosa?

Los libros revolucionarios dicen que hay que desarrollar la acción en la masa, hacer propaganda para practicar nuestra idea. Si las masas fueran perfectas, si supieran estimarse y unirse, aprender y progresar y servir a la patria ¿para qué serviríamos nosotros?. Bastaría con decir una palabra y ya todo estaría arreglado

Luego de un silencio continuó:

“Olvidas que son vietnamitas, como tú, vietnamitas en la miseria y que hace mucho tiempo que no tienen patria…”

“Golpeado por esa lógica, quedé paralizado y moví la cabeza, dándole la razón

– ¡De acuerdo! Vuelve allá, la vez anterior no tenías todavía un plan práctico. Ahora, trata de tener uno. Escoge la familia de peor reputación e instálate entre ella, Empieza por allí. Si eres capaz de ganarte el afecto de esa gente, triunfarás.

“Algunos minutos antes de mi salida me entrego un pequeño paquete muy bien atado.

” Yo me creía en posesión de algún documento secreto de incalculable valor. Lo metí cuidadosamente entre mis papeles. Al llegar, abrí el paquete ¡Gran decepción! No era más que un ejemplar del himno a Tran Hung Dao.

“Siguiendo los consejos del tío Chin me dedique a descubrir la familia que tuviera peor reputación. Después de algunos trabajos de acercamiento, alquilé un cuarto en la casa, por una piastra mensual.

El marido, que era carnicero se iba cada mañana al mercado a vender puerco. Por la tarde después de ingerir una dosis de alcohol, se iba a jugar a las cartas donde gastaba todos su salario. En la familia nadie tenía un céntimo. Y la mujer no podía ver al marido sin insultarlo. La casa se le hacía cada vez más insoportable y todos las calificaciones de la mujer no hacían más  alejarlo más y lanzarlo a las cartas y a la bebida. No pasaba un día sin que se produjera alguna escena familiar

“Para colmo, el padre del marido también gustaba de empinar el codo. Tenía a su cargo el cuidado de la casa y de los niños, pero la casa dejaba ver una suciedad repugnante y los niños, devorados por las moscas, lloraban todo el día. La madre respondía a sus lagrimas con injurias y cuando comenzaba su cantinela, también salpicaba de insultos a su suegro. En mas de una ocasión había tratado de darle algunos consejos, que no habían tenido ningún resultado.

Un día le ofrecí dos céntimos de alcohol al viejo, que no tardo en entregarse a las  ensoñaciones de la borrachera.

Entonces hice que los niños se bañaran, al sentirse mejor también se durmieron. Aprovechando ese rato de calma, limpié la casa, la ordené y le lavé la ropa a la familia. Al regresar la mujer no pudo ocultar su satisfacción por ese espectáculo completamente nuevo para ella

– ¡Pero la casa está muy limpia hoy!

– Si, el abuelo lo limpió todo, bañó a los niños ya hora está durmiendo con ellos

– Pero, ¿que pudo decirle usted a mi suegro para transformarlo de tal forma ?

– “Comencé a apreciar al viejo. Al día siguiente le ofrecí otros dos céntimos de alcohol. Los gestos amables tomaron al suegro por sorpresa, pues no lo esperaba. Intrigado, se abrió a mi; le expliqué lo que había sucedió en la víspera mientras el dormía.

– ”Como su nuera se mostró muy satisfecha, le dije que había sido usted quién lo había hecho todo.  La próxima vez, usted trate de darme una mano…”

Efectivamente en las ocasiones que siguieron me ayudo a hacer los trabajos en la casa. Pero fui invirtiendo los papeles; poco a poco: era yo el que lo ayudaba con el trabajo. Cada vez lo hacia con mayor esmero, y eso era bueno para la casa y para los chicos. Al terminar la apatía del suegro, también terminaron las groserías de la nuera.

Al marido, jugador empedernido, le propuse que aprendiera el Quoc Ngu, a lo que no se negó. Le daba las clases en las horas en que por lo general, iba a jugar sus partidas de cartas.

“En realidad, sus resultados no eran muy brillantes, pero como el estudio lo desviaba de su vicio, se podía considerar como una victoria. Esos cambios en los hábitos del  marido le encantaron desde el primer momento a la mujer. El afecto conyugal renació y con él la calma y la dulzura del hogar.

EL TÍO HO

“A su vez la mujer también quiso estudiar el Quoc Ngu. La gente no dejo de sorprenderse por las inconcebibles transformaciones ocurridas en una familia en la que, algún tiempo atrás, la cosa ardía de la mañana a la noche. El mérito me lo atribuyeron a mi, y trataron de frecuentarme. Me había ganado sobretodo, a los jóvenes. Iba a menudo al templo de Tran Hung Dao, para asistir al culto propiciatorio. Un día les dije a los que estaban allí:

“Aquí ustedes rezan esas plegarias antiguas: En Sakhone, hay un nuevo cántico, muy notable. Aquí tengo un ejemplar.

“Leímos juntos mi cántico y todos lo encontraron muy bueno. Muy pronto comencé a tutear a todos los habitantes de la localidad, pues fui haciendo amistad con ellos. Luego les leía los artículos del Than Ai.

“Dos meses después, cuando el Tío llegó a Muc Dahan en compañía del camarada Thuyen, me preguntó:

¿Cómo está la situación?

Va mejor que antes

¿Si? Y, ¿que haces con mi cántico?

Lo rezamos todos los días, le dije sonriendo

¿Logras difundir los periódicos ya?; ¿Crees que los jóvenes se atreverían a recibirlos en sus casas?

¡Por supuesto! Son ellos los que los piden. Le dí dos direcciones.

Me sonrió al mismo tiempo que me decía:

Estás mejor que yo, pues no he encontrado más que una.

Testimonio de Tai Ngon, en el libro “Con el Tío Ho”. selección de escritos de militantes del Partido de los Trabajadores de Viet Nam que trabajaron y combatieron junto a Ho Chi Minh. (Ho es nombrado con el seudónimo,”Tío Chin”.)

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