MI GUERRA DE ESPAÑA. Mika Etchebéherè

LIBRO.43

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El nº 43 de nuestra Colección Socialismo y Libertad

NOTAS BIOGRÁFICAS

Nuestra memoria obstinada vuelve a traer al presente un relato nunca olvidado pero tampoco suficientemente reconocido. La guerra civil española, tantas veces contada y cantada, esconde en los recovecos de su historia las voces de las mujeres que ofrecieron sus vidas para cambiar un presente que les daba la espalda.

Mika Etchebéherè buscaba desde hacía mucho tiempo, quizá desde siempre, un lugar donde hacer realidad sus ansias de lucha y cambio social, y lo encontró en las trincheras de un país en guerra. Se unió a las miles de personas que recorrían el territorio de la esperanza atravesado por la muerte y el miedo. Vivió el día a día de los asedios, el hambre y la miseria de la contienda; pero también la solidaridad y la alegría de saber que su esfuerzo podría transformar el mundo.

En un tiempo de incertidumbre pero también de oportunidades -como el que vivimos hoy- volver la mirada al pasado en busca de referentes nos ayuda a reconocernos en los hombres y, sobre todo, en las mujeres que sostuvieron la vida en las peores condiciones posibles. Sus luchas siguen siendo las nuestras, quizá por eso Mi guerra de España nos entusiasmó desde la primera página.(…)

Una vez más recordamos para saber quiénes somos; una vez más buscamos las sendas trazadas por otras para aprender de sus pasos y construir otro presente, otro futuro. Nos miramos en el espejo del tiempo sabiendo que la única lucha perdida es la que se abandona y olvida.

La primera lectura de Mi guerra de España emociona y apasiona a partes iguales. Seguimos los pasos de Mika Etchebéherè por las tierras en guerra, conocemos el nombre de cada combatiente, cada pueblo, cada trinchera. Sin embargo, bajo esa primera lectura se esconden otras muchas, pues la autora no duda en compartir las dudas y contradicciones que le preocupan cada día. Una de ellas, central para nosotras, es la lectura que podemos hacer sobre su papel como mujer en un entorno que la considera intrusa, al menos en principio. Y sobre esa lectura queremos reflexionar.

No es nuestra pretensión hacer un trabajo de investigación exhaustivo sobre la historia del feminismo o la situación de las mujeres en el marco temporal de la Guerra Civil; hay otros textos muy interesantes sobre estas temáticas, algunos de ellos recogidos en la bibliografía. Nuestra intención es apuntar unas breves pinceladas que nos sirvan para leer nuestro presente a través del filtro de la historia. Somos conscientes de que escribimos desde un ahora, un hoy, desde otros feminismos y, sin embargo, podemos reconocernos en las luchas de estas mujeres.

Tal vez nos sorprenda que Mika abandone su relato en el mes de febrero de 1937, cuando se consuma la militarización de las milicias. Pero quizá responde al distanciamiento emocional y político que sufrió la propia Mika al comprobar que el proceso revolucionario estaba en clara regresión: la lucha antifascista había sustituido a la lucha revolucionaria. Sin embargo, permanecerá en España. Dado su carácter y su sentido de la responsabilidad, podemos entender su presencia hasta el final del conflicto bélico como un acto de solidaridad con aquellos milicianos que, doblemente derrotados, por la República y por los fascistas, resistían contra viento y marea.

El itinerario de Mika desde el inicio de la guerra hasta la caída de Málaga es suficientemente conocido a través de su relato, pero existe un relativo «vacío» acerca de lo que hizo desde esa fecha hasta abandonar España tras la caída de Madrid en 1939. Gracias a unas declaraciones de la propia Mika realizadas muchos años después, sabemos que se mantuvo en el ejercito popular hasta el final de la guerra, adscrita a la 14a División, comandada por el anarcosindicalista Cipriano Mera; era en las brigadas compuestas mayoritariamente por anarquistas donde militantes del POUM, trotskistas y comunistas de izquierda podían encontrar una relativa protección frente a la represión llevada a cabo por el estalinismo y la policía republicana.

Formando parte de la 70a Brigada Mixta de la 14a División, y con Cipriano Mera al mando, participará en las batallas de Guadalajara, Jarama, Brúñete y Levante. Pero a mediados de 1938 dejará el frente y se integrará en las tareas de alfabetización y de extensión cultural entre los combatientes heridos -continuando con la labor iniciada cuando creó una biblioteca en la trinchera-,

«Tal como los camaradas me pidieron, me quedé en la base, porque había mucho que hacer, muchos problemas. Me quedé en un gran hospital organizando todo lo que era educación».

Sabemos que Mika también se vio afectada por la campaña de difamación, persecución y en muchos casos eliminación que el Partido Comunista emprendió contra los militantes trotskistas y del POUM. En febrero de 1937 entró en un café de Madrid acompañada de una mujer y dos hombres. Tras pronunciar uno de ellos varios «¡viva Trotsky!», apareció la policía, que se los llevó primero a la Comisaría del Centro y después a la Dirección General de Seguridad (DGS), donde el trato vejatorio sufrido provocó el aborto de la otra mujer del grupo. Mika será liberada -tras la intervención de Cipriano Mera- al cabo de tres días. Mera se entrevistará con el director de la DGS para exponerle la irreprochable conducta militar de Mika y denunciar una maniobra estalinista para «deshacerse de esa mujer por ser del POUM». El jurado de urgencia absolverá a ambas mujeres poco después.

Más adelante Mika será víctima de uno de los montajes policiales frecuentemente utilizados contra quienes se oponían a la política estalinista. Se le imputaron falsas acusaciones de «desafección», sustentadas en una carta «sospechosa» de la que supuestamente sería destinataria. Así consta en un informe con fecha de octubre de 1937, en el que Hubert von Ranke, Moritz -un agente en estrecho contacto con el servicio secreto ruso que se dedicaba a interrogar a revolucionarios extranjeros-, ofrece una lista de nombres e informaciones sobre anarquistas y comunistas revolucionarios en la que aparece Mika.

Sin embargo, gracias a la relativa protección y margen de movimiento que le proporciona su adscripción a la citada 14a División, Mika tiene la posibilidad de desplazarse para visitar a algunas víctimas de la represión posterior a las jornadas de mayo de 1937. Así, volvemos a tener noticias que la localizan en Barcelona a finales de noviembre de ese año, cuando visita en el Hospital General de Cataluña a Katia Landau, que había sido previamente encarcelada junto con Elsa Homberger y otras militantes del POUM en el Preventorio Judicial de Mujeres de Barcelona. No sabemos las circunstancias en las que Mika hizo ese viaje a Barcelona, ni cuáles serían sus contactos en la capital catalana, pues entonces el POUM estaba ilegalizado y la persecución de sus militantes era ya una práctica generalizada.

Por otra parte, Cipriano Mera menciona que, a finales de marzo o principios de abril de 1937 -después de su liberación de la DGS-, Mika se incorporó a la organización feminista libertaria Mujeres Libres, única organización feminista y revolucionaria que combatió en la práctica los prejuicios machistas imperantes en el bando republicano. Este posicionamiento provocó frecuentes conflictos, incluso con algunos dirigentes anarcosindicalistas. Mujeres Libres apoyó -aunque no sin contradicciones- la participación de las mujeres en los aspectos militares de la guerra, lo cual contradecía las directrices del gobierno republicano, que propugnaba la retirada de éstas del frente de combate. La organización feminista creó incluso un campo de tiro en Madrid, donde hacían prácticas las mujeres dispuestas a defender la capital. Martha A. Ackelsberg recoge una anécdota relatada por Amada de Nó: el día que Mika se presenta para inscribirse en la Agrupación de Barcelona de las mujeres libertarias fue confundida con un «soldado muy majo». En la revista Mujeres Libres aparecieron tanto una foto (n° 10, Año II) como dos narraciones cortas de Mika con referencias al frente -«Claro obscuro de trincheras…» (n° n) y «Altavoz de la 14 división» (mayo de 1938)-.

Mika se encontraba en Madrid cuando fue ocupada por las tropas fascistas en marzo de 1939:

«Sentimos que la guerra estaba terminada, lo sentimos en las calles de Madrid cuando los pobres que se refugiaban en los barrios ricos, ese día, se fueron. Fue, probablemente, la visión más triste de mi vida».

Por aquel entonces, la intensificación de la represión del gobierno republicano contra los revolucionarios había llevado a Mika a una especie de semiclandestinidad, e incluso tenía un cuarto alquilado para quitarse el uniforme y aparecer con ropa de civil en la casa del amigo español donde vivía. Allí permaneció, en la penuria, intentando encontrar una forma de sacar a su amigo de Madrid durante el mes posterior a la entrada en la ciudad de las fuerzas militares fascistas. Hasta que un día fue detenida en la calle por dos falangistas, después de que una joven que la conocía muy bien la hubiera denunciado. Logró zafarse gracias a su pasaporte francés, pero ya no pudo volver a su casa, y después de pasar por el consulado de Francia, se refugió en el Liceo Francés -tenía pasaporte de ese país por ser viuda de Hipólito, que era hijo de padre vasco-francés y madre francesa-. Allí permaneció cinco meses encerrada hasta que las gestiones realizadas por sus amistades en París consiguieron que la embajada de Francia le facilitara la salida de España.

Cuando llegó a París, la situación que se encontró era bastante descorazonadora: la derrota del movimiento huelguístico, la descomposición del Frente Popular, la entrada de Francia en guerra en septiembre de 1939… En junio de 1940 el ejercito nazi ocupa París. Es el momento de dar otro giro a su vida: regresa a Argentina para reencontrarse con sus viejas amistades de Buenos Aires. Se dedica entonces a trabajar como periodista, aunque en condiciones económicamente precarias. Sus ideas revolucionarias no le impidieron colaborar en Sur, la revista que dirigía Victoria Ocampo, que acababa de apoyar la causa republicana en España y en ese momento apoyaba a los aliados en la II Guerra Mundial. En ella publicaría un adelanto de sus memorias: el relato del niño miliciano de su columna muerto a los quince años.

Pero entonces, en 1943, se produjo la subida del peronismo al poder y se puso de manifiesto la escasa relevancia de la izquierda revolucionaria en el país: la oposición de izquierda acaba comprometiéndose con los partidos burgueses conservadores y radicales en un frente antiperonista. Mika toma la decisión de regresar a París en 1946. Se encuentra con una ciudad devastada por la guerra, caracterizada por el desabastecimiento, el mercado negro y la especulación, como describirá para Sur en una serie de crónicas. Pero es su París. Su situación material es tan mala que tiene que vivir durante varios años en la casa de los Rosmer, que habían regresado también en junio de 1946 tras unos años de exilio en EE.UU. Durante esa época Mika realiza traducciones del francés al español, pero no logra un salario digno hasta que empieza a trabajar en el departamento de Relaciones Públicas de Air France y consigue, además, otro empleo como locutora de un noticiario para Latinoamérica. La mejora de su situación económica le permite comprar una casita en Périgny -localidad cercana a París- al lado de la vivienda de la pareja Rosmer, donde se darán numerosos encuentros e intensas discusiones entre militantes.

Mika pasa las últimas décadas de su vida en Francia, con sus amistades, entre quienes también se cuentan argentinas afincadas en Francia (como Julio Cortázar), así como otras de los tiempos de la guerra española (como los suizos Pavel y Clara Thalmann). Disfruta de los paseos, del cine, las galerías de arte, sin perder su pasión por la política. Con sus viejos camaradas constituye el Cercle Zimmerwald, nombre de la localidad suiza donde en 1915 se habían reunido los pocos revolucionarios intransigentes que, disuelta la Segunda Internacional, se seguían pronunciando contra la guerra y por la revolución. En mayo de 1968 el movimiento estudiantil parisino vería, sorprendido, cómo una anciana de 66 años participaba activamente en la construcción de barricadas. Mika se afilió a la Liga Comunista Revolucionaria. Y no será hasta 1976 -año en el que organiza sobre el Pont-Neuf la primera protesta contra la dictadura militar argentina que tuvo lugar en París-, cuando Mika redacte las memorias de su período de miliciana, después de habérselas contado a numerosas personas y de haber llenado varios cuadernos con sus recuerdos. El título será Ma guerre d’Espagne á moi. El manuscrito lo redactó en francés y posteriormente ella misma hizo su traducción al castellano, tal como se desprende de los textos mecanografiados que se encontraban entre sus pertenencias. El libro es bien recibido por la crítica, y la historia de Mika e Hipólito se hace pública. En 1976 aparecerá en Barcelona la primera versión española con el título Mi guerra de España.

Dieciocho años después, el 7 de julio de 1992, Mika murió en París. En Le Monde del 11 de julio, su círculo más íntimo la despedía así: «Mika fue la fidelidad, el coraje, la amistad, el rigor. Amaba París, los pájaros, los gatos y las personas». Sus amistades, cumpliendo con su expreso deseo, arrojaron sus cenizas al Sena.

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2 comentarios en “MI GUERRA DE ESPAÑA. Mika Etchebéherè

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