EL TRABAJO DE BASE

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MOLOTOVA

“…La gente no es buey de carro, para su carro empujar
La gente tiene mente que gira, mente que puede girar
Gira la mente del carrero y la lanza se puede quebrar…”
Un campesino de Goiás [1]

El trabajo de base no es la repetición nostalgica de prácticas y actividades del pasado. Ni es el basismo que trata al pueblo como inferior e incompetente y hace elogios de sus acciones espontáneas y sin planificación. Porque el “basismo” es una forma disfrazada de autoritarismo que intenta mantener la dependencia de las bases. El trabajo de base es una estrategia, un camino de lucha y de organización que envuelve a los propios interesados en el conocimiento y en la solución de los desafíos individuales y colectivos.

RETOMAR EL TRABAJO DE BASE SIGNIFICA REAFIRMAR TRES OBJETIVOS:

(a) Participación masiva de los trabajadores

Las elites no le tienen miedo a los líderes que se destacan. Para ellas es fácil aislar, destruir, “comprar” algunas cabezas que puedan sobresalir. Multiplicar militantes y acciones es lo que le mete miedo a todos aquellos que se acostumbraron a dominar a otras personas. Por eso, la práctica de multiplicar nuevos combatientes debe invadir todos los espacios de la vida (trabajo, política, cultura, religión, recreación) y tornarse una red de animación, de resistencia y de victorias.

 

(b) Democratización del poder

Disputar el poder, para “poder”, y ser capaz de hacer propuestas, tomar decisiones y repartir responsabilidades para concretar el sueño de los trabajadores. El trabajo de base, en cuanto experiencia de una nueva convivencia entre las personas, puede ser una gran escuela de participación política. El acto de hablar y de escuchar, de proponer y de negociar, de ganar y perder, de disputar y decidir, de co-dirigir y de obedecer, de responsabilizarse y de recibir, todo eso estimula la ambición de ser gente y de tener poder colectivamente. Debe ser la escuela donde se aprende a poner el poder al servicio de la mayoría, revisando las transformaciones que el país necesita.

(c) Construcción socialista

La finalidad de la lucha es realizar el sueño del mundo nuevo, libre de todas las formas de opresión y con la posibilidad real de satisfacer los anhelos materiales y espirituales de las personas. Esto será posible cuando la producción, la distribución y el consumo fueran hechos en forma solidaria. Este proyecto implica, desde ahora, una nueva relación entre los humanos y con la naturaleza, sin dominación, sin competición, sin preconceptos y sin destrucción.

  1. ¿QUÉ ES EL TRABAJO DE BASE?

“Fe en la vida, fe en la gente, fe en lo que vendrá.
Nosotros podemos todo, nosotros podemos más.
Vamos ahora a hacer lo que será.”

Gonzaghinha

El trabajo de base no es una receta mágica. Es el acto de hacer política donde el militante pone en juego su alma. Es una pasión cargada de indignación contra cualquier injusticia y llena de ternura por todos quienes se disponen a construir un mundo sin la marca de la dominación. Esa convicción nace del corazón y de la razón, se vuelve fuerza que contagia, capaz de vencer la furia y la destrucción del opresor y de comprometerse con la transformación de las personas y de la sociedad.

Esa práctica multiplicadora puede ser realizada en las favelas, en las ocupaciones de tierra, en las fábricas, en las iglesias, en las instituciones del Estado y en los espacios internacionales. Ella se sostiene cuando mantiene los pies sobre la tierra y la cabeza en los sueños. Consigue victorias cuando articula las luchas económicas con las diferentes luchas políticas y sociales. Y se mantiene, ante cualquier coyuntura, cuando combina acciones de rebeldía con las disputas en la legalidad.

 

LA FINALIDAD DEL TRABAJO DE BASE ES:

(a) Anunciar siempre el ideal de humanidad, prosperidad, convivencia solidaria, combatir la ganancia, la competencia, la dominación. Cuando mayor es la opresión es más crítica la razón para propagar el sueño de una sociedad sin clases.

(b) Despertar la dignidad de las personas y la confianza en sus valores y en su potencial. La persona se torna feliz y peligrosa para las elites cuando comienza a andar sobre sus propios pies. (En general, quien está en el poder prefiere gente obediente y conforme porque es fácil de manipular una población domesticada y dependiente).

(c) Canalizar la rebeldía popular en la lucha contra la injusticia y en la construcción de una sociedad de hombres y mujeres nuevos, donde la producción, distribución y consumo sean orientados por la lógica de la solidaridad.

(d) Transformar la realidad y conseguir victorias en todos los terrenos y en todas las dimensiones que satisfagan los justos anhelos de la población.

LA FUERZA DEL TRABAJO DE BASE ESTÁ:

En su sustentación de base – Es un trabajo de base cuando echa raíces en el alma del pueblo que es la base de la sociedad. Por este motivo siempre renace y se reproduce. No es un movimiento para los trabajadores. Es de los trabajadores. Las personas tienen que sentirse parte de esa construcción y compañeros de una misma marcha. Por eso, el trabajo de base se organiza ahí donde el pueblo vive y trabaja, para combatir dentro de cada uno el vicio de la dependencia. Cada persona desde el principio, debe contribuir con predisposición, ideas y sostenimiento financiero con las actividades.

Confianza en el Pueblo – La razón de ser del trabajo de base es ayudar al pueblo a entender y comprometerse con una vida feliz y solidaria. Pero partiendo de la certeza de que el pueblo ya lucha, porque precisa sobrevivir. Está resistiendo contra la explotación y la dominación aunque no hable el lenguaje de los militantes ni use sus clichés. La historia demuestra que, a pesar de toda miseria y de toda contradicción, el pueblo ha sido simiente permanente de nuevas formas de lucha y de nuevos militantes.

Claridad en que la organización popular, siendo sólo una parte, es parte indispensable para incluir a todo el pueblo – Los dirigentes no son guías geniales sino lideranzas que ayudan al pueblo a entender la realidad y a organizar los esfuerzos, en el camino de la transformación. En el proceso, el pueblo va asumiéndose como sujeto de su historia. Como dice el poeta “sintiendo en la vida que puede, el pobre entiende que vale, después que se rebela no hay patrón que lo calle”.

Coherencia entre rumbo y camino – En el trabajo de base no tenemos que “llenar la cabeza”. La perssona abraza la causa porque se convence de que ella es justa. Entonces, la forma de tratar a las personas debe corresponderse con el objetivo que queremos lograr. Se hace difícil hablar de libertad si, en la práctica, las personas mantienen un comportamiento autoritario y antidemocrático. Es cierto que quién no sabe donde quiere llegar, no llega allí, nunca. Pero, también es cierto que el fin es el camino que la gente hace para llegar al objetivo. Es decir, el método que se practica debe ser coherente con los objetivos que se pregonan.

Metodología Multiplicadora – Cada militante convencido se compromete a movilizar a un grupo de nuevos compañeros. Estos, a su vez, van repartiendo sus nuevos conocimientos y experiencias a otras personas, en muchos espacios de lucha, de vida y de trabajo. Así se teje una red de resistencia y de solidaridad para la conquista de las victorias.

Planificación de las Acciones – Nadie va con el pecho descubierto a una guerra. Es indispensable trazar un camino capaz de llevar a la victoria. La planificación enfrenta al miedo de “quedarse parados” de las personas y la indisciplina de la práctica espontaneista. En la lucha popular, como en el fútbol, el objetivo no es sólo patear la pelota. Es preciso avanzar y defenderse organizadamente, en el momento justo y con la persona adecuada. Por eso se marcan puntos y plazos de llegada, se hace una detallada preparación de los militantes, se eligen responsables para las actividades, se realiza un balance de los resultados, en cada etapa de la lucha.-

Amor por el Pueblo y por la Vida – El trabajo de base es mucho más que un trabajo profesional hecho por personas competentes. Tiene un secreto que anima la esperanza de los militantes y que los alimenta durante el transcurso de la propia vida. El valor de la vida, la dignidad de las personas, la rebeldía para obtener la libertad y la fraternidad universal forman la base de esa pasión. Una pasión que invade su alma y da sentido a su disposición y dedicación. En concreto, esa convicción se traduce en el respeto al pueblo, en el cariño a los principiantes, en el cumplimiento de los criterios colectivos, en la capacidad de tomar iniciativas, en el coraje de encarar desafíos, en los gestos de indignación, entusiasmo y celebración. El amor por el pueblo y por la vida se expresa de manera plena en las manifestaciones individuales y colectivas de compañerismo.

  1. COMO HACER EL TRABAJO DE BASE

 “Fe en la vida, fe en la gente, fe en lo que vendrá;  nosotros podemos todo, nosotros podemos más.”.

Una persona o grupo (de un partido, un sindicato, una parroquia) convencido de que la fuerza esta en el pueblo, debe elegir y animar a un sector de ese pueblo para que rescate sus sueños. El trabajo popular organiza la reacción y la esperanza de sus hermanos. Su sentido es ampliar la acción y el número de aquellos que aún no conocen ni están comprometidos con el proyecto de una nueva convivencia y organización de la sociedad humana.

El trabajo de base no tiene una receta rápida e infalible. Pero, mirando varias experiencias, es posible descubrir puntos en común. Entre ellos están:

¿Quien comienza? – Cualquier persona, trabajador o no, puede dar el puntapié inicial. Nadie explota directamente, pero es cierto que hay gente que despierta primero y comienza a estar insatisfecha con la explotación que vive el pueblo. Esa revuelta inicial acaba descubriendo que no sirve sólo quejarse de las injusticias y que solitariamente, nadie va a conseguir terminar con la opresión. ¿Cómo enfrentar esa maquina de muerte? ¿Que hacer para que la resistencia no muera en el comienzo? Una iniciativa es conseguir gente de confianza, que piense en el mismo sentido. Así empieza un proyecto popular

¿Donde empezar? – La lucha de los oprimidos se da donde están los trabajadores: en la fábrica, en el barrio, en la escuela, en un oficio o profesión, en un municipio, en un movimiento o en una iglesia. También puede ser con una raza, un grupo de mujeres, con adolescentes o con personas de la tercera edad. Cualquier lugar, en la ciudad o en el campo, hasta en una prisión, puede ser un lugar donde los militantes tomen su puesto de lucha. Lo peor es conocer cómo son las cosas y no hacer nada. Lo mejor es elegir un grupo o un lugar que tenga condiciones para respaldar e influenciar a otros grupos y lugares.

El núcleo de militantes – Enfrentar una tarea solitariamente no siempre es valentía o coraje, puede ser inexperiencia que lleva a perjuicios. También la lucha, para ser victoriosa, debe dar pasos de acuerdo a sus fuerzas. Por eso, la primera tarea del militante es formar un grupo de compañeros que ya tenga un mínimo de comprensión y disposición para iniciar un proceso. Siempre es bueno tener gente nueva, sabiendo que la edad de una persona se cuenta por el número de amigos que ella consigue reunir. Personas nuevas están más abiertas y libres para encarar una marcha. Esa elección debe ser cautelosa y basada en la confianza. Algunas cualidades son fundamentales: Personas que no aceptan ser manipuladas, que van más allá del interés individual, discretas (no hablan de los temas con quién no esta interesado o está en contra) y que saben relacionarse con el pueblo. Este primer grupo se reúne varias veces, para reforzar la amistad, cambiar ideas y definir los objetivos y el plano de actuación.

El conocimiento de la realidad – Definido donde va a ser el trabajo es hora de conocer, por dentro, el lugar o grupo. Las informaciones nacen de la observación, de las conversaciones, visitas, investigaciones o consultas a especialistas en el tema. Conocer y ser conocido exige el aprendizaje del lenguaje del grupo para favorecer la integración y el intercambio. Tres tipos de informaciones no pueden faltar:

Las que se refieren a la cantidad : Que número de personas, volumen de producción, de renta, de problemas enfrentados, así como los grupos que oprimen a la población y los que están a su favor.

Las que revelan los deseos, sueños y proyectos de las personas: En general son los sentimientos que mueven a las personas  cuando ellas se sienten aceptadas y reconocidas comienzan a participar.

Las historias de resistencia – Todo ser humano protesta, sólo varía la forma en que lo hace: la forma puede ser individual o grupal, escondida o abierta, espontánea u organizada, pacífica o violenta, Los militantes deben estar convencidos que no son ellos los que inventan la lucha. Su tarea es descubrir personas y señales de la lucha del pueblo y ayudar para que esa lucha se amplíe, se organice y obtenga victorias económicas, políticas, sociales, culturales…

Las informaciones correctas sobre la realidad se vuelven materia prima para el estudio de los militantes, Ellas aportan datos para las acciones y el tipo de organización. Las anotaciones son importantes en el descubrimiento de problemas e intereses comunes. También es esencial participar a las personas consultadas en la recolección y apreciación de los resultados. En definitiva, ellas deben ser las primeras interesadas en tomar conciencia de lo que está pasando. Este estudio puede ser la primera acción del trabajo de base.

Realizar acciones concretas – Los datos de la realidad pueden sugerir varias propuestas de acción. Los militantes tienen que descubrir lo que el pueblo esta en condiciones de hacer para realizar sus deseos. Algunas veces, las acciones elegidas parece que nada tienen que ver con los grandes problemas descubiertos. La acción a ser encaminada es aquella en la cual el grupo va a participar y no va a estar en la platea, ser espectador.

Tiene que ser una acción dentro de la comprensión, momento y ritmo que ese pueblo pueda soportar. Puede ser un juego, una fiesta, una celebración. Pero, puede ser también una protesta, un trabajo colectivo, una disputa política. Los militantes tienen la obligación de sugerir propuestas. No pueden improvisar, porqué las acciones no asumidas por el grupo generan quietismo y frustración.

“Voy despacio porque tengo prisa” dirían los más viejos, porque es decisivo que las primeras acciones den resultado. Son las victorias las que animan la voluntad de continuar. Son ellas que preparan al pueblo para acciones mayores Las derrotas aumentan el sentimiento de debilidad y de impotencia.

Una acción empuja a otra cuando está bien preparada y cuando después de ejecutada, se hace un balance de los avances, puntos débiles y de la continuidad. Hacer acciones y reflexionar sobre ellas ha sido la gran escuela donde los militantes y el pueblo se capacitan y se forman.

Descubrimiento y proyección de los liderazgos – Las liderazgos aparecen en las acciones. Porque dan sugerencias, van al frente, se repliegan más rápido, son más valientes, están un poco más informadas. El liderazgo surge porque expresa públicamente lo que muchos desearían ser o decir, pero tienen dificultad para hacerlo. Los liderazgos son indispensables en el trabajo popular. Pero sólo merecen este nombre cuando reúnen, en torno de sí, muchas personas. Los verdaderos liderazgos no son electos, son reconocidas por causa de su actuación y de su dedicación.

Acostumbrado a los liderazgos tradicionales, al pueblo a veces “le parece” que debe elegir personas que saben prometer, que hablan bonito, que son mas instruidas o sino, gente muy quieta. La experiencia muestra que estas personas decepcionan: hablan, pero no hacen, dan sugerencias, pero no levantan un dedo por la mayoría, se comprometen con todo, pero nunca encuentran tiempo para nada.

Es tarea de los militantes ayudar en la preparación de liderazgos populares legítimos. Los liderazgos que interesan al trabajo de base son aquellos que unen sus intereses individuales con los intereses del grupo. No usan esa posición como privilegio personal, sino como un lugar de lucha. En el camino, los liderazgos van aprendiendo a co-mandar. Van sabiendo ejercer el poder o repartir el poder. Van distribuyendo las responsabilidades de acuerdo a las necesidades de la lucha, la capacidad de las personas y el gusto de cada uno, equilibrando una dosis de paciencia con una dosis de firmeza. Su preocupación permanente es animar a los que están dormidos o desanimados, promover al fortalecimiento del grupo y ayudar en la capacitación de nuevos liderazgos.

Los dirigentes – En todo grupo, aunque los participantes sean conscientes de sus responsabilidades, hay personas que se destacan y se tornan una referencia. La referencia, más que un privilegio, es una tarea de coordinación de las acciones para el buen funcionamiento del trabajo (para evitar la incoordinación: mucha manos en un plato…) Dentro del mismo grupo, otras personas va a tener otras funciones, conforme al momento o a su habilidad. La verdad que ha habido gente que se aprovechado de su cargo de dirigente para su interés personal. Estos ejemplos revelan que el poder nace del pueblo y por el pueblo debe ser ejercido. Por eso nunca puede ser ejercido de forma autoritaria o personalista (como hacen los coroneles de la elite). Mucho menos para dominar a la mayoría desinformada.

No se debe confundir dirigente con funcionario. Funcionario es un mandato que se gana con el voto, aunque los candidatos no tengan presente un compromiso con el pueblo. Ser dirigente viene del reconocimiento de las personas que cumplen por lo menos cuatro exigencias: 1) Relación profunda y permanente con el pueblo, su vida, sus deseos y sus luchas. 2) Compromiso con la transformación de las personas y de la sociedad. 3) Capacidad de hacer propuestas justas, principalmente en los momentos difíciles, 4) Capacidad para organizar al pueblo, democratizar el poder, compartir las responsabilidades y comandar.

Autonomía: En el trabajo de base los trabajadores y sus organizaciones no pueden depender de una asesoría o de un jefe. Cuando no existe independencia económica y política, los trabajadores se vuelven masa de maniobra. Sin formación política, sin recursos financieros para sus actividades, sin el conocimiento de técnicas (como hacer una reunión, hablar en público, operar una maquina, hacer un planteo, organizar una movilización) los trabajadores continuarán con la cola entre las patas.

Una asesoría militante y competente puede contribuir en la capacitación de los trabajadores para que se vuelvan sujetos protagonistas de la lucha popular.

Para conseguir independencia es preciso tener coraje y condiciones de caminar con los propios pies. Desde el inicio, los trabajadores deber ser inmiscuidos en la sustentación de sus actividades y deben ser competentes en una tarea. Hace tiempo que sabemos que la liberación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores o no habrá liberación.

La creación de un movimiento – El trabajo popular que realiza muchas acciones, que representa ideas nuevas y reúne muchas personas, termina apareciendo a los ojos y oídos de los demás. Se vuelve esperanza para los excluidos del sistema y preocupación para las elites. Lo que era un ojo de agua puede transformarse en un arroyo y después en un río. Convivir con el reconocimiento de la sociedad es un nuevo desafío del trabajo popular. ¿Como continuar preocupándose por el esclarecimiento, la organización y la reproducción de sangre nueva para seguir el camino? Discutiendo, con gran participación de los interesados, organizando las orientaciones del grupo que, más adelante, serán la base para sus estatutos.

Desgraciadamente, mucha gente buena, cuando se vuelve importante, se aferra a sus cargos, olvidándose que es en el pueblo donde está la verdadera fuerza. Para evitar estos desvíos, muchos movimientos se previenen renovando, de tiempo en tiempo, todo el personal que ejerce cargos. Otra vacuna contra el peligro de la corrupción es exigir que cada militante o líder asuma una tarea concreta junto a una lucha directa.

La finalidad de una organización popular es atraer más trabajadores, volverse herramienta de lucha permanente y ser una escuela de preparación de nuevos compañeros. Una organización nunca puede volverse el centro de la lucha. El centro de la lucha es el propio movimiento de los trabajadores que, en su esfuerzo para derrotar a la opresión y construir una nueva humanidad, crea nuevos hombres y nuevas mujeres con dignidad.

Formación de los trabajadores – La formación es una necesidad de quien lucha por la vida. Sólo con el entusiasmo y la fuerza no se vencen a la seguridad y a las mañas de los poderosos. Los oprimidos necesitan juntar fuerza, pensamiento y experiencia para vencer a la dominación. Más que nadie, ellos deben saber desarmar el sistema capitalista y apuntar soluciones para los problemas del pueblo. Es fácil derrotar a quién no estudia, a quien no se detiene para pensar. Es triste saber que muchos estudiantes no entran en la lucha, pero es imperdonable que un luchador no se detenga para estudiar aunque no sea un intelectual. Así el activismo hace del militante un militonto.

Estudiar significa entender lo que esta sucediendo con uno mismo y con los otros y buscar una solución. Esto exige reflexionar sobre la propia experiencia de lucha e indagar sobre la experiencia de otros trabajadores. Así es posible apropiarse de los conocimientos que están acumulando las personas y los libros. Formarse no es hacer cursos, ni llenar la cabeza de informaciones. Es estar mas capacitado para descubrir respuestas para los problemas que afligen al pueblo. Hacer formación, entonces, no quiere decir derramar contenidos sobre la cabeza de las personas que las reciben pasivamente. El proceso de formación sucede cuando se transforma en un intercambio entre sujetos que enseñan y aprenden los conocimientos de la vida.

La formación debe ser planificada de acuerdo al nivel de comprensión y de compromiso de cada compañero. Es importante organizar actividades de formación para principiantes, activistas, lideres y dirigentes. Es fundamental que el propio movimiento destaque personas que se dediquen a la tarea de organizar y de ejecutar un plan de formación.

Son múltiples las actividades de formación. La preparación, la ejecución y el balance de una acción, por ejemplo. Pero también los seminarios, los cursos, los debates, los viajes, las lecturas, las reuniones, los entrenamientos, el esfuerzo para contar la propia historia y la formulación de propuestas. La formación política debe ir junto con la capacitación técnica: como hacer una reunión, escribir una memoria, hablar en público, administrar una cooperativa, manejar una maquina, hacer una revista.

Evitar el aislamiento, trabajar en conjunto – En todas partes, hay gente (organizada o no) luchando contra la injusticia. El trabajo político se fortalece cuando se conocen y se unen las personas y grupos que están en un mismo rumbo. Esta articulación facilita el intercambio de experiencias y la realización de acciones conjuntas. Cuando un movimiento se cree dueño de la verdad, se vuelve arrogante y es blanco fácil para ser destruido. Pero buscar compañeros no puede basarse en la práctica de usar a las personas y grupos solo en la hora del inicio, interesados en lo que ellas pueden dar en términos materiales. El verdadero compañero es el que descubre que nadie puede hacer todo sólo, nadie está obligado a saber todo y nadie puede ser especialista en todo. Ser compañero es creer en el valor del intercambio de los conocimientos, en el poder de fuego que da la acción conjunta y en la suma de los recursos disponibles.

Los dueños del mundo nos dividen para continuar reinando. Es verdad que no podemos tener todos el mismo color, lugar de nacimiento, la misma religión, el mismo sexo, el mismo equipo de fútbol, ni los mismos gustos. Es una riqueza el desafío en el que las diferencias nos colocan. Por eso nunca se pueden separar los intereses de las dificultades que nos son comunes. Siempre es importante ver aquello que nos une, aún sabiendo que tenemos muchas diferencias.

Ser compañero no es dejar de lado las propias convicciones, ni ser el brazo ejecutor de un proyecto que no se ayudó a pensar, sólo por interés de algunos iluminados. Ser compañeros es unir esfuerzos para cumplir objetivos que están en la misma dirección. Las dos partes se convencen y deciden caminar juntos. Como toda alianza, también el compañerismo debe ser hecho con autonomía de las partes. Cada compañero debe conservar sus diferencias y sus motivaciones. No se puede confundir compañerismo con interacción, unión puntual o convenio.

Ocupar el espacio público – Ya existió una tendencia en el trabajador popular de negar cualquier relación con el poder público: nada de participación, nada de colaboración, ninguna colaboración en cuestiones concretas. El movimiento caminaba en paralelo como una vía de tren. Y tenía razón: el Estado era dirigido por una dictadura. Hoy, continua siendo propiedad privada de la clase dominante. Sin embargo, la lucha popular entiende que el espacio público puede ser un espacio de disputa contra la opresión, cuando se tiene claridad del proyecto popular y se garantiza la independencia de los trabajadores.

La disputa por puestos en la organización del Estado puede abrir espacios para la participación popular y garantizar derechos que se deben a todos los ciudadanos. La representación popular en el espacio publico estatal, puede facilitar el acceso al conocimiento de esa maquinaria. Esto posibilita formas de presión en la formulación de políticas sociales y en el destino de los fondos públicos para el conjunto de la población. Ayuda también a entender ¿qué cosa es el Estado?, que la forma en que esta organizado no sirve a los intereses populares porque mientras los oprimidos no derroten la opresión, no habrá un gobierno realmente popular. Por lo tanto, participar en los espacios institucionales no puede justificar la lógica de las campañas electorales ni la pérdida de autonomía de los movimientos.

Hacer la propaganda – Quien informa de lo que hace, logra que esa idea se expanda. Hacer propaganda es anunciar y compartir con otros las lecciones que el pueblo aprende en su caminar. Es hablar de sus sueños e invitar a muchas personas para que se unan a la misma esperanza. No se puede esconder un tesoro que es necesario pasar a las generaciones futuras. Hacer propaganda no es inventar historias para impresionar o aludir a alguien. En el inicio del trabajo la propaganda se hace persona por persona. Cuando la experiencia sienta raíces y ya puede mirar la sol, la propaganda es hecha en forma más abierta: Pegatinas, Carteles, boletines, películas… muchos militantes fueron atraídos para la lucha popular advertidos por la propaganda.

 

  1. MEJORAR EL TRABAJO DE BASE

“Si mucho vale lo ya hecho…  mucho más tenemos que hacer.”

Cuando ya hay trabajo de base, no se precisa comenzar todo de cero. La tarea ahora es preparar la herramienta para que continúe sirviendo a sus finalidades. El mundo cambió y la elite se recicló. Hoy usa la táctica de la seducción y el discurso de la “competencia” para quebrar la unidad de los trabajadores. Tergiversa el sentido del ser compañero, de la colaboración, la repartición de las ganancias y otras solidaridades. Para la mayoría sobra el desempleo, la lucha para la supervivencia, la exclusión social. Sin abandonar el rumbo, el campo popular necesita descubrir nuevas formas de hacer crecer su lucha y organización. Ningún sistema de dominación, por más poderoso y cruel que fuese, jamás conseguiría durar para siempre en la historia.

Un tiempo para la evaluación – El primer paso para una solución es reconocer que existe el problema. Una crisis puede ser la oportunidad de chequear las convicciones y re-direccionar el modo de actuar. Ahora parece que muchos líderes y organizaciones, hoy, están fuera de sintonía con sus bases, ¿dirigentes en FM y el pueblo en AM? La respuesta a los desafíos no surgen de una cabeza iluminada, nacen de un balance del movimiento, de una lectura rigurosa de la coyuntura y de una grandeza y disposición de la militancia.

¿Que partes deben ser evaluadas? – Varios aspectos del trabajo deber ser examinados. Para facilitarlo, podemos hacer las siguientes preguntas:

¿Qué pasa con el resultado? – La primera pregunta que alguien se hace cuando entra en una lucha es: ¿ que es lo que yo gano con esto?. Sin señalar las posibilidades concretas, es difícil movilizar. El pueblo quiere comida, tierra, esparcimiento, ingreso, reconocimiento. Las ventajas que queremos en el futuro, deben comenzar ahora. Sean ellas económicas, políticas, sociales, culturales, espirituales… como reconocimiento y esparcimiento:

¿Qué pasa con la participación? – Es más fácil tener platea y electores que trabajadores conscientes y sujetos. Es preciso siempre examinar si los liderazgos están facilitando el protagonismo de los trabajadores y el surgimiento de otros liderazgos. O es que se adueñan del pueblo por medio de una práctica paternalista y asistencialista que transforma compañeros en segundones.

¿Qué pasa con la juventud? – Todo lo que es nuevo, en general, es visto como algo peligroso. Quien quiere innovar, quien no acepta ser maniobrado por un amo (aunque este vestido con ropa del pueblo) siempre incomoda. Lo nuevo y lo viejo puede serlo por edad o por mentalidad. Cuando una organización no se renueva, ni se amplía es porqué comienza a desaparecer. Existen organizaciones que en lugar de luchar por la vida de muchos, se vuelve medio de vida para algunos.

Los nuevos actores tienen un lenguaje y un rostro que los movimientos tradicionales no siempre reconocen. Usan palabras de moda, tratan de dimensiones como la sexualidad, la raza, la subjetividad, la ecología, la cultura, la religión y tienen gran entusiasmo. Son temas antiguos transformados en formas de lucha y movilización. Está claro que siempre será preciso distinguir una rebeldía de aquello que va de la mano de la moda.

¿Qué pasa con las “competencias”? – Actuar sobre la realidad es la única forma de probar que se puede modificar la realidad. Esto quiere decir que, junto con los sueños y la fuerza, es necesario saber hacer. Es deficiente ser técnico y no ser político; pero es desmoralizador ser militante político y no saber meter la mano en la masa. La “competencia” necesaria en el trabajo de base es la capacidad de desarticular la explotación, donde sea que esta aparezca. Pero, también, la capacidad de presentar propuestas, con fundamentos, para ayudar en la construcción de una nueva sociedad.

¿Qué pasa con el rumbo? – En lugar de emparchar el viejo sistema, la lucha es por la transformación total del mundo y de las personas. Por eso, no se puede vender el alma a cambio de concesiones en los principios: Un sueño de un mundo de hombres y mujeres orgullosos de su dignidad y comprometidos con una nueva convivencia entre todas las personas. Esa orientación guía los esfuerzos de la lucha popular.

¿Qué pasa con la disciplina? – La postura liberal de muchos liderazgos tiene cansados a muchos militantes. La disciplina exige puntualidad. Es absurdo llegar a una hora y esperar por alguien, sin motivo, que va a llegar atrasado. Pero disciplina es mucho más que obediencia a una orden o un horario; es el cumplimiento de los mandatos colectivos. Es una convicción que nace del interior de la persona, como profundo respeto por si misma y por los compañeros. Es un sello que se lleva todo el día, pensando en la propia supervivencia y en el avance del movimiento. Disciplina es realizar, con perfección, las tareas asumidas; es ser fiel al plan trazado; es la co-responsabilidad política y financiera; es el respeto a cada compañero, sobre todo a los principiantes. Disciplina es llegar a las reuniones con propuestas fundamentadas. Reclamar lo acordado y aceptar, con humildad, los reclamos merecidos.

 

  1. EL “ALMA” DEL TRABAJO DE BASE

“Tenemos nuestras mentes y nuestras manos llenas de la simiente de la aurora  y estamos dispuestos a derramarla y a defenderla para que de frutos…” 

Cdte. Ernesto Che Guevara

El trabajo de base no es una “táctica” para atraer al pueblo. Ni un conjunto de técnicas que, si son bien aplicadas, pueden dar buenos resultados. El trabajo de base es también una metodología que va más allá de cualquier modelo. El trabajo de base es una pasión asumida por gente que se entrega a sus sueños. Es una pasión indignada contra cualquier injusticia y una ternura por todos los que se disponen a una construcción solidaria. Ese modo apasionado de creer en el pueblo y de multiplicar invade el corazón de los luchadores de la causa popular. Es involucramiento en la construcción de un modo de vivir sin la marca de la dominación, el entusiasmo en esa convicción contagiante. Esta forma de hacer política da resultado porque tiene su aliciente en las convicciones, Vuelve la política en una actividad sensible, comprometida y creativa. Este es el secreto, que sembrado en el alma, motiva al militante para dedicarse a realizar el proyecto popular, cueste lo que cueste. La fe en la vida, el amor por el pueblo, el sueño de libertad y fraternidad universal componen la fuerza interior que impulsa al militante, principalmente en los momentos de dolor, de duda y de derrota. Pero siempre está presente la alegría de vivir, la disposición para la lucha, la esperanza sin ilusiones, el canto, los símbolos, la belleza de la naturaleza, las celebraciones y sobretodo, el compañerismo. Estas convicciones y actitudes, individuales y colectivas revelan, desde ya, el sabor de la convivencia solidaria que soñamos para todos…

UNA PALABRA QUE NO PUEDE SER FINAL

“lo que será, aún está por hacerse…”

El contenido de estas anotaciones debe ser corregido, completado y cuestionado. Pertenecen al acervo popular. Fueron creadas en la experiencia vivida de mucha gente que se apasionó y se comprometió con la causa del pueblo. esperamos que puedan contribuir para animar y ampliar las iniciativas que el pueblo ya hace. Ese pueblo del cual somos parte, y que a pesar de la más dura esclavitud, y siguiendo el camino de mucha gente generosa, continúa intentando ser feliz como personas del pueblo.

https://elsudamericano.wordpress.com

[1] Sobre un original de Ranulfo Peloso da Silva. “Retomar el trabajo de base”

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