PRIMERA DECLARACIÓN DEL FORO DE SÃO PAULO

erPRIMERA DECLARACIÓN DE SÃO PAULO

São Paulo, Brasil. Julio de 1990

Convocados por el Partido de los Trabajadores (PT) nos hemos reunido en São Paulo, Brasil, representantes de 48 organizaciones, partidos y frentes de izquierda de América Latina y el Caribe.

Inédito por su amplitud y por la participación de las más diversas corrientes ideológicas de la izquierda, el encuentro reafirmó, en la práctica, la disposición de las fuerzas de izquierda, socialistas y antimperialistas del sub-continente a compartir análisis y balances de sus experiencias y de la situación mundial. Abrimos así nuevos espacios para responder a los grandes retos que se plantean hoy a nuestros pueblos y a nuestros ideales de izquierda, socialistas, democráticos, populares y antiimperialistas.

En el transcurso de un debate intenso, verdaderamente franco, plural y democrático, hemos tratado algunos de los grandes problemas que se nos presentan. Analizamos la situación del sistema capitalista mundial y la ofensiva imperialista, cubierta de un discurso neoliberal, lanzada contra nuestros países y nuestros pueblos. Evaluamos la crisis de Europa Oriental y del modelo de transición al socialismo allí impuesto. Pasamos revisión de las estrategias revolucionarias de la izquierda de esta parte del planeta, y de los retos que el cuadro internacional le plantea. Seguiremos adelante con estos y otros esfuerzos unitarios.

Este Encuentro es un primer paso de identificación y aproximación a los problemas. Desarrollaremos un nuevo Encuentro en México, donde continuaremos sumando inteligencias y voluntades al análisis permanente que hemos iniciado, profundizaremos el debate y buscaremos avanzar propuestas de unidad de acción consensuales en la lucha antiimperialista y popular. Promoveremos también intercambios especializados en torno a los problemas económicos, políticos, sociales y culturales con que se enfrenta la izquierda continental.

Hemos constatado que todas las organizaciones de la izquierda concebimos que la sociedad justa, libre y soberana y el socialismo solo pueden surgir y sustentarse en la voluntad de los pueblos, entrocados con sus raíces históricas. Manifestamos, por ello, nuestra voluntad común de renovar el pensamiento de izquierda y el socialismo, de reafirmar su carácter emancipador, corregir concepciones erróneas, superar toda expresión de burocratismo y toda ausencia de una verdadera democracia social y de masas. Para nosotros, la sociedad libre, soberana y justa a la que aspiramos y el socialismo no pueden ser sino la más auténtica de las democracias y la más profunda de las justicias para los pueblos. Rechazamos por eso mismo toda pretensión de aprovechar la crisis de Europa Oriental para alentar la restauración capitalista, anular los logros y derechos sociales o alentar ilusiones en las inexistentes bondades del liberalismo y el capitalismo.

Sabemos, por la experiencia histórica del sometimiento a los regímenes capitalistas y al imperialismo, que las imperiosas carencias y los más graves problemas de nuestros pueblos tienen su raíz en ese sistema y que no encontraremos solución en él, ni en los sistemas de democracias restringidas, tuteladas y hasta militarizadas que impone en muchos de nuestros países. La salida que nuestros pueblos anhelan no puede ser ajena a profundas transformaciones impulsadas por las masas.

Las organizaciones políticas reunidas en São Paulo hemos encontrado un gran aliento para reafirmar nuestras concepciones y objetivos socialistas, antimperialistas y populares en el surgimiento y desarrollo de vastas fuerzas sociales, democráticas y populares en el Continente que se enfrentan a las alternativas del imperialismo y el capitalismo neoliberal, y a su secuela de sufrimiento, miseria, atraso y opresión antidemocrática. Esta realidad confirma a la izquierda y al socialismo como alternativas necesarias y emergentes.

El análisis de las políticas proimperialistas, neoliberales aplicadas por la mayoría de los gobiernos latinoamericanos sus trágicos resultados, y la revisión de la reciente propuesta de “integración americana” formulada por el presidente Bush para encauzar las relaciones de dominación de los EE.UU. con Latinoamérica y Caribe, nos reafirman en la convicción de que a nada positivo llegamos por ese camino.

La reciente propuesta del presidente norteamericano es una receta ya conocida, pero endulzada para hacerla más engañosa. Implica liquidar el patrimonio nacional a través de la privatización de empresas públicas estratégicas y rentables a cambio de un irrisorio fondo al que los EE.UU. aportarían U$S 100 millones. Busca la aplicación permanente de las nefastas “políticas de ajuste” que han llevado a niveles sin precedente el deterioro de la calidad de vida de los latinoamericanos, a cambio de una minúscula y condicionada reducción en la deuda externa oficial con el gobierno imperial. La oferta de reducir la deuda oficial latinoamericana con el gobierno de los Estados Unidos en apenas U$S 7.000 millones no representa nada para una América Latina cuya deuda externa total se eleva a más de U$S 430.000 millones, si incluimos la deuda con la banca comercial y con los organismos multilaterales. Más aun, los U$S 100 millones de “subsidios” prometidos a los países que apliquen reformas neoliberales no llegan ni al 0,5% de los U$S 25.000 millones que América Latina transfirió al exterior solo en 1989 por concepto de intereses, amortizaciones y remisión de utilidades del capital extranjero. El plan Bush pretende abrir completamente nuestras economías nacionales a la desleal y desigual competencia con el aparato económico imperialista, someternos completamente a su hegemonía y destruir nuestras estructuras productivas integrándonos a una zona de libre comercio, hegemonizada y organizada por los intereses norteamericanos, mientras ellos mantienen una Ley de Comercio Externo profundamente restrictiva.

Así pues, estas propuestas son ajenas a los genuinos intereses de desarrollo económico y social de nuestra región y van combinadas con la restricción de nuestras soberanías nacionales y con el recorte y tutelaje de nuestros derechos democráticos. Ellas, en realidad, apuntan a impedir una integración autónoma de nuestra América Latina dirigida a satisfacer sus más vitales necesidades.

Conocemos la verdadera cara del Imperio. Es la que se manifiesta en el implacable cerco y la renovada agresión contra Cuba y contra la revolución Sandinista en Nicaragua, en el abierto intervencionisrno y sustento al militarismo en El Salvador, en la invasión y ocupación militar norteamericana de Panamá, en los proyectos y pasos ya dados de militarizar zonas andinas de América del Sur tras la coartada de luchar contra el “narco-terrorismo”.

Por ello, reafirmamos nuestra solidaridad con la revolución socialista de Cuba que defiende firmemente su soberanía y sus logros; con la revolución popular sandinista que resiste los intentos de desmontar sus conquistas y reagrupa sus fuerzas; con las fuerzas democráticas, populares y revolucionarias salvadoreñas que impulsan la desmilitarización y la solución política a la guerra; con el pueblo panameño –invadido y ocupado por el imperialismo norteamericano, cuyo inmediato retiro exigimos– y con los pueblos andinos que enfrentan la presión militarista del imperialismo.

Pero también definimos aquí, en contraposición con la propuesta de integración bajo dominio imperialista, las bases de un nuevo concepto de unidad e integración continental. Ella pasa por la reafirmación de la soberanía y autodeterminación de América Latina y de nuestras naciones, por la plena recuperación de nuestra identidad cultural e histórica y por el impulso a la solidaridad internacionalista de nuestros pueblos. Ella supone defender el patrimonio latinoamericano, poner fin a la fuga y exportación de capitales del subcontinente, encarar conjunta y unitariamente el flagelo de la impagable deuda externa y la adopción de políticas económicas en beneficio de las mayorías, capaces de combatir la situación de miseria en que viven millones de latinoamericanos. Ella exige, finalmente, un compromiso activo con la vigencia de los derechos humanos y con la democracia y la soberanía popular como valores estratégicos, colocando a las fuerzas de izquierda, socialistas y progresistas frente al desafío de renovar constantemente su pensamiento y su acción.

En este marco, renovamos hoy nuestros proyectos de izquierda y socialistas, nuestros compromisos son la conquista del pan, la belleza y la alegría, nuestro afán de lograr la soberanía económica y política de nuestros pueblos y la primacía de valores sociales, basados en la solidaridad. Declaramos nuestra plena confianza en nuestros pueblos, que movilizados, organizados y conscientes forjarán, conquistarán y defenderán un poder que haga realidad la justicia, la democracia y la libertad verdaderas.

Hemos aprendido de los errores cometidos, así como de las victorias. Armados de un innegociable compromiso con la verdad y con la causa de nuestros pueblos y naciones, nos echamos a andar, seguros de que el espacio que ahora abrimos lo llenaremos junto a las demás agrupaciones de la izquierda latinoamericana y caribeña con nuevos esfuerzos de intercambio y de unidad de acción como cimientos de una América Latina libre, justa y soberana.

São Paulo, 4 de julio de 1990.

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