PLANEADOR

en pdf Aquì: Planeador

8 de mayo. 2016

PLANEADOR

“…la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir,
loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo,
la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes,
sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos
explotando igual que arañas entre las estrellas ”
J. Kerouac

Winter collectionCompré boleto en un planeador que tarda 13 horas. Cuando llegué eran las once y como había planeado, no había nadie esperando. Caminé unas cuadras y me senté para no dar vueltas y terminar en cualquier lado. Imaginando la plaza, esa plaza y la otra, enrollé el tabaco y los malos recuerdos, y me los fumé, como hace años.

Un rato después me saludó Aimé, que jugaba en el sube y baja.

Mis sentidos hablaban con mi memoria en su tiempo sin olvido, en ese banco de aquella plaza frente a esa escuela en La Plata. ¿A quién le importa la vida de un tipo solo, en un banco de una plaza? (Ahora, hace quince años o más… decidí borrar las huellas; escribirme una historia de un minuto; ser uno y ser cualquier persona. Ser pueblo, combatiente, en cualquier lugar. Historia deshaciéndose.) Pero esta vida es mi vida. No tengo nada que explicar. No busco a nadie. Nadie me espera.

Al rato, abrieron una puerta, sonó un timbre y los guardapolvos del turno mañana se perdieron por las veredas diagonales. Los del turno tarde no llegaron nunca. Lo que vino a continuación fue un “comando” de madres de niños en edad escolar acompañadas de la policía, y tres barrabravas del sindicato oficial, que cantaban “Macri basura… vos sos la dictadura…”

Mi abuela fue la que me llevó a la plaza por primera vez. Ese mismo día mi abuelo me mostró el mausoleo de San Martín en la catedral. Era casi septiembre del 82. Nunca antes había visto a mi abuela usar un pañuelo blanco.

Subía y bajaba el mediodía mientras intentaba explicar a la directora que los muchachos de la limpieza no eran responsables del recorte presupuestario. Al tiempo que otra, rubia, un metro setenta y cinco, botas de cuero negro, sugería algo “más concreto” del estilo; reunión con el secretario del ministro, y un par de horas en un hotel para ponernos y sacarnos los desacuerdos.

Pedí el teléfono, dejé una revista, y salude a la burocracia que prendía dos cubiertas en la esquina.

La madre de Aimé me contó que todos los días viaja con ella desde Beriso para acompañarla a la escuela.

Hacía diez años. Era martes. Leía un libro que se desojaba, cuando el compañero vino a buscarme.

La camioneta es de los ochentas. El conductor no había nacido.

Y compramos aerosoles para escribir paredes.

– Hay pegatina y taller de formación. –Reunión de estos y de aquellos-. Mucho: ¡hola que tal!. Mucho mate y mucha actividad de la tropa de la facultad.

Así que discutí a los gritos, (aunque hubiera preferido el micrófono), con un sujeto provocador y borracho, (en realidad fueron tres). Y me bañé con agua fría. Y me llevé un cuchillo en el bolso.

La Jpé tenía una bandera de El Vaticano, Y la Federal drones de plástico

En dos o tres lugares entre el congreso y la plaza, encontré personas que me invitaron a la cabecera de la marcha de Memoria, Verdad y Justicia. Elegí quedarme y seguir caminando junto a los compañeros con los que viajé ese jueves desde La Plata a la Plaza de Mayo, seguir caminando como un tipo cualquiera, cualquier jueves de la plaza.

Y después caminé hasta Córdoba y de regreso a la infancia, a las marchas contra el “Punto Final” y a las ausencias familiares. A la intimidación y la sospecha. Hemos sido dados por muertos y acabados, Han hecho de nuestra lucha una mitología ridícula que el populismo y el reformismo inoculan a sus hijos. Sin embargo, en la calle, somos lucha y consciencia. No pueden mentir nuestra vida. Ni siquiera pueden imaginarla. Por eso prefiero la Lógica.

Estuve en muchas plazas (séis o siete) y caminé los pasos de otros días. Toqué algunos timbres. Hice algunas llamadas. (Me cruce con dos brujas en Retiro)… Están los amigos; los curiosos, los alcahuetes, los imbéciles; y los que no. Un colchón, unos mates. Los compañeros, Córdoba y los hermanos que siempre esperan. Gracias a ellos por los buenos recuerdos. (Lamentablemente sufro de un malestar recientemente estudiado por los especialistas académicos correspondientes, ahora denominado ICP. Intolerancia Crónica a los Pelotudos, que me impide permanecer en la ciudad.)

Intenté mirar de frente, -hay demasiados carteles-. No hay horizonte. Todo mundo marcha con paso cerrado hacia ningún lugar. En general se impone la actitud mormón-Homero Simpson. (Resulta insoportable convivir con personas que decidieron ignorar a Coltraine, a Zappa, a Neil Young, a Cobain.)

Y a eso hay que sumarle el mal clima. La basura. Las interferencias. El mal olor. Las esperas. La moralina reaccionaria. La ignorancia. El idealismo vulgar. El militarismo. El formalismo. Los actos de fe religiosa. El conformismo. El derrotismo. El burocratismo. La falsa conciencia, y los reventados, (osea; los enfermos mentales; y también los otros.)

Arreglé los anteojos al regresar.
Desde Aquiles Mando libros y mis respetos.

sup.Ch.
Oficina Revolucionaria Galáctica. (ORGa)
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