Jose-Revueltas

JOSÉ REVUELTAS La novela del proletariado sin cabeza

en pdf Aquí: Proletariado sin cabeza

Jose-Revueltas
José Revueltas nació en Durango, México, en 1914, y murió en 1976. Enlazó su pasión política a la literatura; nunca abandonó la escritura, a pesar de su constante militancia en diversos movimientos y de sus varios encarcelamientos por motivos políticos.
Fue cuentista, novelista y ensayista; escribió también guiones de cine y obras de teatro.

“Comenzaba a sentirse tonto, tal como pensó en un principio que iba a estar, y sólo la conciencia de la estupidez era lo único inteligente que se movía aún en su cerebro opaco y sordo.(…)

Porque la muerte no es morir, sino lo anterior al morir, lo inmediatamente anterior, cuando aún no entra en el cuerpo y está, inmóvil y blanca, negra, violeta, cárdena, sentada en la más próxima silla.”

“El luto humano”. José Revueltas. 1943

ENSAYO SOBRE UN PROLETARIADO SIN CABEZA
José Revueltas

Uno de los más grandes novelistas mexicanos modernos, militante comunista durante largos años, José Revueltas, rompe en 1960 con el PC mexicano. El libro Ensayo sobre un proletariado sin cabeza (1962) explica las razones de esta disidencia y critica las concepciones predominantes en el seno de la izquierda mexicana, desde Lombardo Toledano hasta el mismo PCM (pero en esa época aun sin cuestionar a la URSS y la tradición del Comintern stalinista). En 1968 Revueltas participa en el gran movimiento estudiantil y se asocia a jóvenes marxistas revolucionarios. Es arrestado y condenado a dieciséis años de prisión. Después de su liberación (1971) y hasta su muerte (1976) actúa como intelectual francotirador en el seno de la izquierda, sin comprometerse con ninguna organización.
Michael Löwy – El Marxismo en América Latina (2007)

¿Cuál es la forma en que Lombardo Toledano encara el problema de la burguesía nacional en el texto del artículo suyo que hemos transcrito?

Comencemos por destacar los elementos más esenciales del artículo de Lombardo, a saber:

a) Existencia en América Latina de una burguesía nacionalista en contradicción con la burguesía nacional “que sirve al extranjero”

b) burguesía nacionalista que, como “fenómeno histórico”, en general, “representa una fuerza revolucionaria” (aunque sea “por el momento”, como tiene a bien Lombardo “cubrirse” respecto a las eventualidades de su afirmación);

c) burguesía nacionalista que liga sus aspiraciones con las del pueblo “formando, así, un verdadero frente nacional” que, pese a sus confusiones, tiene “un claro sentido de resistencia al imperialismo”.

Después de examinar estos enunciados de Lombardo se llega a la conclusión de que difícilmente podría encontrarse caso tan perfecto de un contrapunto ideológico, donde pudieran ajustarse con mayor exactitud las coincidencias a la inversa, como el que se produce entre las recíprocas actitudes opuestas de Lombardo Toledano y el Partido Comunista Mexicano en el problema de la burguesía nacional.

En efecto, la “gran burguesía reaccionaria mexicana” del Partido Comunista, no viene a ser otra, en esencia, que la “burguesía nacionalista” de Lombardo. Podrá parecer sorprendente, aventurado e inexplicable a primera vista decirlo, pero el hecho histórico, real, es que ninguna de estas dos categorías existen en México al margen, fuera e independientemente de la burguesía nacional. Esta burguesía nacional es la que existe en nuestro país (al margen, aquí sí, de los sectores financieros e intermediarios que ya existían desde los tiempos de la Dictadura Porfiriana, más aun, que fueron creados por la política económica seguida por Porfirio Díaz-Limantour, y que eran y siguen siendo los aliados naturales del Imperialismo). Y como decíamos, esta burguesía nacional mexicana se conduce de un modo cambiante, versátil, según las circunstancias. Ahora bien; esto es porque puede hacerlo en razón de que dentro de las fronteras del país no tiene un verdadero enemigo al frente en las demás clases sociales, sobre todo en la clase obrera, que se encuentre en condiciones de presionarla e inducirla, por la fuerza política, a seguir un camino determinado aunque ella no quiera.

De tal modo la burguesía nacional mexicana unas veces hace cierta política progresista y otras una abierta y cínica política reaccionaria, según sus conveniencias inmediatas, pero con la tendencia, cada vez más acusada, de realizar cada vez en mayor medida y preferentemente una política reaccionaria, sin que esto quiera decir que renuncie a determinadas formas burguesas de lucha (o de “tironeo’’, más bien) con el imperialismo. Pero entendámonos.

El prejuicio ideológico que debe desterrarse es aquél que hace consistir en revolucionaria toda la política nacionalista de la burguesía. En este prejuicio es en el que se sustentan los ideólogos de la burguesía nacional para confundir a la clase obrera y para perseguir e impedir sus luchas independientes. La política nacionalista de la burguesía no es revolucionaria en todos los casos, ni mucho menos; pero más aun, es perfectamente compatible con una política reaccionaria en el interior del país, como lo demuestra la experiencia histórica de México en numerosas ocasiones, con Carranza, con Obregón, con Calles.

Así pues, cuando el Partido Comunista Mexicano trata de explicarse la política antiobrera del Gobierno y atribuye dicha política a una “gran burguesía reaccionaria mexicana”, no hace sino tratar de que aparezca como menos burguesa una burguesía nacional que se encuentra realmente en el poder, que es dueña material del Gobierno y cuya tendencia es seguir de modo preferente el camino reaccionario, aunque no renuncie a su política nacionalista, propia y muy suya, llena de las trampas, chicoleos, simulaciones, balandronadas, hipocresías y “trastopijes” que le son tan psicológicamente característicos y que parecerían heredados por ella desde los tiempos del Emperador Moctezuma II.

Aquí es donde se produce el fenómeno de “coincidencia al revés” del Partido Comunista y de Lombardo Toledano. Mientras para el Partido Comunista parece inconciliable que el Gobierno pueda llevar a cabo una evidente aunque muy limitada política nacionalista, junto a una política reaccionaria y antiobrera, abierta y franca, para Lombardo Toledano, en el sentido opuesto, ciertas medidas nacionalistas del Gobierno deben ser consideradas de un modo forzoso como revolucionarias y no pueden explicarse de ninguna otra mane-ra que en esa condición. De tal suerte, mientras para satisfacer su esquema el Partido Comunista necesita una “gran burguesía reaccionaria” dentro del Gobierno y un sector de la “burguesía nacional” fuera; para satisfacer el suyo Lombardo necesita una “burguesía nacionalista” dentro del Gobierno y una “burguesía nacional” que sirve al extranjero, desde fuera del aparato gubernativo, el primero, al servicio de una línea sectaria e izquierdizante; y el segundo, de una línea oportunista de derecha.

Lo anterior evoca inevitablemente aquella situación en que dos sordos se encuentran a la orilla de un río y se produce entre ambos el siguiente diálogo:

Sordo I: ¿Vienes a pescar?
Sordo II: No; vengo a pescar.
Sordo I: ¡Ah, yo creí que venías a pescar!

Este diálogo de sordos parecería el que, cada quien por su lado, sostuvieran el Partido Comunista y Lombardo Toledano respecto a la burguesía nacional. Cada uno, con diferente carnada, ha ido a “pescar” a una misma e idéntica burguesía revolucionaria, progresista, antiimperialista, susceptible de incorporarse o de formar con ella “un frente nacional”. Sin embargo, para uno y otro este “frente nacional” representa, en apariencia, dos cosas completamente distintas entre sí. Para los unos (el Partido Comunista), en virtud de que la burguesía nacional que buscan no se encuentra dentro del Gobierno, el “frente nacional”, en consecuencia, no solo debe ser antiimperialista, sino antigubernamental. Para los otros (Lombardo y sus amigos), la burguesía nacionalista está dentro o influye en la política del Gobierno y éste forma parte (en México) de las fuerzas revolucionarias, por lo que el “frente nacional” debe comprender al propio Gobierno dentro de sus filas (más adelante de los párrafos de su artículo que aquí reproducimos, dice Lombardo: “Hace unos días, en México, los dos sectores de la burguesía nacional, ligada al imperialismo yanqui, elevaron su protesta porque el Gobierno, prosiguiendo su política de nacionalización de las principales fuentes de la economía y los servicios públicos, después de la nacionalización de la industria eléctrica, ha tomado en sus manos el monopolio de la exhibición de las cintas cinematográficas, que funcionaba en violación abierta del texto de la constitución”).

Para el primer sordo ideológico y político (Partido Comunista Mexicano) el frente nacional no existe y debe ser formado después de que se localice, con toda precisión, el punto donde la burguesía progresista se encuentra.

Para el Sordo II (Vicente Lombardo), en cambio, esa burguesía revolucionaria ya está localizada, por lo que a México se refiere, dentro del propio Gobierno (bajo el aspecto de una burguesía nacionalista) y como dicha burguesía “liga sus aspiraciones a las que el pueblo tiene, formando, así, un verdadero frente nacional”, lo único que queda, entonces, es “impulsarla para que mantenga su actitud sin vacilaciones y sin concesiones peligrosas hacia el poder del exterior”. […]

Pero, ¿cómo proceden los ideólogos de la enajenación en México?

a) Pretenden, de hecho, que la opresión imperialista despoja a la burguesía nacional de su carácter de clase, de su inconsecuencia natural e inalienable, y que, entonces, dicha burguesía nacional se convierte, en virtud de sus circunstancias, en una burguesía necesariamente “progresista” y “antiimperialista”.

b) Consideran que la industrialización, en sí misma, y no porque facilite la lucha “del proletariado contra la burguesía por el socialismo” ya cons-tituye una aceleración del proceso del desarrollo democrático-burgués (ignorando que este desarrollo pueda llevarse a cabo sin la burguesía), con lo que confunden la revolución democrática con la clase burguesa y abandonan en manos de ésta la hegemonía dentro del proceso. Aquí, de tal modo, y a título de que la industrialización constituye para el país la forma de liberarse económicamente del imperialismo, adoptan sin más ni más el punto de vista de la “prosperidad” capitalista, benéfi-ca para el país y la nación, según ellos, y no como lo es, para la burguesía.

La realidad, sin embargo, echa por tierra, en cada ocasión, tales posiciones, como ya lo hemos visto repetidamente en este ensayo. Los ideólogos de la enajenación, así, tienen que recurrir a los siguientes elementos de “diversión” del problema:

a) Inventar una debilidad insuperable, permanente, de la burguesía nacional, que, en virtud de tal estado de indigencia se ve en la obligación ineludible de enfrentarse siempre a su causante, el imperialismo;

b) Como, a pesar de todo, esa burguesía (contra todas las previsiones de sus ideólogos en el campo obrero) se consolida y fortifica cada vez más, no queda otro recurso que dividirla en “sectores”. Estos sectores, enriquecidos y fuertes, se entregan de inmediato y sin más trámites, al servicio del imperialismo y la reacción, dejando siempre, en el fondo del vaso de la prosperidad capitalista con que se embriagan, un residuo de burguesía nacional “antiimperialista y progresista”, pobre, maltrecha, y sin duda, también heroica. En esta forma no es la burguesía nacional “como clase” (Lenin) la que “engendra inevitablemente su (propia) inconsecuencia en la revolución democrática”, sino que tal inconsecuencia radica en los “sectores” que “la traicionan”:

c) Como, a pesar de todo también, el Estado mexicano es un Estado de clase, los ideólogos de la enajenación, como lo hemos dicho ya, salen del apuro, unos (el Partido Comunista Mexicano) cargando sobre él la influencia predominante de la “gran burguesía reaccionaria”, y otros (Lombardo Toledano), entronizando en su seno a la “burguesía del capitalismo de Estado” como una burguesía que se autoniega de hecho, de modo práctico y concreto, y no de una manera falsa y aparente, en su condición de clase social burguesa, y ya no solo como un núcleo que podría ser, en el peor de los casos, “inconsecuentemente” democrático y progresista.

La auténtica e indiscutible revisión del leninismo que practican, cada uno desde sus posiciones, Lombardo Toledano y el Partido Comunista Mexicano, por supuesto no se queda aquí.

Para Lombardo y el PCM, en palabras, el proletariado es la clase esencialmente revolucionaria, pero en los hechos es una clase que no existe como tal, porque jamás la han situado, ni quieren situarla, en el punto real de las relaciones de clase verdaderas que hay en la sociedad mexicana.

¿Dónde se expresa siempre, desde el punto de vista político, la realidad de las relaciones de clase? Se expresa en la posición estratégica que tengan las clases hacia el Estado y, consecuentemente, en la actitud táctica que observan frente al gobierno. Una clase que tenga en sus manos el poder del Estado, pretenderá conservarlo y defender, entonces, su posición hegemónica en el gobierno, expuesto el problema en sus líneas más generales. Una clase que aspire a la posesión (o sustitución) del Estado, estará colocada, pues, en la situación inversa, y mantendrá hacia el gobierno las relaciones tácticas que se derivan de una lucha de clases. Que estas relaciones tácticas supongan una lucha violenta o no violenta, dentro de la legalidad constitucional o fuera de ella, por procedimientos parlamentarios o a través de la lucha de masas (o por medio de una combinación de ambos métodos), serán cosas que decidan la correlación de fuerzas y otros factores. Pero ante todo se tratará de mantener hacia el Estado y el Gobierno una posición de lucha de clases.

Ahora bien: ni Lombardo Toledano ni el Partido Comunista Mexicano mantienen esa posición en los hechos, ante el Estado y el Gobierno, porque ambos, bajo diferentes formas, no ven sino una única clase consecuentemente democrática y progresista, y esa clase no es el proletariado, sino la burguesía nacional.

Algunas de sus novelas

José Revueltas-Los muros de agua

José Revueltas – Los motivos de cain.pdf 

 El Luto humano – José Revueltas

Dormir en Tierra – José Revueltas

Los dias terrenales Jose Revueltas

 

 

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