EL MACRISMO ES LA CONSECUENCIA DIRECTA DEL KIRCHNERISMO

El Macrismo en pdf

Febrero 2016-Marzo 2017

Daniel Scioli se negó a discutir sus propuestas económicas durante la campaña. El justiicialismo liderado por Cristina Fernández se negó a realizar internas abiertas, y entrego la elección para no pagar el precio del ajuste, más tarde a cuenta de los muertos del peronismo, se negó a revisar las urnas impugnadas, y llamó a la tropa propia a “estar tranquilos”. Mientras la crisis económica se transforma aceleradamente en crisis política, se renueva la crisis de los partidos burgueses y el Crisitinismo intenta un operativo retorno al estilo Bachelet. Sin embargo el justicialismo, acosado por escándalos multimillonarios de corrupción, ha perdido la hegemonía en el movimiento de masas. Cristina Fernández y la burocracia sindical consiguen apenas un 23 % de aceptación entre los trabajadores movilizados en los últimos meses. Aquí un análisis escrito durante el ultimo año, en un país dolorosa y humanamente cruel.

“…No es nuestro cometido elaborar un plan válido para todas las épocas que se sucederán; en consecuencia, aumenta nuestra obligación para con el presente: urge que hagamos una crítica despiadada de todo lo que existe, despiadada en el sentido de que nuestra critica no ha de temer  ni sus propios resultados, ni el conflicto con los poderes establecidos.”

Carlos Marx

Desde el inicio del primer gobierno del Frente para la Victoria hemos considerado que su intención fundamental era la de cerrar la crisis política que se manifestó como crisis de dominación, y crisis del régimen de partidos políticos y afectó la estabilidad de todo del régimen institucional burgués durante algunos meses de gran movilización popular en 2001-2002.

Duhalde fue el gerente de la crisis más urgente. Su continuidad fue el kirchnerismo, que debió darse una política populista, capaz de articular los reclamos populares en su proyecto de gestión del aparato de Estado. Su propósito fue desestructurar el movimiento popular, y reincorporar a grandes sectores de la sociedad civil a la “política tradicional”, es decir: a la lógica de la política burguesa, cooptar parte de su dirigencia, y así limitar toda posible radicalización de sus objetivos políticos. Es decir, las luchas y reivindicaciones del movimiento popular debían según esa política, subsumirse dentro del juego del aparato estatal e institucional propio de la burguesía y, para que esto fuese posible, se debían generar mecanismos para canalizar parte de sus demandas. Para los “partidos tradicionales”, era urgente reconstruir la confianza en los mecanismos parlamentarios y salvar su credibilidad ampliando las medidas asistencialistas. La burguesía estuvo dispuesta a acompañar este proyecto mientras la renta extraordinaria de los commodities impulsaba el crecimiento de la economía y estabilizaba los niveles de demanda. No obstante, cuando empezaron a considerar que la situación económico-social se había estabilizado, algunas fracciones en especial pequeño burguesas ascendidas, se fueron desgajando, reclamando el retorno a un “país normal” (promesa genéticamente identificable con el kirchnerismo), esto es, a un gobierno que ya no otorgara ningún tipo de concesiones a las demandas populares.

Desde 2007 (tras el recambio de Néstor Kirchner, (que había alcanzado la presidencia con el 22% de los votos luego de que Ménen se retirara de la segunda vuelta electoral), por su esposa Cristina Fernández, comenzó un largo debate en el seno de la burguesía: ¿seguía siendo necesario un gobierno como el kirchnerista, o ya se podía regresar a uno “normal”?

El kirchnerismo había servido de tabla de salvación a dirigentes radicales y peronistas de todos los tonos y matices. La nuevas alianzas entre grupos de poder local y caciques tradicionales en las provincias del interior comenzaba a cristalizarse y dar origen a un nuevo entramado de estructuras de negocios dirigidas por una nueva generación de gerentes-agentes, de las transnacionales y los grupos de poder locales, las petroleras, las mineras, los laboratorios biotecnológicos y la CIA.

El chavismo había cambiado su carácter y el ALBA se anunciaba como la Alternativa para los pueblos, frente a esto el kirchnerismo fue también un instrumento de la política neocolonial del imperialismo, y una clara expresión de la subordinación de la política argentina a los proyectos de “integración comercial” Estadounidenses, que sirvió de freno y de obstáculo permanente al desarrollo de un verdadero nuevo proyecto político histórico de liberación continental.

Desde la derrota en el conflicto del campo, el kirchnerismo hizo sus mayores esfuerzos para adaptarse a ese reclamo de la burguesía y mostrar que ellos podían ser los garantes de un mercado estabilizado, “en serio”, al tiempo que lograrían minimizar los riesgos de conflictos sociales por su capacidad para ejercer un control policíaco-clientelar sobre las mayorías populares.

El pago de la deuda, el retorno al FMI y demás medidas, no alcanzaron para que el “Frente de todos los peronismos” lograra conservar el consenso de la pequeñoburguesía socialmente ascendida, detrás de su política pseudo-estatalista en torno al discurso redistribuidor, dentro de los margenes propios de un mercado internacionalmente atado a las fluctuaciones del dólar, y ante los escándalos de fraude económico y el incesante “bombardeo” mediático el neoperonismo kirchnerista eligió pasar a la oposición, cerrar las “internas abiertas”, y presentar los peores candidatos: entregar la elección, para no pagar el precio del ajuste, que era el único plan de gobierno de los tres candidatos principales del sistema.

La derrota del kirchnerismo en las elecciones de 2015 fue sin embargo, la mayor manifestación del éxito de su rol orgánico como expresión política de la burguesía históricamente dependiente. Logró una victoria en su intención de volver a imponer el ideario, incluso entre amplios sectores del nuevo activismo pequeño burgués, el pensamiento de que la revolución era imposible y que todo proyecto debía restringirse a lo “posible” dentro de los marcos capitalistas.

De este modo; por haber subestimado a las mayorías populares, por haber frenado la movilización y organización popular por fuera del aparato clientelar del justicialismo, por haber malversado las tradiciones de lucha del pueblo argentino; es que el populismo neoperonista, le ha dado paso a sus verdaderos patrones, la derecha oligárquica y antipopular que logró constituirse como alternativa de gobierno.

Tal punto alcanza hoy la reconfiguración de la dominación política de la burguesía en Argentina, que el kirchnerismo logró incluso imponer su proyecto de establecer una “alternancia” ordenada, bipartidista, con la que ahora se intentará otorgarle estabilidad al sistema en el largo plazo. Ese fue el objetivo de la reforma electoral, impulsada por Abal Medina y Néstor Kirchner, buscando reorganizar el sistema de partidos electorales que había estallado producto del desprecio a las necesidades populares y la ilegitimidad en la que se encontraba toda la dirigencia burguesa después de la crisis económica más importante del siglo XX

La lógica y la retórica de la política neoperonista ya en “oposición” (que bien podría llamarse abierta colaboración) se inscribe dentro de un modelo de bipartidismo diseñado en Washington, donde no hay espacio para la disidencia radical, no hay lugar para candidatos obreros legítimamente elegidos por las bases.

La política moderna, es decir la “real politic” de los gerentes-agentes, ‘imagina’ un nuevo partido peronista al estilo del “democrático”, Partido Demócrata de Estados Unidos; en donde ellos se reservarían el lugar de “centro izquierda” en el escenario político y le adjudican al macrismo el rol de “centro derecha”.

Fue el propio kirchnerismo quien se encargó de consolidar a Macri como su principal rival político, permitiéndole alcanzar casi con el menor esfuerzo, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Porque era un contendiente que siempre podría de este modo, presentar desenmascaradamente su proyecto capitalista y pro patronal, y servir de “policía malo”, frente al “policía amigo”

Ese bipartidismo que hoy parece haberse constituido, es en realidad una simple ilusión transitoria, la historia ha demostrado reiteradamente que el pueblo argentino no admite callejones sin salida, y que la clase obrera nunca se ha detenido más que un momento, frente al mostrador de la política burguesa.

EL PROYECTO DEL MACRISMO Y LA OPOSICIÓN BURGUESA

Las primeras medidas del macrismo expresan claramente la mirada de una burguesía que intenta “ir a fondo”. Las concesiones parciales del período anterior ha sido reemplazada por la abierta colaboración de la burocracia sindical peronista en todos sus matices y contrastes. La coacción juega hoy un rol central en la política. La represión, que durante el kirchnerismo se realizó generalmente de manera solapada, a través de los aparatos de inteligencia y buscando que los hechos no llegaran a confrontaciones callejeras, volvió a trasladarse a cada conflicto en las calles y en los barrios.

La quita de retenciones al agro, y una devaluación de más del 60%, generan una brutal transferencia de recursos. Si a eso se suma el fin del “cepo” al dólar, se hace evidente que  los exportadores y financistas han disfrutado de un gran festival durante los primeros días del año. Días después se puso en conocimiento público otra gran estafa, la quita de retenciones a la minería, una actividad que había sido en extremo beneficiada por las anteriores gestiones   justicialistas. Permanentemente, las grandes empresas reciben subsidios en aras de supuestas “políticas de empleo”, como sucede con los petroleros de Hipasam en Sierra Grande, etc. Estamos hablando, en su conjunto, de una transferencia de miles de millones de dólares que no pueden provenir de otro lugar que de las arcas del Estado.

Los funcionarios del gobierno del Estado, como Prat Gay y Marcos Peña sostienen que estas medidas son “imprescindibles” para obtener las divisas necesarias a fin de “evitar un ajuste”.

Todo esto sin considerar, claro, que los más de 200 mil despidos a la fecha, la inflación proyectada al 45% en cuatro meses, los tarifazos del 600%, la caída de salarios y jubilaciones, el decreto expandiendo el impuesto al trabajo y una tasa de interés del 37%, sean expresión de un “ajuste”.

El telón de fondo de esta política es el sometimiento total de la burguesía argentina al imperialismo, expresado claramente en medidas económicas como el pago usurario de servicios e intereses de deuda pública, a los fondos financieros especulativos llamados “buitres”. Esa política de ajuste y endeudamiento ha sido históricamente el correlato del hambre y la miseria del pueblo trabajador.

La “Deuda” estatal “externa”, es el principal instrumento de transferencia de los recursos económicos del Estado, a los grupos financieros internacionales.

La política iniciada por Néstor Kirchner y su primer Ministro de Economía Lavagna, y profundizada por Cristina Fernández y Kicillof, reconociendo la deuda e impulsando un “acuerdo con los buitres” en todo momento, no era otra cosa que la misma vieja política burguesa de “endeudamiento” que gracias a los beneficios de la pauta publicitaria oficial en los medios de comunicación y los nuevos recursos tecnológicos y discursivos, fue presentada masivamente con retórica populista como “desendeudamiento”.

La gerencia que deja el control del aparato de Estado llevó esa política a un nuevo nivel. El Estado burgués, según expresan sus gerentes actuales, mantiene una deuda de 250 mil millones de dólares, es decir alrededor del 50% del calculo oficial del PBI, mientras que durante los dos gobiernos de Cristina Fernández se pagaron cerca de 200 mil millones.

La “estrategia” de pagar deuda tomando más deuda, solo es otro argumento para la estafa.

El dictamen de oposición kirchnerista a la propuesta oficial, expresa el acuerdo de fondo: contra el planteo de Prat Gay de beneficios del 1000% para los fondos especulativos, el ‘cristinismo’ peronista en defensa de “la soberanía nacional”, propone ofrecer un 10% menos.

El macrismo recibió en herencia del kirchnerismo una buena herramienta para presionar a los senadores y diputados que responden a los gobernadores: la gran dependencia de recursos del Estado y el permanente estado de ‘quiebra’ de casi todas las economías provinciales.

Los gobernadores, oficialmente miembros del justicialismo, avalan sin cuestionar, el acuerdo de rapiña, con tal de tener fondos para pagar los sueldos. Vuelve a plantearse el escenario de una profunda crisis del capitalismo en Argentina, de la cual todos los partidos patronales acuerdan que sólo puede salirse recurriendo a un nuevo ‘acuerdo de financiamiento’ con el FMI y reduciendo drásticamente el costo de la fuerza de trabajo, a través de la devaluación-inflación, más despidos y suspensiones. En esas políticas son socios el conjunto de la burguesía argentina y sus partidos. En ese marco de fuerte ajuste contra los trabajador@s, se hace evidente la relevancia del fortalecimiento de la política represiva contra la lucha social, expresado en el protocolo anti piquete, los hechos de represión y el encarcelamiento de dirigentes sociales. El paro y la movilización de Estatales y otros gremios de febrero fue un primer hecho indicador de cual será el verdadero rol que tendrá el nuevo peronismo kirchnerista en la lucha de clases. Ningún sector orgánico de ese espacio político participó activamente en las movilizaciones de todo país. No fue Cristina Fernández la figura política emergente sino la clase trabajadora.

EL DEBATE POLÍTICO CLAVE

El kirchnerismo pretende mostrarse como única alternativa al gobierno de la derecha proimperialista. Es claro que no se trata de una alternativa que se construye en la lucha, sino desde la política del espectáculo y el escándalo mediático y en las redes sociales, eso solo puede durar un tiempo, mientras negocian nuevas condiciones para sus negocios y su supervivencia en la gran escena.

Los ex funcionarios kirchneristas, sostienen que la única tarea del presente “para que al gobierno le vaya bien”, es “resistir” hasta “que vuelva”…. Perón, Jesucristo o el Papa Bergoglio… El punto clave es que no está claro aún, quien es el que regresaría esta vez. Y ¿para que?

La propia Cristina Fernández, procesada por estafa y defraudación, llamó a su  tropa a “estar tranquilos” y siempre en la vieja tradición de manosear las angustias populares, “desensillar de la vaca atada” hasta encontrar la próxima mula para emprender el retorno a la casa de gobierno.

Siembran el desconcierto y el colaboracionismo de clase. Que es el resultado lógico de la política que practican, que no brinda canales para la organización y la participación popular, sino que se resume a prebendas y clientelismo.

Cualquier debate de opiniones en esos términos nos ubica a nosotros “fuera de la política” y presenta a los trabajadores una encrucijada sin salida. En la que las concesiones burguesas, propias de un corto período de auge comercial y mínimas condiciones de estabilidad económica, son calificadas como “conquistas” logradas “gracias al” gobierno anterior. Por todo esto debemos consolidar nuestra línea de acción política.

Es allí donde se dibujan tres posibles caminos para intentar una verdadera lucha contra el ajuste: el Frente Único “Anti-Macri”, la Unidad de Acción con clara diferenciación ideológica, o una línea sectaria o de ruptura.

El primer camino es el que pretende imponer el kirchnerismo y los kirchneristas/pejotistas ‘recién llegados’, que nos exigen dejar de lado nuestras históricas banderas de independencia de clase y nos instan a que nos fusionemos con los mismos que hasta el 10 de diciembre nos reprimían, espiaban y denunciaban por luchar contra el capitalismo, en la época en que “le hacíamos el juego a la derecha”; hoy pretenden que le hagamos el juego a ellos hasta que “vuelvan”. Tras el discurso de la unidad se encubre la política tradicional del populismo burgués, la conciliación de clases.

Llamamos sectaria aquella linea de acción que no contempla ningún tipo de acción conjunta con sectores identificados con los partidos patronales, así sea en base a objetivos compartidos, como demandas sindicales o democráticas. Y pensamos que es un error, porque es movilizando al conjunto del pueblo que estos sectores que ‘naturalmente’ forman parte de la sociedad civil, (hacia los cuales tenemos que darnos una seria y constante política de combate ideológico), habrán de sumarse a las acciones. O serán arrastrados por nuestra política o el continuismo.

La Unidad de Acción, con un plan de lucha que nos permita identificar claramente los objetivos que pretendemos conseguir, los inconvenientes, las necesidades más urgentes y las tareas principales a desplegar en cada situación, con una permanente y clara diferenciación ideológica, que intente convencer, que apunte a ganar militantes, a sumar voluntades para la lucha y no ha destruir la trinchera popular; esa debe ser la linea general, que deberá seguir nuestra política en este período para no caer en la trampa del aislamiento.

Nunca debemos dejar de lado las diferencias; es necesario hacerlas notorias, plasmarlas en nuestras prácticas y en en nuestras intervenciones. No debemos aceptar la unidad que diluye las diferencias. No debemos fingir unidad donde hay diferencias irreconciliables, pero podemos encontrarnos, coincidir en los reclamos en los que haya coincidencias.

Nuestra experiencia política ideológica nos recuerda que los dirigentes populistas y reformistas suelen aparecer en escena como aliados de las clase obrera, pero que siempre serán los principales enemigos ideológicos de la revolución socialista.

En la actual coyuntura los ex funcionarios del kirchnerismo (y sus sociedades anónimas) buscan integrar a los sectores más lúcidos y conscientes de la clase obrera, dentro de la estructura de influencias del aparato de los tres Partidos Justicialistas. “Las CGT’s”. “El Cristinismo” y el “Frente Renovador”

Ese entramado de intereses que, lejos de estar en la oposición, sigue siendo otra herramienta fundamental de la dominación, dirige gran parte del poder legislativo, la mayoría de los gobiernos provinciales, municipales, buena parte del aparato judicial y también es parte del actual gobierno nacional.

La burguesía se propone el disciplinamiento de la clase obrera. En ese intento hace uso de todo el aparato estatal, como ya ha sucedido repetidamente en nuestra historia.

Las primeras consecuencia ya son evidentes, la población “sobrante” para el capitalismo argentino, es decir, la parte del pueblo que el sistema considera descartable crece al mismo ritmo que la inflación.

Nuestra línea de acción política se desarrolla, dando una lucha ideológica permanente, contra los políticos que intentan conducir al pueblo al camino muerto de la confianza en los partidos que organizan y administran el sistema que nos oprime y mata. Dando siempre la batalla política-ideológica contra el reformismo, el ideologismo, el doctrinarismo, el dogmatismo y el sectarismo.

Vamos compañer@a echar al basurero de la historia al fascismo

Vamos a construir la patria de tod@s

Luchamos para vencer!!

ORGa
La Oficina Revolucionaria Galáctica

HIJOS Red Mundial

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