CONFERENCIA DE MANUEL CASTELLS Y ÁLVARO GARCÍA LINERA (en video)

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Interesantísimo el elegante -y profundo- debate entre Castells y Álvaro García de Linera en la Paz. El vicepresidente de Bolivia había invitado al catedrático a dar una conferencia magistral en la que éste se extendió sobre la globalización poniendo el foco en los límites de la reversibilidad del proceso con la cabeza puesta en el Brexit y Trump, pero también, en la descomposición del PT en Brasil y la desintegración del espacio bolivariano. Un largo relato seguido de un comentario de Linera que tuvo una prórroga brillante en las respuestas a las preguntas del público.

Llama la atención la radicalización -en el sentido de «esencialización»- de los discursos, pero sobre todo la creciente divergencia entre ambos a partir de un punto de partida común, el famoso “La globalización ha muerto” del propio Linera. Divergencia que seguramente se explica por el contraste entre la anglosajonización de la Academia europea -de la que Castells es parte- y la sensibilidad para la política y las correlaciones de fuerza que tuvo siempre el Vicepresidente y que sin duda se vuelven más claras en un momento como este.

La primera impresión: Castells pierde el paso y se lanza a una propuesta urgente de renacionalización del estado. Linera, por contra, ve tendidas las banderas progresistas de la globalización, las hace propias y le falta poco para usar el término «globalización de los pequeños»: reclama abiertamente la libertad de movimiento de las personas, reivindica el conocimiento y la tecnología como un procomún universal y se pregunta si los costes medioambientales están repartidos equitativamente.

Pero la diferencia fundamental está en el sujeto político desde el que piensan uno y otro. Castells, analizando el resultado electoral norteamericano utiliza las mismas categorías que llevaron a la derrota a los demócratas, culpabiliza al «hombre obrero blanco» y en un momento, con cierto pasmo, reconoce que la clase media blanca tuvo un comportamiento electoral similar, expresando claramente que da por hecho el carácter supuestamente reaccionario de la gran masa de trabajadores americanos pero que le sorprende que la clase media blanca y universitaria no sea netamente distinta. No hay un solo atisbo de autocrítica, ni siquiera se pregunta si no habrá sido precisamente el uso de las categorías de la izquierda postmoderna la que alimentó al trumpismo tanto como al Brexit.

Por contra Linera cuando le replica habla directamente desde y para «los trabajadores y clases subalternas» en una gramática laborista del discurso que rehúsa utilizar las categorías étnicas, raciales, de género, etc. que, como al profesor, le nublarían la mirada y sobre todo le negarían la posibilidad de crear sujetos globales que no fueran de «resistencia» sino de transformación. No hay que hacer una estadística para darse cuenta de que «resistencia» fue usada más de media docena de veces por Castells y ni una sola por Linera, quien ya está en otra, la de «lo común, lo comunitario, lo comunista» porque ve que el fin de la globalización neoliberal abierta en los noventa marca un periodo en el que «todos los futuros son posibles a partir de la nada heredada».

El contraste en la política práctica es evidente. Castells quiere renacionalizar a la izquierda, centrarla en la discusión de la soberanía como forma de recuperar legitimidad. Linera, cuando desde el público se le pregunta si no hay una contradicción entre pedir créditos internacionales y atacar al capital financiero responde desde el marxismo más pedagógico. Deja caer, frente a las referencias de Castells a la «oportunidad» de tecnificar el extractivismo, que Bolivia va a fabricar baterías de móvil -en vez de exportar el recurso bruto, el Litio- pero sobre todo recuerda a su interlocutor que no hay revolución de los modos de producir posible a escala nacional. Lo que puede hacer una revolución, apunta, es ampliar derechos, fomentar el asociacionismo productivo y comprar tiempo en espera de un cambio global. Dicho de otro modo: igualitarismo en las políticas públicas, fomento del cooperativismo de trabajo y la propiedad colectiva y… paciencia de la que se juega la mayor. Y cuando lo dice, uno siente que la partida ya ha comenzado.

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