Anarquismo, Historia Política, Latinoamérica

ANARQUISMO Y NUEVA IZQUIERDA. La Resistencia Libertaria y el anhelo de una alternativa antiautoritaria para la Revolución Latinoamericana (1969-1978) por Guillermo Mármol

por Guillermo Mármol

 

Introducción

El siguiente trabajo pretende ser una aproximación a la historia de la militancia anarquista en las décadas de 1960 y 1970, tomando como eje el análisis de diversos grupos que conformaron una corriente libertaria heterogénea que podría incluirse dentro de la “nueva izquierda”1 en la Argentina.

La conformación de estas organizaciones se dará en torno a su breve participación en el histórico periódico anarquista La Protesta, para posteriormente aparecer diseminados por lugares tan distantes entre sí como la Capital Federal, Córdoba, Rosario o La Plata. Desde allí se propondrían nuevas perspectivas respecto a las Revoluciones en China, Cuba, y la Guerra de Vietnam; se realizarían análisis críticos acerca del papel de las organizaciones armadas en la Argentina para terminar proponiendo, en el caso de algunos grupos, la organización de un Partido Libertario basado en el funcionamiento de distintos frentes y con un programa político y un objetivo estratégico: construir el socialismo en base a una perspectiva antiautoritaria.

Los documentos que utilizaremos para la investigación son en su mayoría fuentes primarias, entre las que se encuentran documentos internos, publicaciones periódicas y boletines sindicales. También recurriremos a publicaciones de trabajos recientes realizados por antiguos militantes de la organización2.

Entendemos, finalmente, que si la lucha armada, reinstalada a nivel continental por la Revolución Cubana, contribuyó al surgimiento de una “izquierda revolucionaria” escindida de la izquierda tradicional, el anarquismo tuvo, en este período, su propio cisma.

Nuevas realidades, nuevas perspectivas

Durante las décadas de 1960 y 1970 surgieron nuevos movimientos sociales y políticos en todo el mundo. Desde las huelgas generales en Francia en mayo de 1968, o la llamada Primavera de Praga en el mismo año, asomaba una juventud rebelde y autónoma que cuestionaba los fundamentos mismos de la sociedad capitalista. También afloraban con fuerza los movimientos de liberación nacional en el tercer mundo: triunfaban, no sin una lucha cruenta, los argelinos sobre la guerra impuesta en su país por el Estado francés, en tanto que la intervención norteamericana en Vietnam sufría un durísimo revés en el sudeste asiático.nibotas

Pero ningún suceso tuvo tanta influencia en el debate de la izquierda en la Argentina como la Revolución Cubana de 1959. El caso cubano cuestionó la idea predominante de la época en los partidos socialistas y comunistas que promovían la transición progresiva y pacífica hacia el socialismo a través de alianzas electorales con partidos progresistas. La revolución, realizada por movimientos populares heterogéneos, convocó a todas las fuerzas políticas de izquierda del continente, generando una crisis en los partidos comunistas al tiempo que asumió una estrategia de “foco” guerrillero para hacer madurar las condiciones objetivas prerrevolucionarias hacia una situación revolucionaria en los países latinoamericanos y por qué no, en otras partes del mundo.

En nuestro país, este período se vio signado por una intensa actividad política, un auge de masas, y el crecimiento de la izquierda marxista y peronista: se inició, a grandes rasgos, con la instauración de la dictadura del general Juan Carlos Onganía y se cerró con el fin del gobierno de María Estela Martínez de Perón, en marzo de 19763.

En este contexto, la explosión obrero-popular llamada Cordobazo, ocurrida en 1969, abrió un período nuevo en cuanto a las formas de lucha de la clase obrera argentina. Esta etapa se vio signada por el recurso a la violencia (tanto guerrillera como popular) por parte de las masas, y también fue marcada por el planteo del socialismo como una alternativa viable de poder popular. Fue la primera vez en la historia argentina que la clase obrera se postuló como clase dirigente de otros sectores sociales en el proceso histórico nacional, en un claro desafío a la burguesía. Y allí se gestó un nuevo sindicalismo, antiburocrático y clasista, cuyo referente más trascendente fue el de los trabajadores del SITRAC-SITRAM4. Consecuentemente, la clase obrera y el pueblo enfrentado a la policía primero y luego directamente a las Fuerzas Armadas, otorgaron a estos hechos el carácter de un hito histórico5.

Así, frente a este panorama, surgieron agrupaciones anarquistas –conformadas en su mayoría por jóvenes– que participaron del clima general de transformaciones y que, como consecuencia de su novedosa lectura sobre la realidad social del período, se enfrentaron inevitablemente con el resto del movimiento libertario.

Del debate con La Protesta a la formación de los grupos (1969 – 1973)

La izquierda alcanzó, en los primeros años de la década del ´70, un crecimiento importante como consecuencia de la represión desatada por el régimen de facto encabezado por el general Juan Carlos Onganía (1966-1970). Fue este el panorama que encontraron miles de jóvenes que se lanzaron a la participación política a través de la militancia en distintas agrupaciones de izquierda y en las distintas corrientes más radicalizadas del movimiento peronista.

Dentro del anarquismo, las nuevas corrientes no tuvieron origen proletario, pero entendieron que la nueva coyuntura demandaba su inserción en las luchas sociales y en el movimiento obrero en particular. Algo similar ocurría en el resto de las organizaciones de izquierda que apuntaban en esa dirección6.

Circular10En el caso particular de los libertarios, militantes de esta tendencia lideraron gremios como el Sindicato del Caucho7, y activaron entre los mecánicos de Kaiser en Córdoba, con los astilleros de Berisso y Ensenada, entre los judiciales platenses, y también en el gremio gráfico, en textiles y entre los plomeros de Buenos Aires. A comienzos de la década del ´70 ya se habían consolidado al menos tres agrupamientos importantes en La Plata, Buenos Aires y Córdoba8.

En esa misma época, el periódico anarquista La Protesta –decano de la prensa libertaria, fundado en 1897–, tras reconocer las dificultades que tenía el mensuario desde lo económico y lo intelectual, sugiere la invitación a nuevos grupos para acercarse a colaborar con la publicación9. Quienes se acercaron a trabajar fueron, justamente, muchos de los jóvenes conectados con el movimiento social, que venían participando en las luchas concretas del proletariado en sus zonas de inserción. De esta manera, entre los meses de febrero y agosto de 1971, la breve pero prolífica participación de los nuevos colaboradores dejará entrever diversos análisis de la realidad política y social con los que, muchas veces, los redactores de antaño no concordarían10. Finalmente, tras unos meses de difícil convivencia, los antiguos convocantes reasumirían su hegemonía sobre la publicación expulsando a los que entonces fueron convocados: la escisión se concretó en una reunión realizada, a mediados de aquel año, en la Biblioteca Libertaria Mario Anderson Pacheco, situada por aquel entonces en la calle Asunción 140, del partido de Avellaneda11. Habría que esperar hasta el mes de octubre de 1971 para que La Protesta volviera a aparecer, pero ya sin la colaboración de los ahora expulsados.

Por su parte, en un extenso documento fechado en ese mismo mes en la ciudad de La Plata, con carácter de renuncia, los libertarios disidentes mencionaron no sólo la incapacidad de llevar adelante un diálogo fraterno con los viejos integrantes del decano del periodismo libertario rioplatense, sino también los temas que evidenciaron el desacuerdo12.

Mientras tanto durante esos años, es sabido que las distintas sedes del ámbito libertario en la capital Federal y Gran Buenos Aires fueron testigos y lugares de reunión de muchos jóvenes que buscaban en el anarquismo una referencia militante y, al no encontrar una organización que los aglutinara, decidieron conformar las propias.

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De esta manera surgieron distintos grupos que, en la mayoría de los casos, se manifestaron a favor de la lucha armada y del trabajo en conjunto con otras orientaciones ideológicas clasistas a fin de alcanzar la revolución. Algunos agrupamientos plantearon la necesidad de una organización política anarquista que actuara como motor en el frente de masas, no en el sentido de vanguardia, sino en el de una minoría que mediante su militancia promoviera la acción sin pretender dirigirla13. En continuidad con estas posiciones, la producción teórica realizada por estos jóvenes en las postrimerías de la década del ´60 trabajó sobre una concepción libertaria de “partido” y “poder”. El “Partido” se entendió así como una herramienta necesaria para la toma de poder político y social, tarea que no incluía en sí misma, la toma del Estado; en consecuencia, lo que se necesitaba era, una organización no de masas, sino de cuadros que inserta en las masas, debiera subordinarse a éstas14. Esta posición será determinante para algunos grupos que la pondrán en práctica durante los años venideros.

Por otra parte, hacia 1972, surgió en las paredes de la Biblioteca José Ingenieros (Almagro, Capital Federal), un importante agrupamiento que tuvo a su cargo la edición de un periódico con colaboración, en un primer momento, de militantes escindidos de La Protesta y antiguos militantes gráficos. Posteriormente se sumaría esa cantidad nada desdeñable de jóvenes de distinta procedencia que hacía un tiempo estaba acercándose a los locales libertarios15.

En tanto, en la provincia de Córdoba, un grupo se instaló en una chacra de 10 hectáreas en Cañada de Machado (Río Primero, Cba.). El núcleo crece por el aporte de estudiantes universitarios, grupos de teatro y militantes de variada procedencia que utilizan el establecimiento para prácticas de tiro y otros entrenamientos militares. Muy pronto las discusiones políticas se van intensificando y el grupo va virando hacia un anarquismo más comprometido políticamente. Como consecuencia, los militantes se insertaron entonces en las Comisiones de Padres y Jóvenes de Cañada de Machado, en el Sindicato de Educadores de la Provincia (algunos de ellos eran docentes), sostuvieron la editorial Trilce (y su revista del mismo nombre) y constituyeron incluso una Cooperativa Hortícola que vendía parte de su producción al Mercado de Abasto de Córdoba. A principios de los ´70, finalmente, todo el grupo se trasladó al Barrio Colonia Lola para iniciar un trabajo político barrial con una gran trascendencia, que incluyó la creación de la escuela “Libertad”: las actividades que se realizan en este período se reseñaron en las llamadas “Circulares”, publicaciones en donde también trataban de saldarse las discusiones políticas e ideológicas con otros grupos que cotidianamente compartían un mismo espacio político16.

Resistencia Libertaria, o una concepción antiautoritaria de la Revolución (1972 – 1978)

Para 1969 también en la ciudad de La Plata encontramos un grupo anarquista, el GAR (Grupo Anarquista Revolucionario), que a partir de 1972 cambió su nombre por el de Resistencia Libertaria (RL). Es cierto que, como el resto de las organizaciones de la época, RL estaba formada por jóvenes que se vieron influenciados por los postulados de la nueva izquierda. Sin embargo, en este caso, el grupo contó –acaso porque tres de sus fundadores, los hermanos Daniel, Marcelo y Rafael Tello, provenían de una familia anarquista– con el aporte inestimable de la experiencia militante de anarquistas de antaño como Emilio Uriondo, antiguo expropiador, compañero de Severino Di Giovanni y Miguel A. Rosigna, quien colaboró con el movimiento hasta su muerte17.

Organizados en células y frentes de trabajo, RL actuó siempre en la clandestinidad, no sólo porque su existencia (1969-1978) se desarrolló durante dictaduras militares y violencia parapolicial, sino también porque en su concepción la organización política debía ser un agente dinamizador del proletariado, pero no dirigente18. Situados en el clasismo, concibieron que la lucha de clases era doble, puesto que por un lado buscaban la socialización de los medios de producción, junto a otras organizaciones marxistas, mientras que su especificidad anarquista reclamaba la socialización del poder político19.

En concordancia con lib8rlla izquierda revolucionaria, la organización entendió la violencia como inevitable, vislumbrando la victoria de la clase obrera en un futuro previsible. Pero coherente con su concepción de poder popular y el rol de la organización política de los anarquistas, RL criticó tanto la teoría del “foco” como las concepciones insurrecionalistas a las que adscribían tradicionalmente los grupos anarquistas revolucionarios. A diferencia de éstos, se pronunciaron a favor de la “guerra popular y prolongada”20 y, precisamente por eso, en el terreno militar sus acciones sólo estuvieron destinadas al financiamiento y a resguardar su seguridad, puesto que si la organización militar de combate era una prerrogativa de la organización política revolucionaria de los trabajadores, la organización no se la atribuyó, aunque entendió que debía contribuir a su creación21.

Si bien hubo conexiones entre este grupo y otras organizaciones anarquistas del país, fue a partir de 1974 que RL apostó a la construcción de una coordinación a nivel nacional. Pero para entonces, sin bien la mayoría de los grupos coincidían en varios puntos, la imposibilidad de formar una organización específica se evidenció en los desacuerdos del Congreso de Córdoba22. Con todo, algunos grupos de esta ciudad y la corriente platense aprovecharon el encuentro para fortalecer sus concordancias y constituyeron la RAL (Red Anticapitalista Libertaria), con la intención de integrar frentes de trabajo diversos y difundir su posicionamiento y acción a través de una periódico asequible, de fácil lectura, poblado de consignas concretas para la acción y que, si apelara a la historia, lo hiciera con el fin de procurar conclusiones precisas. Dicha publicación se llamó “El Libertario” y entre sus páginas incluyó, siempre, un registro minucioso tanto de las acciones populares como de las represivas, además de reseñar otras publicaciones obreras23.

En un marco en donde la prensa obrera y revolucionaria se núcleo en torno a la Coordinadora de Prensa Popular24 –que a principios de 1974 se constituyera ante la creciente censura y los ataques parapoliciales a los talleres y las oficinas de los editores-, el mensuario destacó sobre todo la crónica de las luchas obreras nacionales en general y las cordobesas en particular, por hallarse muchos de sus militantes, en muchos casos, implicados en forma directa25.

 

Rnuestroesistencia obrera, Golpe de Estado y represión

Dos son pilares en donde anclará, hacia su ocaso, el discurso clasista: el Pacto Social y la nueva Ley de Asociaciones Profesionales. El primero fue condición para la recuperación económica del empresariado tambaleante ante la indisciplina de los centros de producción, en tanto que la segunda resultó un elemento clave, requerido por la burocracia sindical para enfrentar –con el apoyo del Estado a través de grupos parapoliciales– a los gremios combativos. Estos fueron ilegalizados, clausurados o intervenidos por el Ministerio de Trabajo; sus dirigentes apresados y sus militantes, en muchos casos, asesinados26.

No obstante, RL27 confiaba en la continuidad de las luchas de resistencia y, más allá de la ofensiva gubernamental, consideró que la clase obrera marchaba hacia una resistencia prolongada en organización y conciencia de las clases populares28. Pero la realidad evidenciaba un constante reflujo, consecuencia de la represión y el desgaste de sus elementos más conscientes. En ese orden, las desapariciones de delegados, activistas y hasta comisiones internas completas, serán una constante durante el año ´75.

Educacion Hijos

La organización libertaria no estuvo exenta de este proceso: en sólo seis meses la represión desarticulará el frente estudiantil en La Plata, y buena parte de estos militantes serían destinados a la ciudad de Córdoba para apoyar el trabajo que los cordobeses habían desarrollado en el sindicato del Caucho. Otros activistas pasarían a fortalecer la reciente constitución de la regional Buenos Aires.

Sin embargo, el pase a la clandestinidad de algunos de los militantes más experimentados sobrecargó a la pequeña organización con la necesidad de apoyar su subsistencia y la de sus familias. Esta situación determinó que a la táctica principal de la organización –su inserción en los ámbitos industriales– se le agregara, en emergencia, la constitución de un aparato militar que, al tiempo que creó un ámbito específico de militancia para los compañeros en la clandestinidad, proveyó en algunos casos la financiación requerida. Así es como se planificarán y ejecutarán operaciones de “recuperación” de material y finanzas en acuerdos con otras organizaciones como el ERP en Córdoba y OCPO29 y PCML en La Plata.

Es de destacar que, aún cuando la represión se tornó generalizada, las modalidades tácticas de la RL (su rechazo a la propaganda partidaria y su negativa a firmar las operaciones) lograron generar cierta invisibilidad que disminuyó considerablemente el daño a su estructura. Hacia enero y febrero de 1976, lo organización sólo había sufrido daños menores e incluso crecía, incorporando militantes desprendidos de otros agrupamientos libertarios30. Pero, sin embrago, el traslado obligado a Buenos Aires de militantes de los astilleros de Ensenada y Río Santiago, disminuye la influencia de la RL en La Plata – aunque la misma se mantiene en judiciales y docentes. En tanto, en Buenos Aires, el sindicato de plomeros, un antiguo gremio anarquista que abandonara la FORA en los años ´50, resultó un importante ámbito de nucleamiento desde donde se proyectarían relaciones con otros gremios y agrupaciones sindicales31.

Con todo, aquella sensación de relativa indemnidad concluyó con el transcurso del año 1976: el 9 de marzo, días antes del golpe militar, fueron secuestrados por el Comando Libertadores de América – de la Triple A – en Córdoba, el Secretario General del SITRACAAF Rafael Flores, el militante Marcelo Tello y Soledad García del gremio de docentes32. A partir de allí y durante los próximos meses, decenas de militantes vieron su vida transformada por el desarraigo y el peregrinaje: algunos se trasladaron a Buenos Aires, y otros al exterior. Así, y a pesar de que la organización no perdió demasiados militantes, sí en cambio lamentó la pérdida de su capital político: su inserción, sus contactos, su periferia, sus construcciones orgánicas específicas en gremios y sindicatos cordobeses fueron, durante este período, totalmente desmanteladas.

Último acto (1976 – 1978)

Sólo laAcción DIrecta autodisciplina rigurosa y el compromiso permitieron que hasta el año ´78 Resistencia Libertaria se mantuviera con un número ínfimo de caídas si se compara con la masacre que entonces se acercaba. La organización sostuvo su inserción social, se mantuvo en comunicación con otras organizaciones políticas y con una importante periferia que participaba entonces de las iniciativas planteadas por la organización en los espacios de inserción33

Su táctica ante una coyuntura represiva pareció acertada34, por cuanto preservó la organización, e incluso le permitió crecer en un marco de invisibilidad, mientras sus miembros construían resistencia y organización en la superficie sin ser detectados. Nada hacía pensar que pudieran se un objetivo para la represión. Y de hecho los testimonios de sobrevivientes hablan de la sorpresa que manifestaban los represores, cuando tras otros objetivos, dieron con el núcleo central de la RL35.

Al día de hoy, los elementos que se poseen para explicar la aprehensión de estos militantes resultan conclusiones provisorias. Quienes militaron en la organización admiten que, acaso, la ausencia de una infraestructura considerable y autónoma para cubrir las necesidades de logística y financiamiento llevó a la organización a establecer alianzas con otras organizaciones que poseían una infraestructura superior: es el caso del PCML y su aparato militar, el EPL, claramente identificado por el aparato represivo desde el secuestro del Coronel Pita, interventor de la CGT, en 197636. Las tareas conjuntas realizadas con una organización fuertemente infiltrada por la represión serían, al parecer, la causa de la debacle que Resistencia Libertaria enfrentará hacia el mes de junio de 1978.

En conclusión, la captura del núcleo central de la organización en el norte del Gran Buenos Aires arrastró la detención de responsables de células específicas y de frentes de trabajo. Aún cuando se evitó la caída de todo el núcleo periférico, la organización en sí fue destruida completamente. Una buena parte de sus militantes más comprometidos fue aprehendida, y muchos de ellos continúan hoy desaparecidos.

 


BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES

I – FUENTES HISTÓRICAS DIRECTAS
I.1. Publicaciones periódicas y boletines:
Acción Directa, nº11, Septiembre 1974
Circular, publicación cordobesa, nº 1, 2, 6, 10, 11, 13, 14
El Libertario, medio difusor del anarquismo, mensuario, 1973 – 1975
La Protesta, publicación anarquista, nº 8115, 8121
Resistir, la peor derrota es la derrota sin lucha (boletín), nº 1,2, y otros s/n
I.2. Documentos internos:
– EAR (Estudiantes Anarquistas Revolucionarios), La autogestión social comienza por la autogestión de las luchas, documento sin fechar
– Grupo Anarquista “Acción Directa”, Definiciones para un contexto ideológico de un periódico de combate, Buenos Aires, Agosto de 1972
– Grupos Anarquistas Revolucionarios (GAR), Informe I. Los anarquistas y la Revolución, Buenos Aires, 1970
: A esto llamamos lucha de clases, Buenos Aires, documento sin fechar
: A todos los niveles, acción directa, Buenos Aires, documento sin fechar
: ¿Puede la burguesía nacional ser consecuentemente antiimperialista?, Buenos Aires, documento sin fechar
– Resistencia Libertaria, Documento nº 3, Estrategia, 1970
: PROGRAMA. Objetivo estratégico: el socialismo, documento sin fechar
: Documento de ruptura con La Protesta, La Plata, 1971
: Pautas iniciales de la corriente de resistencia obrera, 1975
II – BIBLIOGRAFÍA DE CARÁCTER GENERAL
– Andrea Andujar, A., “Combates y experiencias: las luchas obreras en Villa Constitución”, Taller. Asociación de Estudios de Cultura y Sociedad nº 6, Buenos Aires, AECS, abril 1998
Cohn Bendit, Daniel., “Organización espontánea, lo contrario de desorden”, en La Insurgencia Estudiantil, 1968
– Colom, Y., y Salomone, A., “Las coordinadoras interfabriles de Capital y Gran Buenos Aires, 1975 – 1976”, en Razón y Revolución, nº 4, Otoño de 1998
– James. D., Resistencia e Integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina, 1946 – 1976, Buenos Aires, Siglo XXI, 2006
– López Trujillo, F., y Diz, V., Resistencia Libertaria, Buenos Aires, Madreselva, 2007
– Pereyra, D., De la Moncada a Chiapas. Historia de la lucha armada en América Latina, los libros de la Catarata, Madrid, 1994
– Pozzi, P., EL PRT – ERP. La guerrilla marxista, Buenos Aires, EDUDEBA, 2001
– Santella, A., Poder Obrero. Notas para una investigación
– Tortti, M. C., “Protesta social y “Nueva Izquierda” en la Argentina del Gran Acuerda Nacional”, en Taller. Asociación de Estudios de Cultura y Sociedad nº 6, Buenos Aires, AECS, abril 1998

NOTAS:

1 Coincidimos con Pablo Pozzi y Alejandro Schneider en que el término “nueva” es utilizado para diferenciar formas de organización, métodos de lucha y una forma de relacionarse con la clase obrera por parte de estas nuevas organizaciones políticas. Sin embargo, estos autores discuten en torno al término, ya qué, suponen, éste no resulta del todo exacto desde el momento en que muchos de los militantes que conformaron las flamantes organizaciones habían tenido experiencias anteriores en los partidos de los cuales se habían escindido. En Pozzi, P. y Schneider, A., Los setentistas. Izquierda y clase obrera: 1969 -1976, Buenos Aires, EUDEBA, 2000
2 López Trujillo, F., y Diz, V., Resistencia Libertaria, Buenos Aires, Madreselva, 2007
3 Pozzi, P., EL PRT – ERP. La guerrilla marxista, Buenos Aires, EDUDEBA, 2001
4 El sindicalismo clasista se manifestó originariamente en 1970 en los sindicatos que agrupaban a los obreros de la empresa automotriz Fiat en Córdoba: SITRAC (Sindicato de Trabajadores Concord) y SITRAM (Sindicato de Trabajadores de Materfer). Partió de una perspectiva autónoma de la clase obrera y reivindicaba como objetivo la construcción de una sociedad socialista. Su programa se basaba en el reconocimiento de un antagonismo irreconciliable entre la burguesía y la clase obrera, la definición de una “línea” antipatronal, antiburocrática y, por ende, la destrucción de la sociedad capitalista. Los sindicatos debían actuar constituyendo un gran frente de liberación nacional y social que, aglutinando a todos los sectores oprimidos, revolucionarios y anti – imperialistas bajo la dirección de la clase obrera, luchara por la construcción del socialismo. Así lo entiende Andrea Andujar, en su artículo “Combates y experiencias: las luchas obreras en Villa Constitución”, Taller. Asociación de Estudios de Cultura y Sociedad nº 6, Buenos Aires, AECS, abril 1998, p. 95.
5 Pozzi, P. y Schneider, op cit. p. 49.
6 Así, por ejemplo, en el PRT – ERP, el planteo partidario era que aquellos militantes que no provenían de la clase obrera debían “proletarizarse”. Si bien en otras organizaciones de izquierda, como […] el PST, esto era una orientación informal, en el PRT-ERP la proletarización era una parte integral de la línea política. Ésta era entendida de dos maneras. La primera era “aumentar constantemente la proporción de obreros en sus filas, ganar crecientemente a los obreros de vanguardia que reflejan las auténticas virtudes de su clase”. Y la segunda implicaba que “individualmente para los revolucionarios de extracción no proletaria, la proletarización pasa ante todo por compartir la práctica social de la clase obrera, su modo de vida y su trabajo. En Pozzi, P., op. cit., p. 156 citando el documento Moral y Proletarización, del Partido Revolucionario de los Trabajadores (septiembre de 1974).
7 Los trabajadores del caucho cordobeses habían constituido un sindicato paralelo al federado en la CGT, la FOCAYA (Federación de Obreros del Caucho, Anexos y Afines). Al estilo de lo que fuera la experiencia del SITRAC – SITRAM, éstos fundaron el SITRACAAF (Sindicato de Trabajadores del Caucho y Afines).
8 López Trujillo, F., y Diz, V., op. cit., p. 20
9 Lo hace a través de un recuadro con el título “Renovación del grupo Editor de La Protesta”, en donde se indica que la publicación “… cuenta con nuevas voluntades para encarar su aparición regular”. En La Protesta, nº 8115, febrero de 1971.
10 Para comprender de manera más acabada la posición de los nuevos colaboradores pueden sugerirse el artículo “El anarquismo en la hora actual” (La Protesta, nº 8115, febrero de 1971) en tanto reseña del panorama de las luchas revolucionarias del tercer mundo, que destaca la emergencia de revoluciones triunfantes y los procesos guerrilleros en Oriente y América Latina. También puede resultar de utilidad la nota “Secuestros, violencia y guerrilla urbana” (La Protesta, nº 8116, marzo de 1971): allí se realiza una reivindicación crítica de la guerrilla en donde se destaca el crecimiento de la violencia popular y la contestación a la represión estatal que asumen algunos grupos armados, sin dejar de lado un cuestionamiento a la autonomía de dichos grupos como así también cierta omnipotencia autoritaria en su accionar.
11 Esta reunión fue posible gracias a una nueva convocatoria realizada desde La Protesta y en estos términos: “El Grupo Editor […] ha designado el día 18 de septiembre a las 17 horas para realizar asamblea de todos los amigos y compañeros vinculados a nuestra publicación para tratar un importante asunto orgánico, teórico y táctico. Es INVITACION. Se ruega concurrencia y puntualidad” (La Protesta, n ° 8121, agosto de 1971). En el mismo número se refleja la preocupación de los antiguos redactores sobre la irrupción de los jóvenes y su participación en la publicación. En la editorial, se indica que “… posiblemente, por las condiciones en que se ha desenvuelto la lucha libertaria en los últimos 30 años, hayamos descuidado la formación de nuevos cuadros dentro de nuestro movimiento. Es oportuno entonces que no olvidemos de la juventud sana que aspira a identificarse con los ideales que debemos divulgar para alimento de quienes ansían enrolarse en una corriente ideológica que, como la nuestra, necesita cierto nivel de conducta desde los comienzos” (“Mensaje a los jóvenes”, La Protesta, nº 8121, agosto de 1971).
12 El documento es verdaderamente extenso, por lo que lo reproduciremos de manera parcial, aunque esperamos rescatar aquí una parte verdaderamente rica, que vale la pena transcribir: “El grupo tuvo […] estos puntos de desacuerdo […] 1) qué es lo que puede entenderse por una publicación de combate. 2) de qué manera deben ser tratados los fenómenos sociales actuales siguientes: a) la acción de los grupos armados insurrecciónales b) los fenómenos de insurreccionamiento de la bases de la CGT c) Revoluciones China y Cubana […] 2) Sobre la manera de enfocar los fenómenos siguientes, hemos sostenido: a) […] que la crítica debe realizarse reflejando lo opinión de que no todos los grupos armados son iguales, […] que hay actos y actitudes que son positivos por encima de las ideas de quienes los realizan, que en el caso de Tupamaros y ERP, al margen del tipo de anti – imperialismo que proclaman, ha sido evidenciado un respeto por la vida humana que no condice con las acusaciones de “fascistas” o “bolcheviques” que les hacen algunos compañeros […] Si la multiplicidad de grupos activos (se calcula que en la Argentina actúan 6.000 guerrilleros) no evidencia elementos de tendencia anárquica ello encarna un problema más profundo que el que puede resolverse con un mote lapidario que los descalifique […] b) Con respecto a este punto […] desde nuestro punto de vista los cambios que los sindicatos cordobeses Sitrac-Sitram plantean, no sólo cuestionando la forma de funcionamiento de la CGT sino también la sociedad total, constituyen un hecho fundamental tan importante o más que cualquiera de las insurrecciones estudiantiles. No cabe por lo tanto roturarlas de “bolcheviques” o “peronistas” por el hecho de que no alcanzan la revolución libertaria explícitamente […] c) Diferencias de igual tenor se produjeron frente al modo de referenciar hechos respecto de los procesos revolucionarios de Cuba y China. Nuestro sector cree y sostiene firmemente que tanto en Cuba como China ocurrieron revoluciones sociales, y que, con todas las críticas implacables que se le puedan hacer, esos procesos han sido nítidamente positivos […] Hay tendencias en el mov. que por su postura se apartan de la realidad al pretender que el comienzo de una sociedad anárquica surja a través de un benévolo hecho apocalíptico. El verdadero anarquismo, por ser eminentemente realista, debe hacer la revolución con el hombre de hoy tal es sin esperar cambios en la naturaleza humana que “garanticen” su “preparación” previa. La revolución que propugnamos es para el hombre común, para el que, en su mayor parte y hasta ahora, sólo tiene una praxis autoritaria (por falta de otra) y para todos los pueblos del mundo en su estado actual. Y la forma en que se produzca será la que los pueblos determinen tal como en cierto momento la determinaron los pueblos mejicanos, ruso, español, chino o cubano. No es revolucionario si se condiciona el apoyo a la rev. al hecho de que se siga un plan preestablecido. REVOLUCIÓN significa cambio radical de estructuras socioeconómicas y de relación, y en Cuba y China, como en Rusia, ello ocurrió. Que no hayan sido revoluciones antiautoritarias no invalida que hayan sido rev. sociales”. Tomado del apartado “Algunos temas que evidenciaron el desacuerdo” en un documento s/ título, La Plata, 1971. El subrayado aparece así en el original.
13 Así lo expresa el GAR (Grupo Anarquista Revolucionario) en su Informe I, 1970. Este análisis, creemos, es tributario de las reflexiones realizadas por Daniel CorhnBendit en su trabajo “Organización espontánea, lo contrario de desorden”, en La Insurgencia Estudiantil, 1968.
14 Tal era la posición sostenida por la LAC (Liga Anarco Comunista), una continuidad del GAR. La LAC entendía que el marco para las organizaciones de masas era el núcleo amplio del gremio industrial. En el plano práctico esto se tradujo en la inserción de sus militantes a través de un frente gremial que denominaron Resistencia Obrera por el Socialismo – muy probablemente a imitación de la experiencia uruguaya de la ROE (Resistencia Obrero Estudiantil). Se proponían recuperar los sindicatos que pudieran arrancársele a la burocracia; donde esto no fuera posible se intentaba constituir nuevas organizaciones gremiales paralelas. En condiciones de semiclandestinidad, se formaron grupos en Taner, Winco, Gráficos, Metalúrgicos y Plomeros. Asimismo, en el plano estudiantil, la LAC tuvo agrupamientos en Filosofía y Letras y Arquitectura, desde donde busco alianzas con grupos políticos afines a la estrategia insurrecionalista, como Orientación Socialista y Vanguardia Comunista. En López Trujillo, F., y Diz, V., op. cit, p. 33.
15 Hablamos del periódico Acción Directa que, tras la discusión de un documento que parece ser una respuesta a La Protesta (Definiciones para un contexto ideológico de un periódico de combate, Buenos Aires, Agosto de 1972), ve la luz en octubre de 1973 y ya en enero de 1974, habiendo enviado militantes al V Congreso del FAS (Frente Antiimperialista y por el Socialismo) que se realizara a fines del año anterior en el Chaco, comunica su integración a éste. En López Trujillo, F., y Diz, V., op. cit, p. 34.
16 De hecho, algunos de los militantes del núcleo original más “comunalista” atribuyen a la relación con el movimiento en Buenos Aires el origen del cisma que enfrentará a quienes pugnaban por un desarrollo político – militar que acompañe a los frentes de masas, influenciados en buena medida por su práctica cotidiana con el PRT y otros grupos en los gremios obreros cordobeses; y quienes priorizaban el trabajo social (territorial) en la construcción de organizaciones autogestionarias. En López Trujillo, F., y Diz, V., op. cit, p. 35.
17 Para conocer más sobre la trayectoria militante de Uriondo, Bayer, O., Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, Buenos Aires, Booket, 2007. O bien Bayer, O., Los anarquistas expropiadores, Buenos Aires, Booket, 2007.
18 En este punto, “[…] la función de la organización específica debe ser orientadora y combatiente, ayudando a visualizar las características fundamentales de la organización de masas: federalismo, democracia directa, autoorganización de los diversos frentes y sectores sociales explotados, etc.”. En R. L, Estrategia, documento nº 3, La Plata, 1970.
19 Al respecto, la organización consideraba que era “[…] en el lugar concreto en que su trabajo es usufructuado por el capital, que los trabajadores pueden asumir su condición de explotados. Es allí donde debemos actuar nuestra ideología revolucionaria, es allí donde debemos llevar nuestra propaganda. La lucha de los anarquistas no es fácil. No sólo debemos combatir la aceptación por parte del proletariado de la explotación económica, sino también su aceptación de la dominación autoritaria, de la concepción estatista. Nuestra tarea es doble, pero debemos llevarla a cabo consecuentemente, si queremos que la revolución se produzca y desaparezca el privilegio. Debemos combatir la concepción estatista de la revolución, porque donde se reconstruya el Estado la revolución está condenada al fracaso”. En RL, op. cit.
20 Así, algunos documentos de la RL son tributarios de las lecturas de Mao Tse Tung, el general Vo Nguyen Giap y el pensador anticolonialista Frantz Fanon. Sobre la Guerra Revolucionaria Prolongada, encontramos que “La sociedad en que vivimos es esencialmente violenta, y resiste siempre por la violencia todo intento de transformación revolucionaria. De allí que la lucha armada sea un elemento indispensable en esta etapa de la historia. La acción armada es sus distintas formas – guerrilla urbana o rural, milicias obreras o campesinas – es una respuesta social en cada punto del proceso en que se manifiesta. Respuesta que, al expresar en los hechos la violencia de arriba debe ser enfrentada con la violencia revolucionaria, es también una canalización de los sentimientos de justicia (burdamente reprimidos por el sistema). Esta respuesta […] debe ser planificada en forma de guerra. La guerra es un fenómeno que tiene su origen en los intereses de clase. Tiene un carácter fundamentalmente político. Las guerras imperialistas son la continuación de la política burguesa. La Guerra Revolucionaria es la continuación de la política de la clase trabajadora en su enfrentamiento con la burguesía y el Estado. Por el carácter proletario de la guerra, la definimos como revolucionaria. Teniendo presente que la liberación de los trabajadores sólo será obra de los trabajadores mismos, se desprende que en esta guerra es esencial que el conjunto del proletariado participe en ella. Por lo tanto esta guerra la calificamos también de prolongada. Porque el estado actual de conciencia de nuestra clase obrera no marca un enfrentamiento revolucionario con su enemigo de clase. Porque el enemigo está organizado en forma tal que puede penetrar y controlar ideológicamente a las grandes masas explotadas, pudiendo por ahora mantener la dominación política. Y porque el enemigo puede reprimir, por ahora, los poco organizados intentos de lucha del proletariado, debido a la falta de conciencia de este. En “Fundamentos de la guerra revolucionaria prolongada”, RL., op.cit.El subrayado es del original.
21 López Trujillo, F., y Diz, V., op. cit, p. 38.
22 Este Congreso se realizó en la capital de esta provincia entre el 18 y el 20 de enero de 1974, contando con delegados de agrupaciones anarquistas locales, de las provincias de Salta, Mendoza, las ciudades de Buenos Aires, La Plata y Montevideo – como invitados concurrieron delegados de la Comunidad Sur y de la OPR 33. Allí se diferenciaron las posiciones insurrecionalistas de la LAC, por un lado, y la alternativa de una alianza amplia de los revolucionarios conducida por los sectores más concientes del proletariado, sostenida por los escindidos del grupo de Colonia Lola (ahora denominados OA – Organización Anarquista) junto a los platenses de RL. Cabe destacar que, para estos grupos, dicha alianza estaba simbolizada por el FAS.
23 Por ejemplo, en su número de octubre de 1973, realiza un sorprendente análisis – por su contemporaneidad – sobre el abrupto final de la “vía chilena” al socialismo a causa del golpe militar comandado por Augusto Pinochet, el papel de los cordones obreros y la resistencia popular. Ver “Vía Chilena”, en El Libertario, medio difusor del anarquismo, octubre de 1973.
24 Integraban la Coordinadora: Revista Posición, Smata, Si – Tra – p (Perkins), Patria Nueva, El Libertario, Alegato, Corresponsales Diario El Mundo, Corresponsales Ya!, Corresponsales Avanzada Socialista, Vocero Popular (FRP), El Trabajador de Prensa, 22 de diciembre, Electrum, América latina, Boletín del FAS, Continente, El Obrero.
25 Por eso aparecerán allí los comunicados del Movimiento Sindical Combativo y notas sobre los gremios en el que muchos libertarios desarrollan su militancia: Perkins (motores), EPEC (Luz y Fuerza), el SITRACAAF (caucho), Transax (autopartes), PASA (petroquímica) y algunas notas específicas sobre la situación del estudiantado en la Universidad de Córdoba.
26 Entre los dirigentes referentes de este movimiento, fueron encarcelados Tosco, Ongaro, Jaime, Santillán, Piccinini y la lista marrón de Villa Constitución. Por su parte, la Triple A ya hacía sentir su accionar: la muerte de René Salamanca, Secretario General de la seccional Córdoba de SMATA, por ejemplo, fue consecuencia de este accionar.
27 Ya desde mediados de 1975 la RAL abrevió su nombre a RL.
28 Resistencia Libertaria, Pautas iniciales de la corriente de resistencia obrera, documento fechado en1975.
29 La Organización Comunista Poder Obrero (OCPO, 19741977) surgió por la fusión de Lucha Socialista de Córdoba y El Obrero de Rosario, ambos grupos que provenían del PC y del trotskismo. También se incorporaron sectores de la Columna sabino Navarro, disidente de Montoneros, y un sector de la Columna América en Armas de FAL. Buena parte de los activistas de OCPO eran activistas sindicales, y se afirma que llegó a contar con unos 1.000 de los cuales 100 componían el aparato militar. En Santella, A., Poder Obrero. Notas para una investigación.
30 López Trujillo y Diz sostienen que a fines del año 1975 se incorporaron a la organización un grupo con trabajo barrial en la zona de Wilde (sur del Gran Bs. As), así como también existió alguna inserción en fábricas de alimentación como Molinos Río de la Plata. Entre aquella fecha y los primeros meses de 1976, ingresó asimismo una agrupación de militantes anarquistas gráficos con una importante inserción en talleres de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires –CUFER, Rotográfica Argentina, Bianchi y la Imprenta Metodista. En López Trujillo, F., y Diz, V., op. cit., p. 58.
31 El sindicato adherirá al Movimiento Sindical de Bases y a la posterior Mesa Provisoria de Gremios en Lucha – constituida en 1975 – enviando delegados a todos sus plenarios.
32 Si bien el Secretario general del SITRACAAF había sido “el Turco Caro” (militante del PRT) y Flores su adjunto, López trujillo y Diz afirman que el aumento de la represión en Córdoba obligó al primero a refugiarse en la clandestinidad, por lo que a partir de enero de 1975, Flores y el núcleo libertario se transformaron en la legítima conducción del sindicato. Por su parte, Marcelo Tello, militante de Resistencia Libertaria, aún permanece desaparecido. En López Trujillo, F., y Diz, V., op. cit., p. 59.
33 En ese marco se impulsó la propuesta de la edición del periódico clandestino Resistencia Obrera, una publicación elaborada para distribuirse fundamentalmente en el seno de las coordinadoras gremiales, y que incluía en su proyecto la participación de otras organizaciones políticas clasistas, por lo que su salida fue parte de una política de alianzas. Este periódico tuvo como antecedente los pequeños boletines Resistir y Resistencia de Obreros Plomeros que, como el Resistencia Obrera, fue también una publicación frentista generada en acuerdo con LAC y otros militantes independientes.
34 Según se desprende del Informe nº 1, El secretariado general a los compañeros, mayo – junio 1976.
35 López Trujillo, F., y Diz, V., op. cit., p. 68.
36 El Coronel del Ejército Juan Alberto Pita fue secuestrado el 29 de mayo de 1976 y logró fugarse de sus captores 192 días después.

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