Colección Socialismo Y Libertad, Económicas, Europa, Historia Política, Libros

INTRODUCCIÓN A LA ECONOMÍA POLÍTICA por Rosa Luxemburg

LIBRO.140

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Leer y Descargar: INTRODUCCIÓN A LA ECONOMÍA POLÍTICA de Rosa Luxemburg

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El libro n° 140 de nuestra colección Socialismo y Libertad

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ÍNDICE

  • PRESENTACIÓN
  • Capítulo 1 ¿QUÉ ES LA ECONOMÍA POLÍTICA?
  • Capítulo 2 HISTORIA ECONÓMICA
    Primera Parte
  • Capítulo 3 HISTORIA ECONÓMICA
    Segunda Parte
  • Capítulo 4
    LA PRODUCCIÓN MERCANTIL
  • Capítulo 5
    LEY DEL SALARIO
  • Capítulo 6
    LAS TENDENCIAS DE LA ECONOMÍA CAPITALISTA

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En noviembre de 1906 el Partido Socialdemócrata alemán inauguró en Berlín una Escuela Central para la formación de sus cuadros. En esa Escuela dictaron cursos Hilferding, Mehring y Pannekoek. A partir de octubre de 1907 Rosa Luxemburgo enseñó historia económica y economía política, y desde 1911, dictó además un curso sobre historia del socialismo.

Desde 1908 Rosa Luxemburgo proyectaba la edición de sus conferencias en la Escuela Central; sin embargo, la elaboración de su principal obra “La Acumulación del Capital” y su activa participación en la lucha política la privó del tiempo necesario para realizar ese trabajo. Nunca llegó a terminar completamente su obra: en enero de 1919 fue detenida y asesinada. Su casa fue saqueada y algunos de sus manuscritos se perdieron, por desgracia, definitivamente. Pero una parte –probablemente la más importante– de su trabajo para la “Introducción a la Economía Política” pudo ser salvada. Paul Levi –que se había ocupado de custodiar los manuscritos de la autora– publicó esta obra en 1925. La obra, pese al estado mutilado en que ha llegado hasta nosotros, conserva un interés de primer orden. La “Introducción” de Rosa Luxemburgo supera en muchos asepectos –y sin duda alguna en originalidad– a los manuales clásicos de Kautsky, Bogdanov o Bujarin, escritos muy pocos años antes..

***

“El lenguaje que suelen utilizar los periódicos especializados al referirse a la crisis está lleno de frases tales como: “el cielo del mundo de los negocios, hasta ahora sereno, se está empezando a cubrir de negros nubarrones”; o cuando se anuncia un drástico aumento de las tasas de crédito bancario, aparece invariablemente bajo el título de “se anuncian tormentas”, y después de la crisis leemos cómo pasó la tormenta y qué despejado está el horizonte comercial. Este estilo periodístico revela algo más que el mal gusto de los plumíferos de la página financiera; es típico de la actitud hacia la crisis, como si ésta fuera el resultado de una ley natural. La sociedad moderna contempla con horror cómo se cierne; agacha la cabeza temblorosa bajo los golpes que caen como una granizada; aguarda el fin de la prueba y vuelve a levantar cabeza, tímida y escépticamente; mucho después la sociedad comienza a sentirse segura una vez más. Así esperaban los pueblos de la Edad Media las plagas y hambrunas; la misma consternación e impotencia ante una prueba severa. Pero las hambrunas y pestes son antes que nada fenómenos naturales, aunque en última instancia las malas cosechas, las epidemias, etcétera, también tienen que ver con causas sociales. Una tormenta eléctrica es un acontecimiento provocado por elementos físicos y nadie, dado el desarrollo alcanzado por las ciencias naturales y la tecnología, es capaz de producir o impedir una tormenta eléctrica. Pero ¿qué es una crisis moderna? Consiste en la producción de demasiadas mercancías. No hay compradores, y por lo tanto se detienen la industria y el comercio. La fabricación de mercancías, su venta, comercio, industria: tales son las relaciones en la sociedad moderna. Es el hombre quien produce las mercancías, y el hombre mismo quien las vende; el intercambio se da entre una persona y otra, y dentro de los factores que constituyen la crisis moderna no encontraremos un solo elemento que trascienda la esfera de la actividad humana. Es la sociedad humana, por tanto, la que produce periódicamente las crisis. Y al mismo tiempo sabemos que la crisis es un verdadero azote de la sociedad moderna, esperada con horror, soportada con desesperación y que nadie desea. Salvo para algunos especuladores bursátiles que tratan de enriquecerse rápidamente a costa de los demás, y que con frecuencia no se ven afectados por ella, la crisis constituye, en el mejor de los casos, un riesgo o un inconveniente para todos. Nadie desea la crisis; sin embargo ésta se produce. El hombre la crea con sus propias manos, aunque no la quiere por nada del mundo. Tenemos aquí un hecho de la vida económica que ninguno de sus protagonistas puede explicar. El campesino medieval producía en su parcela lo que su señor, por un lado, y él mismo, por el otro, querían y deseaban: granos y ganado, buenos vinos y ropas lujosas, alimentos y bienes suntuosos para sí y para su hogar. Pero la sociedad moderna produce lo que no quiere ni necesita: crisis. De vez en cuando produce bienes que no puede consumir. Sufre hambrunas periódicas mientras los almacenes se abarrotan de artículos imposibles de vender. Las necesidades y su satisfacción ya no concuerdan más; algo oscuro y misterioso se ha interpuesto entre ellas.”

“La economía mundial capitalista significa cada vez más el constreñimiento de toda la humanidad al duro trabajo bajo innumerables privaciones y dolores, bajo degradación física y espiritual, con la finalidad de la acumulación de capital. Hemos visto que el modo de producción capitalista tiene la particularidad de que el consumo humano, que en todas las formas anteriores de economía era un fin, es para ella un medio que sirve para alcanzar el verdadero fin: la acumulación de ganancia capitalista. El crecimiento del capital en sí mismo aparece como comienzo y fin, como finalidad propia y sentido de toda la producción. Pero la insensatez de estas relaciones se pone en evidencia cuando la producción capitalista llega a convertirse en producción mundial. Entonces, en la escala de la economía mundial, el absurdo de la economía capitalista alcanza su justa expresión en el cuadro de toda una humanidad que gime, sometida a terribles dolores bajo el yugo del capital, un poder social ciego, creado inconscientemente por ella misma. La finalidad fundamental de toda forma social de producción, el sostenimiento de la sociedad por el trabajo, la satisfacción de sus necesidades, aparece entonces completamente patas arriba, ya que se convierte en ley en todo el globo, la producción no para el hombre sino para la ganancia y se convierte en regla el subconsumo, la permanente inseguridad del consumo y, temporalmente, el no-consumo de la enorme mayoría de los hombres.”

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