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LA DOBLE MORAL IMPERIALISTA por Lázaro Fariñas

Juventud Rebelde

Armas de uranio empobrecido de EE. UU. están destruyendo la reserva genética del pueblo afgano

En la fotografía: el “democrático” resultado de las bombas de Uranio empobrecido en Afganistán

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No hay cosa que disguste más que la doble moral, esa, la de “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”. Existe en cualquier lugar y la practica cualquier persona, como esas que se rasgan las vestiduras, afirmando que el resto de las personas deben hacer lo mismo, mientras ellas hacen lo que mejor les parezca.

La doble moral no tiene límites, no tiene fronteras, está en los jueces corruptos, en los políticos demagogos, en los comerciantes ladrones que les roban a sus clientes en las pesas, en fin, como dicen los españoles, en cualquier lugar se cuecen habas.

Pero de todos los casos de la práctica de la doble moral, uno de los peores es el de países que se dan golpes de pecho afirmando que son ellos los verdaderos defensores de la democracia y de los derechos humanos, declarando que solo ellos están en el camino correcto y que son faro de libertad y democracia.

Afirman esa tontería, que de hecho no es más que una hipócrita mentira que lleva en sí misma un desprecio generalizado para el resto de los países que los rodean. Las grandes naciones del llamado mundo occidental siempre han creído ser el ombligo del mundo. Desde la época del imperio romano hasta la fecha, esa creencia ha sido la que ha dominado el pensamiento, tanto político, como social y cultural de las naciones llamadas del primer mundo.

Si hay una región en el planeta que ha padecido los constantes ataques de la práctica de la doble moral, ha sido y es América Latina, en especial los gobiernos progresistas que han podido llegar al poder. La Revolución Cubana es uno de los mejores ejemplos, pues desde el mismo triunfo revolucionario, la campaña en su contra no se hizo esperar.

El Gobierno de Estados Unidos marcó en aquellos primeros años el rumbo a seguir y la mayoría de los países del primer mundo inmediatamente lo siguieron, con el pretexto de que en Cuba se estaban realizando cambios sociales y económicos. Hay que recordar que la política agresiva contra el gobierno revolucionario comenzó mucho antes de que Cuba se alineara con el campo socialista. Esa fuerte, criminal y absurda política contra Cuba y su pueblo la sigue aún manteniendo el país más poderoso del mundo, casi 60 años después del triunfo revolucionario.

Pero por supuesto, Cuba no fue la primera ni la última que ha recibido tan miserable trato; Guatemala en los años 50, Chile años más tarde, Paraguay, Honduras, Brasil, Argentina, Bolivia, Nicaragua y desde hace casi 20 años, por supuesto, Venezuela. Con este país la han cogido en grande, lo atacan día y noche, día tras día, año tras año.

A Venezuela la atacan desde la Unión Europea, desde América Latina y por supuesto, desde donde más la critican y la demonizan es desde Washington, donde también se le aplican sanciones e incluso, desde donde se habla hasta de planes de intervenciones militares. En agosto hicieron un atentado en Caracas contra el mando civil y militar del gobierno venezolano, incluyendo al Presidente, aún estoy esperando que algunos de los que tanto hablan de antiterrorismo se pronuncien en contra del hecho violento.

El país que más elecciones ha realizado en las últimas dos décadas es acusado constantemente de ser dictatorial, el país que ha invertido millones y millones de dólares para ayudar a los más necesitados de la sociedad es acusado de llevar a la indigencia a su pueblo. Que Maduro es “un dictador” lo mismo lo proclama un Gobierno como el de Brasil que nació de un abusivo golpe de Estado parlamentario, que en Lima, donde el Presidente tuvo que renunciar por corrupto, o en Washington, lugar en que el Presidente actual llegó al poder con dos millones de votos menos que su rival. Si salen provocadores a protestar quemando gente o edificios en las calles de Caracas o Managua y el gobierno los contiene, entonces hay que condenar a los gobernantes y acusarlos de dictatoriales, pero si lo mismo ocurre en las calles de París, Seattle, Berlín o Madrid, dicen que la policía tuvo que usar la fuerza necesaria para imponer el orden. Y ahí está la doble moral en acción, haz lo que yo digo, no lo que yo hago.

*

La doble moral y los Derechos Humanos

Me interesa destacar la doble moral de algunas naciones cuyos Gobiernos se dan golpes de pecho mientras acusan a otros de ser violadores de los llamados derechos humanos.

La defensa de los derechos humanos de sus habitantes debería ser una asignatura de necesaria aprobación para todos los gobernantes del mundo. Defender los derechos humanos de sus pueblos es un deber de todos los Gobiernos, pero defender los de otras naciones directamente, a mi modo de ver, no es de la incumbencia de ningún Gobierno, eso es simplemente intervenir en los asuntos internos de otros países. Creo que en el marco de un organismo internacional como la ONU es donde se puede denunciar, si es necesario, cualquier tipo de violación y discutirse de una forma respetuosa y civilizada de diálogo constructivo. Es allí, en la sede del Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, donde se debe plantear cualquier preocupación sobre violaciones de esos derechos por parte de cualquier Gobierno.

Se sabe, y los ejemplos sobran, que las denuncias que hacen muchos de los países sobre otros están basadas en consideraciones políticas y no humanitarias. La Carta de los derechos humanos de las Naciones Unidas debería ser aplicada en cuanto país en el mundo existe, pero se sabe también que la realidad no se ajusta a ese deseo. No creo que exista en el mundo un Gobierno que lleve al pie de la letra lo que esa Carta proclama, eso es imposible, tan imposible como el hecho de que alguien nos diga que nunca ha dicho una mentira o que nunca ha cometido algún error. Todos hemos cometido errores en la vida y todos, aunque fuera piadosa, hemos dicho una mentirilla en el transcurso de los tiempos, sino invito a cualquiera que proclame lo contrario a que tire la primera piedra. Pero este comportamiento no tiene comparación con el de un mentiroso empedernido que miente siempre o casi siempre.

En la historia de las naciones ha habido casos de Gobiernos que han cometido atroces violaciones contra sus pueblos y además, también contra otros pueblos, el Gobierno de Adolfo Hitler en Alemania en el siglo pasado es el ejemplo clásico de un actuar criminal, bárbaro y deshumanizante. El problema es que Hitler no ocultaba sus ideas, ni tampoco sus hechos. Hitler proclamaba abiertamente sus teorías, y las llevaba a la práctica; pero, ¿qué pasa con los gobernantes que se ocultan tras cortinas de realidades inventadas y asesinan sin piedad a otros pueblos, mediante intervenciones militares y bombardeos indiscriminados de ciudades y pueblos? ¿Qué pasa con los que proclaman a los cuatro vientos que son los verdaderos defensores universales de los derechos humanos, mientras les caen a palos a sus ciudadanos cuando salen a las calles a protestar o apoyan a Gobiernos dictatoriales como el de Arabia Saudita? ¿Qué pasa con aquellos que apoyan ciegamente al Estado de Israel que mata indiscriminadamente a los pobladores palestinos de la Franja de Gaza?

Pero también, para ver otra doble moral, solamente hay que referirse a Chile, Argentina, Perú y Brasil cuando estos acusan al Gobierno bolivariano de Venezuela de violar los derechos de los venezolanos. Estos son los que ven la paja en el ojo ajeno y no la barra que tienen en el propio. ¿Con qué moral esos países pueden acusar a Venezuela? Habría que subir a las favelas brasileñas o ir al sur de Chile y preguntarles a los mapuches para que nos cuenten sobre la labor de sus Gobiernos en relación con ellos.

Cuando triunfó la Revolución Cubana, el Gobierno de Estados Unidos implantó la ya conocida y añeja política agresiva contra el pueblo cubano –de la que forma parte el bloqueo–, alegando falta de democracia, mientras en los mismos momentos apoyaba a cuanto dictador existía en América Latina.

Casi 60 años después de aquel triunfo, el actual Gobierno norteamericano crea un show mediático en la sede de la ONU en Nueva York para acusar al Gobierno de Cuba de violar los derechos humanos, mientras en la misma semana el Presidente de esta nación defiende a Arabia Saudita ante las acusaciones de haber torturado y asesinado a un periodista de The Washington Post. Según Trump, hay que dejar que los sauditas lleven su propia investigación, hay que darles tiempo.

Los llamados Gobiernos del Primer Mundo son bien selectivos a la hora de acusar a cualquier otro país. Para ellos hay terroristas buenos y terroristas malos, clasificándolos, claro está, según les convenga a sus intereses. Para ellos, la doble moral está siempre presente en sus actuaciones.

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