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EL ESPECTÁCULO FASCISTA

Borroka Garaia Da!

TXANTXARREKA CONTRA EL RACISMO Y EL FASCISMO

por Iñaki Gil de San Vicente

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¿Por qué Sare Antifaxista ha escogido a Txantxarreka gaztetxea en el barrio del Antiguo en Donostia, para presentar el libro Tesis contra el fascismo que ha publicado el pasado viernes 1 de noviembre? Porque este gaztetxe está siendo un foco muy importante de lucha contra el racismo y, por ello mismo, contra el fascismo. Personas del barrio del Antiguo y de Donostialdea, fundamentalmente jóvenes, dan cobijo en el gaztetxe a más de una docena de migrantes que carecen de vivienda, que tiene dificultades de comunicación, que no pueden seguir su viaje hacia otros países europeos, que sufren el racismo visible e invisible cuando pasean por las calles. No es una resistencia defensiva en el sentido de encerrarse en el gaztetxe como en un fortín asediado, sino que es una acción ofensiva y abierta porque realizan actos públicos, en la calle, en las tabernas populares, buscando la confraternización, el conocimiento mutuo. Como veremos al final, otro tanto está sucediendo en Altsasu frente a la invasión fascista del pasado domingo 4 de noviembre, en donde la plataforma popular Altsasu Faxismoaren Kontra llamó a hacer frente al fascismo en todos los frentes.

Vamos a exponer tres puntos para tener tiempo de debate: Uno, las relaciones entre racismo y fascismo. Dos, la evolución del fascismo. Y tres, los métodos para combatirlo.

Uno:

Existe un hilo de rechazo, odio y violencia opresora que recorre internamente a la xenofobia, chauvinismo y racismo. Antes de que los griegos antiguos denominaran «bárbaros» a los que balbucean una lengua incomprensible para la cultura helénica, ya existía un fuerte sentido de superioridad de los egipcios hacia los griegos tal cual atestigua Heródoto; del mismo modo, la cultura china despreciaba a los pueblos que no pertenecían al «centro del mundo» que lógicamente era el chino. En la Europa del siglo XV la alta cultura italiana admiraba a la bizantina; desde comienzos del siglo XVI con la invasión de América, la esclavitud africana, y los primeros saqueos de India, sentaron las bases de un sentimiento de superioridad defendido por Maquiavelo, Bacon, Montesquieu, Kant…

Lukács se refiere al conde de Boulainvilliers como uno, si no el primero, de los fundadores del racismo cuando en 1727 escribió un libro tratando de demostrar la superioridad racial de la nobleza francesa, que era directa descendiente de los francos, sobre el pueblo descendiente de los vencidos galos. Desde 1831 el exacerbado patriotismo francés de Chauvin da pie al término chauvinismo, y entre finales del siglo XIX e inicios del S. XX autores como Gobineau y Chamberlain dan forma al racismo ideológico. Las obras de este último fueron editadas en gran número, financiadas y regaladas por el káiser Guillermo II y alimentaron la ideología proto-nazi de los freikorps que a las órdenes de la socialdemocracia masacraron la revolución alemana de noviembre de 1918 y el levantamiento del Ruhr de primavera de 1920.

Pero el racismo con pretensiones de cientificidad, el más peligroso, surge en EEUU con el darwinismo social y la sociobiología elaborados también en esa época para controlar la masa imparable de migrantes, las resistencias indígenas y el aumento de la lucha de clases. El determinismo genético intenta una y mil veces demostrar las diferencias entre sexos y grupos humanos, no hablando de razas superiores sino de «diferencias», aunque corrientes nazis defienden explícitamente la superioridad racial blanca. El racismo falsamente científico es creación yanqui, y fue empleado por los nazis para justificar la superioridad de su «raza germana».

En sus orígenes, el fascismo italiano no era racista en el sentido estricto, sino que defendía la superioridad civilizacional de Roma sobre un Mediterráneo con mucho cruce de pueblos y culturas diferentes, pero las presiones nazis sobre todo desde 1938 le hicieron dictar medidas raciales. La ideología fascista italiana se fue creando sobre la marcha, casi por encargo, mezclando un machismo feroz y violento con una lógica imperialista implacable. Según Mussolini, la muchedumbre es como una mujer, adora a los hombres fuertes, y todo hombre es imperialista porque responde a una tendencia elemental.

El nazismo integra la ideología racista de origen francés dentro de la sociobiología yanqui, mezclado todo ello con el nacionalismo ultraderechista alemán en expansión desde la segunda mitad del siglo XVIII. En Alemania, en 1930, antes de llegar al poder, los nazis propusieron medidas racistas en el Parlamento, que fueron ampliadas desde 1933, legalizadas en 1935 y reforzadas en 1938 con la ocupación de Viena. Desde entonces las aplicaban militarmente en todos los países que invadían, casi siempre con el apoyo directo de sus burguesías respectivas. Además, el racismo nazi era oportunista porque impelido por las exigencias de la guerra aceptaba tropas y trabajadores «voluntarios» de «razas inferiores», y ocultaba las «impurezas raciales» de varios de sus jerarcas y de algunas personas necesarias para el esfuerzo económico.

El racismo nazi golpeó con una brutalidad salvaje no sólo a los judíos sino también a los pueblos eslavos y en especial a los prisioneros del Ejército Rojo, a las guerrillas y a la población que las apoyaba, lanzándose con saña contra los comunistas. La prensa burguesa ha ocultado o minimizado este genocidio hablando casi exclusivamente del holocausto judío. El militarismo japonés también fue racista en extremo contra occidente y contra los pueblos asiáticos, aunque lo intentaba ocultar con una fraseología pan-asiática. Como todo racismo, el japonés era misógino, pero en grado superlativo, organizando una especie de «ministerio de la prostitución» que esclavizó sexualmente a cientos de miles de mujeres como trofeos de guerra.

Dos:

El fascismo es un movimiento complejo que se formó en las décadas ’20 y ’30 por los efectos de la IGM, de la aparición de la URSS y la crisis de 1929, básicamente. Con algunas diferencias, el militarismo japonés se endureció por la angustiosa falta de recursos materiales. Antes del fascismo surgieron regímenes bonapartistas, poderes con los que una minoría utiliza la fuerza armada y judicial para gobernar en favor del capital porque la burguesía no puede hacerlo por sí misma ni tampoco el proletariado tiene fuerza para imponerse. El bonapartismo es una dictadura, pero sin llegar a los extremos del fascismo porque es una fase intermedia que puede concluir en el fascismo o en la revolución, de ahí la decisiva importancia de saber discernir el momento entre bonapartismo y fascismo.

Sin estudiar ahora el bonapartismo, el fascismo apareció sobre su fracaso para evitar el empeoramiento de la crisis en aquellos países en los que no había triunfado la primera oleada de revoluciones burguesas: Holanda, Gran Bretaña, EEUU y Francia, aunque en ellos también hubo movimientos fascistas. Triunfó en Italia, Alemania, España, etc., y en Japón en forma de militarismo, porque en estos Estados la burguesía no pudo asentar un poder de clase fuerte, sino que tuvo que negociar con los restos feudales y terratenientes, con el poder religioso, con las castas militares, etc., de forma que no logró desarrollar los medios sociales que facilitan una relativa e insegura integración del proletariado.

El tránsito de la fase colonial a la imperialista agudizó los problemas de estos Estados atrapados en entre dos frentes: el interno, por la lucha de clases y de pueblos dentro de sus mismas fronteras; y el externo, por el enorme poder de los Estados más poderosos, los de la primera oleada de revoluciones burguesas también golpeados por la lucha proletaria interna, pero con más recursos de integración y con mayores recursos de saqueo imperialista. Tras la derrota de 1945 el fascismo fue cambiando de formas manteniéndose semioculto, aunque recuperándose desde los años ’90 a raíz de los cambios mundiales que entonces se intensificaron como la implosión de la URSS, la financiarización, etc. La crisis iniciada en 2007 ha impulsado tanto el racismo como nuevas expresiones fascistas, neofascistas, movimientos de extrema derecha radical… en los Estados que lo sufrieron entre 1922-45, pero también en otros muchos Estados, en América Latina, por ejemplo.

Vamos a ver seis características del fascismo de entonces y sus formas actuales:

Una: En las condiciones de 1922-39, hasta justo antes de la II GM, el fascismo no dudó en aplicar medidas económicas en apoyo de sus grandes empresas, muy parecidas a las que también hacían los otros Estados: el News Deal yanqui, por ejemplo, no se diferenciaba en lo básico del intervencionismo estatal fascista, y en lo esencial otro tanto hay que decir del resto de Estados. La crisis de 1929 exigía por su gravedad hasta entonces desconocida, el intervencionismo público respetando la propiedad privada, o en todo caso, algunas nacionalizaciones muy rápidamente devueltas a sus propietarios una vez saneadas. Recordemos la admiración de Keynes por el fascismo.

En la actualidad, el amplio espectro de ultraderechas, neofascismos y fascismos defienden sus capitalismos estatales, aunque se alían a nivel regional para adquirir más fuerza. Estas alianzas que también se dieron en el pasado, ahora son más activas porque responden a la mundialización de las contradicciones, característica presente en 1922-39 pero con menos intensidad. Ahora no cuestionan los métodos monetaristas y neoliberales, sino que los quieren aplicar con más determinación en sus países, justificándolos desde un nacionalismo imperialista añorante del pasado pero que no contradice frontalmente las alianzas mutuas porque se trata «defender la civilización occidental» amenazada de muerte por peligros mayores que en 1922-39.

Dos: los fascismos de entonces acudieron a la demagogia pseudo-socialista y a la manipulación de lo irracional y afectivo, del miedo y de la frustración, para neutralizar la influencia de la URSS y de la socialdemocracia entre la clase obrera, buscando ampliar el apoyo de masas más allá de las «clases medias» y de la pequeña burguesía. En muchos sitios lo consiguieron durante un tiempo, porque el fascismo tenía una base de masas superior al bonapartismo. Pero cuando fue necesario, Mussolini depuró a los fascistas duros; Hitler a las SA, Franco a los falangistas recalcitrantes, Tojo al sector «pacifista», etc. Cuando el gran capital que les había alimentado económicamente y que había puesto a su disposición la fuerza de masas de la derecha, de la Iglesia, del Ejército, de la prensa… exigió al fascismo que cumpliera sus promesas hechas en reuniones secretas, promesas de orden, represión y de sobrexplotación laboral ocultadas a las bases que se habían creído la demagogia pseudo-socialista, el fascismo cumplió lo prometido al gran capital liquidando a sus excompañeros o condenándoles al ostracismo.

Por ahora los fascismos se presentan bajo la bandera de la «recuperación de los valores», la denuncia de la corrupción, la inoperancia de la casta política, etc., recuperando el asistencialismo reaccionario del pasado, redivivo en el Hogar Social en Madrid y el de Amanecer Dorado en Grecia. Se trata de crear «unidad nacional» frente a la amenaza exterior y la indiferencia de la casta política para con sus «compatriotas» empobrecidos: «primero los españoles», «América primero» de Trump… Pero cuando tengan que llamar al orden a quienes crean que pueden atacar al capital transnacional, lo harán sin piedad, como Salvini en Italia que ha advertido que no cuestiona el capitalismo sino la debilidad política frente a la «invasión africana».

Tres: al no disponer de un poder «pacífico» de integración y de represión selectiva de la lucha de clases tan efectivo como el de las «democracias» imperialistas, y al haber fracasado la fase bonapartista, el fascismo recurrió a la represión indiscriminada contra la clase obrera, sus sindicatos y sus organizaciones sociales, contra la izquierda y en menor medida aunque también contra la burguesía liberal y renuente al fascismo, contra las naciones y culturas oprimidas en base al racismo la mayor parte de las veces y contra los mismos derechos democrático-burgueses. Pero, además, aplicó el terror difuso y el terror aleatorio contra la población en general incluida la parte que le apoyaba o que era fascista: nadie estaba libre de sospecha. Ambas formas de terror, el difuso y el aleatorio, se basaban en la delación generalizada promocionada con especial eficacia en Alemania. Pero semejante barbarie nunca logró acabar con las resistencias.

Por ahora, no atacan frontalmente como entonces al movimiento revolucionario para destruirlo en cuanto tal, aunque día a día se endurecen sus agresiones, sino que agreden al complejo formado por el anti-racismo, la polisexualidad, la autoorganización juvenil de base, el feminismo radical, la cultura libre y crítica, las luchas independentistas, los derechos concretos, etc. Atacarán frontalmente a la izquierda revolucionaria y al sindicalismo sociopolítico cuando lo vean factible sin que se vuelva contra ellos, cuando vean dividido y desorientado al pueblo trabajador, cuando vean acobardada a la izquierda… y cuando se lo mande el Estado.

Cuatro: con ritmos e intensidades diferentes, pero en la misma línea, el fascismo impulsó la industria militar antes que las «democracias» imperialistas. Ya para 1922, el pequeño ejército alemán ideológicamente proto-nazi puso en marcha una estrategia de rearme y de alta cualificación de sus mandos, así como campos de entrenamiento negociados con la URSS; también, para evitar el control aliado, creó en secreto oficinas de «investigación civil» en terceros países europeos que diseñaban nuevas armas; también se diseñó la reconstrucción de las fábricas de armas desmanteladas tras 1918 y se dio un enorme impulso a la investigación química para fabricar combustibles sintéticos, y todo ello antes de que los nazis llegaran al poder en enero de 1933. Japón no tenía esas dificultades para su intenso rearme, excepto el gran problema de los recursos energéticos. Otro tanto hay que decir de Italia y de España, aunque en este último caso muy limitada por su enorme atraso tecnocientífico y el desolador exterminio físico e intelectual realizado por el terror franquista y nacional-católico.

Ahora son los Estados los que se rearman, en especial el imperialismo yanqui, pero los fascismos cumplen un papel clave porque, primero, expanden la ideología militarista e imperialista entre la juventud alienada lo que les permite provocar situaciones de terror difuso y hasta aleatorio cuando quieran y donde quieran. Segundo, la orientan abiertamente hacia el ataque al «peligro interior», los migrantes y el movimiento revolucionario, etc., y, mediante sus estrechos contactos con empresas de seguridad privada, con cuerpos de policía y con el ejército, disponen de grupos armados penetrados por los servicios secretos y con un eficaz aparato propagandístico reforzado por la industria del fútbol y las mafias. Tercero, también la orientan hacia el «peligro exterior»; China, Rusia, Medio Oriente, zonas geoestratégicas vitales para Occidente… impulsando el belicismo imperialista. Y cuarto, la recreación de ejércitos privados filiales empresariales de los Estados interactúa con el fascismo, con la propaganda militarista, con la cultura de la guerra, de la tortura, del terror patriarcal.

Cinco: el fascismo de entonces hizo un expansionismo imperialista sin parangón hasta ese momento tanto por su descarada ferocidad, como por su práctica de saqueo y expolio sistemático de las riquezas del pueblo invadido, y, por último, la descarada justificación ideológica culturalista, supremacista y racista. El imperialismo fascista necesitaba apropiarse del máximo posible de riquezas de toda índole, incluido el arte, en el mínimo tiempo posible sin reparar en sufrimientos humanos, porque ésta es una de las dos formas factibles para mantenerse en el poder apoyando al gran capital y lograr la colaboración pasiva o activa de la población alimentada en parte gracias al salvajismo. Dejando el imperialismo anterior a 1922, tenemos Italia en Libia, Etiopía, Albania, Grecia…, Japón en Manchuria, China, Filipinas, Birmania…; España en Euskal Herria, Catalunya, Galiza…; Alemania…

El imperialismo actual es más complejo y astuto que el fascista de hace 74 años, y por ello más devastador e inmisericorde. Más complejo porque desde que «legalizó» el saqueo mundial imponiendo el Consenso de Washington de 1989, lo ha ampliado y diversificado: la dictadura de la deuda de los pueblos al capital financiero-especulativo; los expolios y la transferencia de valor realizados por las transnacionales; las guerras irregulares y alégales que proliferan; las guerras injustas de opresión y las justas de defensa; las «intervenciones humanitarias»; la política de «sanciones» a los pueblos y Estados que no obedecen al imperialismo…, terminando en las guerras convencionales como contra Irak, Yugoslavia, Libia, Siria, etc., grandes guerras regionales con la participación directa de terceros Estados, etc. Por último, y además del intento de imponer la Lex Mercatoria, no se puede ocultar el peligroso paralelismo entre la espiral de conflictos sociales y bélicos anteriores a las dos primeras guerras mundiales, y el contexto presente más explosivo y letal que los dos precedentes, por razones obvias.

Y seis, la creación de una élite sociopolítica integrada en la burguesía gracias al saqueo de bienes de la oposición interna reprimida y del expolio imperialista privatizado, corrupción estructural, pedidos a las grandes empresas, apropiación de donaciones al Estado… Arribistas, funcionarios, intelectuales, pequeños burgueses, técnicos de empresas, fascistas de base, militares, grupos cristianos… arramplaron con todo lo que pudieron para integrarse en la burguesía. Lo hicieron con impunidad, muy pocos de ellos devolvieron parte de lo robado y bastantes fueron cooptados en los servicios secretos y en sus ejércitos, y otros simplemente se adaptaron como «demócratas de toda la vida» en las burguesías y sus negocios, en la prensa y en los sistemas represivos «civiles» como jueces, fiscales, policías, abogados del Estado, etcétera. Los grupos cristianos permanecieron intocables. La incrustación de esta élite criminal en la sociedad burguesa «democrática» -la «desnazificación» fue cosmética- es una de las fundamentales razones que explican la pervivencia soterrada del fascismo y su reaparición posterior.

Ahora sucede otro tanto, pero a escala mundializada. La liberalización financiera impuesta por EE.UU., e Inglaterra en la mitad de los 80’s creó una élite de tiburones financieros, administrativos y consejeros salidos de empresas, universidades e instituciones; la implosión de la URSS creó una nueva burguesía muy relacionada con las mafias; la respuesta a los atentados del 11-S-2001 creó empresas de seguridad con patente de corso que expoliaron desde el crudo hasta obras de arte de valor incalculable pasando por el esclavismo sexual. Aunque la crisis de 2007 hundió a muchos de estos advenedizos, otros se asentaron dentro de la alta burguesía y el reforzamiento del capital especulativo de alto riesgo los ha multiplicado de nuevo. Todo ello acrecienta el contenido parasitario de la clase burguesa y las facilidades para el ascenso del fascismo en esos sectores dispuestos a todo con tal aumentar sus desorbitadas ganancias.

Tres:

Hemos visto qué es y cómo aumenta el racismo, y sus relaciones con el fascismo clásico y actual. Ahora mismo, en Euskal Herria sufrimos la impunidad fascista de múltiples maneras, cada vez más abiertas y públicas, como su presencia reciente en Bilbo, Altsasu, etc. ¿Cómo combatirlo? Esta pregunta se la hace el movimiento revolucionario desde antes de 1922 e incluso desde antes, desde que irrumpió en escena el bonapartismo en la mitad del siglo XIX para arbitrar en beneficio del capital mediante un cierto apoyo de masas alienadas. Responderlas correctamente fue vital desde 1922 hasta 1945, y lo vuelve a ser desde unos años porque el fascismo, como las víboras, ha cambiado de piel pero sigue con el mismo veneno. Peor aún, desde incluso antes de la llegada de Trump los fascistas ya estaban perdiendo el miedo a decir gritando lo que pensaban en voz baja, pero desde Trump ya no se callan.

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La verdad es que el resurgimiento relativo pero alarmante del fascismo ha cogido desprevenido al grueso de las fuerzas sociopolíticas menos a la izquierda revolucionaria que venía advirtiéndolo desde hace tres lustros, como mínimo. Pero más alarmante es el fortalecimiento del bonapartismo en Polonia, Brasil, Italia, Hungría, Francia, Austria, Alemania, Reino Unido, Rusia, Tailandia, Turquía…, y por supuesto EE.UU. Es más alarmante porque como hemos dicho arriba el bonapartismo puede ser la antesala del fascismo según cómo evolucione la lucha de clases. El gobierno español no es bonapartista, aunque declaraciones de Casado, presidente del PP, sugieren algunas tentaciones hacia esa forma de gobierno, reforzadas por la presión de Vox (ver debajo) y Ciudadanos.

Tenemos que partir del hecho de que los grupos fascistas son la forma más cruda del nacionalismo español desquiciado por su decadencia en el capitalismo mundial, por la tendencia al alza de las reivindicaciones independentistas y de la lucha de clases. Somos las naciones trabajadoras oprimidas las que más nos jugamos en el ascenso del autoritarismo que llevaría a un hipotético bonapartismo en Madrid y de ahí a un fascismo en las condiciones del capitalismo actual, arriba expuestas. El pretendido reformismo del gobierno del PSOE, pazguato y falso, es la vía más rápida para el posible triunfo de la derecha más dura, antesala del fascismo si se dan las condiciones. Las claudicaciones ante el capital nunca han detenido al monstruo, pero siempre ha debilitado a sus víctimas. Recordemos que, a nivel estatal, las esperanzas del 15-M-2011 fueron defraudadas al poco tiempo al cegarlas en la oscuridad parlamentaria: la victoria del PP en 2015 cerró la primera fase. Con la caída de Rajoy se ha abierto la segunda fase que, si vuelve a fracasar, a defraudar, puede permitir que la derecha se endurezca aún más, se envalentone y se lance hacia el bonapartismo al llegar al poder, constando que el centro y el reformismo tienen más miedo a los pueblos y a las clases explotadas que al capital.

En sentido general, la lucha contra el fascismo debe empezar con la lucha contra el peligro bonapartista, que es su antesala en la mayoría de los casos, en otros, en la minoría, contra el peligro de un golpe de Estado fascista. Pero las naciones trabajadoras oprimidas ya malvivimos en un régimen de dictadura encubierta y de aparente democracia, lo que nos exige elaborar una estrategia propia que vaya directamente contra el fascismo. Por ejemplo, aunque el rotundo ridículo del acto de Vox en Bilbo, con poco más 200 asistentes, y el rechazo masivo de alrededor de 500 invasores de Altsasu, así como otros muchos ejemplos, muestran las dificultades actuales del fascismo para movilizarse públicamente en Hego Euskal Herría, no es menos cierto que, por un lado, son muchos los votos del nacionalismo español de derechas duras y más duras; por otro lado, son muchos los votos del nacionalismo español de centro-reformista; y por último, es sabido que el Estado español puede impulsar el terrorismo fascista cuando lo necesite. Con algunas diferencias, otro tanto sucede en el resto de naciones oprimidas.

La lucha contra el fascismo pasa por la defensa del independentismo socialista, por la crítica práctica de todas las expresiones del nacionalismo español en especial las más reaccionarias, pero sin menospreciar la lógica estatal inherente al nacionalismo republicano y estalinista, como se aprecia ahora mismo en Catalunya y otra escala en Galiza y el resto de pueblos oprimidos. Sería un error catastrófico en lo táctico poner al mismo nivel el nacionalismo fascista con el republicano, desde luego; pero en lo estratégico el error consistiría en no advertir que ese nacionalismo español republicano, de izquierda estatalista, porta una lógica de dominación latente que ha actuado en el pasado contras los derechos prácticos de los pueblos, que ahora se plasma en una relativización o rechazo incluso del derecho/necesidad de la independencia, y en la exigencia abierta o soterrada de que la única forma organizativa eficaz es estatal.

La lucha contra el fascismo ha de discernir cuidadosamente estos niveles, pero, a la vez, ha de, por un lado, multiplicar la solidaridad entre los movimientos internacionalistas; por otro lado, impulsar la autorganización de focos de contrapoder popular; y, por último, ha de elaborar una estrategia revolucionaria hoy inexistente.

Finalotiempo

VOX: EL ESPECTÁCULO FASCISTA

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Marx 21

Entrevista a Miriam Ureta García, miembro del Departamento de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco y del equipo de investigación Parte Hartuz

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Después del acto de VOX en Vistalegre saltaron todas las alarmas sobre el auge de la ultra derecha en el Estado español ¿Qué hay detrás? ¿Los medios de comunicación le han dado demasiada importancia a este evento, o realmente debemos preocuparnos?

Vistalegre fue la puesta de largo de Vox, un escenario en el que el partido político quiso mandar el mensaje de que ha venido para quedarse. La escena estaba muy bien pensada: música épica y victoriosa y uso emocional del lenguaje con vocabulario bélico. La atmósfera —cuidadosamente preparada— emula el ambiente previo a una batalla: se moviliza a su potencial electorado para que se “aliste” en las “filas” de Vox. Toda esta puesta en escena es testigo de un discurso de guerra, con una clara retórica militarista.

El discurso iniciático de Vistalegre se divide en cuatro operaciones estratégicas muy bien pensadas y perfectamente orquestadas: la dicotomización, la culpabilización, la victimización y el revanchismo. En primer lugar, la operación de dicotomización que Abascal realizó en Vistalegre implica dividir en dos bloques homogéneos a la sociedad —los héroes y los traidores—. Así, Abascal contrapuso la “España viva” contra la “España muerta”; la España “del Bienestar de la gente” contra la “España del Bienestar de los políticos”; la España de “los inmigrantes” versus “los jóvenes formados que tienen que emigrar”; “la España decente” contra “los cobardes” que hacen daño a España. Así, en su discurso, realiza un primer diagnóstico en un ejercicio de simplificación reduccionista para presentar a la sociedad en dos bandos incompatibles y antagónicos.

La segunda operación —una vez que ha dibujado una sociedad dividida en dos grupos contrapuestos— es la del señalamiento y culpabilización de los enemigos: la demonización del oponente a batir. Esto es, la construcción discursiva de quienes para Vox amenazan continuamente con la destrucción. Esos enemigos abarcan todo el espectro ideológico, desde la izquierda cuando Abascal hace alusión a “los comunistas”, “los progres” o las feministas hasta la propia derecha, a quien se refieren como “la veleta naranja” en el caso de Ciudadanos o como a “la derechita cobarde” en el caso del PP. A todas ellas se las juzga como categorías hostiles y se las descalifica, tildándolas de “cobardes, traidores” que “desprecian a España” “gobierno cómplice de la invasión inmigrante” “un gobierno que cabalga sobre la traición en Catalunya” que “no aman a España”.

En tercer lugar, la operación de victimización implica presentarse como víctimas de un ataque, como perjudicados de una ofensiva, utilizando un lenguaje guerrero que llama a movilizarse contra los enemigos antes identificados. En palabras de Abascal: “estáis aquí para defender España”, “una nación se levanta cuando la molestan como están molestando a España” “son demasiados los ultrajes, las vejaciones que recibe nuestra patria” o “nos llaman fachas (…) los insultos de Pablo Iglesias, Pedro Sánchez o Quim Torrá nos los ponemos como medallas en el pecho”. Aquí, los marcos interpretativos son claves para conseguir conectar con la gente y movilizarla. Con esta operación, los potenciales electores caen en una trampa: la de creer que son víctimas de los enemigos que señala Abascal. Así, ese posible electorado comienza a verse como perjudicados por un complot urdido por los enemigos señalados y, en consecuencia, empiezan a sentir que todos sus males provienen de los oponentes demonizados. Una lectura simple pero de gran efecto que ofrece atajos cognitivos para simplificar una realidad compleja.

Finalmente, la cuarta operación es clave: el revanchismo. Abascal dibuja un marco de motivación para revolverse y agitarse contra esas categorías de oponentes causantes de todos los problemas. Llama a levantarse, a movilizarse, a actuar siempre en contra de esos enemigos, confrontándoles enérgicamente y enfrentándose a ellos con fuerza. Expresiones de Abascal en su discurso como “¡Qué difícil se lo vais a poner a progres y comunistas!”, “los progres no contaban con este miura de Vox”, “no hemos venido a pedir permiso, hemos venido a señalar a los culpables de la división y el enfrentamiento y a combatirles” “sin complejos ni vergüenza” y “con honor” dan un impulso y suponen el remate final para terminar de movilizar a ese potencial electorado.

Estas cuatro operaciones, desde mi punto de vista, articulan un discurso tramposo y bastante peligroso, ya que es muy agresivo y está basado en el odio. Esto se visibiliza aún más claramente en los temas que preocupan a Vox y en las “soluciones-milagro” que propone. En primer lugar, su pieza central, su columna vertebral es, inequívocamente, la unidad de España. Por tanto, sus esfuerzos discursivos en Vistalegre se concentraron en este eje, llamando con pasión a “defender la unidad nacional con toda la contundencia y con todas las consecuencias” y proponiendo una serie de medidas —alarmantes desde el punto de vista democrático— para llevar esa defensa al terreno de la acción política: suspender de “forma indefinida la autonomía en Catalunya”, “detener a todos los golpistas, incluido Quim Torra, que se les juzgue y lleve a prisión”, “ilegalizar los partidos separatistas”, “disolver los Mossos d’Esquadra” y proceder a la “expulsión pública de los traidores” y añade, seguido, la necesidad de “más medios para las Fuerzas Armadas”. Un discurso que ya establece claramente cuáles son sus medidas-estrella, que —por cierto— rompen con el respeto a la división de poderes que se le presupone a un Estado que se presenta como democrático.

El segundo pilar de su discurso tiene como diana a los inmigrantes. Para ellos también establece una serie de medidas muy restrictivas y cuestionables desde el punto de vista democrático: “expulsión inmediata a los que entren sin permiso en nuestra casa”, “que se prohíba cualquier tipo de ayuda social a la inmigración ilegal”, “que se termine con ese efecto llamada de los que tiran de los impuestos de los españoles para que vengan personas que no pueden vivir entre nosotros”, “que los meta Pablo Iglesias en su casa”, “no le robemos a nuestra propia patria, hagamos que no se vayan nuestros jóvenes preparados y formados a Alemania”, culpando a las personas migrantes de la fuga de cerebros y de la desinversión en Investigación y Desarrollo, y acusándoles de robar. Una auténtica maquinaria de manipulación en detrimento de los sectores más vulnerables, generando odio hacia uno de los colectivos que peor lo está pasando.

Pero Vox no se quedó ahí, ya que atacó al colectivo feminista: “nos llaman machistas y fachas si no admitimos que se criminalice a la mitad de la población por su sexo con las leyes totalitarias de la ideología de género” y exigió “que se respete y proteja la vida, la de los niños que están en el vientre” oponiéndose claramente al derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos, lo cual supone una auténtica involución democrática y recorte de derechos que afecta, de nuevo, a sectores muy vulnerables de nuestra sociedad.

Por todo ello, en consecuencia, pienso que efectivamente estamos ante una fuerza política cuyo discurso es muy peligroso: las operaciones discursivas de Vox son una auténtica trampa que atrapa a posibles electores en propuestas profundamente antidemocráticas. Medidas que están dirigidas contra los colectivos vulnerables de nuestra sociedad, a quienes hay que proteger con mayores garantías en términos de justicia social. En este sentido, el discurso de Vistalegre justifica y alimenta ejes de dominación por razones nacionales, de clase, de raza y de género; lo que convierte a Vox en una fuerza política peligrosa, porque su discurso busca hacer aún más asimétricas las relaciones de poder. Creo, por tanto, que las alarmas se han encendido, y con razón. Abascal realizó un diagnóstico totalmente desenfocado de la realidad, creando un sentimiento de crisis dramatizado que apunta de lleno a quienes peor lo están pasando en esta crisis estructural. Un discurso fácil de comprar para personas que se encuentran ante acontecimientos complejos, y hallan que lo más sencillo para adaptarse a las dificultades es acudir a la imagen de una persona que aparenta ser verdadera, única y responsable y que tiene soluciones milagrosas contra los oponentes demonizados, que en gran medida son los sectores más debilitados de la sociedad.

¿Se puede considerar a Vox como parte de los partidos de extrema derecha en Europa?

Vox se podría encuadrar dentro de lo que es la nueva familia de partidos políticos de derecha radical ultranacionalistas, xenófobos y populistas que consolida posiciones en el marco europeo.

Antes se ha analizado Vox a nivel discursivo, pero si examinamos su programa electoral se puede comprobar cómo las medidas que Vox propone profundizan aún más en sus componentes ultranacionalistas, xenófobos y populistas. En primer lugar y en cuanto al factor ultranacionalista, Vox podría encajar en la nueva familia de partidos políticos de derecha radical europea porque su pieza fundamental tanto a nivel discursivo como programático es la “defensa de la Nación”, la unidad de España. Antes ya hemos mencionado algunas medidas que ya presentó Abascal en su discurso de Vistalegre, como la eliminación de las autonomías —incluidas la supresión del Concierto Económico Vasco y el Convenio Navarro— o la ilegalización de partidos, asociaciones u ONG que, según Vox, “persigan la destrucción de la unidad territorial de la Nación y de su soberanía”. Pero, además, el programa revela otras medidas de corte ultranacionalista que Abascal no mencionó en su discurso de Vistalegre, tales como por ejemplo “dotar de la máxima protección jurídica a los símbolos de la Nación, especialmente la Bandera, el Himno y la Corona” y “agravar las penas por las ofensas y ultrajes a España y sus símbolos o emblemas. Ninguna afrenta a ellos debe quedar impune”.

Aquí el componente ultranacionalista de Vox se visibiliza en el exclusivo reconocimiento de una sola “Nación” —con mayúsculas en su programa-; y, por tanto, la negación de otras naciones e identidades dentro del Estado español. Esta negación va más allá de la invisibilización: una negación que prohíbe, ilegaliza y criminaliza voluntades políticas que pidan —tanto simbólica como materialmente— el reconocimiento de otras naciones que no sean la española. Este elemento de Vox es común a otros partidos de derecha radical europea, que atacan toda expresión —ya sea de multiculturalidad o plurinacional— que no encaje con una determinada y restrictiva idea de Estado-nación, siempre bajo el argumento de que la homogeneidad política y cultural es la única garantía de convivencia, o “supervivencia” del Estado.

En segundo lugar, el componente xenófobo de Vox ya asoma en su discurso de Vistalegre con medidas de exclusión y expulsión hacia los inmigrantes. Pero si analizamos su programa, aún encontramos más propuestas que sobresalen por su dureza y que también revelan el componente islamófobo de Vox: elevar la exigencia a nivel de conocimiento del castellano y a nivel de tributación para conseguir la nacionalidad española; criterios de entrada más férreos; ampliación de las posibilidades de deportación; condicionamiento de la ayuda al desarrollo a otros países; políticas contra las mezquitas o el suspenso del espacio Schengen son algunas de ellas. La centralidad del componente xenófobo e islamófobo encaja con lo que hoy conocemos como partidos de derecha radical a nivel europeo. Se trata de una familia de nuevas formaciones políticas que ha encontrado una Ventana de Oportunidad Política tras los diferentes atentados a nivel europeo, una coyuntura que aprovechan estas formaciones para quienes la confrontación con las personas migrantes y el Islam ocupa un lugar fundamental, relacionando Islam con terrorismo y recuperando las tesis del choque de civilizaciones.

Asimismo, Vox podría encajar con la nueva familia de partidos de derecha radical que irrumpen y crecen en Europa por su corte fuertemente populista. En la mayoría de sistemas políticos europeos se ha producido una crisis sistémico-estructural de las instituciones democráticas acompañada de un resentimiento contra las élites gobernantes percibidas como incompetentes y traidoras. En este contexto el populismo emerge como pieza fundamental de muchos partidos de derecha radical que hoy en día se instalan de forma genérica en los sistemas democráticos. En estos contextos emergen nuevos partidos populistas que se presentan como partidos antipartido, partidos de protesta como Vox. Así, el populismo se erige como una estrategia que apuesta por tomar públicamente partido por el pueblo o culto al pueblo, lo que en realidad es una apelación contra, pues divide a la sociedad en dos grupos homogéneos y antagónicos, como hemos visto antes: “la gente pura” —“la España viva” que diría Abascal— y la “élite corrupta” —“traidores y cobardes”—, como hacía referencia en Vistalegre. Este marcado discurso incita a reaccionar contra los gobernantes y contra categorías juzgadas amenazantes —muchos de ellos, los colectivos más debilitados de nuestra sociedad—. Además, algunos partidos populistas no sólo rechazan las élites gobernantes estatales, sino que reniegan del proyecto de la Unión Europea; por lo que el euroescepticismo es un factor relevante que explica parte del voto de protesta, también el de Vox, crítico con la UE, a la cual acusan de no respectar la soberanía española.

Este tipo de partidos de corte populista como Vox suelen ser muy personalistas: necesitan de un líder carismático —Santiago Abascal— que canalice ese descontento; y Vistalegre sirvió a Abascal para autoproclamarse como líder que encarna una misión especial para salvar a “España” del apocalipsis, proyectando visiones proféticas. De gesto grandilocuente, Abascal se maneja muy bien dentro del ámbito de la comunicación política: ha sido objeto de memes en Twitter o de burla cuando grabó un clip emulando a Gladiator, sin embargo, ha sabido sacar rendimiento político de las redes sociales e interpretar bien la Ventana de Oportunidad Política, desarrollando un discurso capaz de movilizar a un potencial electorado que más tarde analizaremos.

Por todo ello, me atrevería a encajar a Vox dentro de la nueva familia de partidos de derecha radical ultranacionalistas, xenófobos y de corte populista.

El año que viene son las Elecciones Europeas ¿Crees que VOX obtendrá representación? Y, en general, en términos de los aspectos de extrema derecha de Europa, ¿cuál es el pronóstico?

Este nuevo tipo de partidos crecieron a partir de 1980 durante las Elecciones Europeas de 1984 cuando el Front National y Alleanza Nazionale obtuvieron representación. A partir de ahí la emergencia y crecimiento de partidos ultranacionalistas, xenófobos y populistas ha ido in crescendo, por lo que el panorama a nivel europeo es más que alarmante, ya que avanza posiciones en prácticamente todos los países europeos, adquiriendo representación en las instituciones y copando muchos titulares en los medios de comunicación, donde han encontrado un gran altavoz político.

En el caso de Vox, aún es pronto para poder atreverse a afirmar que conseguirá representación en las elecciones europeas. Por un lado, las tendencias electorales a nivel europeo sí que hacen pensar que Vox pueda tener su sitio en las instituciones comunitarias, pero las elecciones europeas tienen una lógica diferente a las estatales, las autonómicas o las municipales, ya que se rigen más por el voto útil y no tengo claro que Vox pueda conseguir representación. Sin embargo, el factor sorpresa es muy típico en este tipo de elecciones. Por ejemplo, en 2014 Podemos sorprendió por el número de votos alcanzados en las elecciones europeas en lo que era su primera cita electoral, así que todo puede ser. Veremos.

Esta extrema derecha ha existido en el Estado español desde siempre, pero ahora está creciendo (por el conflicto político en Cataluña, por la exhumación de Franco…).

Vox nace el mismo año que Ciudadanos y Podemos, con un discurso crítico con el PP por dialogar con “formaciones nacionalistas” y por la “pasividad” ante la sentencia europea que establecía derogar la doctrina Parot. Durante la irrupción de Vox y en los primeros meses de andadura de la formación verde, el eje principal de su programa y discurso era “el terrorismo”. Ahora, la unidad de España se ha convertido en su principal caballo de batalla. A falta de representación de las instituciones, el número dos de Vox, Javier Ortega Smith, ha sabido hacerse un hueco en los medios situando a Vox como una fuerza política imprescindible para la unidad de España: él es quien ha presentado una ofensiva de querellas contra multitud de cargos políticos, ejerciendo como letrado de la acusación en el proceso judicial abierto a raíz del referéndum de autodeterminación del 1 de Octubre en Catalunya. El juicio del procés ha servido a Vox para presentarse como la fuerza valedora de la unidad nacional, una Ventana de Oportunidad Política que no ha sabido desaprovechar y que ha tenido su eco en los medios de comunicación.

Asimismo y en cuanto a la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco, Vox ha sido una voz muy crítica en los medios de comunicación, atacando a nivel discursivo y programático la Ley de Memoria Histórica. Es en este contexto en donde ha encontrado una oportunidad para hacerse hueco y tener cabida en tertulias políticas y diferentes medios, sabiendo aprovechar el altavoz mediático incluso sin tener representación. Ha sabido situar su mensaje y colocar su discurso, erigiéndose como protagonista de la ofensiva contra la Ley de la Memoria Histórica.

¿Cuál es el perfil de quienes votan a un partido como VOX? ¿Puede afectar a la derecha española existente (PP y Ciudadanos)? Sociológicamente, ¿qué factores alimentan a la ultra derecha? ¿Cuáles son las razones para votar por estos partidos?

Aún es muy pronto para caracterizar el electorado y dibujar los perfiles de votantes de Vox, aquí hay una laguna de investigación sobre la cual los/as politólogos/as habremos de trabajar. Muchos medios de comunicación han realizado encuestas, sin embargo estas no son válidas o fiables para realizar predicciones, principalmente porque la muestra no es representativa. Sin embargo, en Ciencia Política hay dos tesis que explican los potenciales electores que se inclinarían por votar a Vox: la tesis de la desintegración social y la tesis de la competencia étnica e interés económico.

La tesis de la desintegración social está ligada a la idea de anomia, por la cual el individuo alienado no encuentra objetivos en la sociedad, fruto del aislamiento que crea impulsos autodestructivos. Muchos autores han medido el nivel de aislamiento social a través de la afiliación a partidos, sindicatos y asociaciones, mostrando los individuos aislados importantes déficits participativos, lo que les convierte en potenciales votantes de este tipo de partidos. Este electorado se identificaría con los discursos catastrofistas de decadencia espiritual y moral, creyendo que la única salida es el retorno a los valores tradicionales, especialmente los valores familiares y patrióticos.

En el caso de Vox, esta tesis tendría como pieza central el tradicionalismo, relacionado con la esperanza mítica de un renacimiento nacional de lo que en Vox llaman “la España viva”, que suspira por una idealizada versión del pasado donde los Estados eran étnica e ideológicamente homogéneos. El votante potencial de Vox por motivaciones basadas en la tesis de la desintegración social se aglutina —grosso modo— en las clases medias, constituyéndose principalmente por ex votantes de formaciones conservadoras como PP que han radicalizado posiciones hacia la derecha del espectro ideológico, debido a que consideran la inmigración una amenaza, sienten nostalgia por un pasado añorado, lamentan la erosión de la identidad española y experimentan una sensación de incertidumbre. Pero esta tesis también explica por qué muchos individuos/as que antes se abstenían de votar —aislados sociopolíticamente— ahora podrían votar a Vox: antes se encontraban aislados e inseguros, sin verse reflejados en un partido político, pero ahora encontrarían en una fuerza política como Vox su “salvación”: el regreso nostálgico a la recuperación de la comunidad —española— y las tradiciones. Por tanto, y en resumen, según la tesis de la desintegración social Vox captaría votos de electores radicalizados del PP y de Ciudadanos y movilizaría un voto procedente de la abstención.

Por su parte, la tesis de la competencia étnica y el interés económico sigue la máxima de que en tiempos de escasez económica grupos sociales con intereses materiales en conflicto compiten por recursos limitados. Esta tesis defiende que un elemento de peso para que los electores voten a formaciones radicales como Vox es el hecho de percibir que los inmigrantes son competidores en el mercado laboral. Esto es, los partidos como Vox obtendrían mayor éxito a mayor tasa de desempleo en circunstancias en donde hay mayor número de inmigrantes cohabitando. Asimismo, otros autores añaden que la motivación de voto a este tipo de organizaciones se ve también determinada por la percepción de competencia en el mercado inmobiliario e incluso matrimonial, donde también se seguiría que los partidos como Vox con un fuerte discurso antiinmigratorio obtenga más votos en aquellas zonas donde hay más inmigrantes. El perfil de votante según la tesis de la competencia étnica y económica es: hombre joven, con bajo nivel educativo, desempleado o trabajador manual no cualificado además de nativo.

Esta tesis explica por qué Vox ha dado un giro estratégico y focaliza su atención en ir a reuniones, dar mítines, recoger firmas, acudir a manifestaciones o implicarse en reivindicaciones vecinales en barrios humildes de Madrid. Usera, Carabanchel, Vallecas, Leganés y Getafe son algunos de los barrios sobre los que Vox está redoblando los esfuerzos para suscitar adhesiones y captar votos. La formación verde sabe que en los barrios más humildes, en los barrios obreros, tiene un caldo de cultivo que no quiere que se le escape, un territorio prometedor para arrancar votos. Así, según reconoce al diario El País la propia Rosario Monasterio, presidenta de Vox en Madrid: “Es en el mundo del polígono donde más está calando nuestro mensaje”. Por tanto, Vox también aspira a arrancar un importante número de votos a formaciones tradicionales de izquierda que históricamente se alimentaban del voto obrero. Partidos como el PSOE y Podemos pueden verse afectados y pueden ver bastante reducidos sus votos debido a la aparición de Vox. Un panorama que se ha repetido en Francia, donde una parte del voto comunista ha venido a ir a parar a la formación que lidera Le Pen o en Suecia, donde parte del voto de izquierdas ha ido a parar a Demócratas de Suecia.


Más sobre este tema: ¿Qué es VOX y cómo lo podemos derrotar?

LA CARAVANA HUYE DE LA MISERIA Y DE LOS HORRORES DE LOS QUE EE.UU. ES RESPONSABLE”

Por Noam Chomsky

Tomado de RT

Los migrantes escapan de la violencia y de la pobreza en tres países “que han estado bajo la dura dominación de EE.UU. desde hace mucho tiempo”, pero sobre todo desde la década de los 80, destaca el filósofo.

Los integrantes de la caravana de migrantes centroamericanos que se dirigen hacia EE.UU. “huyen de la miseria y de los horrores” de los que Washington es responsable, sostiene el reconocido filósofo, lingüista y activista estadounidense Noam Chomsky.

En una entrevista en Democracy Now, el intelectual subraya que esta caravana “de personas pobres y miserables” huye de “la opresión severa, la violencia, el terror y la pobreza extrema” en Honduras, Guatemala y El Salvador, tres países “que han estado bajo la dura dominación de EE.UU. desde hace mucho tiempo, particularmente desde la década de los 80”, cuando las guerras de terror de Ronald Reagan “devastaron particularmente a El Salvador y Guatemala y, en segundo lugar, a Honduras”.

“Increíble farsa”

Sobre Honduras, “la fuente más extrema de migrantes en este momento”, Chomsky recordó que, si bien siempre fue amargamente oprimido, en 2009 tenía “un presidente moderadamente reformista”, Manuel Zelaya, que fue expulsado tras un golpe militar “condenado severamente en todo el hemisferio, con una excepción notable: EE.UU.”.

El Gobierno de Barack Obama se negó a llamarlo golpe militar “porque si lo hubieran hecho, la ley los habría obligado a retirar los fondos” del régimen militar que estaba imponiendo un “terror brutal”, afirmó el filósofo, agregando que, en consecuencia, Honduras se convirtió “en la capital mundial del asesinato”.

Chomsky ve como una “increíble farsa” que la Administración Trump envíe a la frontera miles de militares para detener a esos “pobres, miserables, familias, madres, niños, que huyen del terror y la represión de los que somos responsables”. Además, subraya que “los soldados enviados a la frontera superan en número a los niños que huyen”, mientras que una “notable campaña de relaciones públicas” asusta a los ciudadanos estadounidenses haciéndolos creer “que estamos justo al borde de una invasión”.

“Troika de la tiranía”

Por otro lado, el activista se refirió también a las declaraciones del asesor de Seguridad Nacional de EE.UU., John Bolton, que este jueves calificó a Venezuela, Cuba y Nicaragua como “la troika de la tiranía”.

Según Chomsky, esta afirmación evoca inmediatamente el discurso del “eje del mal” de George Bush en 2002, que “sentó las bases para la invasión de Irak, el peor crimen de este siglo con horrendas consecuencias”. Para el filósofo, la “troika”, al igual que el “eje del mal”, son aquellos “que sencillamente no obedecen las órdenes de los Estados Unidos”.

*

Nota relacionada Caravana de migrantes es ocasionada por crisis humanitaria generada por la corrupción, violencia y pobreza que aqueja a Honduras

 

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