Historia Política, Imperialismo y Guerra Permanente, Rusia, Teoría Política

COMO UTILIZA LA BURGUESÍA A LOS RENEGADOS por V. I. Lenin

 

Publicado en septiembre de 1919, en la revista “La Internacional Comunista”. n.º 5

Firmado: N. Lenin

Obras Completas, t. 39, págs. 182-194

Nuestras estaciones de radio captan los radiogramas de Carnarvon (Inglaterra), París y otras ciudades europeas. París es ahora el centro de la alianza mundial de los imperialistas, por lo que sus emisiones radiofónicas suelen ofrecer particular interés. Días pasados, el 13 de septiembre, la radio gubernamental de este centro del imperialismo mundial comunicó a todos los países la aparición de un nuevo libro contra el bolchevismo, del conocido renegado y líder de la II Internacional Karl Kautsky.

Lenin-retratoLos millonarios y multimillonarios no hacen uso sin más ni más de sus emisoras oficiales. Han creído necesario dar a conocer al mundo la nueva arremetida de Kautsky. Tienen que aferrarse a todo, hasta a un clavo ardiendo, hasta al libro de Kautsky, para contrarrestar los avances del bolchevismo. Expresamos con toda el alma nuestro agradecimiento a los señores millonarios franceses por lo bien que nos ayudan a propagar el bolchevismo, por lo bien que nos ayudan ¡dejando en ridículo las imprecaciones filisteas y pequeñoburguesas de Kautsky contra los bolcheviques!

Hoy, 18 de septiembre, me han entregado el número del 7 de septiembre de Vorwärts, el periódico de los socialchovinistas alemanes, asesinos de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. Contiene un artículo de Federico Stampfer sobre este nuevo libro de Kautsky (Terrorismo y comunismo) y diversas citas de dicho libro. Cotejando el artículo de Stampfer con los despachos de la radio parisina, vemos que estos últimos, con toda probabilidad, han sido redactados sobre la base de aquél. Los señores Scheidemann y Noske, guardaespaldas de la burguesía alemana y verdugos de los comunistas alemanes, ensalzan el libro de Kautsky y se unen con los imperialistas de la Entente en la lucha contra el comunismo internacional.

¡Un espectáculo aleccionador en extremo! Y nuestros mencheviques, esos representantes tan típicos de la Internacional amarilla de Berna, no han encontrado palabras para expresar su indignación por haber yo llamado a Kautsky (en mi libro La revolución proletaria y el renegado Kautsky) lacayo de la burguesía.

¡Esto es un hecho, señores, por más que os enojéis! No es porque estén confabulados conmigo por lo que los scheidemannistas de Vorwärts y los millonarios de la Entente elogian a Kautsky y lo utilizan como instrumento en la lucha contra el bolchevismo mundial. Aunque Kautsky no se dé cuenta y no lo desee, de hecho ha resultado ser –con relación a la burguesía– ni más ni menos lo que yo decía.

Para demostrar hasta qué punto ha llegado esta abjuración del socialismo y de la revolución, que se encubre con el nombre del marxismo, citaremos algunas de las acusaciones más “terribles” de Kautsky contra los bolcheviques.

“…Kautsky demuestra detalladamente – escribe Stampfer- cómo los bolcheviques llegan siempre, en definitiva, a lo opuesto al objetivo que se proponían: eran adversarios de la pena de muerte y llevan a cabo fusilamientos en masa…”

En primer lugar, es una falsedad completa que los bolcheviques fuesen adversarios de la pena de muerte para la época de la revolución. En el II Congreso de nuestro partido, en 1903, al surgir el bolchevismo, se formuló el programa del partido, y en las actas del Congreso se hizo constar que la idea de incluir en el programa la abolición de la pena de muerte suscitó esta réplica burlona: “¿Y para Nicolás II?” Incluso los mencheviques no se atrevieron en 1903 a poner a votación la propuesta de abolir la pena de muerte para el zar. Y en 1917, durante la kerenskíada, yo escribí en Pravda que ningún gobierno revolucionario podía prescindir de la pena de muerte y que todo el problema residía en saber contra qué clase dirige un gobierno el arma de la pena de muerte. ¡Hasta tal punto ha dejado Kautsky de pensar como un revolucionario y se ha hundido en el oportunismo filisteo, que ni siquiera puede concebir cómo ha podido un partido proletario revolucionario reconocer abiertamente mucho antes de su victoria la necesidad de la pena de muerte para los contrarrevolucionarios! De ahí que el “honrado” Kautsky, por ser una persona honrada y un oportunista honrado, escriba, sin ruborizarse, falsedades contra sus adversarios.

En segundo lugar, una persona que comprendiera a poco que fuese la revolución, no podría olvidar que Como utiliza la burguesía a los renegados ahora no se trata de la revolución en general, sino de una revolución nacida de una gran matanza imperialista de pueblos. ¿Es concebible una revolución proletaria surgida de tal guerra sin complots y atentados contrarrevolucionarios por parte de decenas y cientos de miles de oficiales pertenecientes a la clase de los terratenientes y capitalistas? ¿Es concebible un partido revolucionario de la clase obrera que no castigue por tales acciones con la pena de muerte en una época de la más encarnizada guerra civil y de complots de la burguesía con el fin de propiciar la invasión de tropas extranjeras para derribar el gobierno obrero? Sólo pedantes incorregibles y ridículos podrían responder afirmativamente a estas preguntas. Pero Kautsky, que antes sabía plantear las cuestiones en su situaciónhistórica concreta, ahora ya no sabe hacerlo.

En tercer lugar, si no sabe estudiar su tema y escribe falsedades sobre los bolcheviques, si no sabe reflexionar y no está ni siquiera en condiciones de plantear la cuestión de las particularidades de la revolución desencadenada tras una guerra de cuatro años, Kautsky podría al menos observar lo que ocurre en torno suyo. ¿Qué demuestra el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo por unos oficiales en la república democrática alemana? ¿Qué demuestra la evasión de los oficiales, condenados luego por asesinato a leves penas que son un escarnio? El señor Kautsky y todo su partido “independiente” (del proletariado, pero muy dependiente de los prejuicios pequeñoburgueses) sale del paso con gimoteos, reprobaciones y lamentos filisteos. Pero precisamente por eso todos los obreros revolucionarios del mundo vuelven la espalda cada vez más a los Kautsky, Longuet, MacDonald y Turati y se colocan al lado de los comunistas, pues el proletariado revolucionario necesita la victoria sobre la contrarrevolución, y no la impotente “condena” de ésta.

En cuarto lugar, la cuestión del “terrorismo” es, por lo visto, la fundamental en el libro de Kautsky. Esto se ve por el título. Esto se ve también por las palabras de Starnpfer:

“…Indudablemente, Kautsky tiene razón al afirmar que el principio fundamental de la Comuna no fue el terrorismo, sino el sufragio universal”.

En mi libro La revolución proletaria y el renegado Kautsky he aducido suficiente material para demostrar hasta qué punto este razonamiento sobre el “principio fundamental” equivale a burlarse del marxismo. En estos momentos mi tarea es otra. Para mostrar qué valor tienen los razonamientos de Kautsky sobre el “terrorismo”, a quién sirven estos razonamientos, a qué clase sirven, citaré íntegramente un pequeño artículo liberal. Se trata de una carta a la redacción de la revista liberal norteamericana The New Republic, del 25 de junio de 1919. Esta revista, que en general se atiene a un punto de vista pequeñoburgués, se diferencia tanto más de lo que escriben los señores Kautsky, cuanto que no califica a este punto de vista ni de socialismo revolucionario ni de marxismo.

He aquí el texto íntegro de esta carta a la Redacción:

“Mannerheim y Kolchak

Señor director: Los gobiernos aliados se han negado a reconocer al Gobierno soviético de Rusia, según ellos dicen, por las causas siguientes:

1. El Gobierno soviético es –o era– germanófilo.

2. El Gobierno soviético se mantiene por el terrorismo.

3. El Gobierno soviético no es democrático y no representa al pueblo ruso.

Mientras tanto, los gobiernos aliados han reconocido hace ya mucho al actual gobierno de guardias blancos de Finlandia bajo la dictadura del general Mannerheim, aunque es evidente lo siguiente:

1. Las tropas alemanas ayudaron a los guardias blancos a aplastar a la República Socialista de Finlandia, y el general Mannerheim cursó reiterados telegramas al kaiser expresando su simpatía y su respeto. En cambio, el Gobierno soviético ha realizado un enérgico trabajo de zapa contra el Gobierno alemán, desplegando la propaganda entre las tropas en el frente ruso. El Gobierno finlandés ha sido infinitamente más germanófilo que el ruso.

2. El actual Gobierno de Finlandia, al subir al poder, ajustició a sangre fría en unos cuantos días a 16.700 miembros de la antigua república socialista y recluyó en campos de concentración a otros 70.000, condenándolos a morir de hambre. En cambio, todas las ejecuciones llevadas a cabo en Rusia en el curso de un año, hasta el 1 de noviembre de 1918, han sumado, según datos oficiales, la cifra de 3.800, incluidos muchos funcionarios soviéticos corruptos, así como los contrarrevolucionarios. El Gobierno finlandés ha sido infinitamente más terrorista que el ruso.

3. Después de matar o encarcelar a unos 90.000 socialistas y de expulsar del país a Rusia alrededor de otros 50.000 más –Finlandia es un pequeño país, que sólo cuenta con unos 400.000 electores–, el gobierno de guardias blancos consideró que ya no era peligrosa una consulta electoral. A pesar de todas las medidas de precaución, salió elegida una mayoría de socialistas, pero el general Mannerheim, lo mismo que los aliados después de las elecciones de Vladivostok, no confirmó las actas de ninguno de ellos. En cambio, el Gobierno soviético privó de derechos electorales a todos los que no realizasen un trabajo útil para procurarse los medios de subsistencia. El Gobierno finlandés ha sido mucho menos democrático que el ruso.

Lo mismo puede decirse del almirante Kolchak en Omsk, gran campeón de la democracia y del nuevo orden; y a este almirante los gobiernos aliados le han apoyado. Abastecido y equipado y ahora se disponen a reconocerlo oficialmente.

Así pues, todos los argumentos que los aliados han esgrimido contra el reconocimiento de los Soviets, pueden ser aplicados con mayor vigor y honradez contra Mannerheim y Kolchak. Sin embargo, estos últimos han sido reconocidos, y el bloqueo es cada vez más riguroso en torno a Rusia, que se está muriendo de hambre.

Desde Washington.

Stuart Chase.”

Este pequeño artículo de un liberal burgués desenmascara admirablemente toda la vileza y la traición al socialismo de los señores Kautsky, Martov, Chernov, Branting y demás personajes de la Internacional amarilla de Berna.

En primer lugar, Kautsky y todos estos personajes difaman a la Rusia Soviética al tratar la cuestión del terrorismo y la democracia.

En segundo lugar, enjuician los acontecimientos no desde el punto de vista de la lucha real de clases que se desarrolla en escala mundial y en la forma más exacerbada, sino desde el punto de vista de las lamentaciones pequeñoburguesas y filisteas sobre lo que podría acontecer si no existiese la conexión entre la democracia burguesa y el capitalismo, si no hubiese en el mundo guardias blancos, si no les apoyase la burguesía mundial, etc., etc.

En tercer Jugar, cotejando el artículo norteamericano con los razonamientos de Kautsky y Cía., vemos duramente que el papel objetivo de estos últimos se reduce a un servilismo lacayo ante la burguesía.

La burguesía mundial apoya a los Mannerheim y los Kolchak, aspirando a ahogar el Poder soviético, presentándolo falsamente como un poder terrorista y antidemocrático. Tales son los hechos.

Y Kautsky, Martov, Chernov y Cía. no son sino comparsas de la burguesía cuando repiten su cantinela sobre el terrorismo y la democracia. La burguesía mundial asfixia la revolución obrera cabalmente con esta cantinela, engañando con ella a los obreros. La honestidad personal de los “socialistas” que entonan esta cantinela “sinceramente”, es decir, por una extrema estulticia, no modifica en nada el papel objetivo de esta cantinela. Los “oportunistas honrados”, los Kautsky, Martov, Longuet y Cía., se han convertido (por su ilimitada falta de carácter)en unos contrarrevolucionarios “honrados”.

Tales son los hechos.

Ese liberal norteamericano ha comprendido –no por su preparación teórica, sino simplemente observando con atención los acontecimientos en una escala suficientemente amplia, es decir, en escala mundial– que la burguesía de todo el mundo organiza y sostiene una guerra civil contra el proletariado revolucionario, apoyando para ello a Kolchak y Denikin en Rusia, a Mannerheim en Finlandia, a los mencheviques georgianos, lacayos de la burguesía, en el Cáucaso, a los imperialistas polacos y a los Kerenski polacos en Polonia, a los secuaces de Scheidemann alemanes en Alemania, a los contrarrevolucionarios (mencheviques y capitalistas) en Hungría, y así sucesivamente.

Mientras tanto, Kautsky, como auténtico filisteo reaccionario, ¡continúa hablando en tono quejumbroso de los espantosos horrores de una guerra civil! En este punto no sólo desaparece toda sombra de conciencia revolucionaria, toda sombra de realismo histórico (pues no es un pecado, en resumidas cuentas, comprender que es inevitable la transformación de la guerra imperialista en guerra civil), en este punto Kautsky hace el papel de adulador de la burguesía, ayuda a ésta y, de hecho, se coloca al lado de la burguesía en la guerra civil que en todo el mundo se libra ya o se prepara con toda claridad.

Como teórico, con sus clamores y su alboroto, con sus gimoteos y lamentos histéricos a propósito de la guerra civil, Kautsky disimula su descalabro. Ha resultado que quienes tienen razón son precisamente los bolcheviques, que en el otoño de 1914 anunciaron al mundo la transformación de la guerra imperialista en guerra civil. Los reaccionarios de todos los pelajes se indignaron o se burlaron, pero los bolcheviques tuvieron razón. Para ocultar su completa derrota, su torpeza, su falta de perspicacia, es preciso tratar de asustar a los pequeños burgueses con los horrores de la guerra civil. Eso es lo que hace Kautsky como político.

Hasta qué ridículos despropósitos llega, se verá por lo que sigue. Las esperanzas puestas en la revolución mundial carecen de fundamento. Esto es lo que afirma Kautsky. ¿Y sabéis cuál es su argumento? La revolución en Europa a tenor de la de Rusia equivaldría, según él, a “desencadenar (Entfessellung) guerras civiles en todo el mundo por toda una generación”, y además a no desencadenar una verdadera lucha de clases, sino una “lucha fratricida entre proletarios”. Stampfer, entusiasmado, claro está, reproduce estas citas, subrayadas, precisamente como palabras de Kautsky.

¡Cómo no van a entusiasmarse con estas palabras los canallas y verdugos que siguen a Scheidemann! ¡El “jefe de los socialistas” atemoriza al pueblo con la revolución y lo aparta de ella! Pero lo divertido del caso es que Kautsky no ha reparado en una cosa: que la potencia mundial de la Entente lleva casi dos años haciendo la guerra a Rusia y fomentando con ello la revolución en su propia casa. Si la revolución comenzase por lo menos ahora, aunque sólo fuese en su fase conciliadora, aunque sólo fuese en una o dos de las grandes potencias de la Entente, esto haría que cesara inmediatamente la guerra civil en Rusia, esto liberaría inmediatamente a cientos de millones de seres de las colonias, pues allí bullen el descontento y la indignación, que Europa sólo puede contener con la violencia.

Kautsky, además de haber puesto de relieve durante toda la guerra imperialista los encantos de su lacayo espíritu infame, actúa hoy impulsado a las claras por este hecho: se ha asustado del persistente carácter de la guerra civil en Rusia. Llevado del susto, no ha pensado que contra Rusia combate la burguesía de todo el mundo. La revolución en una o dos de las grandes potencias de Europa socavaría definitivamente las fuerzas de la burguesía en general, su dominio sería quebrantado de raíz, a la burguesía no le quedaría refugio en ninguna parte de la Tierra.

En realidad, los dos años de guerra de la burguesía mundial contra el proletariado revolucionario de Rusia alientan a los revolucionarios de todo el orbe, muestran la extraordinaria proximidad y facilidad de la victoria en escala universal.

Por lo que se refiere a la guerra civil “entre proletarios”, estos argumentos ya los hemos escuchado de boca de los Chernov y los Martov. Para calibrar la infinita vileza de este argumento, tornemos un ejemplo gráfico. Durante la Gran Revolución Francesa, una parte de los campesinos, los vendeanos, lucharon a favor del rey contra la República. En junio de 1848 y en mayo de 1871, una parte de los obreros militó en las tropas de Cavaignac y Galliffet, que estrangularon la revolución. ¿Qué diríais vosotros de quien afirmase: lamento la “guerra civil entre los campesinos de Francia en 1792” y “entre los obreros en 1848 y en 1871”? Diríais que era el más hipócrita defensor de la reacción, de la monarquía y de los Cavaignac. Y tendríais razón.

Sólo un enfermo mental no podría comprender aun hoy, que en Rusia se está librando (y en todo el mundo comienza o madura) la guerra civil del proletariado contra la burguesía. Nunca ha habido, ni puede haber, una lucha de clases en la que parte de la clase proletaria no permanezca al lado de la reacción. Y lo mismo cabe decir en la guerra civil. Parte de los obreros atrasados ayuda indefectiblemente –más o menos tiempo– a la burguesía. Sólo los miserables pueden escudarse en esto para justificar su toma de posición aliados con la burguesía.

Teóricamente, vemos aquí una falta de voluntad para comprender lo que desde 1914 proclaman a gritos todos los hechos de la historia del movimiento obrero mundial. La escisión entre las capas superiores de la clase obrera depravadas por el filisteísmo y el oportunismo y sobornadas por las prebendas y otras dádivas de la burguesía, despuntó en el otoño de 1914 a escala mundial y tomó cuerpo definitivamente en 1915-1918. Al no ver este hecho histórico y al acusar a los comunistas de ‘escisionismo’, Kautsky no hace sino demostrar por enésima vez su papel de lacayo de la burguesía.

Marx y Engels hablaron durante cuarenta años, de 1852 a 1892, del aburguesamiento de una parte de los obreros de Inglaterra (precisamente de las capas superiores, de los líderes, de la “aristocracia”) debido a las ventajas que le proporcionaban las colonias y sus monopolios. Es claro como la luz del día que los monopolios imperialistas de toda una serie de países debían crear en el siglo XX ese mismo fenómeno que se produjo en Inglaterra. En todos los países avanzados vemos la corrupción y la venalidad de los líderes de la clase obrera y de las capas superiores de la misma, y cómo se pasan al lado de la burguesía por las dádivas que reciben, ya que la burguesía concede a estos líderes prebendas y a las mencionadas capas superiores unas migajas de sus beneficios, echa sobre los obreros atrasados y ajenos a la política, el peso del trabajo peor retribuido y menos calificado y acentúa los privilegios de la “aristocracia de la clase obrera” en comparación con la enorme mayoría.

La guerra de 1914-1918 ha demostrado definitivamente la traición al socialismo y el paso al lado de la burguesía de los ‘líderes’ y capas superiores del proletariado, de todos los socialchovinistas, de los Gompers, Branting, Renaudel, MacDonald, Scheidemann, etc., y, claro está, una parte de las masas obreras siguen por inercia durante cierto tiempo a esta mierda burguesa.

La Internacional de Berna de los Huysmans, Vandervelde y Scheidemann ha cristalizado ahora del todo, como Internacional amarilla de estos traidores al socialismo. Sin luchar contra ellos, sin apartarse de ellos no puede hablarse de ningún socialismo efectivo ni de ningún trabajo sincero en beneficio de la revolución social.

Que los independientes alemanes prueben a nadar entre dos aguas: tal es su destino. Los secuaces de Scheidemann besuquean y abrazan a Kautsky como a uno de los “suyos”, Stampler así lo proclama, y en realidad Kautsky es un verdadero cofrade de los Scheidemann. Entre tanto, Hilferding, también independiente y amigo de Kautsky, ha propuesto en Lucerna expulsar de la Internacional a los Scheidemann. Naturalmente, los auténticos líderes de la Internacional amarilla no han hecho más que reírse de Hilferding. La propuesta de éste era la mayor estupidez o el mayor de los fariseísmos: ¡cobrar fama de “izquierdista” entre las masas obreras y mantener al mismo tiempo su puestito en la Internacional de sirviente de la burguesía! Pero cualquiera que sea la explicación que se dé de la conducta de uno de los líderes, de Hilferding, es indudable una cosa: la falta de carácter de los “independientes” y la infamia de los Scheidemann, Branting y Vandervelde provocarán indefectiblemente entre las masas proletarias, cada día más, su apartamiento de los líderes traidores.

El imperialismo puede durante bastante tiempo dividir a los obreros en algunos países, como se ha demostrado en Inglaterra, pero la unión de los revolucionarios, la unión de las masas con ellos y la expulsión de los amarillos hacen constantes progresos a escala mundial. Así lo demuestran los grandes éxitos de la Internacional Comunista: en Norteamérica se ha formado ya el Partido Comunista, en París el Comité de restablecimiento de los vínculos internacionales y el Comité de defensa sindical se han colocado al lado de la III Internacional. En París, dos periódicos se han pasado al lado de la III Internacional: L’Internationale de Raimundo Péricat y Le Titre Censuré!!! (¿El Bolchevique?) de Jorge Anquetil.

En Inglaterra estamos en vísperas de la formación del Partido Comunista, con el que se solidarizan también los mejores hombres del Partido Socialista Británico, de los “Comités de delegados de fábrica” (Shop Stewards Committees), de los obreros industriales revolucionarios, etc. Los izquierdistas suecos, los socialdemócratas noruegos, los comunistas holandeses, el Partido Socialista suizo y el de Italia se forman ya en las mismas filas con los espartaquistas alemanes y los bolcheviques rusos. En unos cuantos meses de 1919, la Internacional Comunista se ha convertido en una Internacional mundial, que conduce a las masas y manifiesta terminantemente su hostilidad a los traidores al socialismo atrincherados en la Internacional “amarilla” de Berna y sus cofrades de Lucerna.

Para terminar, nos detendremos en un comunicado particularmente instructivo, que arroja luz sobre el papel de los líderes oportunistas. En Lucerna, durante la conferencia de socialistas amarillos celebrada en Agosto de este año, se publicó una edición especial del periódico de Ginebra La Feuille con informes y comunicados, en diferentes idiomas. En la edición inglesa (núm. 4 del miércoles 6 de agosto) apareció una entrevista con Troelstra, conocido líder del partido oportunista de Holanda.

He aquí lo que decía Troelstra:

“La revolución alemana del 9 de noviembre suscitó gran efervescencia entre nuestros líderes (holandeses) políticos y sindicales. Los grupos gobernantes de Holanda estuvieron durante varios días dominados por el pánico, tanto más cuanto que al propio tiempo estalló la indignación casi general en el ejército.

Los burgomaestres de Rotterdam y La Haya trataron de movilizar a sus propias organizaciones como fuerzas auxiliares de la contrarrevolución. Un comité formado por antiguos generales, entre los que figuraba un viejo oficial que se enorgullecía de haber reprimido la insurrección de los boxers en China, intentó desorientar a varios compañeros y pertrecharlos contra la revolución. Como es natural, sus esfuerzos fueron contraproducentes, y hubo un momento en Rotterdam en que parecía que iba a constituirse el Soviet de los obreros. Pero los líderes de la organización política y de los sindicatos sostuvieron el criterio de que aún no había llegado el momento de emplear tales métodos y se limitaron a formular un programa mínimo de reivindicaciones obreras y a dirigir un ferviente llamamiento a las masas”.

Eso decía Troelstra, añadiendo otras muchas fanfarronadas: que pronunció discursos revolucionarios, que se manifestó incluso en favor de la conquista del poder, que él comprendía la insuficiencia de los parlamentos y de la democracia puramente política y que admitía para el período de transición los “procedimientos ilegales” de lucha, la “dictadura del proletariado”, etc., etc. Troelstra es un modelo de líder sobornable, oportunista, que sirve a la burguesía y engaña a los obreros. De palabra reconocerá ante vosotros todo, como veis: los Soviets, la dictadura del proletariado y cuanto queráis. De hecho, Troelstra es el más vil traidor a los obreros y un agente de la burguesía. De hecho es el jefe de los “líderes de las organizaciones obreras políticas y sindicales” holandesas que han salvado a la burguesía en Holanda, pasándose al lado de la burguesía en el momento decisivo. Pues los hechos de que da cuenta Troelstra son perfectamente claros y terminantes. En Holanda fue movilizado el ejército. El proletariado estaba en armas y unido dentro del ejército con las capas pobres de todo el pueblo. La revolución alemana había suscitado entusiasmo entre los obreros y una “indignación casi general en el ejército”. Es claro que la obligación de los líderes revolucionarios era llevar a las masas a la revolución, no desperdiciar el momento en que los obreros armados y el influjo de la revolución alemana podían decidir de golpe el desenlace.

Los líderes traidores, con Troelstra a la cabeza, se pasaron al lado de la burguesía. Atiborraron a los obreros con reformas y, sobre todo, con promesas de reformas, los apaciguaron con “fervientes llamamientos” y frases revolucionarias y los engañaron. Quienes ayudaron a la burguesía a desmovilizar el ejército y salvaron a los capitalistas fueron precisamente los señores Troelstra y otros “líderes” semejantes, que forman parte de la II Internacional de Berna y de Lucerna.

El movimiento obrero seguirá adelante, arrojando de su seno a todos los traidores y felones, a los Troelstra y los Kautsky, desembarazándose de esa capa superior aburguesada que engaña a las masas, ya que en realidad aplica la política de los capitalistas.

20 de septiembre de 1919.

*

P.D.: A juzgar por la exposición de Stampfer, Kautsky ha dejado de hablar acerca del sistema soviético de Estado. ¿Ha abandonado sus posiciones en esta cuestión principal? ¿Ha renunciado a defender las vilezas que estampara al hablar de esto en su folleto contra la “Dictadura del proletariado”? ¿Ha preferido pasar de lo principal a lo secundario? Veremos la respuesta a estas preguntas cuando podamos conocer el folleto de Kautsky.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Archivos

Reciba las publicaciones por Email

Follow EL SUDAMERICANO on WordPress.com
El Fanzine de la Comisión Semilla
El Blog de Silvio Rodríguez
El sitio Web de Silvio Rodríguez http://zurrondelaprendiz.com/

Enlace Zapatista

Radio de Nicaragua

MAPUEXPRESS

Tortilla con Sal

A %d blogueros les gusta esto: