Declaraciones y comunicados, Historia Política, Latinoamérica, Solidaridad, Uruguay

UN HOMBRE LUMINOSO por Jorge Zabalza

Por Jorge “El Tambero” Zabalza

el-bebe-Sendic

Nadie es más hermano de los explotados, que aquellos que luchan contra la explotación. A veces no se conocen. Pero cuando en un minuto de su historia de lucha sus caminos y miradas se cruzan, se reconocen, y sus pupilas se convierten en causas compartidas. Y se echan a andar juntos. Porque entienden que ese instante de cambios no es de nadie y es de todos, y que solo cabe en un espacio colectivo. Ese es el tiempo de las Revoluciones. Surge siempre desde abajo, de la acumulación de las mejores experiencias de lucha del pueblo trabajador. Como surgen los hombres y mujeres que logran sintetizar la conciencia de cambio de la mayoría. Esos seres que nunca se entregan, ni transan, porque saben que los pueblos pierden batallas pero nunca deponen su lucha. Construyendo en el seno de la misma, hombres y mujeres que iluminan el camino. Son pocos, pero imprescindibles. Son el sostén ideológico y moral de millones de explotados que necesitan cambiar las injusticias del capitalismo por una sociedad más equitativa, justa y solidaria.

Por eso hoy, después de años de esperar promesas de cambios profundos de gobiernos que no cumplen con las expectativas del pueblo trabajador, sentimos la imperiosa necesidad de romper tres décadas de silencio sobre un hombre que iluminó sus luchas: hablamos de Raúl Sendic Antonaccio, al que todos llamamos afectuosamente «Bebe». Uno de los primeros luchadores de este país que depuso el bienestar personal para dedicar su vida a los más explotados de esta tierra: los peones arroceros, remolacheros y de la caña de azúcar, los «Peludos».

Fundando sindicatos como el SUDOR, URDE, UTAA, cooperativas de pescadores artesanales, creando conciencia y organización de clase, organizando marchas de cientos de hombres, mujeres y niños que caminaron de Norte a Sur para acampar alrededor de un Parlamento que nunca los había escuchado. Porque haciendo promesas a los de abajo a cambio de votos, legislaba para los de arriba. Y haciendo oídos sordos de aquellos reclamos de «tierra pal que la trabaja», hizo la venia al Ejecutivo de turno y a la policía para reprimir salvajemente aquellas marchas que se atrevían a desempolvar después de más de un siglo, el mandato Antigüista de 1813…

Pero esas marchas hicieron resonar su consigna en los oídos de los trabajadores de la ciudad, en las capas medias, que al perder poder adquisitivo despertaban del sueño del bienestar Batllista, de los estudiantes, los intelectuales y de las organizaciones de izquierda. Porque esas marchas que tenían la fuerza de una idea, se convirtieron rápidamente en una idea fuerza: «Por la tierra y con Sendic» fue un latigazo que anunciaba a los de arriba nuevas formas de lucha de los de abajo, obligándolos a reprimir para defender sus intereses. Y mostrar que su democracia, la del voto, tenía una careta. La cara verdadera era la de un gobierno de pocos. De ricos. De oligarcas dueños del país.

Aquel pueblo de caminantes se volvió al Norte con las manos vacías, mucha hambre y varios heridos. Pero lograron cosas históricamente fundamentales para los trabajadores.

La experiencia de que solo la lucha podría darle tierra al que la trabaje y que para arrebatársela a la oligarquía terrateniente no alcanzaba solamente con la lucha sindical y parlamentaria.

La conciencia de que la democracia burguesa solo podía ofrecer promesas mediante el voto. Y la certeza de que aquel hombre que los guiaba nunca entregaría sus banderas. Por el contrario, las haría más anchas y profundas, extendiéndolas a todos los explotados, a través de un «habrá Patria para todos o para nadie». Y madurando además, nuevas formas de lucha.

Primero, desde la clandestinidad, luego desde la guerrilla urbana que jaqueó al poder establecido desnudando los negociados de políticos, banqueros y terratenientes que robaban la riqueza de los trabajadores y apaleaban y torturaban a obreros y estudiantes con total impunidad. Y por último, elaborando desde el fondo de los calabozos de la dictadura en condición de rehén, una salida de lucha para el pueblo trabajador.

Aquel pueblo que desde el 27 de junio del 73, dio lo mejor de sí en la resistencia a la dictadura cívico militar. El mismo pueblo que sin rendirse formó ríos y arroyos que desde los sindicatos obreros y gremios estudiantiles, los comités de base del Frente, las cooperativas de vivienda, el canto popular y las asambleas barriales, desembocaron en el torrente incontenible del Obelisco.

Ese pueblo se había unido por abajo, demostrando que era posible la unidad sin exclusiones, que tanto reclamó históricamente el Bebe Sendic a toda la izquierda uruguaya. Sin banderías partidarias, protagonismos o aparatismos. Ese fue el pueblo que el Bebe encontró al salir de la prisión. Por eso, proyectó la creación de un gran espacio político, un gran aparato político conducido por los trabajadores: el Frente Grande. Y un conjunto de medidas de fondo para sacar rápidamente de la pobreza extrema a casi la mitad de los trabajadores del país, y quebrarle el espinazo del poder a la oligarquía terrateniente y al capital financiero.

Fue entonces que volvió a lanzar nuevas ideas fuerza: «el plan de lucha por la tierra y contra la pobreza», cuyo motor sería el Movimiento por la Tierra. El no pago de la deuda externa y sus intereses. La expropiación inmediata por el Estado de todos los establecimientos agrarios que superasen las 2.500 hectáreas, sin indemnización y la entrega de tierras a colonos para repoblar la campaña con planes productivos para todos los trabajadores. Y volcar toda esa enorme masa de capital al salario en primer lugar, provocando un shock de altísimo impacto en el consumo interno y en la producción en su conjunto. Con esas medidas, que la derecha y buena parte de la izquierda combatió, por radicales, el Bebe planteaba, de hecho, la encrucijada histórica de la marcha al socialismo. Porque la lucha frontal contra los poderosos no admite el camino del medio, trazó una vez más el camino recto que su conciencia revolucionaria le dictaba.

No es casual entonces que las clases dominantes y quienes transaron con ellas hayan construido un manto de silencio en torno a la figura de este gran revolucionario. Un manto tejido a lo largo de tres décadas. Tejido por los mismos que trampearon la democracia participativa que el pueblo forjó en su lucha contra la dictadura, negociando con genocidas y explotadores unos, y aparateando y desmovilizando otros.

Ya casi ni se lo nombra, porque hablar del Bebe es convocar luchas, rebeliones y resistencia sin concesiones a todo poder dominante, a toda impunidad, y a cualquier forma de explotación del hombre por el hombre. Por eso nos reunimos hoy un grupo de militantes. Para honrar su memoria, su ejemplo y sus ideas. Para romper un silencio labrado en los pasillos donde se cuentan y recuentan votos para calcular el quehacer político. Para que vuelvan su ejemplo y sus ideas al seno del pueblo trabajador, y germinen en la conciencia de las nuevas generaciones, que buscan a través de organizaciones sociales otro modelo productivo. El que se opone al «crecimiento económico» apoyado en la extranjerización de la tierra (hoy un tercio del territorio), la soja transgénica, las pasteras que envenenan el ambiente con su modelo mono productivo, la agricultura de los agro tóxicos que buscando la máxima rentabilidad intoxican la tierra, el alimento, los ríos y los mares. Un modelo agroexportador, dependiente de las multinacionales y el capital financiero.

Será necesario convocar a esas organizaciones sociales para unir esfuerzos, como lo hizo siempre el Bebe. Será una lucha ardua, al descampado de promesas electorales o recompensas personales. Un esfuerzo paciente, que algunas veces nos hará sentir como profetas en el desierto. Una lucha que nos enfrentará a los poderes establecidos. Que cada uno asuma su responsabilidad. Pero valdrá el esfuerzo, porque a poco de andar, encontraremos que en la memoria de los más humildes, el Bebe lucha y vive. Por eso, el Bebe Sendic es la Bandera.

Jorge Pedro Zabalza

9 de marzo de 2019

***

El Colectivo «Bebe Sendic vive» [Uruguay] aprobó el perfil para convocar a sumarse, de una manera u otra, a las actividades que estamos coordinando a treinta años del cortejo que lo acompañó hasta el cementerio de La Teja. Somos pocos y la mayoría viejos. Se precisan brazos y piernas. En ABITAB se abrió la cuenta n° 97609, «Colectivo Bebe Sendic vive». Aclaración: el número no tiene implicancias políticas ni ideológicas, lo fija Abitab. Continuaremos comunicando más detalles próximamente.

Boltxe / 14 de marzo de 2019

“El Bebe” Raúl Sendic Antonaccio (…) era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo (…) Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. (…)

Como el que se quema con papas, hemos sido parcialmente ganados por el prejuicio de que todo reconocimiento y todo honor profundo y sincero a quienes lo han dado todo por la revolución socialista, implicaría algo así como una pueril veneración religiosa o un peligroso culto a la personalidad.

Es cierto que frecuentemente le soplamos a la sandía apenas la vemos…

Tantos y tantas, y tan inmerecidamente, han sido “elevados” sobre todo post mortem a la categoría de heroínas o héroes populares sin serlo ni de a ratos, que es razonablemente explicable esta actitud de rechazo casi espontáneo y muy extendido a aquellas palabras o gestos públicos que busquen recordar y destacar la vida de quienes, sí justificadamente, merecen el reconocimiento popular, especialmente cuando se cumplen aniversarios de sus nacimientos o de su desaparición física.

Muy pronto, cuando efectivamente se trata de luchadoras y luchadores a quienes no es un regalo, sino un deber moral, recordarles, este prejuicio se debilita, y, al contrario, cobra fuerza al menos entre la gente de pueblo más humilde y sana -a veces como que tardíamente-, la necesidad de tenerles presentes más allá de celebraciones indicadas por el almanaque; principalmente, de tener en cuenta el devenir de sus vidas y sus aportes en materia de pensamiento revolucionario y de consecuencia entre ese pensamiento y sus hechos cotidianos concretos, en eso que solemos definir como praxis social.

Por supuesto que saciar esta necesidad es algo obstaculizado por el aparataje mediático de la clase dominante y los oportunistas a su servicio, y que, en el “mejor” de los casos, los “reconocimientos” que llegan por este lado, terminan siendo no otra cosa que un cínico emparejamiento entre conductas diametralmente opuestas, verdaderas antítesis de acción y de ideales, tarea necia aunque “exitosa” en la cual la burguesía y sus mandaderos de derecha y “de izquierda”, son auténticos expertos.

(El burdo y gigantescamente irrespetuoso emparejamiento entre el gran Artigas y el pequeño Rivera, es tal vez el mejor ejemplo en tal sentido para nosotros, los “orientales”).

Naturalmente que la tarea de contribuir al discernimiento entre unos y otros de los que el sistema pretende igualar, no es moco de pavo; nuestra desventaja operativa es notoria, nuestros recursos materiales modestísimos y de alcances muy poco significativos.

Sin embargo, hay un plano en el que ningún esfuerzo que hagamos será demasiado y en el que muy poco o nada puede tallar una clase dominante “discapacitada” por su propia naturaleza “psíquico-espiritual”. Un plano en el que ella no puede competir, podría decirse, por carecer totalmente de contenidos ético-filosóficos cuya ausencia se explica por su propia condición social alejada totalmente del pueblo:

Es solamente en las filas del pueblo trabajador, entre los más humildes y los más sanos, donde podemos buscar y encontrar algo que es en realidad nuestro patrimonio exclusivo, nuestro único “monopolio”, precisamente por nuestra propia naturaleza y nuestra condición social de oprimidos y explotados alejados totalmente de la burguesía. Solamente el pueblo, en la de todos los días y muy especialmente en los momentos de agudización de la lucha de clases y de aumento de la necesidad de la solidaridad y la unidad para luchar, solamente él está en condiciones de reivindicar lo que ni por distracción debemos rifar o subestimar:

El sentido épico de la vida y de la lucha por la justicia; la convicción de ser justos y sentirnos orgullosos por serlo; las cualidades éticas que reivindican la vida como expresión trascendental de la existencia humana y no como un simple o complejo resultado de la evolución de la materia orgánica en movimiento o de absurdos designios divinos.

Reivindicar permanentemente esta significación épica del vivir y el luchar para que vivir sea algo dignificante contra viento y marea; rescatar de la historia de los pueblos -la de ayer y la de hoy- los verdaderos rasgos de heroicidad no impostada y sí ejemplar; rascar en aquella para descubrir los hilos de dolor y sangre que fueron necesarios para que hoy sintamos lo épico no como un mito sino como un hecho palpable y sensitivo del alma popular…

En fin, defender la contextura espiritual y los valores morales revolucionarios que ya originariamente intervinieron en nuestro propio devenir como pueblo; defenderla y levantarla como estandarte de grandeza y respetabilidad bien ganada, es empresa nuestra. Exclusivamente nuestra.

De hoy, de mañana, de siempre, más allá de circunstanciales derrotas y circunstanciales victorias y por encima de bifurcaciones ideológicas que la burguesía no tiene muy presente que digamos a la hora de golpearnos para seguir sujetándonos y pisoteándonos.

Así, pues, que luego de estas digresiones de premeditada voluntad de cargar las tintas en nuestra épica vital e intransferible, me permito iniciar esta jornada casi invernal del aniversario de la muerte de “El Bebe” Raúl Sendic, robando las palabras que siguen, expropiadas de un viejo testimonio del año 1883 y que hago “nuestras” para referirnos al Compañero Tupamaro, Revolucionario y Socialista caído el 28 de abril de 1989, víctima de una durísima enfermedad que contrajo en los mismos cuarteles de estas FF.AA. al servicio de los opresores cuyo jefe militar máximo hoy “propone” convertir en  “centros de educación cívica” (¡¡¡!!!).

Dicen así:

“(…) era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido (…) la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad (…) como pocos (…)”.

Por eso, (…) era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo (…) Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. (…) Apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, (…). Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal. (…) Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra (…)”.

(Federico Engels, en el cementerio, al morir Carlos Marx, el 14 de marzo de 1883, publicado en inglés por el periódico de Highgate, tres días después y traducido al alemán a la semana por “Der Sozialdemokrat”).

A Raúl Sendic Antonaccio es casi seguro que esta “impostura” caprichosa en este día tan particular, le hubiese hecho sonrojar; más todavía, se habría calentado sobre manera si hubiésemos transcripto el texto íntegro, más elogioso aun que estas breves palabras salidas del corazón y de la cabeza de un hombre respecto a otro hombre al que amó con genuino y entrañable amor revolucionario.

Sépase disculpar si se lo considera un exabrupto; pero sépase también entender que lo anterior no es fruto de la haraganería de un escribidor cansado y adulón, sino la manera poco ortodoxa de rendirle honores a alguien que, además de tenerlos bien merecidos, no fue tampoco nada ortodoxo. Que supo discutirle al mismo Marx y al mismo Engels, juntos, y que, al fin de cuentas, se hubiera sentido serena y parcamente orgulloso de que se lo comparara con semejante antepasado, uno de sus queridos “maestros” y “guías” espirituales en la lucha  desde sus más tiernos años de combatiente popular infatigable e intransigente.

En la misma, interminable y épica lucha por vivir justa y dignamente como se merece el pueblo trabajador en todas partes.

¡Por la Revolución y el Socialismo, “El Bebe” seguirá viviendo “a través de los siglos”!!!.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Archivos

Reciba las publicaciones por Email

Follow EL SUDAMERICANO on WordPress.com
El Fanzine de la Comisión Semilla
El Blog de Silvio Rodríguez
El sitio Web de Silvio Rodríguez http://zurrondelaprendiz.com/

Enlace Zapatista

Radio de Nicaragua

MAPUEXPRESS

Tortilla con Sal

A %d blogueros les gusta esto: