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SANTA CLARA y Una invitación a Trump y sus secuaces (+video)

«Caridad se me apareció entre las libretas bajo un uniforme de color azul y adiós soledad. Caridad es la consagración de la primavera por las escaleras del patio interior de la escuela».

Con sus trovadores entramos a Santa Clara, para emprender una aventura espiritual que lleva por santo y seña la Pupila Asombrada. Una conspiración a la que siempre eres bienvenido.

 

Una invitación a Trump y sus secuaces. Por Joaquin García Salabarria

 

Hace varios meses he tomado conciencia de que al cabo de 45 años de servicio y 66 años de edad se está aproximando el momento de la jubilación, y aunque no es mi propósito promoverlo por ahora porque realizo un trabajo que me gusta y creo que soy útil todavía, me he dedicado a actualizar mi expediente laboral para estar seguro de que llegado el momento no me faltará ningún documento.

Invertir tiempo en eso, tengo que confesar que me ha resultado placentero, ha sido como un viaje al pasado en una máquina del tiempo que me ha hecho volver a vivir desde los años de médico recién graduado en el hospital de Marcané (el mismo de Compay Segundo), hasta el día de hoy.

He recordado mis años en Moa, cuando en medio de la nada se levantaba una ciudad minera; los años felices en la dirección del hospital Lenin de Holguín, donde crecí como profesional en mi especialidad; y por supuesto los posteriores periodos en La Habana a donde regresé 15 años después de haberme graduado.

Haber podido trabajar junto al comandante José Ramón Balaguer durante 5 años aproximadamente fue una experiencia inolvidable en ese largo recorrido al servicio de la salud de nosotros los cubanos y otros muchos pueblos del mundo.
Es verdad que he hecho muchas cosas en ese breve espacio de tiempo único e irrepetible que es la vida, unas más cotidianas y otras más heroicas, como mi participación en 1989 en la atención a las víctimas de terremoto de Armenia en la URSS, donde pasamos más de 10 días durmiendo en tiendas de campaña a 10 grados bajo cero.

Pero de todas esas tareas de la que más orgulloso me siento es la de haber sido jefe de la misión médica cubana en Venezuela.

El Dr. Joaquín García Salabarría (derecha) durante su misión en Venezuela, en una reunión presidida por el Presidente venezolano Hugo Chávez.

Nunca podré olvidar el día que el Comandante en Jefe me invitó a su casa y me pidió que asumiera esa responsabilidad, después de darme una amplia explicación de lo importante de ese trabajo, así como sus ideas e indicaciones de lo que debería hacer.

En Venezuela conocí y establecí una estrecha relación de trabajo con el presidente Chávez y pude ver con mis propios ojos a un pueblo que se iniciaba en el arduo camino de las revoluciones. Esa fue sin duda una tarea de gran magnitud.
Disponía para ella de 29 930 colaboradores sin contar los 20 mil estudiantes venezolanos que hacían su carrera con los profesores cubanos. La misión médica llegaba a todos los estados y funcionaba en una red de instituciones que incluía 6711 consultorios médicos, 623 Centros Integrales Diagnósticos con unidades de terapia intensiva y quirófanos, 27 Centros de Diagnóstico de Alta Tecnología con tomógrafos, resonadores magnéticos y otros medios diagnósticos, 554 Salas de Rehabilitación Integral, 1768 Servicios de Estomatología con 3019 sillones, 459 ópticas populares, 22 Centros Oftalmológicos para la cirugía de la especialidad, 186 ambulancias, entre otros.

Para tener una idea de los resultados baste decir que entre abril del 2003 y agosto del 2009, sólo en los consultorios médicos se habían brindado 373 millones 676 mil 503 consultas médicas y se estimaba que se habían salvado más de 1 millón de vidas.

Si he hecho este recuento es porque mirando las noticias de los últimos meses, oyendo lo que aseguran Trump, Bolton y sus secuaces, al parecer yo estaba totalmente equivocado. En Venezuela, según ellos, yo fui el jefe de las tropas cubanas estacionadas allí y eso cambia de manera importante las condiciones en que algún día presentaré mi expediente de jubilación.

Si las cosas son como dicen ellos, por lo menos, me deben reconocer el grado de General de Brigada y por lo tanto cuando creía que mi expediente estaba completo hay gestiones que me faltan por hacer.

Sé que me va a ser difícil convencer al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y más todavía al de las Fuerzas Armadas, pero estoy dispuesto a luchar por mis derechos. Un abogado que me está asesorando me dijo que para hacer la reclamación tengo que presentar al menos dos testigos y por eso es que estoy invitando a Trump y a Bolton a la próxima vista del Órgano de Justicia Laboral, para que demuestren que no hay tal misión médica en Venezuela, sino un contingente militar y así yo poder obtener mis grados de General de Brigada (r).

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