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“SOBRE LA SITUACIÓN EN ALEMANIA” (1920) – “FASCISMO” (1923) por Clara Zetkin

SOBRE LA SITUACIÓN EN ALEMANIA

Clara Zetkin

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En Inglés: The Communist International, Vol. 2, N°.13, 1920.
En Francés: Source: numero 44/45 du Bulletin Communiste (première année), 25 novembre 1920, précédé de l’introduction suivante:

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«Afin de faire la lumière sur la tactique des communistes allemands pendant le coup de main militaire de von Kapp, nous publions trois documents importants, trois lettres des camarades Paul Lévy (alors emprisonné), Clara Zetkin. E. Meyer, tous les trois membres influents du Comité central du Parti communiste allemand.

La passion dont elles sont empreintes —et surtout celle du camarade Lévy qui, soulignons-le, écrivait entre les quatre murs d’une cellule— est bien compréhensible.
Nos ennemis se réjouiront certainement des désaccords survenus alors au sein du Parti communiste allemand. Grand bien leur fasse! Les communistes n’ont jamais craint de se critiquer eux-mêmes.

La critique publique des fautes du Comité central du Parti communiste allemand ne pourra que faciliter aux membres du Parti ouvrier communiste allemand la fusion avec nos camarades au sein d’un Parti communiste unique.»

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El golpe de Estado de Kapp [en alemán “Kapp-Putsch”] fue un intento de golpe militar fracasado que se desarrolló entre el 13 y el 17 de marzo de 1920, a comienzos de la República de Weimar. Estuvo dirigido por Wolfgang Kapp, un político de derechas, y el general Walther von Lüttwitz. Los golpistas asumieron el poder en Berlín, y el Gobierno huyó desde Dresde a Stuttgart. El ministro-presidente de Baviera, el socialdemócrata Johannes Hoffmann, fue destituido por los militares, quienes nombraron a Gustav von Kahr, un político conservador. Los sindicatos convocaron una huelga general, el Partido Comunista de Alemania (KPD) llamó a la lucha armada y se desató una fuerte resistencia, especialmente en la zona carbonífera y metalúrgica del Ruhr, que tuvo como resultado cientos de víctimas. Al cabo de una semana, el golpe militar de Kapp fue sofocado. El golpe fracasó por la fuerte resistencia de los sindicatos, por la pasividad de la burocracia ministerial en Berlín y por la falta de planificación de los golpistas. La Asamblea Nacional de Weimar fue disuelta y se convocaron nuevas elecciones para el 6 de junio de 1920.

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El golpe monárquico-militar de Kapp-Lüttwitz fue un paso inevitable en el desarrollo de la dictadura de la burguesía, que se esconde bajo la bandera de la democracia. Su propósito era restablecer el régimen capitalista e impedir el establecimiento de la dictadura del proletariado y el gobierno de los Consejos. La Asamblea Nacional, el gobierno de coalición, así como su engañosa socialización y los consejos de fábrica, habían allanado el camino para el golpe de estado, mientras que el gobierno de Noske se había encargado de dar masajes y Arme a los batallones indispensables que debían realizar el plan. El gobierno de coalición no era más que la encarnación del sangriento terror burgués disfrazado bajo el manto de la democracia. El golpe militar derribó todos estos trapos y el militarismo apareció en toda su desnudez. Los partidarios de Kapp quieren a toda costa establecer la dictadura burguesa, que conferirá autoridad a los junkers prusianos y a los representantes de las altas finanzas, en forma de un poder militar monárquico. Los partidarios de Ebert quieren la dictadura de la burguesía, que aseguraría a los industriales y los comerciantes el papel dominante y que se realizaría en forma de una democracia burguesa. La única garantía real de una victoria sobre el militarismo monárquico sería la destrucción del suelo que lo nutre y dónde radica. Y para eso es indispensable ampliar y desarrollar la revolución proletaria, armar a los trabajadores, desarmar a la burguesía y las clases ricas y, en consecuencia, destruir el militarismo rebelde, tan tiernamente golpeado por Noske. El gobierno de la burguesía y los socialistas temían seguir este camino. No ignoraba que, al hacerlo, rompería la espada que defiende y apoya el poder de los capitalistas, y que, por otro lado, al mismo tiempo armaría al enemigo mortal de este poder de clase, lo que pronto daría a entender eso, un terrible golpe…

Adoptando el punto de vista de la colaboración política de los explotadores y los explotados, y considerando su deber de defender el régimen y la propiedad burgueses, está condenado a un ridículo y cobarde pisoteo. Comprendió, sin embargo, que solo el proletariado estaba en posición de derribar a la camarilla monárquica y militar sediciosa y defender con éxito las llamadas “conquistas revolucionarias” y la Revolución misma. Pero para este gobierno, las “conquistas revolucionarias” consisten en presidentes ministeriales y grandes sinecuras para sus clientes políticos y sus seguidores leales. Por medio del estado de sitio, los arrestos, la censura, los tribunales de guerra, la guardia gubernamental, los cuerpos de voluntarios, etc., ha reducido estas conquistas al nivel de una libertad democrática y burguesa ordinaria. mientras que mediante una serie de medidas como el cierre de muchos talleres ferroviarios, la aplicación del trabajo obligatorio o voluntario con monedas, la ley sobre soviets industriales, las huelgas de huelguistas, volvió a reforzar el frente. Capitalista entre los trabajadores.

No es por la revolución, sino exclusivamente por la prolongación de su propia bienaventuranza, que Ebert y Noske han pedido al proletariado que proclame la huelga general, que incluso ayer se marchitaron como el crimen más indescriptible que se puede cometer. hacia el pueblo alemán. La idea de armar al proletariado los llenó de un miedo mortal. Eran perfectamente conscientes de que el proletariado tomaba las armas para defender la revolución y la República no se contentaría con poner a los Kapp y Lüttwitz en la imposibilidad de dañar, pero que sería la señal para la lucha contra el capitalismo y contra El gobierno de coalición, que existe por la gracia de la burguesía y que defiende celosamente sus intereses. Desde el comienzo de la crisis, quedó claro que el gobierno estaba dispuesto a ser salvado por los trabajadores en huelga, pero se negó a ser arrastrado por los trabajadores en el camino hacia la lucha por el socialismo y la dictadura del proletariado. La huida de Berlín, bajo el pretexto falaz: “En la guerra civil, no se debe derramar ni una gota de sangre”, fue sintomática. Este pretexto constituye una contradicción flagrante con la crueldad de los discípulos de Ebert, quienes no se detienen ante los horrores de la guerra civil, aplastando sin piedad con ametralladoras y cañones cualquier intento revolucionario del proletariado. Este vuelo solo justificó este dicho: “Es para reconciliar mejor lo que los amigos discuten”. El gobierno estaba listo para llegar a un acuerdo con los imperialistas insurgentes. Todos los demócratas burgueses (con la excepción de un pequeño grupo sin influencia) deseaban con todo su alma unirse con el poder militar restaurado, para oprimir al proletariado al unísono, pronto fue obvio que para estos señores, los intereses de la propiedad y otras propiedades burguesas eran mucho más importantes que toda la democracia burguesa, en cuya defensa llamó el partido de la coalición.

Así, el proletariado se vio obligado a entrar en lucha contra la contrarrevolución militarista, sin tener, sin embargo, la menor ilusión sobre la situación general o las intenciones de sus enemigos, sino que se inspiró solo en el consciente de su tarea histórica y de sus intereses de clase, que requirió un mayor desarrollo de la revolución. Para la masa del proletariado estaba claro que el militarismo tenía que ser destruido para quitar esta arma de dominación de las manos de los explotadores capitalistas, que, a través del desarme de la guardia del gobierno, debía asumirla del ejército voluntario de las milicias civiles, y en una palabra, por el completo desarme de las clases ricas y el armamento de los trabajadores, para conquistar una posición fuerte que será el punto de apoyo y la clave para la conquista del poder político. La convicción general de todos los representantes de la vanguardia revolucionaria del proletariado fue que sin el armamento de los trabajadores es imposible organizar la defensa de los soviets y que no es posible una dictadura del proletariado. Esta convicción sólo se ancla más profundamente en la gente. Y ahora, es obvio que ni el gobierno ni la democracia burguesa pueden aceptar estas demandas: el desarme de la burguesía y el armamento de los trabajadores. Solo puede ser obra de los propios trabajadores.

Los soviets obreros y los comités de guerra se establecieron apresuradamente, se organizaron con energía para organizar y dirigir la lucha revolucionaria. En un impulso unánime, con gran coraje, los trabajadores llegaron de todos lados y se lanzaron a la lucha. La huelga general como una gran ola se extendió por todo el país. Incluso el personal técnico, los empleados de comercio y varias instituciones se vieron abrumados por esta ola. Los trabajadores y empleados de ferrocarriles, tranvías, postes y telégrafos declararon la huelga. Las principales huelgas tuvieron lugar en el campo. No cabe duda de que para algunas categorías de proletarios, y especialmente para los funcionarios públicos, son las consignas de los socialdemócratas que los han unido a la huelga por la República, por la democracia, por la constitución, contra la monarquía.

Pero también es cierto que la masa de trabajadores no se fue a la huelga por los buenos ojos de la burguesía. Su lema era: “¡Abajo Kapp y Hindenburg, Bauer y Ebert!” “¡Abajo con Lüttwitz y Noske!”. La masa entendió muy bien que el propósito de su lucha no podía ser la democracia burguesa y la “colaboración” armoniosa de los explotadores y explotados, que este objetivo era ser hoy, como mañana, la dictadura del proletariado. Los proletarios no fueron lo suficientemente ingenuos como para creer que este objetivo podría ser el objeto concreto de la lucha actual. Por el momento solo podíamos hacer un esfuerzo para consolidar las posiciones proletarias para poder avanzar en la lucha contra la conquista del poder. La huelga estaba en todas partes bajo el lema: el desarme de la burguesía y el armamento de la clase obrera. A este eslogan se agregó otra demanda: la liberación inmediata de los revolucionarios condenados o en prisión preventiva, el cese inmediato de todos los procedimientos iniciados contra los militantes revolucio-narios, el levantamiento del estado de sitio, la abolición de censura, etc. A pesar de la variedad de consignas proclamadas por los diferentes partidos socialistas y varias uniones, los proletarios se han reunido en un frente. No son los llamados y las resoluciones formuladas en papel e imaginadas por los líderes y las altas esferas que los unieron. No, lo que los vendió de cerca por la lucha revolucionaria fue lo que dictó la experiencia, la conciencia de su posición de clase. Este hecho característico se ocultó en cierta medida como resultado de la participación de la mayoría de los social-demócratas en la lucha con las consignas de la burocracia sindical. Los líderes social-patrióticos trataron de ocultar la importancia del frente único que acababa de formarse. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, este hecho ha reaccionado fuertemente al sentimiento social de las masas, quienes instintivamente entendieron el significado completo.

Durante esta crisis, la importancia de la Línea Principal como un límite socio-político ha sido fuertemente culpada. No es casualidad que el gobierno de Ebert haya huido a Stuttgart. El gobierno encontró allí una defensa de derechas contra la contrarrevolución, la izquierda contra el peligro constante de toma del poder, no a través de los pocos miles de guardias gubernamentales, el espíritu militar, pero gracias a su milicia formada. estudiantes, hijos de papi, pequeño-burgueses, campesinos que lucharon por su propio riesgo, defendiendo la democracia contra “el bolchevismo”.

Estaba claro, como siempre han sostenido los marxistas, que en la fase actual de desarrollo social, la democracia política del sur de Alemania es el resultado de su estado económico atrasado y no de su progreso político. A pesar del sentimiento social y el coraje que despertó el Partido Comunista de Wurtemberg, que había elevado valientemente la norma de la lucha proletaria, la existencia de estratos profundos de pequeños burgueses y campesinos, la influencia del débil desarrollo de la Los antagonismos de la industria y la clase, la ausencia de grandes masas proletarias cementadas por la conciencia de su número y fuerza, se sintieron con fuerza durante la revolución del sur de Alemania. Incluso puede ser que en el futuro, el país al sur de la Línea Principal, desempeñe el papel de un “Vendée democrático”, mutatis mutandis, en el que nacerá la idea de “la Alianza del Rin”. y a partir de entonces, toda la fuerza de este movimiento se dirigirá contra el proletariado revolucionario del Norte Industrial.

Fue suficiente para que el proletariado gigante declarara la huelga, para que el fantasma del gobierno insurgente de Kapp-Lüllwilz se disipara como una nube de humo. En este caso, no solo fue el carácter general de la huelga el que jugó un papel muy importante, sino también la fuerza y escala sin paralelo del movimiento berlinés. Aunque Kapp y Lüttwitz fueron cazados rápidamente, Kapp y Lütttwitz todavía son numerosos en Alemania. El soldado no ha sido completamente destruido porque la burguesía, que quiere permanecer en el poder, no puede renunciar a sus servicios. No hemos sido más felices con respecto al desarme de la contrarrevolución burguesa y al armamento de los trabajadores, excepto en las localidades donde los propios proletarios se han apoderado de armas, han conducido a las tropas nacionales y han desarmado. La guardia cívica, la milicia municipal y los destacamentos voluntarios. Así, han ocurrido cosas en Alemania Central, especialmente en Turingia, en ciertas localidades de Sajonia y en las provincias Renanas de Westfalia, donde los numerosos trabajadores industriales representan una masa compacta, penetrada gracias a su superioridad. digital, de la conciencia de su fuerza, y donde el proletariado de fábricas y fábricas, rico en esperanzas, se ha librado de todas las ilusiones que se hicieron antes en la burguesía democrática y el gobierno de coalición. El golpe de estado se realizó sin problemas, sin derramamiento de sangre e incluso sin “violencia”, incluso cuando el proletariado estaba bajo las órdenes del Partido Comunista, compacto, bien organizado y plenamente consciente de su propósito y las formas en que lo hizo. conducir. En Turingia, en Leipzig y en la región de Alemania Central, donde se encuentran los principales depósitos de carbón gris, el golpe de Estado terminó, después de una feroz lucha del proletariado, por el advenimiento del terror blanco. Esto fue el resultado de la traición apenas velada de la mayoría socialdemócrata y la burocracia sindical. Los líderes del Partido Socialista Independiente, que han mantenido una fidelidad fanática a las viejas tácticas erróneas del Partido, tampoco carecen de su parte de responsabilidad. Los independientes, que no tienen un curso de acción claro y preciso, dudaban constantemente entre el deseo de abandonar el campo de batalla y las débiles inclinaciones de la lucha; Cada vez que empezaron a hablar en los momentos en que había que tomar medidas, debilitaban la fiereza de los combatientes y paralizaban su energía.

Sin embargo, la crisis terminó con el éxito de los obreros revolucionarios. El gobierno de Bauer-Noske tuvo el mismo destino que Kapp-Lüttwitz. No hace falta decir que este es un éxito muy modesto, más bien escaso. En realidad, solo hubo un cambio de personajes en el gobierno, que no era más que títeres en manos de la burguesía gobernante; En cuanto al programa de gobierno y todo el sistema de gestión, fundamentalmente burgués, se mantuvieron uno y otro, sin ninguna modificación. El canciller imperial Müller todavía está persiguiendo el trabajo de Bauer; Para mantener la inviolabilidad y la gloria del régimen de explotación burgués, basado en la propiedad capitalista, Müller continúa engañando, oprimiendo y disparando a los trabajadores. Noske ya no existe, pero el “sistema Noske” sigue vigente y el terror blanco militar está en plena prosperidad. Este estado de cosas se debe, sobre todo, a la actitud criminal de la burocracia sindical, con el social traidor Legian a la cabeza; lograron engañar a los trabajadores y lo hicieron con tanta habilidad que se declararon satisfechos cuando el gobierno acordó seguir, al menos verbalmente, las nueve demandas presentadas por los sindicatos. Con esto obtenido, los legistas hicieron sonar el anillo, exigiendo el cese inmediato de la huelga que no tuvo tiempo de alcanzar su clímax.

Los líderes del ala derecha de los independientes también son responsables del resultado de la huelga. En todas partes y siempre, buscaron vincular todas las acciones políticas del partido con las de la burocracia sindical y la mayoría socialdemócrata; además, la culpa sigue siendo la debilidad de la conciencia revolucionaria y la falta de energía de los líderes de la izquierda de los independientes que no pudieron resistir a Hilferding y Crispien. Sin embargo, el cambio de gobierno atestigua el crecimiento incesante del poder del proletariado que estamos obligados a reconocer y que rendimos. En las capas más profundas de la sociedad capitalista se produjo un movimiento violento que cambió la correlación de las fuerzas de clase en la lucha por el poder e hizo que la envoltura externa se rompiera: el sistema social sigue en pie, pero Está minado por todos lados.

La consolidación del poder de la democracia burguesa y la constitución de un gobierno de coalición son solo éxitos temporales logrados al precio de una completa sumisión al militarismo. La acción del proletariado revolucionario unió fraternalmente la democracia burguesa con los conspiradores militares monárquicos; Asustados por el peligro de una dictadura proletaria, extendieron sus manos. La fusión de todos los elementos contrarrevolucionarios en un solo bloque hostil a la clase trabajadora es un hecho logrado.

Sólo una minoría insignificante de la democracia burguesa que lidera la lucha contra el peligro de la derecha y que insiste en la necesidad de hacer concesiones a la izquierda, no entra en la composición de este bloque. El Frankfurter Zeitung se ha convertido en el órgano de este grupo, lo mismo debe decirse de ciertos círculos de campesinos y funcionarios que tienen una tendencia a hacer al menos “coquetería” con el “bolchevismo nacionalista”. En la actualidad, el eslogan de la democracia en su conjunto ya no es la lucha contra el militarismo, sino la lucha contra el “bolchevismo”.

La marcha de estos eventos, que dio lugar a un desenlace contrarrevolucionario, tarde o temprano llevará a la ruina de toda democracia burguesa. Socava sus cimientos, destruye sus últimas ilusiones, destruye su autoconfianza y envenena la lucha de clases, haciéndola tender hacia su inevitable objetivo histórico.

Una consolidación de fuerzas, no menos considerable, tuvo lugar desde el otro polo de la sociedad. Desde las batallas revolucionarias de 1919, el proceso de fortalecimiento de la conciencia revolucionaria y la agrupación del proletariado ha progresado enormemente. A medida que crece la conciencia revolucionaria, las masas obreras manifiestan cada vez más enérgicamente su voluntad revolucionaria, su espíritu de lucha y su entusiasmo por consentir en todos los sacrificios necesarios. Las tácticas y la estrategia de las masas se han desarrollado, se han vuelto más firmes y han apreciado la correlación de fuerzas en una lucha más justa; sus ojos ahora captan más claramente la diferencia entre el objetivo permanente de la lucha y sus objetivos provisionales; las masas trabajadoras ahora reconocen más claramente la necesidad de ser solidarios unos con otros y de actuar en perfecta armonía.

La experiencia del período revolucionario ha dado a conocer muchas cosas al proletariado; La fuerza de las tradiciones revolucionarias, creadas durante los combates del año pasado, ahora se manifiesta en la práctica. La vanguardia revolucionaria de la clase obrera ha ganado mucho en número, en conciencia y en fuerza de influencia decisiva sobre las grandes masas trabajadoras. Este hecho se explica no solo por la edificante y práctica lección de los eventos, sino, al mismo tiempo, por la actividad y propaganda del Partido Comunista no solo entre sus miembros, sino también entre las masas proletarias que se habían celebrado en la brecha de la lucha de clases proletaria, como, por ejemplo, la masa de los independientes y especialmente su ala izquierda. Las últimas luchas han fortalecido dentro del proletariado la conciencia de su propia fuerza; salió de estas luchas con una comprensión más clara de la verdad pura y simple de que solo el armamento de las masas trabajadoras puede fortalecerlas y que necesita sus propios órganos de combate revolucionarios, Los soviets obreros, para realizar este armamento. Por lo tanto, la tarea principal de la vanguardia revolucionaria es mantener a los soviets surgidos durante y para la lucha, darles vida y hacerlos aptos para luchar mediante acciones revolucionarias y no mediante fórmulas muertas. Para llevar a cabo esta tarea, la vanguardia revolucionaria debe dirigir el rápido movimiento revolucionario del momento histórico actual y aumentar su velocidad cada vez más.

La lucha actual probablemente tendrá otras fuerzas en las próximas elecciones, y en este caso se presentarán en el aspecto no de las elecciones parlamentarias ordinarias, sino de las elecciones revolucionarias, incluso es posible que el Reichstag sea elegido. sólo para ser disuelto.

Todavía no podemos predecir en qué medida el curso de los acontecimientos cambiará la situación política en las provincias del Rin de Westfalia, porque las noticias que llegan desde allí carecen de precisión y claridad. Sin embargo, parece que hasta ahora la lucha entre la burguesía y el proletariado ha adquirido un carácter no solo más amargo y vasto que en otras partes, sino que también se ha caracterizado por un fortalecimiento cada vez mayor de su contenido interno.

En esta lucha, el nuevo gobierno de coalición, que está en el poder gracias a Legien y con el permiso de los sindicatos, muestra toda su falta de honradez y todo su cinismo. Este gobierno aprobó los acuerdos de Bielefeld y Münster solo para violarlos casi de inmediato. El propósito de estos acuerdos es alargar la lucha y ahorrar tiempo hasta el final de las vacaciones de Semana Santa, cuando será muy difícil volver a reunir a los trabajadores, y dejarlos pasar las vacaciones en sus hogares. Hogares, y hacerlos reanudar la lucha. Al mismo tiempo, el gobierno de coalición manifiesta su ciego y obstinado entusiasmo por servir al régimen capitalista. Fue él quien provocó la entrada de las tropas francesas en Frankfurt del Main y Darmstadt, enviando a la guardia blanca a la zona neutral para reprimir la insurrección de los trabajadores.

¿Cuál será el final de la lucha? No es la sabiduría del gobierno formado por los social-patriotas, representantes del centro y los demócratas, quién decidirá, sino la intensidad de la discordia interna que la roe. El resultado de la lucha también depende de la violencia de las represalias militares utilizadas por este gobierno para defender a los magnates de la capital y al régimen burgués. También dependerá de la conciencia de clase, la resolución de los sacrificios y la voluntad revolucionaria que demostrarán los proletarios en toda Alemania, defendiendo la causa por la cual sus hermanos de las provincias renanas de Westfalia luchan con tanto heroísmo y sublime coraje.

Pueden conquistar una posición muy poderosa en la lucha por el poder político, pero con la condición de que lo deseen, siempre que actúen con toda la energía posible. Pero, ¿son el sentimiento social y la voluntad revolucionaria del proletariado alemán lo suficientemente fuertes como para poder, inmediatamente después de las grandes luchas de estos últimos días, intentar una nueva lucha, violenta y grandiosa? El proletariado es el único que puede responder a esta pregunta.

Alfred_Grohs_zur_Revolution_1918_1919_in_Berlin_Große_Frankfurter_Straße_Ecke_Lebuser_Straße_Barrikade_Kampf_während_der_Novemberrevolution_in_Berlin_02_Bildseite_SchaulustigeBarrikade, “novemberrevolution” en Berlin: Zur Revolution 1918-1919 en Berlin fotografía de Alfred Gröhs

 

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FASCISMO

Clara Zetkin

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Agosto de 1923

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En el fascismo el proletariado ha encontrado un enemigo extraordinaria-mente peligroso. El fascismo es la expresión más directa de la ofensiva general emprendida por la burguesía mundial contra el proletariado. Su derrocamiento es, por tanto, una necesidad absoluta, o mejor incluso, es parte de la existencia cotidiana. del pan de cada día de todo trabajador. Por estos motivos, todo el proletariado debe concentrarse en la lucha contra el fascismo.

Será mucho más fácil derrotar al fascismo si estudiamos clara y definidamente su naturaleza. Hasta ahora han habido ideas extrema-mente vagas acerca de este asunto, no solo entre las grandes masas trabajadoras, sino también en el interior de la vanguardia revolucionaria del proletariado y de los comunistas. Hasta ahora el fascismo ha sido colocado al mismo nivel que el “terror blanco” de Horthy en Hungría. Si bien los métodos de ambos son similares, en esencia éstos son diferentes. El “Terror” de Horthy fue establecido después de la victoriosa, aunque breve revolución del proletariado, fue establecido después de su derrota como forma de venganza. Los lideres del “terror blanco” eran un grupo muy pequeño de ex oficiales. Pero al contrario, el fascismo visto objetivamente no es la venganza de la burguesía en respuesta a las conquistas de proletariado, aunque sí sea una consecuencia ante la imposibilidad de éste de poder llevar a cabo la revolución iniciada en Rusia, los líderes fascistas no son una casta pequeña y exclusiva; ellos están profundamente extendidos en amplios sectores del pueblo.

Tenemos que superar al fascismo no solo militarmente, sino también política e ideológicamente. Hasta hoy, los reformistas consideran al fascismo solamente como una violencia cruda, una reacción contra la violencia iniciada por el proletariado. Para los reformistas, la Revolución Rusa fue como el acto de Adán y Eva mordiendo la manzana en el Jardín del Edén. Los reformistas solo ven en el fascismo una consecuencia de la Revolución Rusa. Nada más allá de esto fue afirmado por Otto Bauer en el Congreso de Unidad en Hamburgo cuando declaró que gran parte de la culpa por el fascismo recae sobre los comunistas, que debilitaron la fuerza del proletariado a través de divisiones continuas. Al decir eso, ellos ignoran completa-mente el hecho de que los Socialdemócratas Independientes alemanes se habían separado mucho antes que este “ejemplo desmoralizador” que fue la Revolución Rusa.

Contrariamente a sus puntos de vista, Bauer, en Hamburgo tuvo que concluir que la violencia organizada del fascismo debe ser enfrentada por la formación de organizaciones en defensa del proletariado, porque ningún llamamiento a la democracia puede ser efectivo contra la violencia directa. De cualquier forma, el siguió explicando que no se refería a armas como la insurrección o la huelga general que no siempre llegan al éxito. Lo que él quiso reivindicar fue la coordinación de la acción parlamentaria con la acción de masas. Cuál sería la naturaleza de esas acciones Otto Bauer no lo dice, mas esa es la esencia de la cuestión. La única arma recomendada por Bauer para la lucha contra el fascismo fue el establecimiento de un Buró Internacional de Información sobre la reacción Mundial.

La característica distintiva de esa nueva y antigua Internacional es su fé en el poder y la permanencia de la dominación burguesa, es su desconfianza y cobardía en relación con el proletariado como factor predominante de la revolución mundial. Ellos son de la opinión de que, contra la fuerza invulnerable de la burguesía, el proletariado no puede hacer nada además de actuar con moderación y abstenerse de provocar al tigre de la burguesía. El fascismo, con todo su impulso en la ejecución de sus actos violentos, no es más que la expresión de la desintegración y decadencia de la economía capitalista y el síntoma de la disolución del Estado Burgués. Esta es una de sus raíces. Los síntomas de esa decadencia del capitalismo fueron observados incluso antes de la guerra.

La guerra sacudió la economía capitalista hasta sus cimientos, resultando no solo el empobrecimiento colosal del proletariado sino también la miseria profunda de la pequeña burguesía, de los pequeños campesinos y de los intelectuales. Se había prometido a todos estos sectores que la guerra generaría una mejoría en sus condiciones materiales. Pero al contrario, gran número de ex clases medias se convirtieron en proletarios, perdiendo íntegramente su seguridad económica. Estas filas fueron integradas por grandes masas de ex oficiales, que ahora se encuentran desesperados. Fue entre esos elementos que el fascismo reclutó un contingente considerable. Su composición es también la razón por la cual el fascismo en algunos países es de carácter francamente monárquico.

La segunda raíz del fascismo está en el retraso de la Revolución Mundial, por la actitud traidora de los lideres reformistas. Gran parte de la pequeña burguesía incluida las clases medias, había desechado su psicología de los tiempos de guerra en nombre de cierta simpatía por el socialismo reformista, esperando que esto provocase una reforma social por vías democráticas. Ellos fueron perdiendo sus esperanzas. Ellos pueden ver ahora que los lideres reformistas están de acuerdo con la burguesía, y lo peor de todo es que esas masas no solo perdieron la fe en los lideres reformistas sino que también perdieron la fe en el socialismo en general. Esas masas decepcionadas de simpatizantes socialistas son acompañadas por grandes círculos del proletariado, de trabajadores que desistieron de su fe no solo en el socialismo, sino también en su propia clase. El fascismo se tornó como una especie de refugio para los políticamente desamparados.

Para ser justos, debemos decir que los comunistas-excepto los rusos- llevan parte de la culpa por la deserción de estos elementos hacia las filas fascistas, porque nuestras acciones, a veces, no consiguieron agitar a las masas profundamente lo suficiente. El camino obvio de los fascistas, para ganar un amplio apoyo entre variados elementos de la sociedad, era naturalmente, intentar superar el antagonismo de clase en las propias filas de sus seguidores y el llamado Estado autoritario debió de servir como un medio para ese fin. El fascismo ahora cuenta con elementos que pueden ser muy peligrosos para el orden burgués. Sin embargo, por ahora estos elementos han sido invariablemente superados por los elementos reaccionarios.

La burguesía percibía claramente esta situación desde el inicio. La burguesía quería reconstruir la economía capitalista. En las actuales condiciones, la reconstrucción de la dominación de la clase burguesa solo puede ser conseguida a causa de la creciente explotación del proletariado por la burguesía. La burguesía tiene plena consciencia de que los socialistas reformistas de voz suave están perdiendo su control sobre el proletariado y que no hay otro camino que la violencia contra el proletariado. Mayor o menor, la violencia de los Estados burgueses está comenzando a fallar. Por lo tanto, ellos precisan de una nueva organización de la violencia y eso se lo ofrece por el confuso conglomerado del fascismo. Por esta razón, la burguesía ofrece todas sus fuerzas al servicio del fascismo.

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El fascismo tiene diferentes características en cada país. Sin embargo, tiene dos características distintivas en todos los países, a saber, la pretensión de un programa revolucionario, que es hábilmente adaptado a los intereses y reclamos de las grandes masas, y por otro lado, la aplicación de la violencia más brutal.

El ejemplo clásico es el fascismo italiano. El capital industrial en Italia no era lo suficientemente fuerte para reconstruir una economía arruinada. No se esperaba que el Estado interviniese para aumentar el poder y las posibilidades materiales del capital industrial del norte de Italia. El Estado estaba dando toda su atención al capital agrario y al pequeño capital financiero. Las industrias pesadas que habían sido artificialmente estimuladas durante la guerra, entraron en colapso y cuando ésta acabó, se instaló una ola de desempleo sin precedentes. Las promesas hechas a los soldados no pudieron ser realizadas.

Todas esas circunstancias crearon una situación extremadamente revolucionaria. Esta situación revolucionaria produjo en el verano de 1920 la ocupación de las fábricas. En esta ocasión se fue demostrando que las maduras condiciones revolucionarias se mostraron solo para una pequeña minoría del proletariado. La ocupación de las fábricas, en lugar de ser el punto de partida para un desenvolvimiento revolucionario, estaba por tanto, condenada a una tremenda derrota. Los líderes reformistas de los sindicatos actuaron como traidores ignominiosos y al mismo tiempo, se demostró que el proletariado no poseía ni la voluntad, ni el poder, para marchar directamente hacia la revolución.

A pesar de la influencia reformista, habían fuerzas en acción entre el proletariado que podían generar inconvenientes a la burguesía. Las elecciones municipales, en las que lo socialdemócratas conquistaron un tercio de todos los concejos, fueron una señal de alarma para la burguesía, que inmediatamente comenzó a impulsar una fuerza que pudiese combatir al proletariado revolucionario. Fue en esa época que Mussolini ganó cierta importancia junto al fascismo. Después de la derrota del proletariado en la ocupación de las fábricas, el número de fascistas era superior a mil, y grandes masas del proletariado se unieron a la organización de Mussolini. Por otro lado, grandes masas del proletariado habían caído en un estado de indiferencia. La causa del primer éxito del fascismo fue que comenzó con un gesto revolucionario. Su supuesto objetivo era luchar para mantener las conquistas revolucionarias de la guerra revolucionaria, y para eso exigían un Estado fuerte, capaz de proteger esos frutos revolucionarios de la victoria contra los intereses hostiles de varias clases sociales representadas por el “antiguo Estado”. Sus palabras de orden eran dirigidas contra todos los explotadores, y por tanto, también contra la burguesía. El fascismo en aquella época era tan radical que exigía la ejecución de Giolitti y el destronamiento de la dinastía italiana. A pesar de esto, Giolitti se abstuvo cuidadosamente de usar la violencia contra el fascismo, que le parecía el mal menor. Para satisfacer esos clamores fascistas, él disolvió el parlamento italiano. En aquella época, Mussolini todavía fingía ser un republicano, y en una entrevista, él declaró que la facción fascista no podría participar de la apertura del parlamento italiano a causa de la ceremonia monárquica que la acompañaba. Esas declaraciones provocaron una crisis en el Movimiento Fascista, que había sido establecido como un partido por una fusión de los seguidores de Mussolini y de los representantes de la organización monárquica, y la dirección ejecutiva del nuevo partido era formada por un número par de miembros de ambas facciones. El Partido Fascista creó un arma de doble filo para la corrupción y la aterrorización de la clase trabajadora. Para la corrupción de la clase trabajadora fueron creados los sindicatos fascistas, las llamadas corporaciones en que los trabajadores y los empresarios estaban unidos. Para aterrorizar a la clase trabajadora, el Partido Fascista creó los escuadrones militantes que surgían de las expediciones de castigo.

Aquí debe de ser resaltado nuevamente que la tremenda traición de los reformistas italianos durante la huelga general, que fue la causa de la terrible derrota del proletariado italiano, había dado un incentivo directo a los fascistas para capturar el Estado. Por otro lado, los errores del Partido Comunista consistían en considerar al fascismo apenas como un movimiento militarista y terrorista sin cualquier base social profunda.

Vamos ahora a examinar qué hizo el fascismo desde la conquista del poder para el cumplimiento de su pretendido programa revolucionario, para la realización de su promesa de formar un Estado sin clases. El fascismo creó la promesa de una nueva y mejor ley electoral y de igual sufragio para las mujeres. La nueva ley de sufragio de Mussolini es en la realidad, la peor restricción de la ley del sufragio en favor del Movimiento Fascista. De acuerdo con esa ley, dos tercios de todos los asientos deben de ser ocupados por el partido más fuerte, y todos los otros partidos juntos deben tener apenas un tercio. El sufragio femenino fue totalmente eliminado. El derecho a voto es dado apenas a un pequeño grupo de mujeres propietarias y a las llamadas “viudas de los generales”. No hay la más mínima mención a la promesa de un parlamento económico y de la Asamblea Nacional, ni de la abolición del Senado, prometida solamente por los fascistas.

Lo mismo puede decirse sobre las promesas hechas en la esfera social. Los fascistas habían escrito en su programa la jornada de ocho horas, pero el proyecto de ley presentados por ellos tiene tantas excepciones que no debe de haber una sola persona que trabaje ocho horas en Italia. Nada se vio tampoco de la prometida garantía de los salarios. La destrucción de los sindicatos permitió a los empresarios efectuar reducciones salariales del 20 % al 30 % y, en algunos casos, del 50 % al 60 %. El fascismo prometió la pensión para la vejez y la invalidez. En la práctica, el gobierno fascista, en nombre de la economía cortó las miserables 50,000,000 de liras que habían sido reservadas para ese fin en el presupuesto. A los trabajadores les fue prometido el derecho a la participación técnica en la administración de las fábricas. Hoy existe una ley en Italia que prohíbe completamente los consejos de fábrica. Las empresas estatales están pasando para las manos del capital privado. El programa fascista contenía una provisión para el impuesto progresivo a la renta sobre el capital, que era hasta cierto punto un acto de expropiación. En los hechos, se hizo lo opuesto. Varios impuestos sobre el lujo fueron abolidos, como el impuesto sobre los automóviles, por la pretendida razón de que restringiría la producción nacional. Los impuestos indirectos fueron aumentados porque eso reduciría el consumo domestico y así mejorarían las posibilidades de exportación. El gobierno fascista también revocó la ley que establecía el registro de la transferencia de títulos, introduciendo así el sistema al portador y abriendo las puertas para la evasión de impuestos. Las escuelas fueron entregadas al clero. Antes de conquistar el Estado, Mussolini exigió una comisión para investigar los lucros de guerra, de los cuales el 85 % debían ser restituidos al Estado. Cuando esta comisión se tornó incomoda para sus promotores financieros, los industriales pesados, él ordenó que la comisión solo presentase la relatoría a él y quien publicase cualquier cosa que aconteciera en aquella comisión sería penado con seis meses de cárcel.

Antifa

También en cuestiones militares, el fascismo tampoco cumplió sus promesas. Fue prometiendo que la actuación del ejército sería restringida a la defensa territorial. En realidad, el periodo de servicio militar permanente fue aumentado de ocho a diez meses, lo que significó el aumento de las fuerzas armadas de 250.000 a 350.000. ¡Las Guardias Reales fueron abolidas porque eran demasiado democráticas para adecuarse a Mussolini!. Por otro lado, los carabineros fueron aumentados de 65.000 a 90.000 y todas las tropas policiales fueron duplicadas. Las organizaciones fascistas fueron transformadas en una especie de milicia nacional, que según las últimas cuentas ya alcanzaron el número de 500.000. Sin embargo, las diferencias sociales introducirán un elemento de contraste político en la milicia que debe de llevar al colapso final del fascismo.

Cuando comparamos el programa fascista con su cumplimiento, podemos prever hoy su completo colapso ideológico en Italia. La bancarrota política debe inevitablemente de seguir a la falencia ideológica. El fascismo es incapaz de mantener juntas las fuerzas que lo ayudaron a entrar en el poder. Un choque de intereses en muchas formas ya se está haciendo sentir. El fascismo todavía no ha logrado conseguir hacerse de la antigua burocracia sobreviviente a ella. En el ejército también hay fricción entre los viejos oficiales y los nuevos lideres fascistas. Las diferencias entre los variados partidos políticos están creciendo. La resistencia contra el fascismo está aumentando en todo el país. El antagonismo de clases comienza a permear incluso dentro de las filas de los fascistas. Los fascistas no consiguen cumplir las promesas que hicieron a los trabajadores y a los sindicatos fascistas. Las reducciones salariales y los despidos están a la orden del día. Así pasó que la primer protesta contra el movimiento sindical fascista penetró dentro de las filas de los propios fascistas. Los trabajadores pronto volverán por sus intereses y deberes de clase. No debemos ver al fascismo como una fuerza unificada capaz de repeler nuestro ataque. Es sobretodo una formación que comprende muchos elementos antagónicos, y será desintegrada por dentro. Mas sería peligroso suponer que la desintegración ideológica y política del fascismo en Italia serrá seguida inmediatamente por la desintegración militar. Por el contrario, debemos de estar preparados para cuando el fascismo intente sobrevivir por métodos terroristas. Es por eso que los trabajadores revolucionarios italianos deben de estar preparados para las más serias luchas. Sería una gran calamidad si estuviéramos satisfechos con el papel de espectadores durante ese proceso de desintegración. Es nuestro deber acelerar este proceso por todos los medios a nuestra disposición. Este no solo es deber del proletariado italiano sino también el deber del proletariado alemán en vista del fascismo alemán.

ANTIFASCISTAS-del-mundo

Además de Italia, el fascismo es también fuerte en Alemania. Como consecuencia del resultado de la guerra y del fracaso de la revolución, la economía capitalista en Alemania es débil, en ningún otro país el contraste entre la madurez objetiva para la revolución y la falta de preparación subjetiva de la clase trabajadora es tan grande como lo es ahora mismo en Alemania. En ningún otro país los reformistas fracasaron tan ignominiosamente como en Alemania. Y su fracaso es más criminal que el fracaso de cualquier otro partido de la vieja Internacional, porque son ellos ellos quienes deberían de haber conducido la lucha por la emancipación del proletariado por medios absolutamente diferentes, especialmente en el país donde las organizaciones de la clase obrera eran más organizadas y más antiguas que en cualquier otro lugar.

Estoy firmemente convencida de que ni en los Tratados de Paz ni en la ocupación de Ruhr dieron tanto impulso al fascismo en Alemania como la toma del poder por Mussolini. Eso dio coraje a los fascistas alemanes. El colapso del fascismo en Italia desalentaría en grandes proporciones a los fascista en Alemania. No debemos olvidar una cosa: el prerequisito para derribar al fascismo en el exterior es el derrumbe del fascismo en todos los países por el proletariado de sus respectivos países. Cabe a nosotros superar al fascismo ideológica y políticamente. Eso nos impone enormes tareas.
Debemos entender que el fascismo es un movimiento de los decepcionados y de aquellos cuya existencia está arruinada. Por lo tanto, debemos esforzarnos para conquistar o neutralizar a aquellas masas que ahora están en el campo fascista. Deseo enfatizar la importancia de que entendamos que debemos luchar ideológicamente por los corazones y mentes de esas masas.

Debemos entender que ellos no solo intentan escapar de sus padecimientos actuales sino que también ansían una nueva filosofía.

Debemos salir de los límites estrechos de nuestra actividad actual. La Tercera Internacional, es en contraste con la vieja internacional, una internacional de todas las razas sin distinciones. Los Partidos Comunistas no deben ser solo la vanguardia de los proletarios del trabajo manual, sino también los enérgicos defensores de los intereses de los trabajadores del cerebro. Debemos dirigir a todos los sectores de la sociedad que son obligados a oponerse a la dominación burguesa por causa de sus intereses y expectativas del futuro. Me alegro por tanto con la propuesta del camarada Zinoviev (hablando en una sesión del Comité Ejecutivo Ampliado de la Internacional comunista en junio de este año) de asumir la lucha por el gobierno de los trabajadores y los campesinos. Yo estaba muy contenta cuando leí sobre eso. Esta nueva palabra de orden tiene un gran significado para todos los países. No podemos descartar esto en la lucha contra el fascismo. Significa que la salvación de las grandes masas del pequeño campesinado será alcanzada a través del comunismo. No nos debemos de limitar a continuar luchando por nuestro programa político y económico. Debemos al mismo tiempo, familiarizar a las masas con los ideales del comunismo como filosofía. Si hiciéramos esto, mostraremos el camino para una nueva filosofía a todos aquellos elementos que perdieron el rumbo durante los acontecimientos históricos de los últimos tiempos. La condición necesaria para eso es que al acercarnos a esas masas, también nos desarrollemos organizativamente como Partido, una unidad completamente sólida; si no hacemos esto, corremos el riesgo de caer en el oportunismo y la escisión. Debemos adaptar nuestro métodos de trabajo a las nuevas tareas, precisamos hablar con las masas en un lenguaje en el que ellas nos puedan entender, sin perjudicar nuestra ideas. Así, la lucha contra el fascismo trae una serie de nuevas tareas.

Es responsabilidad de todos los partidos realizar esta tarea enérgicamente en conformidad con la situación de sus respectivos países. Sin embargo, debemos tener en mente que no es suficiente superar al fascismo ideológica y políticamente, la posición del proletariado en relación al fascismo es, actualmente, de autodefensa. Esta autodefensa del proletariado debe convertirse en una lucha por su existencia y organización.

El proletariado debe de tener un aparato bien organizado de autodefensa. Siempre que el fascismo usa la violencia, debe de ser enfrentado con la violencia proletaria. No me refiero a esos actos terroristas individuales, sino a la violencia de la lucha de clases revolucionaria organizada del proletariado. En Alemania se dio el primer paso con la creación de las “centurias” de las fábricas. Esa lucha solo puede ser exitosa si hay un proletario unido. Los trabajadores deben unirse para esa lucha, independientemente de a cual partido pertenezcan. La autodefensa del proletariado es uno de los mayores incentivos para el establecimiento del frente único del proletariado. Solamente inculcando la consciencia de clase en el alma de todo trabajador conseguiremos preparar también la derrota militar del fascismo, que en la actual etapa es sumamente necesario. Si logramos el éxito en esto, podemos tener la certeza de que en breve llegará la hora del sistema capitalista y del poder burgués, independientemente de cualquier éxito en la ofensiva general de la burguesía contra el proletariado. Las señales de desintegración, tan palpables ante nuestros ojos, nos dan la convicción de que el gigante proletario volverá a participar de la lucha revolucionaria, y que su grito al mundo burgués será: ¡Yo soy la fuerza, yo soy la voluntad, usted vé en mí el futuro!

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