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NINGUNA SÍNTESIS POSIBLE

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TRISTEZA Y MELANCOLÍA DE UN PASADO INFANTILMENTE IDEALIZADO

En la fila había tres o cuatro personas después del primero y antes que yo.

El tipo de adelante estaba ansioso y discutía los precios mientras intentaba conseguir algún aliado-cómplice que le siguiera el juego en sus comentarios, propios de un semianalfabeta muy seguro de su condición de macho decrepito en sus últimos años de vida.

Había dos flacas, una con el pelo verde y una bebé en los brazos. Otra con, digamos catorce o quince ‘piercings’ en la cara y las orejas y la mitad derecha de la cabeza rapada. Un fulano con auriculares de ropa deportiva y otro de aspecto alemán o irlandés de más de cuarenta con el pelo hasta la cintura.

Yo miraba la escena desde la perspectiva de un turista. El primero de la fila me parecía como todos los de su edad, un represor; un fascista pueblerino, o bien su contraparte generacional, un sobreviviente qué por los usos y costumbres, sus hábitos autoritarios y su vulgaridad intelectual, en realidad no se diferencian demasiado en el trato circunstancial. Así es, –pensaba yo mientras tanto–, cómo las excepciones hacen a la regla general.

En cualquier caso hace muchos años que los observo, los conozco bien. Fueron mis suegros y mis profesores de la escuela, mis jefes en el trabajo. Fueron el viejo pistolero qué de audaz guerrillero se pasó a choro común y silvestre y que nunca movió un dedo por nadie. Y también fueron el policía y el juez que se obstinaban en inventar chismes sobre mis aventuras sexuales con sus hijas o las amigas de sus amigas.

Sobretodo los tipos de pelo corto y zapatos de cuero lustrado, esencialmente hombres de más de sesenta años muy predecibles en sus comentarios sobre el clima, de los que saludan con comentarios que incluyen términos estilo “macanudo”, “chambón” y esa clase de palabras intraducibles para Google.

Son como adolescentes viejos –pensaba– atrapados en sus prejuicios analógicos… Pero, así son las cosas, ese es nuestro trabajo; observarlos mientras ellos nos observan. Una condena. Una conciencia del otro que solo es posible entre víctimas y victimarios.

FRUSTRACIÓN Y PENA AJENA

La actividad militante solo puede dar frutos en terreno fértil, por eso lo mejor es no acostumbrase a la impotencia, la melancolía ajena, y la impunidad de los miserables. Por eso desde hace más de diez años no mantengo conversaciones del estilo: “mañana va a hacer frío»… ó, «que van a cocinar en tu casa hoy…” y hace más de veinte, o quizás toda la vida, que no participo de ámbitos que reúna a tipos como esos.

Entonces, ahora que ya estamos en esto, quiero decirles, estimados viejos setenteros, qué entre ustedes y nosotros no hay ninguna síntesis posible.

Porque entre su propia juventud, su lamentable educación revisionista de caudillos y cuarteles, sus confianzas en generales y frases célebres, sus desvaríos de impotencia reformista y su desconexión con el presente de la lucha de clases, incluido su aislamiento (incluso dentro de sus propias familias…) y, la caída del muro y la invención del VIH que destruyó el universo emocional de mi generación, no hay relación de continuidad sino una trágica y catastrófica ruptura irreparable.

Por eso, a los jóvenes militantes que desean convertirse en revolucionarios, y que ahora ven a esos viejos reventados lamiéndose las heridas cómo abuelitos inofensivos, lamentándose por no encontrar cómplices para sus maltratos a las cajeras de supermercado, nosotr@s l@s hij@s de los guerrilleros secuestrados y desaparecidos del cono sur de América les decimos, que no deberían. No deberían dejarse engañar por las apariencias.

Les decimos qué, el mundo de esos tipos era un mundo de mierda al que ningún hombre, mujer o niño de este tiempo debería desear “regresar”, ni por síntesis, ni por ósmosis, ni por ningún otro medio metafísico o tecnológico, nunca, nunca jamás, por más terrible que nuestro presente se les aparezca en el horizonte.

El futuro, camarada, no está en el pasado. Menos aún en esa vía muerta hacia la frustración política y la indigencia emocional.

No es que este mundo “sea mejor”, Peor aún, esos, los vencidos, los que sobrevivieron autoconsolándose, y los otros, los neutrales y también los psicópatas torturadores escondidos en los pliegues de la complicidad del poder burgués, todos ellos solo están aquí para ser el testimonio de la criminalidad y la perversión del sistema capitalista.

Nosotr@s pensamos, después de décadas de conocer a casi todos los que era necesario conocer, que esos viejos «ex« militantes y claro, su contraparte fascista, y en general los argentinos educados en dictadura, son y han sido sin saberlo ni entenderlo realmente (como el cura del cierre de la transmisión y las maestras de música que nos enseñaron a cantar el Himno a Sarmiento, o la de «azulunala…» y la de «las Malvinas correntinas, sufre, muere y cruje más…» y toda la basura “infantil” de María Magdalena Walsh, y todos los otros), un obstáculo; como ausencia o como presencia inerte; que nuestra generación nunca logrará superar.

Por eso aquí en la Oficina, es decir al menos algun@s de nosotr@s, los que no nos hemos detenido ante las trampas políticas y emocionales del enemigo burgués, hemos aprendido a aceptar que A no es B, pero tampoco A es siempre es igual a A. Y que debemos seguir adelante sin detenernos en sus acostumbradas manipulaciones moralistas y sensibleras, porque a pensar de todo, su pasado es suyo, no nuestro, y las tonterías retóricas, las anécdotas anacrónicas pretendidamente aleccionadoras, no son más que falacias que han fracasado y deben ser superadas de una vez y para siempre.

Este futuro que viene, estimados viejos setenteros, es contra Ustedes en todas las maneras en que ustedes deseen imaginarlo.

Lo que ustedes piensan sobre el futuro, sobre nosotr@s y sobre los que vienen después, es tan poco desafiante, tan remanido, cursi e inoperante en la realidad política que en la práctica no solo no nos conmueve, sino que en realidad no nos importa.

Este futuro que viene ya está comenzado a dejar huellas indelebles en los niños de este presente tan obtuso y vulgar, y Ustedes, su generación, son en gran medida los responsables.

Es decir qué gracias por un mundo de mierda. Un ambiente intelectual opresivo sin perspectivas y una política egomaníaca de autoafirmación en el nihilismo.

No se hubieran molestado.

Chango
La Oficina
HIJOS – Red Mundial

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