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UCRANIA: LENIN, PUTIN Y LA REVOLUCIÓN

El joven Engels escribía en su “genial esbozo”1:

Se mostrará que los defensores de la libertad de comercio son peores monopolistas que los viejos mercantilistas. Se demostrará así que detrás de la supuesta humanidad de los más nuevos se esconde una barbarie de la que los antiguos no sabían nada; que la confusión conceptual de los antiguos sigue siendo simple y coherente contra la lógica engañosa de sus atacantes y que ninguna de las dos partes puede acusar a la otra de nada que no recaiga sobre sí mismos.”

El arte de los [antiguos] economistas consistía, pues, en lograr que al final de cada año las exportaciones dieran un equilibrio más favorable que las importaciones; y por el bien de esta ridícula ilusión, ¡miles de personas han sido masacradas! El comercio también tiene sus cruzadas y su inquisición.”

“…produjeron junto a las teorías de Malthus, el sistema más rudo y bárbaro que jamás haya existido, un sistema de desesperación que derribo al suelo todos los hermosos discursos de la filantropía burguesa sobre el amor a la Humanidad y el mundo civilizado, un orden que no retrocede ante el antiguo en su inhumanidad y crueldad.”

La ridícula ilusión de los equilibrios macroeconómicos continúa sesgando el criterio de la tecnocracia burguesa y alimentando las cruzadas de la religión del capital.

Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, suplicios e inquietudes a las que daban respuesta antiguamente las llamadas religiones.”2

“…el capitalismo es una religión puramente cultual, quizás la más extrema que jamás haya existido. En él, todo tiene significación inmediata respecto del culto, no conoce ninguna dogmática específica, ninguna teología. El utilitarismo gana bajo este punto de vista toda su coloración religiosa. El segundo rasgo del capitalismo está estrechamente ligado a esta concreción del culto: la duración permanente del culto. El capitalismo es la celebración de un culto sans rêve et sans merci. [“Sin tregua y sin misericordia”] No existe en él ningún “día ordinario”, ningún día que no sea día de fiesta en el terrible sentido del despliegue de la pompa sacra, de la tensión extrema del adorador. En tercer lugar, este culto es culpabilizante […] El capitalismo es probablemente el primer caso de un culto que no es expiatorio sino culpabilizante. […] En esto, este sistema religioso se precipita en un movimiento colosal. Una conciencia monstruosamente culpable que no sabe expiarse se apodera del culto no para expiar en él esta culpa sino para hacerla universal, para hacerla entrar por la fuerza en la conciencia y, finalmente y sobre todo, para implicar a Dios en esta culpabilidad…”

El capitalismo se desarrolló en Occidente como un parásito en el cristianismo –como debe mostrarse no sólo respecto del calvinismo sino también de otras corrientes ortodoxas del cristianismo– de tal manera que, al final, la historia del cristianismo es esencialmente la historia de su parásito, el capitalismo.”

Se reconoce fácilmente una religión en el capitalismo si se recuerda que el paganismo originario concebía, en principio, la religión no como un interés “superior”, “moral”, sino como el interés más inmediatamente práctico; en otras palabras, el paganismo no tenía más conciencia que el capitalismo de naturaleza “ideal”, “trascendente”, y la comunidad pagana consideraba a los miembros irreligiosos o heterodoxos como incapaces, exactamente como la burguesía de hoy considera a sus miembros improductivos…”3

Con estos apuntes inconclusos Walter Benjamin, polemizando con Weber, intentaba señalar el carácter estructural (y no meramente superestructural) de la religión durante el período premoderno, a la vez que estructurante de una especial psicología enajenada propia de la modernidad capitalista: un ethos disciplinario y funcionalista específico; inmediato; (en tanto que culto, comportamiento automático, exterioridad, que opera ahora sin otra mediación que el intercambio comercial y sin otra entidad que la realidad de la mercancía) inherente a las formas religiosas del desarrollo capitalista. La total enajenación de “lo humano”.

Y verdaderamente la religión es la conciencia y el sentimiento4 que de sí posee el hombre, el cual aún no alcanzó el dominio de sí mismo o lo ha perdido ahora. Pero el hombre no es algo abstracto, un ser alejado del mundo. Quien dice: “el hombre”, dice el mundo del hombre: Estado, Sociedad. Este Estado, esta Sociedad produce la religión, una conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido. La religión es la interpretación general de este mundo, su resumen enciclopédico, su lógica vulgar y popularizada, su point d’honneur espiritualista, su exaltación, su sanción moral, su solemne complemento, su consuelo y justificación universal. Es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano no tiene una verdadera realidad. La guerra contra la religión es, entonces, directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religión.”5

El joven Marx y el aún más joven y también genial Engels, nunca pudieron anticipar las campañas evangelizadoras de las sectas apocalípticas evangélicas proimperialistas de nuestros días, o imaginar en 1844 la contemporánea amenaza política representada por la existencia materialmente realizada de la lógica mercantil capitalista implicada en el militarismo nuclear, y en la religiosidad maquinístico-gran industrial atómica.

Inhumanidad y crueldad productivista: mistificación y violencia económicamente anónima, se nos presentan entonces como autómatas inhumanistas, y también como sinónimos de una forma de producción específica de la vida material en nuestro tiempo histórico. De tal modo aparece entonces evidente en todo su masoquismo, arbitrariedad, estupidez e intolerancia sistémica, que el capitalismo es incapaz de reformar su naturaleza para alcanzar alguna modalidad de verdadera Democracia y de estabilidad cíclica, con la que fantasea absolutamente toda la economía política burguesa. Disciplina del despilfarro y el consumismo, el motor del capital es la crisis, o mejor dicho: las crisis. Y su mecanismo definitivo y decisorio es la guerra social indefinida. No existe modelo burgués de estabilización macroeconómica capaz de salvar esta trayectoria criminal y decadente que sacrifica hombres y naturaleza, y que reproduce de forma cada vez más acelerada horizontes de incertidumbre y de catástrofe civilizatoria.

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La Inquisición neofascista y la cruzada tecnocrático-corporativa transhumanista.

La disyuntiva Socialismo o Barbarie, Comunismo o Caos, humanismo/transhumanismo en su verdadera, y ahora completa y totalizada dimensión mundial, se presenta ante los ojos de la sociedad política como destino y territorio único de las disputas por el reparto del botín de guerra. No solo para la casta-política-burguesa-dirigente de los Estados nacionales, sino también para la política enajenada y enajenante, de la, cada día más inepta y mediocre corte de charlatanes reformistas de toda calaña.

Capitalismo verde, ‘capitalismo friendly’, capitalismo con ‘rostro humano’… La guerra total es un estado permanente de la sociedad contemporánea; su forma fenoménica; y eso significa guerra inclemente contra los más débiles, contra los pobres, pero también contra todos los que no consiguen defenderse material y psicológicamente de forma efectiva. No fue así en estadios anteriores del desarrollo histórico.

Un estado de sin salida semejante es culpabilizante. Las “preocupaciones” son el índice de esta conciencia culpable de la sin salida. Las “preocupaciones” nacen por el miedo de que no haya salida, no material e individual, sino comunitaria.”6

La actual situación de “sin salida” comunitaria, la parálisis política de los espacios populares antiimperialistas, –al menos en cuanto a la acumulación de fuerzas en torno a un proyecto comunitario de alcance antisistémico–, la confusión ideológica general y el desconcierto de la tecnocracia y sus mecanismos, nos remiten directamente a la necesidad de analizar al menos abreviadamente la situación de crisis económica estructural, disputa internacional por los recursos estratégicos, inestabilidad político-administrativa y quiebra del modelo diplomático de la postguerra

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El discurso de Vladimir Vladimirovich

Al referirse a la situación en el Este de Ucrania el intrépido presidente de la Federación Rusa, –manifiesto admirador de François Mitterrand y del emperador Pedro “el grande”, y activo militante de la “ortodoxia cristiana”–, repasó su versión sobre la historia de la creación del Estado Ucraniano que adjudicó a la política de ‘los bolcheviques’; en particular a la política de Lenin y Stalin luego de la firma del tratado de paz de Brest-Litovsk

Habló de enseñarles a los fascistas ucranianos y al presidente títere Zelenski: (según consta en su curriculum: “actor, comediante, guionista, productor, y director de tv”, en resumen “payaso fascista”) la verdadera “descomunistización”.

La confusión ideológica que sobrevino para el ‘público’ occidental no podía ser más elocuente. Los opinadores profesionales ‘occidentales’ de toda la escena, a izquierda y derecha de la política burguesa, agitan sus fantasías y revuelven sus prejuicios incapaces de interpretar semejante relato histórico y sus motivaciones. El periodismo espectacular no sabe y no conoce absolutamente nada sobre la historia soviética de Ucrania. La estupidez infantil, simplista y anacrónica de la política yanqui y de sus vocerías, que presentaba a un Putin “tirano” y “comunista” recayó una vez más en la intimidación y la genérica propaganda de guerra antirusa, antichina, anticubana, antiiraní, antihumana, en fin, siempre muy ‘democrática’ y ‘humanitaria’…

La historia, dice Vladimir Vladimirovich con absoluta elocuencia, no puede cambiarse. Excepto en el recorte interesado del relato de los hechos, –decimos nosotros.

Descomunistización sin ironías, implicaría asumir:

1) Que el Estado ucraniano fue alguna vez “comunista” (¿Estado comunista?)

2) Que el comunismo (el de Marx y no el del Partido comunista de la URSS) puede implantarse y “desplantarse” mediante una revolución o una contrarrevolución “política”.

La tesis de Marx, (múltiplemente tergiversada por el PC Ruso después de Lenin y también por las sectas trotskistas bolcheviques) es la revolución social, para la construcción de la “verdadera democracia proletaria” (dictadura del proletariado). Revolución social liderada por un movimiento político llamado por ellos “Comunista”, (comunidad de productores libremente asociados) es decir liderada por el partido “de los comunistas” (la parte, “los partidarios” de la comunidad de bienes) que expropia los medios de producción a la burguesía, socializa la producción, etc.

Todo esto, aun cuando debemos acordar con el presidente ruso en que la verdad histórica es concreta, y no se trata de un menú de opciones del estilo: Me Gusta / No Me Gusta.

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Para el debate

No es nuestra intención cerrar y concluir un análisis como el que ameritan las afirmaciones de Putin, sino más bien lo contrario. Mucho se ha dicho y escrito sobre la valiosa historia de Rusia, la heroica dignidad combatiente de su pueblo, y sobre el desarrollo del capitalismo en el antiguo Imperio.

Proponemos entonces a los lectores, profundizar en el estudio y la investigación alrededor de estos 15 puntos de discusión:

1) El papel de Stalin como Comisario del pueblo para las nacionalidades 1917-1924

2) La insurrección campesina de los anarquistas de Néstor Machno como desafío a la autoridad centralizada del Comité Central Bolchevique. (Volin)

3) El origen multicultural y medieval (podríamos situarlo entre el siglo XII y XIII) del nacionalismo panruso ligado estrechamente a la “ortodoxia cristiana” (de carácter e implicaciones estructurales y no como en general se lo representaba como meramente superestructural) y sus diferencias con los nacionalismos de las “modernas” burguesías europeas y las burguesías dependientes de los países latinoamericanos.

4) Valorar la narración de Víctor Serge en sus libros Memorias de un revolucionario, y El año 1 de la Revolución Rusa, sobre la votación “tres veces consecutivas” en el CC bolchevique del pacto Brest-Litovsk. Sobre la opinión de la oposición de la izquierda bolchevique (Serge menciona a Kollontai especialmente) y el “realismo” político de Lenin, “90.000 rublos diarios dedicados a sostener la guerra imperialista”.7  Serge también escribió algo como esto: “solo el enorme prestigio y autoridad de Lenin consiguió imponer la urgencia del pacto con Alemania”. (No es textual)

5) Comentar los pasajes de Rosa Luxemburg en “La Revolución Rusa”, respecto a la socialización de la tierra, las condiciones de la “democracia” en Rusia, es decir el “sustrato despótico-burocrático” en el que debió implantarse el régimen soviético en las regiones muy diversas del antiguo imperio. (Rudi Dutschke)

6) Revisar el discurso de Lenin en el XI congreso del PCUS en alusión a la NEP y el “capitalismo de Estado”.

7) Observar la tendencia en el “leninismo” a considerar la decadencia de occidente como inminente, y a unilateralizar lo particular (bolchevismo: Rusia 1917-1922) como general: “el comunismo” de la komintern después de Lenin.8

8) Las condiciones concretas de acumulación capitalista en torno a la explotación petrolera en la ex URSS.9

9) La enorme debilidad de la ¿proto? burguesía rusa frente al capitalismo imperialista occidental durante el siglo XX y su nueva configuración y posicionamiento en el período actual.

10) La confusión evidente en el discurso clásico stalinista (“revolucionarismo”, “socialismo” y “comunismo”) y aún mayoritaria en relación a las diferencias entre una “revolución social nacional-modernizadora” y “revolución comunista”.

11) La tendencia de Lenin (todas las “democracias” europeas en guerra criminal contra la URSS: guerra civil y terror blanco) y el stalinismo a asociar “Democracia” (en general) con 2da Internacional, menchevismo y parlamentarismo burgués (en cada caso únicos y particulares).

12) El desprestigio del comunismo oficial ruso actual (y sus implicaciones mundiales) producto de su incapacidad de repensar el pasado burocrático autoritario.

13) La relación directa de “la peste” con los llamados “fondos especulativos de inversión” (en especial Vanguard y Black Rock, etc) con la crisis mundial alimentaria y ecológica.

14) La disputa intercapitalista feroz de dos grandes modelos de expansión y estabilización capitalista 1) «futuro de destino humano» (la elite china y el PCCh y sus socios rusos, etc.) y la trayectoria hacia un transhumanismo biotecnológico militarista (OTAN) que proyecta un capitalismo extraplanetario, (por ej: el escenario de la película Elysium del director Neill Blomkamp)

15) Estados Unidos como el heredero del proyecto hitleriano de planetary managment, y la amenaza de guerra de exterminio global con el notorio fin de reducir la “población sobrante” y de imponer condiciones de servidumbre laboral. Y el papel del neofascismo corporativo-tecnológico en el diseño de ese plan.

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Oficina Internacional
HIJOS – Red Mundial

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NOTAS:

1 Friedrich Engels (1843). “Esbozo para una crítica de la economía nacional”. Deutsche-Französische Jahrbücher [Anales Franco-Alemanes] París, Febrero de 1844.

2 Las cursivas son nuestras.

3 Walter Benjamin. “El capitalismo como religión”. 1921

4 El subrayado es nuestro, las cursivas son de Marx.

5“Zur Kritik der Hegel’schen Bechts-Philosophie von Karl Marx” [Introducción para la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel] en Deutschefranzosische Jahrbücher herausgegeben von Arnold Ruge und Karl Marx. París, 1844, pp. 71-85,

6 W. Benjamin, Op. cit.

7 (No es textual)

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