LA GUERRA CULTURAL “DE BAJA INTENSIDAD” DEL CAPITALISMO NEOLIBERAL CONTEMPORÁNEO

(capitalismo y dominación: modo de producción y modo de significación)

(Ponencia presentada al 2do Encuentro de Filósofos cubanos y mexicanos.

La Habana, Cuba, junio 25 al 27 de 2001)

autor: Dr Pedro Luis Sotolongo Codina.
Investigador Titular. Instituto de Filosofía

sotolongo@filosofia.cu

Armas para la guerra mediaticaEl modo de existir de una Teoría Social Crítica no es otro que su propia crítica permanente. (De lo contrario deja de ser fiel a su índole crítica y se convierte en una codificación que impone sentidos con pretensión de ”universalidad” a lo indagado, en lugar de permanecer siendo una herramienta que interpreta sus sentidos reales). Una Teoría Social Crítica debe tener ésto bien presente siempre como su máxima.

La circunstancia apuntada es particularmente relevante en lo concerniente a la crítica de las concepciones acerca de las realidades del capitalismo contemporáneo devenidas tradicionales para una buena parte de la izquierda. Ello implica la necesidad de la crítica interna, es decir, desde y para la propia Teoría Social Crítica.

Estas realidades contemporáneas del capitalismo muestran que, sin dejar de ser esencialmente eso, es decir, capitalismo, la dominación de este sistema no se apoya actualmente en la misma correlación de palancas y factores de Poder que en periodos anteriores; especialmente en lo referente al siglo XIX en que fue hecha la crítica de izquierda a su economía politica;, pero también en lo referente al tramo inicial del siglo XX, cuando se llevara a cabo la caracterización y crítica de izquierda del naciente Imperialismo.

Ello impone a la Teoría Social de izquierda la necesidad de nuevas conceptualizaciones con la fuerza heurística suficiente para aprehender teórica y empiricamente, de modo articulado, esa nueva correlación de palancas y factores de Poder capitalista contemporáneo neoliberal globalizador.

Este cambio de acento en cuanto a sus palancas y factores de Poder, sobre la base de la hegemonía de una variante única de cultura de la vida cotidiana. le es importante al capitalismo contemporáneo no solamente dentro de las fronteras de los países-centros principales de su sistema, dónde por supuesto le sirve para co-optar las subjetividades individuales, desde la vida cotidiana, de las mayorías de sus propios ciudadanos, induciéndoles códigos sociales inconscientes y manipulándoles sus deseos de consumir; sino que tanto o más le es importante en la actualidad para hacer lo mismo con las vastas masas de los países de nuestros tres continentes sub-desarrollados, Asia, Africa y América Latina, intensamente explotadas económicamente desde antaño, pero también cada vez más extensamente dominados culturalmente desde las últimas décadas del siglo XX sobre la base de la creciente imposición de esa variante única de cultura cotidiana.

Es ésta la verdadera `guerra-de-baja-intensidad´ que hoy en día libra el imperialismo globalizador neoliberal.

La funcionalidad estratégica de semejante `guerra-cultural-de-baja-intensidad´ es la de contrarrestar la resistencia contra aquélla explotación por parte de “los más rebeldes” con la apatía de “los más conformes” y la de neutralizar la exclusión de las mayorías “invisivilizándola” tras la apariencia de “incluirlas” culturalmente y tras la inclusión real de las minorías-élites en cada lugar; minorías que pasan a pensar, sentir y vivir como primer-mundistas, impasibles ante el mar de miseria y exclusión de sus coterráneos (de quiénes ya no se sienten tales, pues ellos “están incluidos”) que les rodea.

La funcionalidad sistémica de esa `guerra-cultural-de-baja-intensidad´ es la necesidad de “reciclar” culturalmente a aquellos (que van siendo poblaciones cada vez mas vastas) que, por la creciente concentración y centralización de los capitales (tanto nacional como internacionalmente) y el dominio del capital financiero especulador e improductivo, no les son necesarios ya y que por lo tanto, al no necesitar ni siquiera `reciclarlos´ económicamente extrayéndoles plusvalía, simplemente los excluye, pero sigue necesitando su consenso.

En otras palabras, al capitalismo financiero neoliberal “le sobra gente”, pero como esa gente de todas maneras existe ya y no puede eliminarlas físicamente –aunque nadie dude que si pudiese no vacilaría en hacerlo (con o sin ayuda del SIDA)- necesita imperiosamente neutralizarlas en su potencial de resistencia, en sus intentos de rebeldía; y para ello nada más eficiente que cooptarlos subjetivamente, es decir, culturalmente.

La señalada mutación en la correlación de palancas y factores de Poder en el capitalismo contemporáneo ha estado, por lo mismo, acompañada de la modificación en la correlación entre la explotación económica y la exclu- sión social, como formas o modalidades de dominación social, que ha ocurrido y sigue ocurriendo en el capitalismo contemporáneo. Y por la puesta en juego de toda una serie de nuevos mecanismos sociales a través de los que tal modificación se lleva a efectos.

Todo ello requiere una consideración crítica de lo que es un “modo de producción”, en particular el `modo de producción´ capitalista contemporáneo.

No se trata de que la Teoría Social de izquierda no haya detectado y tratado dichas mutaciones de correlaciones. Las ha detectado y las indaga. Se trata de otra cosa: de la manera en que comúnmente las indaga buena parte de esa crítica de izquierda, intentando conceptualizarla con ayuda de constructos teóricos ya tradicionales (entre otros los de `modo de producción´, `base´, `superestructura´, `ideología´, ` conciencia´, `poder estatal central o global´).

Y tampoco se trata de que tales conceptos deban de ser dejados de lado o no capten importantes características de `lo social´, sino se trata de que, por una parte, con ellos sólos no basta -en otras palabras, son insufi-

cientes- para aprehender en toda su profundidad lo que está ocurriendo en el capitalismo contemporáneo, y particularmente, para calar en los mecanismos sociales a través de los que está ocurriendo y para aprehender cómo se producen, reproducen y articulan, desde la vida cotidiana, las relaciones sociales objetivas y sus estructuras y las subjetividades individuales que genera ese modo de producción en su etapa contemporánea; y por otra parte, para dicha aprehensión más profunda, algunos de esos conceptos deben abarcar aspectos de `lo social´ que tradicionalmente no se han visto como abarcables por ellos.

La primera circunstancia señalada –su insuficiencia- es particularmente concerniente a los conceptos de `conciencia´y de `ideología´y la última circunstancia apuntada –una mayor abarcabilidad- es especialmente aplicable a los conceptos de `modo de producción´, `base´, `superes- tructura´ y `poder´.

Empezando por éstos últimos, se hace cada vez más necesario para los propósitos críticos ya expresados el recalcar que un modo de producción no se limita a producir relaciones sociales objetivas que les son inherentes , en primer lugar las relaciones objetivas de producción , sino que al mismo tiempo que hace ello produce –constituye- a los sujetos (a las subjetividades) concomitantes con aquellas relaciones objetivas (y viceversa).

En otras palabras, que todo modo de producción es simultáneamente un modo de producción de realidades objetivas (ante todo de relaciones sociales y sus estructuras) y un modo de producción de realidades subjetivas (ante todo de subjetividades y significaciones individuales).

Para comprender ello en toda su radicalidad se hace imprescindible no reducir el tratamiento del `modo de producción´ -objetivándolo- a las relaciones del modo de producción, sino ante todo tratarlo como lo que es, como un conjunto de PRÁCTICAS SOCIALES colectivas caracterís- ticas, de las cuales dimanan concomitatemente (y no unas primeras y otras después) tanto esas relaciones sociales objetivas como esas subjetividades sociales.

Lo anterior hace posible comprender mejor cómo un modo de producción, según sus diferentes etapas de desarrollo, puede apoyarse predominantemente para afianzar su dominio ya bien en la capacidad de sus prácticas sociales para producir esas realidades objetivas, ya bien –como lo viene haciendo el capitalismo actual desde hace algún tiempo- en la capacidad de esas prácticas sociales para producir esas realidades subjetivas.

Ésto es equivalente a que un modo de producción pueda apoyar más su Poder en primera instancia sobre la base de ser un modo de producción de relaciones y estructuras objetivas de explotación económica o de apoyar más su Poder sobre la base, en primera instancia, de ser también un modo de producción de significaciones subjetivas de exclusión-inclusión social y humana (sin dejar de ser, en última instancia, aquel modo de producción explotador).

Es decir, que todo modo de producción es capaz de plasmar una sui generis dialéctica entre la última y las otras instancias de dominación -a través de unas u otras prácticas sociales suyas. La última instancia –que tanto estamos acostumbrados a recalcar (y que debemos seguir recalcando), no elimina sin embargo, esas otras instancias…..Por el contrario, se sirve de ellas para afianzarse (y ocultarse, “invisivilizándose”).

Tan importante son esas “otras” instancias de dominación, que pueden ser sencillamente decisivas para la gobernabilidad del sistema –y para la perdurabilidad del modo de producción de que se trate (el caso soviético es un ´caso-de-laboratorio´para comprender cómo, cuándo no se ejercen adecuadamente, o peor aún, dejan de ejercerse esas “otras” instancias de Poder, no basta ni con aquélla última instancia aunque la misma esté aún presente).

Tal sui generis dialéctica entre su última y sus otras instancias de dominación es lo que precisamente viene ejerciendo el capitalismo, sobre todo a partir de la segunda mitad –y más aún, el último tercio- del siglo XX y la lleva a cabo cada vez más a través no solamente de palancas en primera instancia ideo-lógicas, que remiten a una lógica de Ideas, a la Razón y a la Conciencia reflexiva, sino que lo hace sobre todo por medio de palancas en primera instancia deseantes (propias de una dominación basada en primera instancia en la inducción y manipulación de la demanda y el consumo) y que remiten a una a-lógica de las Satisfacciones e Insatisfacciones, al Deseo y al Inconsciente (areflexivo) y/o a la Conciencia tácita o cotidiana (pre-reflexiva).

Esa a-lógica de las Satisfacciones e Insatisfacciones, ese manejo de la dimensión deseante de la subjetividad humana, articulada primordialmente con el Inconsciente y con la Conciencia pre-reflexiva que lleva a cabo cada vez más el capitalismo contemporáneo, se basa, entre otras circunstancias, en la transformación de los valores de uso en utilidad abstracta articulada sólo con preferencias subjetivas (con la invisivilización de la utilidad concreta objetiva de las mercacías) y en la transformación de los valores de cambio en código manejado y monopolizado por el sistema, base de la dominación cultural (con la transmutación de las mercancías en signos despojados de referente).

De esta forma la dominación económica (del modo de producción) y la dominación cultural (del modo de significación) se engendran mutuamente y se reproducen una a la otra; y el control de la demanda y el consumo pasa a mecanismo de control en primera instancia.

El proceso tiene su vértice en la desposesión de las monedas de toda articulación con capacidades productivas y de toda referencia suya a un patrón oro, tornándose en equivalente general que circula por todas partes en tiempo real ayudado por los medios electrónicos contemporáneos y que subordina a sí la producción.

Semejantes circunstancias vinculadas al modo de significación constituyen una práctia de Poder mucho más sutil que la de la explotación económica (sin que ésta, por supuesto deje de estar presente).

Ello obliga, por una parte, a ampliar los análisis tradicionales [en términos de `ideología´ y `conciencia´ (reflexiva)] de los mecanismos y palancas sociales del capitalismo contemporáne, articulándolos con análisis en términos de `deseo´, de `conciencia tácita (pre-reflexiva)´ y de `inconsciente (areflexivo)´; y por otra parte, a re-interpretar –dándole cabida a los mencionados ámbitos o dimensiones sociales- los tradicionales conceptualizaciones en términos de Poder político estatal, centralizado y global, de base y de superestructura, para dar cabida a los poderes locales (micropoderes) y a una yuxtaposición de `lo básico´ y `lo superestructural´ que no reduzca ésto último a un epifenómeno de aquello.

Existe en el acervo cultural contemporáneo, todo un arsenal de herramientas conceptuales y metodológicas para la aprehensión empírica y teórica articulada de los fenómenos sociales en tales términos complemen- tarios ya ineludibles.

No todas esas herramientas han sido desarrolladas por una tradición de pensamiento de izquierda, ni han sido usadas por aquéllos que las han desarrollado a nuestra manera crítica, ni han sido siempre contextualizadas por ellos materialista, social e históricamente. Pero estas circunstancias ciertas no eliminan la posibilidad, también cierta –y más aún, la necesidad y aún la urgencia, más que ciertas ambas por todo lo argumentado- de asimilar estas herramientas; por supuesto, asimilarlas críticamente (pasándolas por el tamiz de nuestras premisas políticas, ideológicas, cosmovisivas y, epistemológicas).

De manera que las realidades contemporáneas urgen a la Teoría Social Crítica a ser fiel a su reclamo como Teoría Crítica, es decir, a saber ejercer entonces consecuentemente esa índole de la que presume, tanto hacia el interior de su propia tradición como hacia el exterior de ella, revitalizándose.

En esa tarea, como un destacamento más enfrascado en no permitir que seamos derrotados en esa “guerra cultural de baja intensidad” que señaláramos, tenemos un papel que jugar los investigadores sociales cubanos

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