Crítica Social, Filosofía, Historia Política, Libros, Teoría Política

LA CLASE OBRERA Y EL NACIMIENTO DEL MARXISMO por Göran Therborn

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La teoría del materialismo histórico permite situar al propio marxismo –tanto como a la economía de mercado o la sociología normativa– con respecto al desarrollo capitalista y la revolución burguesa. El materialismo histórico surgió en la segunda mitad de la década de 1840, en el núcleo del capitalismo industrial. Sus lugares de nacimiento fueron los grandes centros económicos de Bruselas, Londres y Manchester, y París, epicentro de las revoluciones burguesas de 1789 y 1830.

Cierto es, sin duda, que Marx y Engels eran alemanes, y la determinación germana del marxismo no puede ser ignorada. Pero fue únicamente fuera de Alemania donde la nueva teoría pudo ver la luz. Salvo una, todas las obras formativas del materialismo histórico fueron escritas fuera de Alemania, siendo la única excepción el estudio de Engels sobre La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra, producto por lo demás de una estancia de 21 meses en Manchester. Después de La Sagrada Familia, primer producto de la colaboración entre Marx y Engels, escrito en París pero publicado en Frankfurt en 1845, no fue sino hasta 1859, con la aparición de Contribución a la Crítica de la Economía Política, que se publicó en Alemania, una obra crucial del materialismo histórico. La Ideología Alemana no encontró editor; Marx escribió Miseria de la filosofía en francés y fue publicada en París y Bruselas; los Principios del Comunismo de Engels no fueron dados a la imprenta, el Manifiesto Comunista apareció en Londres, y El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte fue escrito para una revista germano-norteamericana publicada en Nueva York.

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ALEMANIA Y EUROPA

Fue en París y Manchester respectivamente donde Marx y Engels vivieron las experiencias decisivas que los llevaron a romper con la filosofía hegeliana de izquierda y la política radical-liberal.[2] El último texto conservado en el que Marx todavía se distancia del comunismo es una carta escrita a Arnold Ruge en septiembre de 1843, poco antes de que Marx abandonara Alemania para dirigirse a París.[3] En París empezó a estudiar economía política y las luchas de clase de la revolución francesa, y fue en París, también, donde entró en contacto con obreros revolucionarios de las sociedades secretas comunistas francesas y alemanas.

Cuando volvimos a reunimos en Bruselas, en la primavera de 1845escribió Engels 40 años después–, Marx […] había desarrollado ya en líneas generales, su teoría materialista de la historia.”

Acerca de su propia experiencia, Engels escribió:

Viviendo en Manchester, me había dado yo de narices con el hecho de que los fenómenos económicos […] son, por lo menos en el mundo moderno, una fuerza histórica decisiva; vi que esos fenómenos son la base sobre la que nacen los antagonismos de clase actuales y que estos antagonismos de clase, en los países en que se hallan plenamente desarrollados […] constituyen a su vez la base para la formación de los partidos políticos, para las luchas de los partidos y, por consiguiente, para toda la historia política.” [4]

Engels estudió economía política en Inglaterra. En Londres, durante la primavera de 1843, encontró a “los primeros revolucionarios proletarios que conocí”[5] los líderes de la Liga de los Justos: una sociedad clandestina de artesanos alemanes. Poco después Engels entró en contacto con los cartistas.

Sus experiencias con las más avanzadas sociedades burguesas dejaron una marca decisiva y perdurable en toda la obra teórica y política de Marx y Engels. El enfoque del desarrollo de las fuerzas productivas, el interés por la tecnología, la importancia concedida a la teoría económica abstracta, la clara distinción entre el proletariado asalariado y la categoría de los pobres indiferenciada social e históricamente,[6] el énfasis en el papel revolucionario de la burguesía,[7] la negativa categórica a establecer una infausta alianza con las fuerzas semifeudales contra el explotador inmediato del proletariado, la abierta hostilidad contra cualquier forma de romanticismo, sentimentalismo y misticismo: todos estos rasgos bien conocidos del marxismo prueban su relación con el Iluminismo, la Gran Revolución Francesa y la Revolución Industrial.

En comparación con Inglaterra y Francia, Alemania, durante la primera mitad del siglo XIX, era un país atrasado tanto económica como políticamente. El capitalismo industrial estaba en su infancia, y los estratos preburgueses detentaban el poder en el mosaico de pequeños estados en que estaba dividida Alemania. En semejante país, el materialismo histórico no podría haberse materializado. La “ideología alemana” era una especulación filosófica –sobre la libertad, la razón, el hombre, la praxis, la enajenación, la crítica, el amor, el socialismo– sin que hubiera lugar en ella para la explotación, la lucha revolucionaria de clases o una teoría científica de la historia. A este respecto es notable, por otra parte, que tanto Marx como Engels provenían de la parte más desarrollada de Alemania, la Renania. Anexada a Francia de 1797 a 1814, la zona del Rhin fue profundamente afectada por la revolución francesa. Los alemanes progresistas, incluyendo al joven Hegel,[8] apoyaron entusiastamente la dominación francesa, y también el padre de Marx fue un liberal francófilo. La familia de Engels, aunque pietista y reaccionaria en política, pertenecía por otra parte al sector mus avanzado de la sociedad alemana. Friedrich Engels, padre, fue un próspero comerciante e industrial, cuya firma tenía ramificaciones tanto en Alemania como en Manchester.

En la clasificación hecha por Engels en 1847, su familia pertenecía a la burguesía que ahora domina en los países civilizados” y representa el comercio mundial, el intercambio de productos de todas las zonas, las finanzas y la industria en gran escala basada en la maquinaria”; no la miserable Kleinbürger (pequeña burguesía) que representaba el comercio interno y costero, la producción artesanal y la manufactura basada en la artesanía”, y que, como socio menor de la nobleza, era una fuerza conservadora que compartía la culpa del atraso de Alemania.[9] La existencia de una filial de la firma Ermen y Engels en Manchester fue lo que llevó a Engels a Inglaterra.

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EL SENTIDO DE LA TEORÍA

Con todo, Engels diría más tarde que “el movimiento obrero alemán es el heredero de la filosofía clásica alemana”.[10] Incluso declaró, cuando todavía estaba Marx a su lado, que “sin la filosofía alemana que le ha precedido, sobre todo sin la filosofía de Hegel, jamás se habría creado el socialismo científico alemán, el único socialismo científico que ha existido”.[11] La relación estrictamente teórica entre la filosofía hegeliana y el materialismo histórico no es tanto lo que nos interesa aquí cuanto la situación social e histórica de este último, y esto es también lo que interesa a Engels en el texto que acabamos de citar. El argumento de Engels es que los trabajadores alemanes tienen una “importante ventaja” sobre los del resto de Europa, consistente en que:

«pertenecen al pueblo más teórico de Europa y que han conservado en sí ese sentido teórico, casi completamente perdido por las clases llamadas “cultas” de Alemania […] Y lo inmenso de esta ventaja lo demuestra, por una parte, la indiferencia por toda teoría, que es una de las causas principales de que el movimiento obrero inglés avance tan lentamente […] y, por otra, lo demuestran el desconcierto y la confusión sembrados por el proudhonismo, en su forma primitiva, entre los franceses y los belgas, y, en la forma caricaturesca que le ha dado Bakunin, entre los españoles y los italianos.”[12]

(Engels escribió lo anterior en 1874, poco después de la escisión en la Primera Internacional).

El sentido de la teoría”, eso es lo que Engels tiene en mente al referirse a la filosofía alemana”, y este punto lo elabora aún más en su Ludwig Feuerbach (1886), anteriormente citado.

Con la revolución de 1848, la Alemania “culta” rompió con la teoría y abrazó el camino de la práctica… Pero, en la medida en que la especulación abandonaba el cuarto de estudio del filósofo para levantar su templo en la Bolsa, la Alemania culta perdía aquel gran interés teórico que había hecho famosa a Alemania durante la época de su mayor humillación política: el interés para la investigación puramente científica, sin atender a que los resultados obtenidos fuesen o no aplicables prácticamente y atentasen o no contra las ordenanzas de la policía… en el campo de las ciencias históricas, incluida la filosofía, ha desaparecido de raíz con la filosofía clásica, aquel antiguo espíritu teórico indomable, viniendo a ocupar su puesto un vacuo eclecticismo y una angustiosa preocupación por la carrera y los ingresos, rayana en el más vulgar arribismo […] Sólo en la clase obrera perdura  sin decaer el interés teórico alemán […] aquí, no hay margen para preocupaciones de arribismo, de lucro, de protección dispensada de lo alto.[13]

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LOS JÓVENES HEGELIANOS COMO INTELLIGENTSIA

Pero entre el “sentido de la teoría” y la clase obrera real, tiene que haber una mediación y un mediador, y en La ideología alemana Marx y Engels se refieren explícitamente al papel mediador del ala izquierda de la intelligentsia hegeliana, en particular a los “socialistas verdaderos” de aquel momento.

Dadas las condiciones que de hecho existen en Alemania, era necesario que se formara esta secta intermedia, que se intentara una conciliación entre el comunismo y las ideas imperantes.

También ven como una cuestión de necesidad histórica que algunos de esos filósofos alemanes y sus “discípulos” (Philosophenschüler) cruzaran el umbral de las posiciones comunistas, mientras que “otros, incapaces de sustraerse al embrujo de la ideología, seguirán predicando este verdadero socialismo hasta que se mueran”.[14] Sin embargo, en la perspectiva de La ideología alemana falta un elemento importante, que no obstante fue tan obvio para el Engels posterior, y es que el socialismo científico de los antiguos hegelianos de izquierda Engels y Marx era el único “que haya existido”. En otras palabras, la intelligentsia de izquierda alemana de 1843 a 1845, a pesar de su verbosidad especulativa y su ideología distorsionada, contribuyó positivamente a la formación del materialismo histórico.

Contribuyó con dos cosas, en una combinación explosiva. Una era la dedicación a la teoría abstracta y al estudio sólido. Los jóvenes hegelianos eran los orgullosos herederos del monumental sistema enciclopédico de Hegel y, más allá de Hegel, de toda la tradición idealista alemana fundada por Kant. Sus obras cruciales de crítica bíblica –la Vida de Jesús de David Strauss (1835), punto de partida del hegelianismo de izquierda, y la Crítica de los Evangelios Sinópticos de Bruno Bauer– fueron verdaderos hitos. La Esencia del Cristianismo de Feuerbach no es simplemente un panfleto antirreligioso, sino una investigación erudita y profunda de lo que hoy podría llamarse psicología de la religión.[15]

Esta devoción por el estudio, por supuesto, era un producto de la cultura universitaria alemana de principios del siglo XIX. El primer centro del joven hegelianismo fue el informal “Club de los Doctores” en la Universidad de Berlín, del que el joven Karl Marx era miembro muy considerado. Pero si bien se produjo dentro de la universidad, no podía permanecer dentro de sus límites, y este es el segundo elemento de la explosiva combinación: el hegelianismo de izquierda no fue creado por académicos establecidos, sino por una intelligentsia radical y enajenada de escritores “libres” –en otras palabras, inseguros y frecuentemente hostilizados. Los hegelianos jóvenes o de izquierda de principios de la década de 1840 no habían comprometido sus ideas en aras de sus carreras. Por el contrario, la carrera académica de Feuerbach se vio bruscamente interrumpida a mediados de la década de 1830 a causa de un texto teológico herético. Strauss fue expulsado de su cátedra en Zurich en 1839. Aquel mismo año, Bruno Bauer tuvo que trasladarse de Berlín a Bonn, y a principios de 1842 fue expulsado de la universidad de esta ciudad, lo que indujo a Marx a abandonar sus propios planes académicos. Otro de los más íntimos amigos de Marx, Rutenberg, posteriormente editor del “Rheinische Zeitung”, fue también despedido de su trabajo docente.

Una intelligentsia del calibre intelectual y social de los jóvenes hegelianos no tenía ningún equivalente contemporáneo: erudita pero no académica, socialmente enajenada pero no bohemia. En estos aspectos se asemeja más a las intelligentsias radicales del siglo XX en la Alemania de Weimar o el París de la posguerra. Esta joven intelligentsia hegeliana fue, yo sugeriría, un componente social crucialmente importante para la formación de Marx, y, en un grado algo menor, de Engels; y no sólo un componente ideológico, como incluso sus mejores biógrafos tienden a sugerir. La importancia de una intelligentsia desarrollada como medio para la creación de la teoría social es también evidente en el caso de la sociología burguesa. Las diferencias entre tales intelligentsias, sin embargo, deben señalarse. La sociología clásica en Europa, así como la sociología neoclásica de la década de 1950 en Norteamérica, surgieron en un medio académico sólido y seguro que tenía acceso, si bien a cierta distancia, a la más elevada sociedad burguesa de la riqueza y el poder. Pero, aunque enajenados y perseguidos, los jóvenes hegelianos estaban igualmente alejados, por otra parte, de la vecindad de Comte y Saint-Simon, una camarilla de diletantes bohemios.

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EL SURGIMIENTO DE LA CLASE OBRERA

La diferencia decisiva en la situación social del marxismo, sin embargo, comparado con la sociología académica actual o con corrientes tales como la Escuela de Frankfurt, fue, por supuesto, la unión entre sus fundadores y el movimiento revolucionario de los trabajadores. Los primeros intereses intelectuales de Marx y Engels eran los mismos de muchos Kulturkritiker de izquierda del siglo XX: filosofía, poesía, periodismo, belles-lettres en general. Pero aunque tanto Marx como Engels conservaron y alimentaron esos intereses culturales, lo que crearon no fue una filosofía de la praxis ni de la enajenación –para citar dos ternas populares de la crítica cultural marxizistizante– sino “la doctrina de las condiciones para la liberación del proletariado”,[16] concentrándose por necesidad en la “crítica de la economía política”. Además, como dicen en el Manifiesto Comunista, sus conclusiones teóricas expresan, en términos generales, relaciones reales que surgen de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está produciendo ante nuestros propios ojos.[17]

Este movimiento histórico, que se producía ante los ojos de Marx y Engels a principios de la década de 1840, es lo que consideraremos a continuación.

La coyuntura política que enfrentaron Marx y Engels a fines de los treintas y principios de los cuarentas combinaba tres momentos importantes. Primero, en el trasfondo, estaba la revolución burguesa: la Gran Revolución Francesa, cuya luz aún iluminaba a Europa, pero también la revolución francesa de julio de 1830 y la reforma parlamentaria inglesa de 1832, ambas victorias significativas de la burguesía industrial que quebraron el reinado de la reacción posnapoleónica. Segundo, sobre este fondo, la abortada revolución burguesa en Alemania resaltaba como un escándalo. Las piadosas esperanzas de los burgueses liberales y los jóvenes hegelianos de que el nuevo rey de Prusia, Federico Guillermo IV, realizaría una revolución desde arriba, fueron destruidas en el invierno de 1842-43 por una oleada de censura de prensa y despidos académicos, al mismo tiempo que los intelectuales demócratas se radicalizaban rápidamente en uno u otro sentido. Tercero, éste fue también el periodo en que el movimiento de la clase obrera hizo su aparición decisiva. En Inglaterra fue el momento del chartismo, el primer movimiento proletario en la historia que alcanzara el nivel de una organización a nivel nacional. En Francia, el año de 1831 vio la primera insurrección proletaria, protagonizada por los obreros de la seda de Lyon. Aunque fue aplastada, muy pronto la siguió otro levantamiento, y también en Francia se estableció un movimiento de la clase obrera. Con la revuelta de los tejedores de Silesia en 1844, el proletariado alemán hizo su propia entrada en el escenario político. En resumen, el periodo de formación del socialismo científico fue precisamente aquel en el cual el proletariado de las mayores naciones europeas elevó su áspera y apremiante voz.

A los filósofos alemanes, herederos del Iluminismo y la revolución francesa, los pequeños y feudales regímenes de Alemania les resultaban repugnantes, y la burguesía alemana estéril y cobarde. Pero la condición de los trabajadores en aquellas naciones donde dominaba una burguesía fuerte y consciente de sí misma era también terrible, como Marx y Engels habían de discutirlo en París y Manchester. Esta coyuntura histórica de un proletariado combativo y atrozmente explotado y una revolución burguesa abortada demostraría ser una explosiva combinación revolucionaria en la Rusia de comienzos del siglo XX. En la década de 1840, fue la experiencia crucial que impulsó a dos intelectuales alemanes de poco más de veinte años a lanzarse en la dirección de una nueva teoría científica de la sociedad, y a forjar un arma teórica mortal para la burguesía. Puesto que la unión de la teoría del materialismo histórico y el movimiento obrero es la base del marxismo, tanto a sus propios ojos como en el papel histórico real que ha representado en el pasado y representa hoy día, debemos penetrar un poco más profundamente en esta relación.

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LA FÓRMULA TRADICIONAL DE KAUTSKY

Existe un famoso pasaje de Karl Kautsky, el principal teórico de la socialdemocracia clásica, que define el papel de la intelligentsia para formar una conciencia socialista entre el proletariado, famosa todavía hoy porque Lenin se basó en ella al escribir ¿Qué hacer?, su polémica contra los reformistas rusos antiteóricos.[18]

Naturalmente, Lenin y Kautsky tenían razón –desde el punto de vista marxista– en señalar la necesidad de una rigurosa teoría científica y la inconveniencia de una conciencia de clase obrera espontánea y no teórica. Sin embargo, es obvio que en la formulación de Kautsky faltan dos elementos decisivos. Primero, Kautsky habla de una intelligentsia burguesa (en cursivas) como vehículo de la ciencia, pero los jóvenes hegelianos –especialmente después de la traición que sufrieron por parte de los liberales burgueses frente a la represión prusiana– no eran simplemente una intelligentsia burguesa. Socialmente, en los años estratégicos desde 1842 hasta 1845, eran un sector desclasado y radicalizado de la pequeña burguesía. Segundo, y mucho más importante, Kautsky guarda total silencio acerca del tema de qué fue lo que los fundadores del socialismo científico aprendieron de la clase trabajadora. Para Kautsky, la comunicación es en un solo sentido:

el portador de la ciencia no es el proletariado sino la intelectualidad burguesa: es del cerebro de algunos miembros de esta capa de donde ha surgido el socialismo moderno, y han sido ellos quienes lo han transmitido a los proletarios destacados por su desarrollo intelectual, los cuales lo introducen luego en la lucha de clase del proletariado allí donde las condiciones lo permiten.”[19]

Ya hemos señalado el hecho profundamente significativo de que la rebelión de la clase proletaria precedió al surgimiento de esa idea en las mentes de ciertos jóvenes hegelianos. Los fundadores del socialismo científico tuvieron que aprender dos cosas del proletariado. Ante todo, tuvieron que aprender la materialidad concreta del verdadero mundo social, más allá de todos los problemas de teología o del estado racional. Segundo, tuvieron que aprender la lucha de clases, aprender a ver al proletariado no sólo como la clase más sufriente –como hacían los socialistas utópicos sino a descubrir “al proletariado orgulloso, amenazador y revolucionario”20

El Manifiesto Comunista señala muy claramente esta condición en forma negativa:

El estado de atraso de la lucha de clases, así como su propio medio, hace que los socialistas de este tipo [socialistas utópicos] se consideren muy superiores a todos los antagonismos de clase.”[21]

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EL ITINERARIO POLÍTICO DE ENGELS

Engels, hijo rebelde de un fabricante, descubrió muy pronto las pésimas condiciones sociales del proletariado. En 1839, a la edad de dieciocho años, escribió las Cartas desde Wuppertal (distrito donde vivía) para una revista literaria liberal de Hamburgo, señalando la miseria de los trabajadores y sus familias y las “amplias conciencias” de los fabricantes. Sin embargo, en aquella época Engels estaba todavía bajo el in flujo del pietismo y el misticismo religioso.[22] Fue sólo después de su llegada a Inglaterra, en el otoño de 1842, cuando Engels pudo –en una serie de artículos para la “Rheinische Zeitung”, editada en aquel tiempo por Marx– que era necesaria una revolución violenta para mejorar la situación material del proletariado inglés, y que una revolución social era “una certidumbre para Inglaterra”.[23] Pero ésta era sólo la primera lección. Un año des pues Engels escribió un informe sobre el movimiento socialista en el continente para el New Moral World owenista en el que se muestra todavía con firmeza como un hegeliano de izquierda. Señala el “comunismo filosófico en Alemania” como un movimiento equivalente a los de los trabajadores ingleses y franceses. Los jóvenes hegelianos son “nuestro partido”, y Engels menciona a Moses Hess, Arnol Ruge, Georg Herwegh, Marx y a sí mismo como representantes de la evolución comunista de los jóvenes hegelianos Para Engels, solamente les extraña a los ingleses –y no a él que un partido que se propone la destrucción de la propiedad privada esté formado principalmente por aquellos que poseen propiedades; y sin embargo éste es el caso en Alemania. Podemos reclutar nuestros seguidores tan solo, entre aquellas clases que han disfrutado una educación bastante elevada, es decir, en las universidades y las clases comerciantes; y hasta ahora no hemos encontrado ninguna dificultad considerable.[24]

De regreso de Inglaterra, Engels describe sin asomo de ironía su agitación en Wuppertal, en una carta de febrero de 1845 a su amigo Marx. “La totalidad de Elberfeld y Barmen estaba representada [en las reuniones], exceptuando únicamente al proletariado.” Engels concluye orgullosamente que, al menos en Wuppertal, el comunismo es “una vérité ciertamente casi una fuerza ya”.[25]

Que Engels todavía no había aprendido su segunda lección del proletariado resulta claro también en La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra, donde concluye que el comunismo tendrá un efecto mitigante en la violencia de la lucha de clase proletaria, puesto que, “por su naturaleza, el comunismo está por encima de la contienda entre la burguesía y el proletariado”.[26]

El primer texto en el que Engels adopta una posición claramente proletaria y rompe decisivamente con el “socialismo auténtico” hegeliano izquierdista y feuerbachiano, es un artículo para el “Northern Star” cartista (Chartists) escrito en septiembre de 1845. La descripción de Engels del comunismo alemán ya ha cambiado considerablemente.

Es en el corazón mismo de nuestros trabajadores donde comenzará la acción revolucionaria en Alemania. Es cierto que hay entre nuestras clases medias un número considerable de republicanos, e incluso comunistas, y también hombres jóvenes que, si en este momento se produjera un estallido general, serían muy útiles para el movimiento; pero estos hombres son “bourgeois, perseguidores de ganancias, fabricantes de profesión; ¿y quién puede garantizar que no serán desmoralizados por su ocupación, por su posición social, que los obliga a vivir de la fatiga de otros, a engordar siendo sanguijuelas, “exploiteurs” de las clases trabajadoras?[27]

El artículo señala la importancia del papel de detonador de los tejedores de Silesia, quienes fueron seguidos con “paros” y “protestas parciales” por otros grupos de trabajadores. Lo que sucedió entre marzo y septiembre de 1845 fue que Engels encontró a Marx en Bruselas (en abril), y volvió con él a Inglaterra, donde sostuvieron discusiones con los cartistas y la rama inglesa de la emigrada Liga de los Justos alemana. De regreso en Bruselas en el otoño de 1845, Marx y Engels empezaron a trabajar juntos en La Ideología Alemana.

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LA RUTA DE MARX HACIA EL PROLETARIADO

Al igual que Engels, tampoco Marx nació siendo marxista, aunque esto se haya sugerido en muchos trabajos sobre el joven Marx, como una especie de versión secularizada de la inmaculada concepción. En su prólogo a Contribución a la Crítica de la Economía Política, Marx da una breve visión retrospectiva de su evolución intelectual. Menciona allí su experiencia periodística en la “Rheinische Zeitung”, donde por primera vez comenzó a estudiar las realidades económicas (la situación de los campesinos renanos, aunque aún no del proletariado), y donde también encontró “un eco filosóficamente débil del socialismo y comunismo franceses”, con los que él todavía no se identificaba. También se refiere a su Crítica de la Filosofía del Estado de Hegel como al primer trabajo en el que trató de resolver las cuestiones para las que eventualmente el materialismo histórico demostró ser la solución28

En la introducción publicada para esta Crítica, escrita entre fines de 1843 y principios de 1844, el proletariado es invocado como base material” de la revolución alemana. Los trabajadores son presentados allí como la solución para un problema ideológico de la filosofía de Feuerbach. Su vocación es la de ser el “elemento pasivo” necesario de la revolución alemana, su “corazón”, mientras que la filosofía sería el elemento activo, “la cabeza”.[29] Mucho más clara sería la violenta polémica de Marx en agosto de 1844 contra su antiguo colega Arnold Ruge, quien en un artículo para el Vorrts de París había disminuido la importancia del levantamiento de los tejedores de Silesia de junio de aquel año como un fenómeno local carente de significado político. Por su parte, Marx traza un colorido cuadro de los heroicos y conscientes obreros de Silesia. Y añade:

La única tarea de una mente cuidadosa y amante de la verdad con respecto al primer estallido de la rebelión de los obreros de Silesia no era la de representar el papel de maestro de escuela en los sucesos, sino más bien la de estudiar su carácter peculiar. Para esto último se precisa cierta agudeza científica y amor a la humanidad…”[30]

El levantamiento de los tejedores de Silesia representó una importante contribución al desarrollo teórico de Marx en el año crucial de 1844, a través de su relación personal con el movimiento de los trabajadores en París y sus profundas lecturas de literatura socialista tanto francesa como inglesa. La entusiasta y admirativa descripción de Marx de los tejedores de Silesia es igualada por un pasaje sobre el sentimiento colectivo y la nobleza humana de los obreros de París a los que Marx había llegado a conocer, un pasaje que reaparece en diferentes variantes en los Manuscritos Económico-Filosóficos, en una carta a Feuerbach y en La Sagrada Familia. Leemos en la carta a Feuerbach:

Sólo asistiendo a una de las asambleas de los owriers franceses se puede creer en la virginal frescura, la nobleza que prevalece entre estos hombres abrumados por el trabajo”.[31]

En París, Marx conoció el verdadero mundo social, que contrapone al espectral mundo ideológico de la “Sagrada familia” alemana en su polémica del otoño de 1844 contra sus antiguos amigos filósofos. Mientras que en los Manuscritos Económico-Filosóficos la discusión sobre el comunismo y las distintas tendencias comunistas es completamente filosófica, sin ninguna referencia a la lucha de clases de los trabajadores,[32] en La Sagrada Familia el proletariado tiene ya un papel mucho más explícito y concreto.

Pero estos obreros de masas, comunistas, que trabajan, por ejemplo en los talleres de Manchester y Lyon, no creen que puedan eliminar mediante el “pensamiento puro a sus amos industriales y su propia humillación práctica […] Saben que la propiedad, el capital, el dinero, el trabajo asalariado, etcétera, no son precisamente quimeras ideales de sus cerebros, sino creaciones muy prácticas y muy materiales de su autoenajenación, que sólo podrán ser superadas, asimismo, de un modo práctico y material.[33]

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LA NUEVA TEORÍA DE LA LUCHA DE CLASES REVOLUCIONARIA

Sin embargo, todavía faltaba un elemento crucial del marxismo, que Marx y Engels destilaron de su experiencia práctica: la lucha organizada y revolucionaria de la clase trabajadora. Esta fue su solución a la disputada cuestión de la estrategia debatida entre las distintas tendencias comunistas a principios de la década de 1840. Ya habían sido elaboradas dos concepciones rivales sobre la vía hacia el comunismo: la acción conspirativa a cargo de una sociedad secreta revolucionaria (la tradición de Babeuf y Blanqui, continuada por Weitling y la Liga de los Justos), y la simple educación y propaganda (Cabet y Dézamy, así como los antiguos utopistas y sus seguidores). Sólo en La ideología alemana articularon Marx y Engels por primera vez la vía de escape de este dilema, aunque la solución aparece ya anticipada en las fragmentarias Tesis sobre Feuerbach que bosquejó Marx en la primavera de 1845. La tercera tesis concluye:

La coincidencia del cambio de las circunstancias y de la actividad humana o autotransformación sólo puede ser concebida y entendida racionalmente como práctica revolucionaria.”[34]

El sentido de lo anterior es elaborado en el siguiente pasaje de La Ideología Alemana, que resume uno de los temas principales de la nueva concepción de la historia.

Tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que sólo podrán conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución; y que, por consiguiente, la revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que está hundida y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases.[35]

La Ideología Alemana constituye una ruptura respecto a muchas concepciones previas compartidas por Marx y Engels. Se hace mofa sarcástica de aquellos alemanes que lo juzgan todo de acuerdo a la “esencia del hombre”, y la hace el mismo escritor que año y medio antes había afirmado que:

La única liberación prácticamente posible de Alemania es la liberación desde el punto de vista de la teoría, que declara al hombre como la esencia suprema del hombre”.[36]

Y quien poco después había proclamado que el comunismo era la “verdadera apropiación de la esencia humana, por y para el hombre”.[37] Por su parte, Engels lanzaba sarcasmos contra los socialistas alemanes, el partido de “unos pocos pseudoeruditos”,[38] mientras que antes había declarado que tanto Marx como él mismo pertenecían a ese partido. Sin embargo, el camino recorrido por Marx y Engels se muestra quizá más claramente en su nueva concepción de las tareas teóricas a las que se enfrentaban. Ya no hablan de una alianza entre la filosofía y el proletariado, ni de la realización de una filosofía del hombre. La teoría tiene ahora un papel mucho más modesto: servir al proletariado clarificando los antagonismos de clases.

En la realidad, aparecen de una parte los verdaderos propietarios privados y de la otra los proletarios comunistas, carentes de toda propiedad. Esta contradicción se agudiza día tras día y empuja a la crisis. Por tanto, si los representantes teóricos de los proletarios quieren conseguir algo mediante sus actividades literarias, tienen que esforzarse ante todo en que sean eliminadas todas las frases que atenúen esta antítesis y que brindan, sobre todo, a los burgueses ocasión de acercarse a los comunistas, en aras de su seguridad y llevados de sus quimeras filantrópicas.[39]

Habiendo seguido el proceso en el que Marx y Engels aprendieron del proletariado, podemos ahora ver la opinión de Lenin sobre el papel de los representantes intelectuales de la teoría en una perspectiva más amplia. Marx y Engels, después de haber desaprendido su “ideología alemana”, pudieron contribuir al movimiento proletario con algo que incluso los mejores teóricos del propio proletariado, tales como el sastre alemán Willielm Weitling, no pudieron dar: una teoría científica de la historia y una estrategia revolucionaria basada en ella. Por eso fue que Marx y Engels recibieron el encargo, en 1847, de escribir tanto los estatutos de la Liga de Comunistas como su programa, el Manifiesto Comunista. Hay un aspecto más de la relación de Marx con la clase obrera que debe señalarse. Como comunistas revolucionarios, Marx y Engels se consagraron muy pronto a la actividad organizativa. Como preparación para un partido comunista en Alemania y para una especie de internacional comunista, empezaron a organizar, en 1846, una red de Comités Comunistas de Corresponsales, y un año después se unieron a la Liga de los Justos en su reorganización para formar la Liga de Comunistas. A su tiempo, las esperanzas revolucionarias de 1848 fueron aplastadas, y la Liga quedó destruida. Marx se dedicó al trabajo científico, Engels a tareas de oficina como empleado en la firma de su familia. Ambos siguieron escribiendo periodismo político, pero por lo demás quedaron absorbidos en sus esferas privadas.

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MARXISMO Y SOCIOLOGÍA

Este es un esquema que puede descubrirse también en la historia de la sociología burguesa. Tanto en Estados Unidos como en Francia, por ejemplo, hay muchos sociólogos prominentes que en su  –y a veces incluso más tarde– simpatizaron con el movimiento de los trabajadores, y en ocasiones hasta se afiliaron a él.[40] La decepción los hizo abandonarlo y se convirtieron en sociólogos influyentes. Lo que cuenta en el caso de Marx es que no siguió ese camino. El Capital no es simplemente una sólida obra económica. “Ciertamente es el más formidable proyectil disparado hasta ahora para darles a los burgueses (incluidos los propietarios de tierras) en la cabeza”, como el mismo Marx se lo describió a un amigo.[41] Incluso en los años de reacción, Marx mantuvo sus nexos con los charlistas y la Asociación Educativa de los trabajadores alemanes en Londres. Debido a esto fue invitado por los dirigentes sindicales ingleses a la asamblea que fundó la Primera Internacional, en 1864. En la dirección de la Internacional, Marx volvió a representar un papel central de organización, atrayendo más tarde también a Engels a esta tarea.

Tanto el marxismo como la sociología clásica son reflejos del capitalismo y la sociedad burguesa. Ambos expresan a su manera la desilusión respecto de la revolución burguesa, por mediación de una intelligentsia evolucionada. No obstante, ahí terminan las semejanzas y son superadas abrumadoramente por las diferencias. Por una parte, una intelligentsia académica sólidamente establecida, por la otra, una perseguida y exiliada. Por una parte, un apego básico a la burguesía y su sociedad, por la otra, una dedicación la revolución proletaria. No hay un solo sociólogo importante del mundo capitalista que, como sociólogo, haya formado parte de un movimiento obrero militante; cualesquiera que sean las diferencias que pueda haber entre los sociólogos, todos ellos tienen esto en común. Esta brecha fundamental entre el marxismo y la sociología académica es particularmente importante ahora que las ideas marxistas están siendo discutidas entre los sociólogos, y ahora que se está dando prioridad a las teorías de convergencia o interfertilización.[42] Ciertamente, esta diferencia de clase llega hasta las mismas raíces de la teoría social marxista.

No obstante, el siglo XX vio la aparición de un grupo de intelectuales que, tanto social como intelectualmente, eran los legítimos herederos de Marx y Engels y sus más cercanos camaradas; un grupo, consagrado a la lucha y no bohemio, que fue también perseguido y exiliado, cuyas perspectivas las formó también la experiencia combinada de capitalismo avanzando y revolución burguesa abortada, que formaron parte de la lucha de clases proletaria tanto en sus países de origen como en otros, y que consideraron las luchas internas y entre naciones desde una posición internacional: Lenin y los intelectuales bolcheviques.

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NOTAS:

[*] Publicado en “New Leff Review”, n.° 79, Londres, mayo-junio 1973. En Castellano: Cuadernos Políticos”, n.° 5, México, D.F., Jul-sept. 1975. Traducción Ana María Palos.

2 El siguiente análisis de las experiencias formativas de Marx y Engels está basado, primero, en sus propios escritos y, segundo, en sus biografías básicas, ante todo, la obra de Auguste Cornu, Carlos Marx-Federico Engels, que, en cuatro volúmenes, abarca el periodo que antecede e incluye La ideología alemana. La edición española comprende sólo los tres primeros volúmenes (Editoriales Platina y Stilcograf, Buenos Aires, 1965).

3 L. D. Eastos y K. H. Guddat (eds.), Writtings of the Young Marx on Philosophy and Society, pp. 212-13.

4 F. Engels Contribución a la historia de la Liga de los comunistas”, en C. Marx, F. Engels, Obras escogidas en dos tomos. Ed. Progreso, Moscú, 1971, t. II, p. 343 y p. 342.

5 Ibíd., p. 339.

6 Esta distinción es señalada por Marx en la Introducción a En torno a la crítica de la filosofía del derecho, de Hegel, y otros ensayos en C. Marx y F. Engels: La Sagrada Familia y otros escritos… Ed. Grijalbo, México, 2a. ed. 1967, pp. 14-15, y más ampliamente desarrolladas por Engels en su contribución a lo que sería el Manifiesto comunista, los Principios del comunismo.

7 Según Ryazanov (Marx y Engels. Cursos de marxismo. Ediciones de Cultura Popular, pp. 79 sig.), Marx y Engels incluso sobrevaloraron el potencial revolucionario de los demócratas burgueses en la revolución alemana de 1848, si bien muy pronto rectificaron este error. Véase La burguesía y la contrarrevolución y Mensaje del Comité Central a la Liga de los comunistas, en Marx- Engels, O. E., t. I. Respectó al ataque de Marx contra Lasalle por sus acercamientos a las fuerzas semifeudales alemanas, ver las cartas de Marx a Kugelmann del 23 de febrero de 1865 y a Schweitzer del 13 de octubre de 1868, en Carlos Marx y Federico Engels, Correspondencia (ed. en tres tomos), Ediciones de Cultura Popular, México, 1972, t. 2.

8 Georg Lukács: El joven Hegel. Ed. Grijalbo, México, 1963, cap. I, parte 1.

9The Status Quo in Germany”, Marx Engels Werke, Berlín, 1956-1964, Vol. 4, pp. 44-45. (Abreviado MEW).

10 F. Engels, “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana” en O.E., t. II, p. 400.

11 F. Engels, Prefacio a “La Guerra Campesina en Alemania”, O.E., t. I, p. 630

12 Ibíd., p. 630.

13 Engels, “Ludwig Feuerbach…”, op. cit., pp. 399-400.

14 K. Marx y F. Engels, La Ideología Alemana. Ed. Pueblos Unidos, 4a. ed. en castellano, Buenos Aires, 1973, p. 545.

15 He tomado esta caracterización de Hook, From Hegel to Marx, Ann Arbor 1966, p. 243.

16 F. Engels, “Principios del comunismo” en Escritos económicos varios. Ed. Grijalbo, 2a. ed., México, 1966, p. 150.

17 K. Marx y F. Engels, “Manifiesto del Partido Comunista”, O. E., t. I, p. 32.

18 Pronto justificaría Lenin, tanto en palabras como en hechos, esta referencia a Kautsky. Ver, por ejemplo, su «Prólogo a la recopliación doce años». Obras completas. Ed. Cartago, Buenos Aires, 1971, t. XIII. En un artículo de 1914, Lenin atacó violentamente a Trotsky por decir que «en nuestro país, el partido socialdemócrata prerrevolucionario era un partido obrero sólo por sus ideas y objetivos. En realidad, era una organización de la intelectualidad marxista que dirigía a la clase obrera que comenzaba a despertar». Lenin llamó a esto «

La vieja cantinela liberal y liquidacionista”, señaló las raíces de las huelgas de1895-96, y preguntó indignado si acaso “la intelectualidad dirigió a la clase obrera” en estas huelgas, en esta agitación económica y no económica». (El énfasis es de Lenin.) V. I. Lenin, “Ruptura de la unidad encubierta con clamores sobre la unidad», Obras completas, 2a. ed. Editorial Cartago, Buenos Aires, 1970, t. XXI, pp. 257-58.

19 V. I. Lenin, “¿Qué hacer?”, en Obras escogidas en 3 tomos. Ed. Progreso, Moscú, t, I, p. 149.

20 “German Socialism in Verse and Prose”, MEW,4, p. 207

21 Marx y Engels, “Manifiesto del Partido…”, op. cit., p. 47.

22 “Letters from Wuppertal”, MEW, t. 1, pp. 413-32.

23 “Domestic Crises”, MEW, t. 1, p. 460.

24 “Progress of Social Reform on the Continent2, New Moral World, 18 de noviembre de 1813. (Original inglés en Goldsmiths’ Library, Londres; traducción alemana en MEW. t. 1, p. 495.)

25 Engels a Marx, 22-26 de febrero de 1845, MEW, t. 27, p. 20.

26 F. Engels, La situación, de la clase obrera en Inglaterra, Editorial Futuro, Buenos Aires, 1965, p. 280.

27 “The Late Butchery in Leipzic – The German Working Men’s Movement”, Northern Star, 13 de septiembre de 1845. (Original inglés en British Museum, Londres, ligeramente corregido en cuanto a gramática; traducción alemana en MEW, t. 2, p. 560).

28 K. Marx, Prólogo de la «Contribución a la crítica de la economía política, Marx-Engels, O. E., t. 1, pp. 341-43.

29 K. Marx, Introducción a En torno a la crítica…”, pp. 11-15.

30 “Critical Notes on The King of Prussia and Social Reform”, Easton and Guddat (eds.) op. cit., pp. 353-54.

31 K. Marx a L. Feuerbach, 11 de agosto de 1844, MEW, 27, p. 426. Cf. C. Marx, “Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844”, en Escritos Económicos Varios, op. cit., pp. 96-97, y Marx y Engels, La Sagrada Familia, op. cit., p. 150. Arnold Ruge, colega de Marx entre los jóvenes hegelianos, veía con disgusto los contactos de Marx con el proletariado: Ver: M. Löwy, La teoría de la revolución en el joven Marx. Ed. Siglo XXI, México 1972, p. 114.

32 Manuscritos…”, pp. 80 y sig.

33 La Sagrada Familia, p. 118

34 K. Marx, Tesis sobre Feuerbach, O. E., t. II, p. 402.

35La ideología alemana”, p. 82

36 Introducción a En torno a la crítica…”, p. 15

37 “Manuscritos…”, p. 82

38 “La Ideología…, p. 559. Era únicamente a las mentes menores los jóvenes hegelianos, los posteriores “socialistas verdaderos”, a irnos Marx y Engels consideraban “pseudoeruditos”. Siempre reconocieron la solidez de las obras teológicas y filosóficas de Strauss, Bauer y Feuerbach. Sobre Bauer, por ejemplo, véase, de Engels, “Ludwig Feuerbach…”, p. 365.

39La Ideología Alemana”, p. 564

40 Seymour Lipset y Jean Duvignaut son dos ejemplos.

41 Marx a Becker, 17 de abril de 1867, MEW, t. 31, p. 541.

42 Véase por ejemplo A. Goulder, The Coming Crisis of Western Sociology, Londres, 1971.

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