Historia Política, Peronismo, Teoría Política

Acerca del Peronismo. Silvio Frondizi y Milciades Peña

Silvio Frondizi y colaboradores (entre ellos Mílcíades Peña) La Realidad Argentina.
Ensayo de Interpretación sociológica. Praxis. Buenos Aires. 1953

“…Cada estadio del desarrollo de las sociedades humanas presenta problemas concretos que éstas deben resolver para poder continuar su marcha ascendente; y cada región, país. etc. plantea a su vez, dentro del marco general, problemas específicos.Veamos brevemente cuáles son los que atañen a un país semicolonial como la Argentina. Para comprenderlos permítasenos una ojeada retrospectiva.

Al entrarse en el período de expansión industrial, el desarrollo técnico se inicia en Inglaterra, pasa al continente europeo en donde se destaca Alemania; de allí a Estados Unidos y luego al Japón. En esta forma se constituyen los grandes centros industriales del mundo, los que al resolver sus problemas económicos, dentro del sistema capitalista, resuelven también sus problemas sociales y políticos , realizando lo que se ha dado en llamar la revolución democrático burguesa, independencia nacional, reforma agraria, expansión industrial, democracia burguesa, etc.

Pero junto a estos centros, existe una enorme masa periférica, a la cual de acuerdo al primer “reparto” en la actividad productiva, le correspondió, por razones geográficas, económicas, históricas, etc. hacer de proveedores de materias primas. Al quedar relegadas en su desarrollo económico, no llegan a ellas los beneficios de la revolución democrático-burguesa. A los países de esta zona se les llama semicoloniales, coloniales, etc., según el grado de dependencia económica y política, en que se encuentran respecto a los otros, etc.

Como la humanidad progresa incesantemente también los países de estas zonas periféricas tratan de avanzar, pero al hacerlo enfrentan el problema en condiciones distintas a los de los países dominantes. En efecto, éstos realizaron su revolución democrático-burguesa en el período de expansión del capitalismo, aquéllos deben realizarla y superarla en el presente, es decir cuando el sistema capitalista ha entrado en crisis, en su fase declinante.

El problema consiste entonces en determinar cómo un país dependiente, en nuestro caso semicolonial, puede en la fase actual del mundo no sólo realizar su revolución democrático-burguesa, sino sobre todo continuar su marcha ascendente e incorporarse al desarrollo general con todas sus consecuencias…”

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Milciades PeñaHistoria del Pueblo Argentino -“Masas, Caudillos y Élites: la dependencia Argentina de Yrigoyen a Perón (1890-1955) y “El Peronismo selección de documentos para la historia, re-edición de la revista FICHAS de Investigación Económica y Social, editorial Fichas, segunda edición. Buenos Aires. 1973

“Revolución Peronista”?

El 15 de julio de 1955, dos meses antes del derrumbe, Perón irradió al país una extraña noticia: “la revolución peronista ha terminado“. En realidad no había existido nunca, salvo en el incesante parloteo de la propaganda totalitaria. El 15 de septiembre de 1955, como el 3 de junio de 1943, la República Argentina seguía siendo un país atrasado y semi-colonial, dominado por una burguesía terrateniente e industrial trustificada entre sí, con el capital financiero internacional, con la trascendental variante de que la vieja metrópoli británica había disminuido su participación y Norteamérica aumentado la suya. Y, a diferencia de lo que ocurría en 1943, el país estaba iniciando un nuevo ciclo de endeudamiento masivo al capital financiero internacional.

Sindicalización masiva e integral del proletariado fabril y de los trabajadores asalariados en general. Democratización de las relaciones obrero-patronales en los sitios de trabajo y en las tratativas ante el Estado. Treinta y tres por ciento de aumento en la participación de los asalariados en el ingreso nacional. A eso se redujo toda la “revolución peronista”.”

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Silvio Frondizi (MIR – Praxis. 1959) reportaje preparado por Carlos Strasser para el libro: Las izquierdas en el proceso político argentino. Colección Agramante, dirigida por Gregorio Selser. Editorial Palestra. Argentina. 1959.

“…Para nosotros, el peronismo ha sido la tentativa más importante y la última, de realización de la revolución democrático burguesa en la Argentina, cuyo fracaso se debe a la incapacidad de la burguesía nacional para cumplir con dicha tarea.[…]

“…el peronismo ha llegado a representar a la burguesía Argentina en general, sin que pueda decirse que ha representado de manera exclusiva a uno de sus sectores -industriales o terratenientes-. Dicha representación ha sido directa, peroejercida a través de una acción burocrática que lo independizóparcial y momentáneamente de dicha burguesía. Ello le permitió canalizar en un sentido favorable a la supervivencia del sistema, la presión de las masas, mediante algunas concesiones determinadas por la propia imposición popular, la excepcional situación comercial y financiera del país, y las necesidades demagógicas del régimen…”

“… cierto bonapartismo internacional -correlativo al que se practicó en el orden nacional-, y engendró en casi todas las corrientes políticas del país grandes ilusiones sobre las posibilidades de independencia económica y de revolución nacional.”

El resultado de tal balance es la entrega del capitalismo nacional al imperialismo, a través de su personero gubernamental, el peronismo. […] su aspecto político, el rasgo fundamental del peronismo estuvo dado por su aspiración de desarrollar y canalizar simultáneamente la creciente presión del proletariado, en beneficio del grupo dirigente primero y de las clases explotadoras luego.

De aquí que nosotros hayamos calificado al peronismo como Bonapartismo esto es, una forma intermedia, especialísima de ordenamiento político, aplicable a un momento en que la tensión social no hace necesario aún el empleo de la violencia, que mediante el control del aparato estatal tiende a conciliar las clases antagónicas a través de un gobierno de aparente equidistancia, pero siempre en beneficio de una de ellas, en nuestro caso la burguesía.[…]

Se pretendió solucionar el problema de la energía en general y del petróleo en particular, pero sin atacar las cuestiones de fondo.

Se tomaron una serie de medidas favorables a la industria y se apoyaron los rudimentos de una industria pesada estatizada, heredados del gobierno precedente, aumentando la participación estatal en la industria. La intervención directa en del Estado en la industria tuvo una doble finalidad: tomar a su cargo tareas económicas que la endeble burguesía nacional no era capaz de realizar por sí sola y proporcionar a la burocracia bonapartista un nuevo resorte de poder y una importante fuente adicional de beneficios. La generosidad del crédito estatal fue otra de las formas de favorecer al capitalismo nativo-extranjero.

“…El mantenimiento de un grado apreciable de paz social ha sido una de las contribuciones más importantes del Estado Peronista a la prosperidad de la burguesía agro industrial Argentina durante el primer período de expansión. La propia prosperidad general fue factor fundamental en la atenuación transitoria de las luchas clasistas Argentinas. A ello se agregó la acción del Estado, que por un lado promovía una política de altos salarios, a la vez que subsidiaba a las grandes empresas para evitar que éstas elevaran exageradamente sus precios, y por otra parte encerraba a los trabajadores en un flexible pero sólido y eficiente mecanismo de estatización sindical.[…]

“…El proceso demagógico presenta algunos resultados beneficiosos, particularmente en el orden social y político al apoyarse en el pueblo, desarrolla la conciencia de clase política del obrero. Creemos que el aspecto positivo fundamental del peronismo está dado por la incorporación de la masa a la vida política activa.

“…no fueron los rasgos negativos del peronismo los que verdaderamente separaban a la “oposición democrática”, como se ha visto después: el aventurerismo y la corrupción política, administrativa, etc., la “pornocracia”; la legislación represiva hoy en vigor con más fuerza que nunca, etc. Así mismo con la caída de Perón no se trató de corregir sus defectos, sino terminar con los “excesos” de sus demagogismos, demasiado peligroso ya en un período de contracción económica. El Golpe de Estado de 1955 cumple ese objetivo del gran capital nativo-extranjero.”

“…porque creyó en la posibilidad de la independencia económica y política dentro de un mundo capitalista, sin ver el problema de la integración imperialista de éste en manos de los EE.UU., que conduce al fracaso de la revoluciones nacional-burguesa. Además, el radicalismo, huérfano de apoyo popular, siempre lo ha buscado en los elementos de fuerza de la sociedad Argentina: el imperialismo, la burguesía nacional, las Fuerzas Armadas y La Iglesia.[…]

En cuanto al aspecto político del problema, no tenemos más que repetir lo que decíamos en 1953: “La posición pequeño burguesa comprende una extensa gama que abarca desde el auténtico liberal al racista declarado. Podemos agregar aquí que, en lo que se refiere al político profesional tiene de todo ello; por regla general va perdiendo su liberalismo a medida que se aproxima a la función pública que le impone una posición concreta frente a la realidad capitalista. Entonces el centrista, que es un derechista vergonzante, debe mostrar la cara”.

El problema […] referente a las diferencias entre el imperialismo inglés y el norteamericano y a la posibilidad de que éste último pueda ayudar al desarrollo industrial y económico general del país, se resuelve claramente aplicando la teoría de la integración mundial capitalista formulada por nosotros en 1946.

Las nuevas condiciones que explican la transformación de la política mundial del capitalismo son fundamentalmente las siguientes. Ante todo, el enorme desarrollo de las fuerzas productivas mundiales y la consiguiente interdependencia económica.

Debemos agregar la enorme intensidad alcanzada por las contradicciones internasen los países capitalistas, especialmente en los EE.UU. (Nota: *en ese contexto histórico de expansión industrial capitalista, las metrópolis imperiales exportaron la contradicción exportando la explotación, y la guerra)

Otra condición está dada por la franca ruptura del equilibrio entre las principales potencias capitalistas, equilibrio que era uno de los fundamentos del período anterior, y cuya ruptura es consecuencia de la ley del desarrollo desigual de las potencias que integran el sistema. Esta desigualdad en el desarrollo, permite al capitalismo realizar su postrero avance por medio de la potencia directora, EE.UU., y en su propio beneficio. Así como la dinámica interna del sistema tendió en un momento dado a integrar la producción en el orden nacional, podríamos decir a socializarla, a través de la división del trabajo, hoy tiende por gravitación natural a realizar dicha integración en el plano internacional.

Esta tentativa no es la primera, pues su objetivo siempre constituyó el sueño dorado de las potencias capitalistas. Lo único nuevo está dado por las condiciones históricas actuales, favorables para llevar una potencia al dominio del mundo capitalista.

Para ello es necesario someter a revisión el principio de soberanía y modificar la política seguida con las demás potencias.[…] tendiente a estimular cierto desarrollo industrial de las potencias menores. Por supuesto que este desarrollo tiene límites perfectamente claros, fijados por el interés del país director. De aquí que la industrialización de los países coloniales y semicoloniales, se produzca de acuerdo a un plan de división del trabajo impuesto, y se refiera a productos que no significan una competencia seria con la del país imperialista. Por ello, en casi todos los casos, se excluye la industria pesada.

Esta nueva orientación, ajustada a las necesidades de la situación presente del capitalismo, exige la modificación del actual sistema colonial, es decir, la sustitución de un sistema colonial, por otro sistema colonial, en el que el país dominante cede aparentementeen un aspecto -en el político- para ganar en otro-el económico-.La anterior política colonial, seguida en general por todas las potencias capitalistas y especialmente por Inglaterra, se basaba más que nada en su limitada capacidad económica y en la falta de desarrollo de los movimientos nacionales de las colonias.

La situación actual se ha modificado; por un lado, Estados Unidos ha adquirido una actividad financiera y técnica extraordinaria, y por el otro, el grado de madurez alcanzado por los países sojuzgados no permite continuar con la vieja política colonial y obliga a someterla a revisión para colocarla sobre nuevas bases.

Íntimamente unida al problema de la política colonial seguida hasta el presente, se encuentra nuestra afirmación de que al integrar un frente mundial capitalista se atenúa la contradicción entre el capital imperialista y el capital nacional, por el dominio del primero sobre el segundo. En consecuencia, se atenúan las diferencias nacionales, se universaliza la situación política, y queda señalada cuál debe ser la posición de las fuerzas de izquierda: integrar un frente mundial y lanzarse a la batalla definitiva; y más particularmente para el caso argentino, queda invalidado el argumento de la necesidad de que nuestro país cumpla la llamada revolución democrático-burguesa. Los intentos frustrados del Peronismo y el actual gobierno prueban esta última afirmación.

Examinemos ahora otra fase de la nueva situación imperialista. Al iniciar el examen de la integración, partimos del carácter auto contradictorio del capitalismo. Pues bien, este carácter explica que las fuerzas integradoras actúen también como fuerzas desintegradoras, las que en última instancia habrán de prevalecer si perdura el sistema. Porque si bien el capitalismo tiene la virtud de tender siempre a la expansión económica destruyendo todas las barreras que se le oponen, todos los aislamientos, realiza esta tarea de acuerdo a su propia dinámica interna, es decir, desarrollando sus propias contradicciones y destruyendo en parte su tarea de avance.” […]

”..La toma del poder por el proletariado con la colaboración de los demás elementos sociales tratados, produce un salto cualitativo. Aunque esta opinión es suficientemente clara, no siempre es bien comprendida, por la deformación social, intelectual y moral realizada a través de toda suerte de propaganda que empieza en la escuela primaria y acompaña al individuo durante toda su vida. De aquí que, cuando se piensa sobre las posibilidades y consecuencias de un cambio social, se lo hace dentro de los viejos moldes mentales y de acuerdo a las acostumbradas posibilidades. Y no es así : la toma del poder por el proletariado produce un salto cualitativo que abre inmensas posibilidades, no dadas en la formación anterior.

La clase obrera puede realizar dicha transformación gracias a su mayor independencia frente a la deformación producida por la sociedad capitalista. Por otra parte, el proletariado, al no compartir ciertas ventajas de la sociedad burguesa, tiene la suerte de no compartir muchas de sus deformaciones; tal es el caso de los convencionalismos sociales, que por ejemplo, aplastan la vida de la pequeña burguesía.

Debemos indicar un elemento más: la tremenda y creciente alineación sufrida por los trabajadores bajo el capitalismo, crea en ellos una legítima y a menudo inconsciente resistencia a todo posible esfuerzo productivo o creador, aun cuando ello implique mejoras inmediatas.

La transición a la nueva sociedad socialista encierra un problema importante, porque es evidente que en el país no se han cumplido todos los aspectos de la revolución democrático-burguesa.

Establecida esta conclusión, y la de que la burguesía ha caducado como fuerza capaz de realizarla y que es el proletariado como fuerza rectora el que debe encargarse de esta misión, el problema se resuelve pensando que ya no se trata de realizar la revolución democrático-burguesa como etapa cerrada en sí misma, como fin, sino de realizar tareas democrático-burguesas en la marcha de la revolución socialista.

Entre esas tareas inmediatas figura: la lucha contra el imperialismo , que sólo puede ser realizada por un partido marxista revolucionario que se fundamente en las masas. Además, será necesario resolver los graves problemas que impiden el desarrollo industrial y agrario del país. En el primer aspecto, deberán colocarse las grandes fuentes de producción en manos de la colectividad, dando en esta forma poderoso impulso a la acumulación económica. En el otro aspecto, el agrario, las fuerzas socialistas deberán realizar, no ya un paso o un salto adelante, sino la revolución agraria integral, cuya primera manifestación es la nacionalización de los latifundios. Esta nacionalización deberá realizarse, no para distribuirlos en forma de pequeña propiedad, sino para ser colectivizados, medida que permitirá, entre muchas otras cosas, el empleo masivo de la maquinaria agrícola.

Por supuesto, para la realización de tales tareas se requiere de un cambio cualitativo en el aparato estatal. Esta no podrá estar en manos de un sector privilegiado de la sociedad, sino en manos de la colectividad social como tal; en otras palabras, implica el cambio del Estado por la Comunidad.

Solamente una organización socialista podrá resolver el problema de la libertad de conciencia, separando efectivamente la Iglesia del Estado, impidiendo que los intereses confesionales se entrometan, como lo pretenden, en los problemas políticos-sociales, en una tentativa de imposible regresión a la Edad Media.

En fin, la organización socialista de la sociedad es la única que puede asegurar al hombre su libertad, que no ha podido ser dada por los partidos tradicionales, ni al país ni a sus propias organizaciones. Para ello la nueva fuerza tendrá que asegurar al hombre la libertad política y espiritual. Pero la revolución socialista tiene un sentido más, que es su internacionalización. Esto es importante porque distintas tendencias de izquierda propugnan aparentemente lo mismo, pero en realidad con un contenido y resultado totalmente distintos.

En efecto, los representantes de las corrientes pequeño-burguesas, ya sea en el campo burgués o en el marxista, sostienen también la tesis de la integración latinoamericana. El problema se circunscribe a saber si tal tarea puede ser realizada por las burguesías nacionales o por el contrario es tarea que cabe exclusivamente a las fuerzas que actúan en la revolución socialista. Sostenemos la última alternativa, dado que: desde el punto de vista general, las burguesías nacionales son, por definición, nacionales y han nacido, vivirán y morirán como tales.

Y esto es tanto más válido en nuestra época, en que las burguesías para poder sobrevivir, deben luchar a dentelladas entre ellas. A esta acción disociadora debe agregarse la función disolvente del imperialismo, creando o avivando antagonismos. Además de lo dicho, podría agregarse al aspecto histórico, es decir, la no realización de ninguna unidad internacional en manos de la burguesía, dado su carácter fundamentalmente competitivo. La única posibilidad de realizar la unidad latinoamericana está dada por la toma del poder por las fuerzas socialistas. […]

En cualquier forma nuestro país tiene una tarea importante y decisiva que cumplir: la consolidación de la revolución socialista latinoamericana se producirá, en efecto, con la revolución Argentina. Esto será así, por el poderoso desarrollo relativo y el consiguiente peso específico que hemos adquirido en todos los órdenes de la actividad económica, ideológica, etc. En este orden de ideas, piénsese solamente en lo que significarán las vastas praderas argentinas, junto con las zonas montañosas ricas en yacimientos minerales de Brasil, Chile, Bolivia, Perú, etc., y se tendrá una idea de las enormes posibilidades que tiene esta parte del mundo para realizar una integración de carácter económico. Y decimos integración, porque, al quedar suprimida la competencia, tiende a ir dejando de funcionar la ley del desarrollo combinado. Dicha integración económica centuplicará las fuerzas originales de los países que la realizarán. […]

Hay otro elemento más, también debe considerarse. La participación de individuos o de partidos de izquierda en movimientos o gobiernos de contenido burgués, acarrean el desprestigio y la impopularidad de aquellos, que cargan con todas las culpas a los ojos de las masas.[…]

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