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PANDEMIA: CUARENTENA Y MILITARIZACIÓN. DISCIPLINAMIENTO, CONTRAINSURGENCIA Y DESTRUCCIÓN DE FUERZA PRODUCTIVA COMO CONTRAMEDIDAS DEL CAPITAL IMPERIALISTA

15 de marzo, 2020

«Todo poder es una conspiración permanente»
Honoré de Balzac

«los muertos no tienen derechos humanos…»
Frase célebre de los dictadores fascistas de América latina

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coronovirus

Un pastor evangélico apocalíptico surcoreano; un grupo no identificado de turistas en un crucero; un ministro fascista brasileño y la mafia italiana, como vectores de una enfermedad patentada como arma biotecnológica.

Un laboratorio de experimentación biogenética, los megamagnates de las tecnologías, los plutócratas y una disputa brutal entre burguesías transnacionalizadas. Y de mar de fondo, una enorme agitación mundial solo comparable a un clima de 68’ global, son protagonistas centrales de un escenario donde queda en evidencia la necesidad del capital de militarizar la política contrainsurgente a escala global. Eliminar “población sobrante”, paralizar la movilización de las clases medias proletarizadas y envejecidas de Europa, y destruir “fuerza productiva” poco rentable.

Se trata de un ejercicio global de “caos constructivo” o “caos controlado”, dentro de una estrategia global de militarización de la política, como respuesta a la que el Pentágono considera una amenaza irresoluble por medios convencionales, la influencia de la alianza Rusia-China-Irán, en regiones que el gobierno neofascista de Trump considera sus zonas de influencia exclusiva.

En un sistema cerrado, se introduce de pronto una variable “no prevista” o “poco probable”, se pone así en tensión todo el sistema en un momento de convulsión radical a escala planetaria.

En cierta medida es también una respuesta a lo que la élite de Washington considera una amenaza económica y “militar” nunca antes enfrentada: nos referimos a la nueva tecnología de armas rusa y al imparable ascenso de las manufacturas chinas en todos los mercados del mundo.

Como nunca antes desde los 68’s, frente a la ofensiva neofascista global, se alza un enorme y multifacético movimiento contracultural mundial de amplio rango y que en todos los casos, desde Chile a Palestina, desde la India a París, desde Líbano, Irán ,Venezuela e incluso en USA, expresa una profundísima “crisis del sentido común” entre las clases dominadas, una crisis del discurso monetarista, la desestabilización de la políticas extractivistas y el auge de la especulación financiera liderado a escala mundial por los laboratorios de guerra del entramado de corporaciones del complejo militar-industrial tecnológico y farmacéutico con epicentro en USA, (y su proyecto transhumanista), instrumentado a través de los organismos de “crédito” multinacionales, la banca privada, las agencias aseguradoras, los aparatos culturales y sus medios de propaganda política-ideológica.

Consideramos entonces que no solo se intenta un golpe de efecto contra la economía china y sus ámbitos de influencia, sino de un ejercicio global en el marco de una estrategia de shock-reordenamiento en el terreno de batalla: de la guerra de comunicados a la guerra diplomática, y de la guerra ‘político-comercial’ a la guerra de posiciones, disciplinamiento, militarización y control social nunca antes vistos.

Hasta aquí nuestro análisis ante las evidencias. A continuación algunos reportes de prensa:

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MADURO: EL CORONAVIRUS PUEDE SER UNA CEPA CREADA PARA LA GUERRA BIOLÓGICA CONTRA CHINA

29 de febrero, 2019

El Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anuncia que pronto se conocerán las medidas y se iniciará una campaña preventiva para preparar a la población ante el coronavirus Covid-19 en Venezuela. Opina que el coronavirus “puede ser una cepa creada para la guerra biológica contra China. Ya son muchos los elementos que se ven en el análisis mundial, ¡y hay que alzar la voz, llamar la atención y tocar la campana! ¡Alerta! Que no sea el coronavirus un arma de guerra que se esté utilizando contra China y contra los pueblos del mundo en general”.

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CHINA ACUSA AL EJÉRCITO DE ESTADOS UNIDOS  DE INTRODUCIR EL CORONAVIRUS EN EL PAÍS

13 marzo, 2020

Al Manar Tv | Líbano

“Pudo haber sido el ejército estadounidense el que trajo la epidemia a Wuhan. ¡Séd transparentes! ¡Haced públicos vuestros datos! ¡EE.UU., nos debe una explicación!”.

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, escribió en su cuenta de Twitter el jueves 12 de marzo que el ejército estadounidense habría introducido el coronavirus en la ciudad china de Wuhan, desde donde el virus comenzó a extenderse, primero en China y luego a una gran cantidad de países.

“Pudo haber sido el ejército estadounidense el que trajo la epidemia a Wuhan. ¡Séd transparentes! ¡Haced públicos vuestros datos! ¡EE.UU. nos debe una explicación!”, Zhao tuiteó en inglés, un mensaje que fue recogido rápidamente el jueves 12 de marzo por la agencia de noticias Reuters.

Este comunicado alimenta aún más los rumores y las teorías de que EE.UU., es responsable de la propagación de este virus en China, lo que frena el crecimiento económico del país y limita la influencia de sus compañías en el extranjero.

El 27 de febrero, Zhong Nashan, científico chino y asesor del gobierno en la lucha contra el virus, sugirió lo siguiente:

“Aunque COVID-19 se descubrió por primera vez en China, esto no significa que proceda de China”.

Esta semana, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China criticó al secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, por llamar al coronavirus “el virus de Wuhan”, señalando que las declaraciones de este último contradicen los hallazgos de la Organización Mundial de la Salud.

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CORONAVIRUS, ¿OTRA ACCIÓN DE TERRORISMO BIOLÓGICO?

Granma, 11 marzo 2020.

«¿No es muy sospechoso que haya aparecido el coronavirus en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a lo que muchos ya consideran la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio del mal liderado por Trump?».

Un artículo publicado en su blog personal por el periodista español Patricio Montesinos maneja la teoría de que el coronavirus pueda ser un germen creado en laboratorios de Estados Unidos, como arma bacteriológica de la guerra comercial desatada por Washington contra China.

Según reseña el texto reproducido en Rebelión, varias declaraciones recientes de altos cargos de la Casa Blanca y una cada vez más intensa campaña mediática internacional antichina, alimentan la hipótesis de que la administración del presidente Donald Trump pudiera ser la responsable de la epidemia aparecida a finales de diciembre de 2019, en la ciudad de Wuhan.

Montesinos hace alusión a lo manifestado el 31 de enero por el Secretario de Comercio Wilbur Ross, quien afirmó: «el brote de coronavirus que ha contagiado a miles de personas podría impulsar la economía estadounidense». Pero el alto funcionario fue más allá al aseverar que «ayudará a acelerar el regreso de empleos a Norteamérica».

Tales afirmaciones de Ross siguieron a otras del secretario de Estado Mike Pompeo, quien en medio de la emergencia que vive el mundo por la referida enfermedad identificó a China como una amenaza a los principios democráticos internacionales.

A lo anterior se suma el silencio cómplice de los grandes medios de información que omiten mencionar los ingentes esfuerzos desplegados por las autoridades del país asiático para controlar la expansión de la epidemia, entre los cuales resalta la construcción en tiempo récord de dos grandes hospitales destinados a brindar asistencia médica de máxima calidad a los enfermos y la búsqueda de efectivos fármacos que puedan curar la dolencia.

Plantea el periodista en su escrito que aunque se haya tratado de esconder, el mundo conoce bien cómo sucesivas administraciones de Estados Unidos acudieron a la guerra biológica para derrocar gobiernos considerados adversos, desatar conflictos entre naciones y exterminar poblaciones. (…)

No existen evidencias en este momento de que el coronavirus forme parte de una acción terrorista biológica de Estados Unidos, pero la práctica de ese país y las declaraciones de algunos de sus más altos funcionarios lleva al periodista Patricio Montesinos en su enjundioso artículo a preguntarse: «¿No es muy sospechoso que haya aparecido el coronavirus en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a lo que muchos ya consideran la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio del mal liderado por Trump?».

En contexto

  • Más de 31.400 casos de infectados con el coronavirus existen en el mundo, de acuerdo con un reporte ayer de la Organización Mundial de la Salud (oms), y de ellos más de 31 200 en China.
  • El brote se encuentra ya en 25 países y han fallecido 638 personas, de las cuales solo una se registró fuera del gigante asiático.
  • Ningún país de América Latina figura aún en el mapa de distribución del coronavirus elaborado por la oms, aunque se comprobó el contagio de un ciudadano argentino que viajaba en un crucero retenido en Japón.
  • Hasta el momento los médicos chinos han salvado 1 540 personas, de acuerdo con un reporte del Diario del Pueblo.
  • El Diario del Pueblo divulgó que el presidente de China, Xi Jinping, dialogó telefónicamente este viernes con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, pidiendo cordura en la atmósfera internacional mediática, donde deliberadamente se exponen cifras y datos sin contrastar, que transmiten una imagen de que la nación asiática no hace lo suficiente para contrarrestar la epidemia.
  • Durante la 146 sesión del Consejo Ejecutivo de la oms, celebrada el 4 de febrero, el director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, elogió a China por las fuertes medidas y la celeridad en el enfrentamiento.
  • Coronavirus: la excusa para la vacuna que alterará nuestro ADN para siempre

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LA NUEVA GENERACIÓN DE ‘VACUNAS GENÉTICAS’ YA ESTÁ LISTA Y PREPARADA PARA SER INOCULADA EN LA POBLACIÓN MUNDIAL

Resumen Latinoamericano , 11 marzo 2020

La vacuna clásica consistía en inyectar una porción debilitada de un virus en una persona, para estimular así su sistema inmune. Sin embargo, esto ha cambiado radicalmente: la nueva generación de vacunas genéticas inyectarán genes sintéticos, moléculas de ADN artificiales que modificarán la estructura del ADN de nuestros cuerpos, con las consecuencias imprevisibles a largo plazo que ello conlleva.

La empresa de ingeniería genética Greffex, financiada por el departamento de salud de los Estados Unidos, ya tiene lista su vacuna genética experimental contra el coronavirus.

Reconocen que para ello no han utilizado ninguna porción del mediático coronavirus (sic). Han creado un “compuesto artificial” que se añadirá al ADN del huésped y que así ,según ellos, logrará la inmunidad contra el coronavirus de Wuhan.

Modificación directa del ADN del paciente

La primera empresa de ingeniería genética que anunció la producción de una vacuna contra el coronavirus recibió justo tres meses antes de la pandemia una millonaria subvención del gobierno estadounidense para el desarrollo de su programa de vacunas genéticas contra “amenazas bioterroristas”.

¿Es la mediática “amenaza del coronavirus” global, un caballo de Troya para que la población acepte voluntariamente la modificación genética de sus cuerpos con este tipo de vacunas de última generación (vacunas que ni siquiera en su labor terapéutica utilizan el virus del cual dicen inmunizar)?.

¿Qué tipo de ADN sintético tratan de introducir en nuestro organismo y para qué fines?.

Los expertos son unánimes. La modificación del ser humano mediante las vacunas genéticas tiene consecuencias imprevisibles no estudiadas ni a mediano ni a largo plazo.

Simplemente se está desarrollando todo un campo genético de aplicación para toda la humanidad cuyas consecuencias solo son previsibles para la élite que maneja a todas las instituciones de salud globales y nacionales.

Una auténtica ruleta genética para todos

Esa es la verdad y el coronavirus “de Troya” puede ser la excusa para empezar una modificación a gran escala del ADN de los seres humanos, para ser así mucho más predecibles y manejables por la élite en el poder.

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CORONAVIRUS. BANDERAS ROJAS CONTRA EL VIRUS DEL CAPITALISMO

Por Geraldina Colotti, Resumen Latinoamericano, 14 marzo 2020.

Rapidez, eficiencia, solidaridad. Este es el mensaje que viene de China y Cuba a una Europa en plena crisis sanitaria debido a la propagación del coronavirus. Una pandemia que se ha extendido a más de 110 países, afecta a más de 140.000 personas y ya ha causado más de 5.000 víctimas. Cifras que, en los países europeos, aumentan cada día, en comparación con los resultados obtenidos por China. Con más de 15.000 infectados y más de 1.000 muertos, Italia está ahora en primer lugar.

Detrás de los 9 médicos chinos, que aterrizaron en Roma en estos días para brindar apoyo a sus colegas italianos, destacaba su gran bandera roja: la bandera de un país que ha podido guiar a un pueblo hacia grandes ideales, y que, a pesar de las condiciones cambiantes, continúa a orientarlo para que se mueva con generosidad y disciplina.

Y desde la Cuba socialista, bloqueada por medio siglo de medidas coercitivas y unilaterales, llegó la oferta de un medicamento, ya probado con éxito en los enfermos, que en los países capitalistas cuesta un montón de dinero pero en Cuba es gratuito. Un reflejo que, en la tierra natal de Fidel, se produce frente a una catástrofe que ocurre en cualquier parte del mundo.

Desastres que, como en el caso de Haití o el huracán Katrina, o Puerto Rico, golpean a los sectores más débiles de la población y se convierten en una prueba más de esa gigantesca guerra contra los pobres en curso en la globalización capitalista, y que ya casi no encuentra barreras después de la caída de la Unión Soviética.

Ahorita, llega un mensaje evidente de lo que se podría hacer en una sociedad construida para el bien común. En una Europa de los poderosos, que ha impuesto feroces recortes en las políticas públicas para engordar a las multinacionales, a los bancos, al complejo militar-industrial, las personas mueren de trabajo incluso en tiempos de coronavirus.

Si las medidas drásticas para contener la pandemia se retrasaron, también se debió a la oposición de las grandes asociaciones de emprendedores y comerciantes. El brote del virus es, de hecho, precisamente en las regiones ricas del norte, gobernadas principalmente por la derecha xenófoba que en los últimos años ha clamado por políticas económicas de «apartheid» hacia las regiones pobres del sur. Y ahora se ven obligadas a buscar ayuda del gobierno central.

«Quédese en casa, nos dicen ahora, evite el transporte público y mantenga su distancia». Lástima que la mayoría de los trabajadores deben continuar ganando su pan y, a menudo, en ausencia de garantías adecuadas para la emergencia; que las enfermeras son pocas y mal pagadas; que faltan camas porque la salud pública ha sido desmantelada en beneficio del sector privado; que a graduarse en medicina son en su mayoría hijos de familias ricas; que por alquileres demasiado altos los pobres viven amontonados en la casa de sus abuelos; que las cárceles son superpobladas …

Frente a la anarquía del capitalismo, la necesidad de una planificación basada en una distribución efectiva de los recursos es el primer dato sobre el que debe reflexionar esta izquierda de Europa, que, con su desinversión, ha nutrido las fauces de esas 60 familias que poseen la riqueza del planeta y a la que nadie parece querer pedirle cuentas.

Las tímidas medidas de emergencia, adoptadas por el gobierno italiano después de la vacilación y la confusión, de hecho, muestran la dirección a seguir para los cambios estructurales necesarios: contra las jaulas impuestas por Europa, por los impresarios y por ese complejo militar-industrial liderado por la OTAN, listos para enviar las armas pero no medicinas.

Las maniobras masivas de la OTAN en Europa, las más importantes durante 25 años, no se detendrán. El virus solo redujo un poco el ejercicio Defender Europa 20, que involucra a 37.000 militares, pero la participación de Italia ya no será tan grande.

En este sentido, la explosión del coronavirus muestra la profunda debilidad que enfrentan los movimientos populares en Europa. Tanto es así que, paradójicamente, es precisamente la extrema derecha, una parte activa en la destrucción de los derechos de las clases populares, la que grita más fuerte, tratando de sortear la situación, colocando trampas y objetivos falsos.

A lo largo de la historia, los marxistas siempre han tratado de transformar guerras, crisis y pandemias en ocasiones revolucionarias. Lamentablemente, sin embargo, hace tiempo que falta una subjetividad revolucionaria organizada en Europa, capaz de guiar a las masas en esta ocasión. Una realidad aún más complicada por la necesidad de contener el virus aislándose de otros seres humanos.

Sin embargo, en una realidad cada vez más influenciada por las redes sociales, ha llegado el momento de dar forma a las energías latentes, también puestas en marcha por esta crisis, adaptándolas para nuevos planes de acción y nuevos escenarios. Mientras tanto, existe un plan de defensa inmediato, junto con aquellos pueblos que, como Venezuela y Cuba, sufren por causa del contagio y por las medidas coercitivas unilaterales impuestas por el imperialismo estadounidense.

Sanciones aún más criminales por las consecuencias que pueden resultar ahorita si al gobierno bolivariano se le impide comprar medicamentos, alimentos y productos de higiene, si el sabotaje y el robo realizado en Venezuela por la pandilla de Guaidó continúa siendo fomentado.

Incluso en Italia ya no hay desinfectantes y máscaras en los supermercados, o estos productos se venden a precios especulativos o en el mercado negro. Debido al proceso de desindustrialización creciente, solo hay una fábrica que produce la maquinaria necesaria para cuidados intensivos.

Mientras tanto, esta podría ser una oportunidad para comprender lo que el pueblo venezolano está experimentando también debido a aquellos países de Europa que han dado cuerda a un estafador como el autoproclamado «presidente interino», Juan Guaidó, a quien incluso le gustaría el «bloqueo naval» de su país por los Estados Unidos. Una oportunidad para decir No a las sanciones, sí a la lucha contra un enemigo común.

Para explicar el origen de Covit-19, los científicos dicen que algunos virus que residen en los organismos de algunas especies de animales salvajes, como en este caso los murciélagos, sin causarles ningún daño, comienzan a migrar a los humanos más rápido. Un fenómeno que ha existido desde los albores del tiempo, pero que, desde mediados del siglo pasado, se ha acelerado por varias razones: debido a la proximidad excesiva entre estos animales, cuyo hábitat ha sido destruido por los procesos de deforestación y cementación, y humana; debido al aumento gigantesco de la población, la velocidad a la cual las masas de personas se mueven de un continente a otro; debido al cambio climático y la agricultura intensiva.

En el caso del coronavirus, se habló de una sopa de murciélago ingerida en una remota región de China, Wuhan. A los murciélagos también se atribuyeron la infección por el virus del Ébola, que estalló en África occidental, y a la causada por la Sars, que se transmitió a la especie humana a través de la civeta, que se vende en China en los mercados. La venta ilegal o permitida de animales salvajes es, de hecho, otro factor en la propagación de estos patógenos.

Datos científicos para leer en términos de crítica estructural a un modelo de desarrollo, devastador y depredador, que explota todo el equilibrio en nombre de las ganancias y que ahora muestra toda su ingobernable criticidad.

Agregue a esto la queja expresada en los últimos días por el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, que invitó al gobierno de Trump a revelar datos sobre la propagación del virus. «¿Dónde está el paciente cero en los Estados Unidos?», preguntó el ministerio, reforzando aún más el argumento de que los Estados Unidos e Israel (que anunció que estaba en un paso por vacuna) podrían haber producido Covit-19 en el laboratorio, y haberlo llevado a Wuhan durante los ejercicios militares de las tropas norteamericanas.

Y, por supuesto, no se puede esperar nada de los halcones del Pentágono, tanto con respecto al cambio climático como con las empresas, que tienen carta blanca para explotar a los trabajadores y al medio ambiente sin control. Trump también ha decidido reducir su contribución a la Organización Mundial de la Salud en más del 50%, prefiriendo asignar los fondos de prevención científica de USAID a la desestabilización de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Lo que llega ahora de China y Cuba (y también de Venezuela, que se organiza contra la llegada del virus, enfocándose en salvaguardar a los sectores más vulnerables, y que podría también enviar sus médicos en Italia) es una negación evidente para aquellos que quieren hacer creer que no hay alternativas al capitalismo.

Esa bandera roja que apareció detrás de los médicos chinos a su llegada a Fiumicino, indica que la solidaridad no es caridad, sino organizarse juntos para los mismos objetivos, para los mismos ideales.

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EL RACISMO, LAS FRONTERAS Y EL CORONAVIRUS

15 de marzo, 2020 | Yesong Lee|Marx21 USA. Este artículo se publicó en su web el 10/03/2020. Traducción: Xoán Vázquez

Yesong Lee analiza algunas razones detrás de la propagación del coronavirus, así como las respuestas racistas e ineficaces de los gobiernos a la enfermedad, y explica qué necesitaremos para derrotarla.

Actualmente hay más de 100.000 casos confirmados del nuevo coronavirus (Covid-19), incluidas al menos 3.500 muertes en todo el mundo. La mayoría de los casos y muertes han tenido lugar en China, donde se detectaron las primeras infecciones, pero los brotes en Europa, Oriente Medio y América están causando más muertes cada día.

El origen del brote de coronavirus en humanos se remonta a un mercado de alimentos en Wuhan, China. Esta noticia fue recibida con respuestas racistas en los medios de comunicación con comentarios sobre los hábitos alimenticios “sucios” de los chinos. Algunas imágenes y memes de una mujer china que comía murciélagos, que resultaron ser falsas, se difundieron en las redes sociales.

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Capitalismo, mercados y enfermedades

Dejando a un lado la pregunta de por qué comer murciélagos es más “sucio” que comer vacas, es importante tener en cuenta que los mercados no eran tan diferentes en Estados Unidos hace unas décadas. Si pudiéramos ver un mercado de carne en Nueva York en la década de 1920, nos encontraríamos con una escena similar: procesamiento y venta no regulada de carne de animales. Las normas de seguridad alimentaria son una preocupación en China como en gran parte del mundo. Pero no son los gustos de la gente común los que tienen la culpa. Es el fracaso del gobierno para regular la industria.

En los últimos años, hemos visto una serie de brotes como el SARS, MERS y el Ébola, donde los virus se desarrollaron por primera vez en animales y se transfirieron a humanos. Ciertamente, los humanos siempre han contraído enfermedades de los animales, pero a medida de que las áreas urbanas se extienden a los hábitats de los animales, el contacto entre animales infectados y otras especies es cada vez más probable. Las grandes ciudades que surgieron en el sur global en las últimas décadas son anfitriones perfectos para nuevas enfermedades como el coronavirus. Pero los empresarios solo están interesados ​​en explotar a los trabajadores de bajos ingresos que viven en barrios marginales y evitar hacer las inversiones en la infraestructura de salud necesarias para mantener la salud de los trabajadores.

China y el coronavirus

China no es la excepción. China es ahora la segunda economía más grande del mundo. Su crecimiento económico en las últimas décadas se basa en la explotación de cientos de millones de trabajadores migrantes que se mudaron de las zonas rurales a las ciudades para vivir en barrios marginales a cambio de salarios exiguos, y sin derechos sindicales.

Sin embargo, el sistema de salud en China está sobrecargado e insuficiente. Como se informó en el New York Times, con un número limitado de camas de hospital y personal médico en Wuhan, China, las personas fueron devueltas a sus propios hogares para cuidarse. Incluso aquellos que tuvieron la suerte de ser hospitalizados en camas improvisadas, construidas más de una semana después del brote, dicen que “a nadie le importa” y describen sentirse como si estuvieran encerrados dentro del hospital en lugar de ser tratados.

La crisis de salud puede llevar a una crisis política para la clase dominante china. La muerte del médico chino que descubrió la enfermedad —había tratado de advertir a las autoridades chinas sobre el peligro del brote del virus desde el principio, pero fue silenciado e incluso recibió medidas disciplinarias— provocó indignación entre el público chino.

Prohibiciones de viaje racistas

Ahora, fuera de China, muchos países han impuesto prohibiciones de viaje a quienes viajan desde China y otras áreas afectadas. El hecho de que el 99% de los casos de infección y muertes ocurrieron en China en ese momento no impidió que los gobiernos de los EE.UU., Corea del Sur, Australia, el Reino Unido y muchos otros países impusieran severas prohibiciones de viaje. Este tipo de prohibiciones no fueron recomendadas por las organizaciones de salud en ese momento y se impusieron por razones políticas, no médicas. Sería relativamente comprensible si los países en desarrollo con pocos recursos y capacidad limitada para abordar el brote impusieran este tipo de prohibiciones de viaje. Pero estos países con economías avanzadas tienen una tecnología de prevención de enfermedades, recursos de salud e infraestructura mucho mejores. No es que no sean capaces de proporcionar más recursos de atención médica y personal médico para abordar la situación. Simplemente no están dispuestos a hacerlo.

Estos gobiernos utilizan las prohibiciones de viaje como una oportunidad para fortalecer y justificar su control fronterizo. La medida del gobierno australiano para poner en cuarentena a los evacuados australianos en el centro de detención de Christmas Island no se trataba de atención médica. Fue un truco político demostrar que es “duro en las fronteras”. Cualquier persona en la Isla de Navidad que realmente se enfermara tendría que ser trasladada a hospitales continentales para recibir tratamiento.

Las prohibiciones de viaje a su vez alimentan el sentimiento racista que conduce a insultos y ataques racistas contra aquellos con apariencia de Asia oriental. Obviamente, cuando el gobierno y los medios dicen que el viaje de la persona que porta el virus es el problema, no es de extrañar que los que creemos que son asiáticos sean el objetivo de ataques racistas. En California, muchos asiáticos dicen que sus pequeñas toses o estornudos se encuentran con miradas sospechosas y crean pánico. En el Reino Unido, un hombre tailandés fue atacado en las calles por un matón que gritó “coronavirus”.

En el siglo XIX, muchos migrantes de Asia a EEUU estaban sujetos a humillantes reconocimientos médicos al llegar a la Isla del Ángel que no se aplicaban a los europeos que llegaban a través de Ellis Island. Los estados capitalistas han usado las enfermedades como una excusa para controlar la inmigración durante mucho tiempo.

Este tipo de racismo disfrazado de asistencia sanitaria requiere una respuesta política. Es crucial resistirse a las políticas gubernamentales que crean prejuicios y racismo, y exigir soluciones reales para enfrentar el brote. Necesitamos ser parte de los esfuerzos para construir resistencia y movimiento contra el racismo. El día internacional para la eliminación de la discriminación racial el 21 de marzo será una importante oportunidad para movilizarse y ganar fuerza para luchar contra el racismo.

¿Está listo Estados Unidos para combatir el brote?

El 25 de febrero, el CDC advirtió de que inevitablemente el nuevo virus se propagaría en los Estados Unidos, diciendo que “ya no se trata de si esto sucederá, sino más bien de cuándo exactamente ocurrirá”. Ahora Estados Unidos tiene más de 500 casos confirmados y varias muertes. Ha habido signos de una extensión de la comunidad en la costa oeste, con varios casos confirmados en el estado de Washington y el norte de California cuyas rutas de infección no están claras.

La administración Trump argumenta que el país está bien preparado para un brote, pero los expertos en salud y los trabajadores médicos en el campo se sienten de manera muy diferente. El sindicato de enfermería National Nurses United está llevando a cabo una encuesta que descubrió que aproximadamente un tercio de casi 5.000 enfermeras encuestadas dijeron que no tenían suficiente equipo de protección para manejar un aumento de casos de coronavirus. Sólo el 9% dijo que su hospital o clínica tenía planes para aislar pacientes potencialmente infectados. Muchos expertos en salud dicen que la solicitud inicial de la Casa Blanca de 2,5 mil millones de dólares en fondos de emergencia para manejar el coronavirus fue extremadamente insuficiente, aunque desde entonces el Congreso ha aprobado $ 8,3 mil millones de dólares. Mientras tanto, la administración Trump ha recortado el presupuesto para agencias y programas relacionados con la salud pública, incluidos el CDC.

Cuando comienza una propagación comunitaria, el paso más importante es confirmar los casos de infección lo antes posible y proporcionar el tratamiento necesario de inmediato. Sin embargo, el sistema de salud inquietantemente desigual en EE.UU., hace que esto sea mucho más difícil. La atención médica es muy costosa. Un hombre en Miami que había viajado a China desarrolló síntomas parecidos a la gripe y fue al hospital para hacerse una prueba de coronavirus. El hospital le cobró 3.270 dólares. Uno de cada cinco estadounidenses no tiene seguro o tiene un seguro de salud deficiente. Si las personas evitan la ayuda médica debido al costo, no hay forma de contener el brote. Las pruebas y el tratamiento gratuitos del virus son clave para la solución del brote. El coronavirus Covid-19 es otro ejemplo urgente de la necesidad de la necesidad de un sistema público de salud para todo el mundo en EEUU, financiado con fondos públicos.

Un problema de clase

El CDC aconseja al público de que se laven las manos con frecuencia y se queden en casa cuando se sienten enfermos. Esta sencilla guía es difícil de seguir en los EEUU, el único país rico del mundo que no requiere que los empleadores les den a los trabajadores días de baja por enfermedad pagados.

Para las personas en trabajos públicos con bajos salarios, quedarse en casa fuera del trabajo rara vez es una opción. Es probable que estos trabajadores incluyan personas que trabajan con el público, como servidores de alimentos y conductores de autobuses, o personas que trabajan con poblaciones vulnerables, como personal de hogares con asistencia y personas que trabajan en guarderías. Los centros de atención ya envejecidos en los Estados Unidos están siendo afectados de manera desproporcionada por brotes de coronavirus.

Un estudio encontró que durante la epidemia de gripe porcina H1N1 de 2009, al menos 3 de cada 10 trabajadores del sector privado no se tomaron tiempo libre cuando estaban enfermos con el virus. Se estima que esto causó hasta siete millones de infecciones adicionales y puede haber extendido la duración del brote.

En un reciente piquete de un restaurante Chipotle, los trabajadores de la rama 32BJ del sindicato SEIU señalaron que (incluso con una política de baja por enfermedad demasiado restrictiva), los trabajadores a menudo son presionados por la gerencia para trabajar mientras están enfermos y para trabajar sin parar, sin tiempo para lavarse las manos durante horas y horas.

Todos los trabajadores que se sienten enfermos deben recibir una licencia por enfermedad remunerada que garantice salarios dignos durante su ausencia. Cuando las escuelas cierran debido al miedo al brote, los padres y cuidadores también deben poder tomarse un tiempo libre del trabajo para cuidar a sus hijos.

Los expertos en salud prevén que la infraestructura de salud de EEUU se vea abrumada una vez que aumente el número de pacientes infectados con el coronavirus. Por el momento, muchos hospitales en todo el país carecen de medidas de precaución de seguridad, incluido el aislamiento de pacientes enfermos en habitaciones con sistemas de ventilación especiales y la capacitación del personal con el uso adecuado de los equipos de seguridad, que deben prepararse lo antes posible.

El gobierno no aceptará tales demandas fácilmente, ya que van en contra de la lógica del mercado y las ganancias. Pero la clase trabajadora y la gente común tienen derecho a estas medidas y demandas porque somos los más afectados por el brote.

Necesitamos luchar contra el racismo que sólo sirve para distraernos y dividirnos, y necesitamos un sistema de salud totalmente financiado, “Medicare para todos”, y licencia por enfermedad remunerada que se haga cumplir adecuadamente para contener este virus.

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